Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

21 sept 2013

Thérèse D; película-testamento de Claude Miller.

Thérèse D; película-testamento de Claude Miller.

 l director francés Claude Miller (Diario íntimo de Adéle H., Bajo sospecha), fallecido poco antes de presentar su película Thérèse D. en el Festival de Cannes 2012, para su última producción adaptó el argumento de la novela Thérèse Desqueyroux, del Premio Nobel de Literatura 1952, François Mauriac.

cartel Therese D Thérèse D; película testamento de Claude MillerEsta es la segunda vez que la novela de Mauriac es llevada al cine
. La primera, en 1962, estuvo dirigida por Georges Franju e interpretada por Emmanuelle Riva y Philippe Noiret.
La historia se centra en los sentimientos de una joven rica provinciana, interpretada ahora por Audrey Tatou (Amelie, El código Da Vinci), casada en los “felices años 1920”, por obligación y un poco por devoción también, con el propietario de tierras Bernard Desqueyroux, con quien comparte valores de clase del tipo “cuantos más pinos tenga una familia mejor para todos”, a cargo del actor Gilles Lellouche (Pequeñas mentiras sin importancia, Los infieles)
. La película llega a los cines españoles el 20 de septiembre de 2013.
Thérése D., aplaudida hasta la náusea por una parte de la crítica francesa que es bastante pedante y crea ídolos a los que se mantiene fiel –a pesar de todo- hasta que la muerte les separa, es una película excesivamente introspectiva, melodrama de entreguerras y alcobas polvorientas con contraventanas, donde no llega la luz del sol y todo ocurre en penumbra y a veces en tinieblas.
 Retrato de una burguesía aburrida, que se mira en el espejo de sí misma y sus iguales y no tiene más horizonte que la reproducción de la especie y las tradiciones (la novela se publicó en 1927).
 La narración, bastante líneal y cronológica, oscila entre retrospectiva y anticipación, abarcando distintos tiempos en los que París, la capital luminosa soñada en la lejanía, significa la libertad.
A Thérése, abrumada a pesar de sus convicciones, por el deprimente espectáculo de la cotidianidad de esa burguesía provinciana de la que no solo forma parte, sino que acaba convertida en pieza fundamental, no se le ocurre nada mejor que intentar asesinar a su marido -algo antisemita y bastante inculto, que llama israelitas a los israelíes- para escapar de la trampa en que se ha metido
. Casi lo consigue; a pesar de la evidencia de su comportamiento, de nuevo funciona el “qué dirán” y será la propia familia quien esconda la actuación criminal de la mujer.
Película sobre la soledad en compañía, sobre el aislamiento en el interior de las familias, tan polvorientas y rancias como sus estancias cargadas de muebles y adornos, sobre el enorme precio que en ocasiones alcanza la libertad y por encima de todo sobre la hipocresía y el secretismo burgueses, es la última obra de un artesano del cine francés que antes de dirigir largometrajes pasó por casi todos los oficios.
 Actor, ayudante de producción, guionista, auxiliar de realización, director de cortos.
 A lo largo de su carrera Claude Miller, fallecido de un cáncer a los 70 años, en abril de 2012, conoció algunos momentos de gloria, con las películas La meilleur façon de marcher (1976, sobre la intolerancia con los homosexuales), La petite voleuse (1988, escrita a partir de una sinopsis original de François Truffaut y con una adolescente Charlotte Gainsbourg como protagonista) y La clase de neige (a partir de una novela de Emmanuel Carrère, Premio del Jurado en el Festival de Cannes 1998).
Coincido con algunos franceses en la apreciación de que Audrey Tatou, en la que se apoya todo el relato, “es mucho más convincente cuando se calla que cuando repite el texto del guión” y destaco la presencia, ignorada por esa misma crítica que crea sus mitos y los alimenta con frecuencia, de la joven actriz Anais Demoustier (dos veces Mejor esperanza femenina, en 2009 y 2011, en los Premios Cesar de la Academia del cine francés), en la que ya me había fijado en la película Las nieves del Kilimanjaro (2011, dirigida por Robert Guédiguian), en el papel de la cuñada ingenua y simple.

Una Isla más


Menorca, despedida de verano en el fin del mundo con Cees Nooteboom

Por: Winston Manrique Sabogal20/09/2013
Menorca-playa1
Bahía de Mitjana, en Menorca.
De la Babilonia 3.500 años atrás a la Menorca de hoy. Entre medias Tokio, Suráfrica, Brasil, Indochina, Roma, Londres, Canadá, Nueva Zelanda... hasta un total de 19 ciudades, regiones o países que les hemos propuesto en la serie La vuelta al mundo literaria durante este verano que termina este fin de semana, oficialmente. Y para cerrar este periplo he elegido una isla de España: Menorca
. Pero con un autor no español aunque gran parte de su alma está en este país, y en esa isla especialmente: Cees Nooteboom.
Nadie mejor que Nooteboom, uno de los escritores y viajeros contemporáneos más relevantes, para clausurar esta primera entrega de la serie
. Él es el penúltimo gran viajero por el mundo y explorador de sociedades y vidas humanas a través de novelas, ensayos y poemarios, que este año celebra sus 80 años.
En Cees Nooteboom confluyen dos elementos que me gustan para esta serie: ante todo su calidad literaria (pausada, limpia y reflexiva) y su inagotable y contagioso ánimo viajero. Además de que Menorca es, desde hace 40 años, su lugar elegido para veranear, la isla donde más que descansar, el escritor holandés ordena sus pensamientos, decanta sus experiencias viajeras de los últimos meses y convierte todo eso en literatura.
Como un homenaje a ese lugar de sus amores, Nooteboom le ha dedicado un libro: Lluvia roja (Siruela). Es un retrato de su vida y de la vida de la isla. Un libro hecho de estampas visuales, emocionales e intelectuales. 202 páginas que son un viaje al interior y exterior de Menorca. Letras hechas de recuerdos, sueños y realidades cotidianas de forma que evoca su propio pasado, a los vecinos menorquines, la amistad, el reposo de la creación y del ocio, a la manera antigua de sacar el mejor provecho a la vida. (lee aquí un pasaje de Lluvia roja)
Nooteboom empezó a viajar por el mundo a los 19 años, y desde entonces no ha parado. Aún hoy, él cuenta cada viaje, cada experiencia como si acabara de ocurrir, con el entusiasmo de un adolescente que acaba de descubrir el mar y quiere meterse en él cuanto antes. Lluvia roja es un bello homenaje a Menorca y una lección de expresión de sentimientos y sensaciones con naturalidad y de reivindicación y exaltación de lo corriente que es donde suele estar la verdadera belleza:
"Mi jardín se encuentra en el camino de la luna.
 Ello me permite saber cuánto tiempo llevo aquí. Antes la luna llena avanzaba sobre el muro de atrás y sobre los grandes cáctus  de carpichosas formas. Ahora se oculta detrás de la bella sombra, avanza lentamente hacia arriba ocultándose detrás de los olivos silvestres y asoma entre los pinos que también han crecido mucho.
 Para ver la luna de verdad tengo que acercarme al mar, de donde emerge grande y dorada, o aguardar hasta más tarde, cuando todo está en calma y silencio, y la luna ya muy alta baña todo el jardín en plata. Y entonces, por un instante, uno se siente capaz de beber esa luz".
Asú es Cees Nooteboom, el penúltimo gran viajero del mundo y de la vida con libros como La historia siguiente, Cómo ser europeos, El día de todas las almas, Hotel nómada, Rituales, En las montañas de Holanda. Y como él mismo escribe sobre su vivienda de Menorca: "En nuestra casa termina el camino y el mundo".
Si sabes de otro libro sobre Menorca con el cual podamos viajar literariamente hasta allí, será bienvenida su recomendación.
Espero que les haya gustado la serie en la que participaron Edmundo Paz Soldán, Paloma Bravo, Roger Salas, Fietta Jarque, Patricia de Souza, Ana Carbajosa y este servidor.
Cees-nooteboom
Cees Nooteboom, en Menorca / Cristóbal Manuel

La viuda negra de Gucci elige al fin la libertad

Patrizia Reggiani fue a la cárcel por instigar el asesinato de Maurizio Gucci en 1995

Su crimen es digno de una novela negra: un magnate de la moda asesinado a tiros, una eexesposa despechada y un misterioso matón

Tras rechazar un régimen abierto hace dos años, ahora sale dispuesta a trabajar por primera vez en su vida

Patrizia Reggiani, en 1998, escoltada en el juzgado de Milán donde fue sentenciada por el asesinato de su exmarido, Maurizzio Gucci. / reuters

Una mujer despechada con una pasión desmesurada para las orquídeas.
 Un latin lover, su marido, millonario y soberbio asesinado a tiros.
 Un chófer vestido de uniforme, un sicario misterioso y hasta una vidente napolitana
. No falta ninguno de los personajes necesarios para montar un argumento digno de un gran clásico del género negro. Incluso podría aparecer, al final, el triste y solitario Philipe Marlowe para buscar el culpable, entre ríos de alcohol, mujeres en vestidos elegantes y salones bien amueblados.
El homicidio de Maurizio Gucci, en la Milán centelleante de 1995, enganchó a los italianos más que una novela de Raymond Chandler o, para quedarse en la capital italiana de las pasarelas, de Giorgio Scerbanenco.
 Tras dos años de investigaciones, se descubrió que el nieto del fundador de la prestigiosa casa de moda fue asesinado por un matón pagado por su exesposa, Patricia Reggiani. La viuda negra fue condenada a 26 años de cárcel por haber encargado el asesinato.
 Esta semana, se ha escrito el epílogo del suceso: Reggiani salió de la cárcel de San Vittore en Milán, después de haber pasado 16 años entre rejas
. La mujer está ahora libre, a la espera de que el juez supervisor conceda su tutela a los servicios sociales. La intención de la mujer, tal y como ha anunciado su abogado, Danilo Buongiorno, es descontar los tres años que le quedan de pena trabajando en Bozart, una empresa que produce joyas.
Patrizia Reggiani es hija de un empresario del transporte y siempre disfrutó de una vida muy acomodada. Mamó lujo y glamour desde su infancia
. A ella se atribuye una frase que suena como el equivalente italiano y contemporáneo del más famoso “si no tienen pan que coman cruasanes” que Maria Antonieta espetó al pueblo francés a un paso de Revolución: “Prefiero llorar en un Rolls a ser feliz en una bicicleta”, se dice que dijo Reggiani una vez.
 En 1973 su trayectoria de mujer rica llegó a su cénit: la boda con Maurizio Gucci, delfín de una de las dinastías italianas más poderosas, acaudaladas y famosas.
 Un joven guapo y un galán empedernido. De su relación nacieron dos hijas, Allegra y Alessandra. Reggiani era una gran dama de aquel mundo brillante y despreocupado que crecía y se desenvolvía en los márgenes de las pasarelas, las compras, las cenas benéficas y las inauguraciones de exposiciones artísticas.
Lamentablemente, la trama de este guion ambientado en la alta burguesía, productiva, rica y desenfrenada, siguió por derroteros también clásicos: pronto él abandona el hogar conyugal hechizado por una mujer más joven. Finalmente, en 1991, Reggiani y el rey de la moda se divorcian. Pero la despechada mantuvo los nervios templados y supo servir fría su venganza.

La traición familiar

Movida por el dinero, esta familia florentina que empezó vendiendo maletas y terminó inmersa en el mundo de la moda y los artículos de lujo, ha vivido sacudida por traiciones y asesinatos.
 Por dinero, Paolo Gucci hizo encarcelar a su padre, acusándole de fraude fiscal; y puso en fuga de Italia a su primo Maurizio, por supuesta manipulación de su herencia y evasión de impuestos
. Pero Maurizio pleiteó hasta ser el último representante familiar en Gucci. Dos años antes de que su exesposa encargase su asesinato, Maurizio Gucci vendió el 50% del imperio familiar por unos 100 millones de euros.
Gucci murió víctima de tres disparos el 27 de marzo de 1995. En aquel momento acababa de vender su participación en la empresa a unos inversores extranjeros
. Por esa razón los primeros indicios apuntaban a que el asesinato podría haber tenido un móvil financiero. Dos años después del asesinado, en cambio —y con gran impacto mediático— fue detenida aquella mujer pequeña, morena y siempre tan impecablemente engalanada que había sido su esposa durante 12 años.
En un principio, la condena fue a 29 años de reclusión.
 Las hijas pidieron que fuera anulada alegando que un tumor cerebral había afectado a la personalidad de la madre
. En el año 2000, sin embargo, un tribunal de apelación de Milán confirmó el fallo de culpabilidad pero redujo la pena a 26 años
. Reggiani, en su celda, intentó quitarse la vida ahorcándose con un cordón.
Ahora está libre y con insólitas ganas de buscarse un empleo
. Con tal de salir de San Vittore decidió engullir esta amarga píldora, que rechazó hace dos años, cuando superó la mitad de la pena y se le ofreció la posibilidad de salir de la cárcel durante el día para trabajar. El juez le propuso un gimnasio o un bar
. Fuera, en el mundo libre. Pero ella lo rechazó: “Nunca en mi vida he trabajado y, sin duda, no voy a empezar ahora”, dijo para zanjar la cuestión.
Prefirió quedarse en la seguridad del sector sexto de la cárcel milanesa, en la estrecha celda que compartió con otras reclusas
. Allí pasaba las horas cuidando de dos macetas y de un hurón.
 Al primero que tuvo, Bambi, lo colgaron de una litera sus compañeras. La convivencia con las reclusas, para ella, con sus modales finos y los ojos de un intrigante color violeta, sin embargo, no era fácil. Sin embargo, en 2011 le pareció preferible al mundo exterior
. Patrizia tuvo que rumiar y saborear la idea de volver a la libertad durante más de dos años, antes de mover el paso hacia el exterior. Antes de cambiar de idea y emprender el trámite para la libertad condicional.
A sus 64 años, envió una propuesta de colaboración a la Sociedad Argea, fundada en 1956, que bajo la firma Bozart produce bisutería y accesorios de alta gama para hombre y mujer.
Los dueños contestaron con su “plena disponibilidad” a contratarla en un showroom de Milán, según contó Ansa. “Creo que podría ayudarnos como asesora de estilo”, dijo a la agencia italiana Alessandra Brunero, que con su marido es propietaria de la empresa.
 “Me quedé sorprendida al recibir la petición, pero estamos encantados de poderla ayudar”, añadió.
 “Es justo que deje la cárcel, tras tantos años de comportamiento ejemplar, tal como lo prevé la ley”, alega su leal abogado Buongiorno.

 

Sonrisa de porcelana para el imperio del azulejo

Triunfaron asociando su marca a rostros famosos: Isabel Preysler, la duquesa de Alba o el príncipe de Gales

Pero Porcelanosa ha encontrado su propia cara

Se llama María Colonques, la heredera.

María Colonques, heredera y nuevo rostro de Porcelanosa.

Guapa, rica heredera y, en breve, casada.
Uno de los imperios empresariales españoles está en capilla.
 La hija del presidente de Porcelanosa, Manuel Colonques, se casa. María, la niña de sus ojos, vestirá de blanco el próximo 11 de octubre y congregará a un buen número de los habituales del papel cuché, un ámbito en el que la propia novia se desenvuelve con soltura y gusto.
 Y es ese el más llamativo viraje del holding cerámico: de mostrarse prudentes, casi invisibles a los ojos de la prensa, los dueños de Porcelanosa, y especialmente María Colonques, han pasado a posar para las cámaras. “Los fotógrafos lo piden”, afirman en la empresa.
El hecho es que la boda de la heredera se convertirá en un concentrado de glamour en el que no faltará la que ha sido imagen de la empresa durante cerca de 30 años, Isabel Preysler.
Fue precisamente el hecho de que los personajes que contrataban para ser imagen de la firma pasaran a convertirse en los únicos protagonistas de las inauguraciones de alguna de las 485 tiendas que Porcelanosa tiene en un centenar de países lo que decidió a sus propietarios a empezar a mostrar sus propias caras
. A pasar, también ellos, a ocupar su hueco en el cuché. Tras muchos años cimentando su marca con rostros famosos, han optado por posicionarse en primera línea, dejarse ver y fotografiar con sus fichajes, y así evitar que la firma, su producto, pase inadvertido.
No toda la saga, con sede permanente en Vila-real (Castellón), ha seguido los mismos pasos.
 No todos aceptan esa exhibición pública en la que se han visto enrolados también algunos directivos.
 El grupo, que cerró el pasado ejercicio con una facturación de 1.075 millones de euros, con un incremento del 5% respecto al año anterior, está liderado por dos familias bien distintas: la Soriano y la Colonques.
José Soriano, el señó Pepe, era un hombre discreto hasta puntos insospechados.
Su vida era la fábrica, por la que se movía en bicicleta.
No le gustaba salir en las fotos, ni recibir un trato especial.
Exigía a sus trabajadores darlo todo por el negocio, pero también les compensaba cuando sufrían aprietos. Cuentan que la gama de su coche dependía de la que tuvieran sus empleados y no la sobrepasaba nunca, que aborrecía que sus paisanos le vieran con traje y que pedía a su esposa que cuando acudiera a esperarle a la estación procedente de algún viaje de negocios, lo hiciera con un jersey viejo que poder ponerse y con el que taparse la corbata
. Murió en un accidente de tráfico en diciembre de 2000. Sus hijas, María José y Sonia, han seguido sus pasos. Forman parte del consejo de administración y están en el más alto rango de la directiva.
 Pero públicamente ocupan un segundo plano.
Entre los Colonques también hay diferencias.
 Los dos hermanos (Manuel y Héctor) son los que aportaron la parte comercial en el nacimiento del imperio, que este año cumple 40 años.
Entonces apenas tenían 30 años y llegaron de la mano de su padre, un exportador de cítricos.
 Poco a poco incidieron en las ventas en lugar de en la fabricación (que quedó en manos de Soriano), en la necesidad de expansión y de internacionalización, hasta convertir aquel negocio de 50 millones de pesetas (30.000 euros) en un equipo de más de 5.000 personas.
Héctor se centró en las ventas, y Manuel, en la marca, para que Porcelanosa se convirtiera en sinónimo de elegancia.
 Por eso Héctor tampoco ocupa un lugar destacado en la imagen pública de la empresa, mientras que Manuel acude a todos los actos de la firma.
María junto a su padre, Manuel Colonques, directivo de Porcelanosa.
Gina Lollobrigida, Catherine Deneuve, Kevin Costner, Elton John, Orlando Bloom, Jeremy Irons, Pierce Brosnan, Nicole Kidman, Claudia Schiffer, George Clooney y Elle Macpherson son algunos de los personajes que han participado en sus promociones.
La firma llegó, a finales de los años noventa, incluso a la casa real británica y consiguió que el príncipe Carlos acudiera a algunos de sus eventos.
 El acercamiento, en este caso, comenzó cuando Porcelanosa se convirtió en miembro de The Prince’s Foundation for the Built Environment, la fundación del príncipe de Gales para la arquitectura y el medio ambiente urbano, una organización benéfica.
En 1998, el príncipe Carlos ofreció, en su residencia de Saint James, la primera cena en honor de Porcelanosa para celebrar la colaboración de la empresa con su fundación.
 La relación se fue fraguando y la firma decoró el interior de la Orchid Room, uno de los aposentos de Highgrove, la residencia en la que Carlos de Inglaterra pasaba los veranos y los fines de semana. También han suministrado azulejos para el cuarto de baño privado de Guillermo, pero el punto álgido llegó cuando el propio príncipe Carlos sugirió la colaboración de la empresa en el diseño y construcción de un jardín de estilo árabe que compitió en el Chelsea Flower Show, una prestigiosa feria floral de Londres.
 Porcelanosa creó, inspirado en la Alhambra, un mosaico de más de 80.000 piezas engarzadas que simulan una alfombra y sobre el que se instaló una fuente
. Después de conseguir el segundo puesto en el concurso, la firma se ofreció a instalarlo en los jardines de Highgrove.
Desde entonces, han sido muchas las ocasiones en las que el príncipe de Gales ha agradecido a Porcelanosa su colaboración, entre otras cosas, con la concesión del sello Royal Warrant, un reconocimiento a la calidad, una distinción que poseen un número limitado de empresas entre los proveedores de la Casa del Príncipe, en las que Porcelanosa es la única española.
Trabaja como directiva en una empresa del grupo y se la reconoce como "la heredera"
También han unido su imagen a la de la marca personajes como Amaia Salamanca, Carmen Martínez Bordiú, el modelo Andrés Velencoso o el torero Cayetano Rivera.
 Y se ha visto a los Colonques fotografiados con la duquesa de Alba en la inauguración de su tienda en Sevilla. La aproximación hacia esta grande de España comenzó en los ruedos. Coincidieron en la tradicional corrida goyesca en Ronda y también en el Salón Internacional del Caballo de Sevilla.
La relación se forjó por el interés de la duquesa por acudir a una de las cenas anuales con el príncipe de Gales, en las que Porcelanosa tiene potestad para invitar a comensales.
Isabel Preysler es de la casa desde hace más de 30 años.
 Daba el perfil de lo que la empresa buscaba transmitir: elegancia, sobriedad... pero en esos momentos ella estaba en la cima de la fama y no se decidía. “Acudimos personalmente a su casa para hablar con ella”, recuerdan fuentes de la empresa.
Después de meditarlo mucho, aceptó.
Se trata de contratos que maneja directamente la familia, y cuyos detalles no trascienden ni a los altos ejecutivos.
Prácticamente con todos se ha fotografiado Manuel Colonques, un hombre que tiene como hobby los palomos de competición, una práctica muy típica de Vila-real, su localidad natal.
María Colonques no es más heredera que sus seis primos o su hermano Manuel, pero sus apariciones en público, que también forman parte de su trabajo, han provocado que se le reconozca como “la heredera de Porcelanosa”. Desde hace más de diez años trabaja como directiva de una de las empresas del grupo, Venis, donde centra su actividad en el desarrollo de nuevos diseños.
 Su presencia en revistas del corazón ha hecho que pase a formar parte ya de la imagen de la firma.
 Y no se escatima vestuario para que así lo sea.
María, que lucirá una creación exclusiva diseñada personalmente por el modisto libanés Elie Saab para ella, se casa con Andrés Benet, un farmacéutico y nutricionista a quien conoció hace algo más de dos años. Se prometieron en diciembre y desde entonces se han afanado en cuidar los detalles del enlace.
Pero el boato del que, a buen seguro, se engalanará la boda no dejará, sin embargo, de lado el origen de la empresa
. El enlace será en la iglesia de Vila-real y allí mismo se empezará a exhibir el reconocimiento a sus raíces, con la participación de la local Coral Sant Jaume, pero también de la Orquesta Sinfónica del Mediterráneo, a la que se unirá la actuación como solistas del tenor valenciano Vicente Ombuena y la soprano coreana Jin Jung Park.
Los 650 invitados, un centenar más de los que asistieron en 2010 a la boda del otro hijo de Manuel Colonques, serán trasladados posteriormente al Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia.
Muchos de ellos volverán a verse en el próximo gran evento de la firma: la apertura, el año que viene, de la primera tienda en Manhattan tras la adquisición de un edificio de seis plantas en la Quinta Avenida de Nueva York que será rehabilitado por el arquitecto Norman Foster.