Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

21 sept 2013

La infanta Cristina se fabrica una nueva vida

La familia Urdangarin Borbón lleva ya un mes instalada en Ginebra

Residen en un elegante ático de seis habitaciones por el que pagan al menos 6.000 euros al mes y disfrutan alejados de los focos y los problemas, de la discreción de la ciudad suiza.

La infanta Cristina, con sus tres hijos menores. / EUROPA PRESS

El palacete de Pedralbes, imagen de la opulencia en la que Iñaki Urdangarin y su familia vivieron durante 10 años, lleva ya un mes cerrado.
 Está a la venta por 9,8 millones de euros en varias webs inmobiliarias especializadas en residencias de lujo. En sus habitaciones solo quedan unos pocos muebles. Los propietarios no tienen planes de regresar.
 Están instalados en la aristocrática Rue des Granges de Ginebra, en un ático de lujo menos expuesto a la curiosidad.
 Privacidad es lo que la infanta Cristina busca para los suyos en esta nueva etapa de su vida.
 Vivir en Barcelona en medio del huracán desatado por el caso Nóos y la imputación del duque era ya insostenible para toda la familia.
Fue la hija menor de los Reyes quien decidió volver de Estados Unidos hace dos años.
No podía soportar más la lejanía de España
. Se sentía aislada. Pero solo un año en Barcelona le ha servido para darse cuenta de que sus cuatro hijos estarán mejor si ponen distancia a los problemas judiciales de su padre.
 La exposición mediática y los comentarios de los compañeros de colegio se convirtieron en un problema irresoluble. Para ella y su marido la situación era igualmente insostenible, incluso en círculos en los que antes se les protegía como el Club de Tenis de Barcelona, famoso por su discreción, adonde acudían casi a diario. A los socios, miembros de la alta burguesía de la ciudad, no les gustaba la presencia de prensa en la puerta y tampoco las reuniones que la pareja mantenía allí con sus abogados para diseñar estrategias.
 Así que de nuevo fue la infanta quien tomó la iniciativa de buscar destino en el extranjero con el visto bueno del Rey.
Primero pensaron en Catar y en que fuera Urdangarin quien buscara trabajo.
 Recurrieron a su vieja amistad de ida y vuelta con el técnico Valero Rivera para intentar encontrar un cargo en la selección nacional de balonmano.
 Pero los planes se frustraron por la falta de titulación del duque.
 Luego se barajó Londres como destino de la familia. Allí vive la familia griega de la infanta y allí pasa la reina Sofía mucho tiempo. Tampoco pudo ser. Fue finalmente La Caixa quien encontró solución a los problemas de su distinguida empleada y Ginebra fue la ciudad elegida. En colaboración con la fundación del Agá Jan —uno de los mejores amigos del rey Juan Carlos—, diseñaron un puesto para ella como directora de relaciones internacionales y además fabricaron una nueva vida para la familia.
La infanta y sus cuatro hijos son los que tienen el carné de residentes en Suiza; no así Urdangarin, que sigue viviendo oficialmente en Barcelona, aunque nadie oculta que pasa casi todo el tiempo en Ginebra y solo regresa a España para atender sus problemas judiciales.
La pareja se muestra sólida y unida en medio de la tormenta.
La fachada de la casa de la infanta en Ginebra. / RICARDO GARCÍA
En un país acostumbrado a los vecinos famosos que buscan discreción, la presencia de una infanta española pasa casi desapercibida.
 En Suiza, la discreción es una norma, y la mudanza de Cristina de Borbón a orillas del lago Leman no es una noticia destacada para la prensa local
. La periodista Valérie Duby, del diario Le Matin, lo corrobora: “A pesar de que conocemos bien la dirección exacta del domicilio de la infanta, preferimos no hacer fotos de la fachada del inmueble. La dirección del diario consideró que era un atentado a su intimidad”.
 No ha sucedido lo mismo en la prensa española. Seis agencias de noticias y una revista han seguido sus pasos hasta Ginebra —alguna todavía hace guardia—. La familia Urdangarin Borbón cuenta con protección que le proporcionan los servicios españoles de seguridad, aunque, según fuentes policiales, es mucho menos que en España porque el nivel de riesgo es Suiza es menor.
La Rue des Granges, en la que se han instalado los Urdangarin Borbón, se encuentra cerca de la Place des Bastions y sobrevuela el imponente Muro de los Reformadores.
 Se llega a esta zona que domina Ginebra desde el corazón del casco antiguo, subiendo por la Grande Rue desde el centro comercial de la Rue de la Confédération.
 Se trata de un barrio con solera que hace las delicias de los turistas chinos y donde tiene casa Kofi Annan, ex secretario general de Naciones Unidas, y muchos miembros de la alta sociedad de Ginebra. Otros vecinos, sin embargo, sostienen que el barrio “ya no es lo que era, entre los turistas, el ruido nocturno y la inseguridad creciente”.
La residencia de la infanta es descrita como “una casa grandiosa, noble y a un tiro de piedra del ayuntamiento de Ginebra”
. El alquiler que pagan es de 6.000 euros mensuales, según fuentes próximas a la pareja.
 Sin embargo, de acuerdo con las tarifas de la zona ronda los 10.000 más gastos.
Es notablemente más pequeña que Pedralbes, pero aun así tiene seis habitaciones que acogen al matrimonio y a sus cuatro hijos —Juan, Miguel, Pablo e Irene— y donde esperan recibir muchas visitas.
La primera en acudir fue la infanta Elena, que ayudó a su hermana a instalarse en los últimos días del mes de agosto.
 Poco después llegó Claire Liebaert, la madre de Iñaki Urdangarin, que está dispuesta a pasar con ellos largas temporadas. Para los próximos días se espera la llegada de la Reina para felicitar a su nieto Juan, que el día 29 cumple 14 años.
Los hijos de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin estudian en la Ecole Internationale de la Route de Chêne, en el centro de Ginebra, una de las más exclusivas, cuyas tarifas van desde 16.000 euros anuales para el preescolar hasta 26.000 euros para los cursos superiores.
 La infanta tiene descuento a partir del tercer hijo.
“Se trata de una institución educativa de reconocido prestigio a la que solo acceden los hijos de las élites de Ginebra y de los ejecutivos internacionales de más alto nivel”, explica Loly Bolay, una política nacida en Galicia que trabaja como diputada del Partido Socialista de Suiza
. Ella ya ha coincidido con los Urdangarin Borbón. “Fue en el Café Papon, donde suelo desayunar en los descansos de las sesiones del Parlamento, y que parece ser uno de los lugares favoritos de la infanta.
 No les comenté que soy diputada.
 Me presenté como una simple ciudadana española, dándoles la bienvenida a Ginebra”
. Y añade: “La infanta dista mucho de llevar una vida discreta”, explica la diputada. “Se la ve mucho por el centro de Ginebra, y no es nada raro cruzársela en tiendas o mercadillos acompañada de sus hijos.
 No están de incógnito, ni mucho menos. Ginebra es consciente de su presencia”.

 

20 sept 2013

Siempre somos hijos

Siempre somos hijos

Por: | 20 de septiembre de 2013
Franz-falckenhauscara
No basta decir que es razonable que los padres se ocupen de sus hijos. 
Ya no es preciso invocar ni siquiera la casuística para comprobar hasta qué punto se producen de modo permanente situaciones en las que esto sencillamente no es así. 
Tan cierto es que los padres cuidan de los hijos, o no lo hacen, como, en no pocas situaciones, estos de aquellos. 
Tiene mucho que ver con la edad, con la salud, con las condiciones socioeconómicas, y no sólo.
 Es tal la panoplia de acotaciones que se requieren en cada caso, que conviene no precipitarse sentenciosamente para caracterizar lo que ocurre.
 Lo que sucede no se deja resumir tan fácilmente. 
Pero, incluso en el desencuentro, en la ruptura, en la ausencia o en una suerte de inexistencia, nunca dejamos de ser hijos.
Se viene produciendo un verdadero entrecruzamiento en la necesidad cada día más patente de cuidarnos. También, mutuamente.
 Valerse por sí mismo no significa ignorar a los demás, aunque sea un factor determinante de la autonomía personal.
 Sin embargo, no pocas veces resulta en alguna medida inviable
. Y ello ha de considerarse una auténtica dificultad en la práctica de la libertad.
 La complejidad del tiempo presente ha provocado una alteración tan profunda que nos encontramos con escenarios en las que se produce un cierto abandono.
Podría a su vez presumirse que el mero hecho de ser padres o tutores, o máximos responsables de garantizar el entorno afectivo en el que alguien va creciendo y desarrollándose, acredita que se dan las condiciones para asumir con cierta naturalidad su labor.
 Pero no pocas veces muchos afirman encontrarse desbordados, como atropellados por la existencia, y no sólo por una preparación que desearían mejorable, sino por una actitud que les hace sentirse damnificados por su propia y necesaria tarea.
 Ello va labrando una distancia, una determinada percepción, la de que se es víctima de lo que les corresponde hacer, mientras tamaña ocupación les hurta vida, tiempo de vida.
Y entonces, a pesar de los afectos, no es infrecuente encontrar quienes sienten su condición como una carga, que exige una dedicación y un esfuerzo que, aunque se espere y se presuma, nunca supusieron que fuera tal. No resulta fácil ni ser padres ni ser hijos, por mucho que esgrimamos la consabida naturalidad.
René Magritte3
Pero dado que se trata de una relación y no de un mero velar, vigilar o transmitir, no todo se reduce a acción, ha de haber pasión, esto es, capacidad de verse afectado.
 Y entonces decimos algunas palabras, aunque también las escuchamos.
 Un niño, y más aún un chico, un chaval, es asimismo capaz de desear, de preferir y de distinguir.
 Y desde luego, de necesitar.
 No se cuestiona su inmadurez, pero ello no significa incapacidad y, menos aún, falta de sensibilidad o de perspicacia.
 No es cuestión de subrayar, por ejemplo a la par, nuestras deficiencias y carencias.
 Todos somos hijos.
 Ello ha conducido a situaciones cada vez más frecuentes en las que el lógos, desconcertado, encuentra dificultades para constituirse como algo real, como discurso capaz de decir y de hacer, como palabra cercana y eficiente.
Semejante movimiento circular del pensamiento pone al mismo tiempo en circulación el sentido y el alcance de la educación y muestra hasta qué punto se encuentra marcada histórica y socialmente.
 Deleuze señala que una clase ha de parecerse “más a un concierto que a un sermón” y, efectivamente, se trata de concertar, de acierto y de concierto.
 Una clase y una existencia.
El desamparo no es patrimonio exclusivo de la infancia.
La incertidumbre, tampoco.
 La necesidad afectiva no corresponde únicamente a las etapas iniciales de nuestra vida, y la permanente llamada que requiere al otro, del otro, no es cosa de mentes aún poco formadas.
 Reconocer las propias carencias es condición indispensable del buen educador. Limitarse a enumerarlas no es, sin embargo, suficiente. Siempre somos hijos
. Quizá cabría decir que cada cual a su modo, a su tiempo, va desplegando las posibilidades de su formación, y no considerarse plenamente culminado es una condición fundamental para la tarea de educar, que es siempre acompañar e intervenir. Sin duda, decir, y también dejarse decir, es asimismo escuchar.
 En todas las edades, en todas las etapas.
Franz-falckenhaus2
Quien al cuidar es exigente más allá de lo razonable, suele serlo al requerir y necesitar ser cuidado
. Quienes, por diversas razones, precisan de atenciones intensas y permanentes, quienes no pocas veces nos son tan próximos, ponen en cuestión no sólo nuestra paciencia, sino asimismo nuestra educación.
 Y nuestro afecto. Y nuestros valores
. Ellos se labran una y otra vez en el niño que más o menos explícitamente siempre demanda auxilio. En el adolescente que es invocación y reclamación, incluso en su rechazo, en el joven que es enérgica intemperie de aparente suficiencia, en aquél que en edad madura constata hasta qué punto todos esos momentos se reproducen y se reactivan con diversos rostros, en un tono que vela por eludir los sobresaltos, en la vejez que es la plenitud de cierta infancia, la infancia inicialmente sin aspavientos, la maravilla difícil.
 Y entonces, a pesar de estas caracterizaciones, no valen ni las caricaturas ni las generalidades
. Cada quien en su singularidad nos impide alcanzar grandes conclusiones.
Sin embargo, decir eso ya supone alguna toma de posición.
Todos habitamos formas diversas de necesidad, algunos de lo más elemental y ya contemplamos niños que cuidan de sus padres, se ocupan a su modo de la atención que los propios padres no pueden o no saben tener de sí mismos, abuelos que afrontan espacios antes menos previstos, y, en cierto modo, se vinculan unos con otros, sin dejar establecer un cuadro que resuma lo que ocurre.
 No hay manual de instrucciones para la relación.
Tal vez hemos de empezar por no dar demasiado por supuesto
. Es cuestión de afectos, de complejos afectos, pero a veces no es fácil tipificar comportamientos
. De ahí que resulte tan desconcertante que haya quienes catalogan los procesos y los tiempos, desde una presunta consideración de la madurez, para proceder sin más tópica y jerárquicamente, en una clasificación de supuestos y previsiones.
Nadie se exime de la necesidad de requerir de los otros y es prudente no hacer ostentación de autosuficiencia. Y menos de los afectos. Siempre al respecto perdura una filiación. Y a partir de ella podría labrarse algo más fraternal.
Franz-falckenhaus4
(Imágenes: Franz Falckenhaus y René Magritte, El espíritu de la geometría)

El Espacio, El Universo


La mala vida de una buena madre...................Del Blog Mujeres

La mala vida de una buena madre

Por: | 20 de septiembre de 2013
Vidademadre2
El primer cómic de Gemma Sesar empieza así: "28-01-2012. Sábado. Otra vez sin chica
. Me he pasado todo el día en la cama, con fiebre, dolor de cabeza y sudando una barbaridad (esto último seguro que adelgaza, o elimina toxinas, o ventila el cuerpo, así que está bien).
Baldo se ha encargado de la casa y de los niños, que hoy parecía que tenían la solitaria porque han hecho un camino de su habitación al cajón de las galletas".
Gemma Sesar es la directora de El Patito Editorial, un pequeño sello dedicado al cómic y los libros ilustrados radicado en Santiago de Compostela, la autora del blog Vida de Madre y la madre de Olivia y Antón, de cuatro y tres años.
También es la pareja de Fausto y la amiga de Marta y... en realidad no tiene tiempo para ser nada de esto último y ha de conformarse con ser, esencialmente, madre y empresaria en crisis.
En 2010 estrenó un blog sobre esa nueva identidad -la maternal- que ha engullido a casi todas las demás. Todos tienen una teoría de la maternidad que a menudo choca con la que posee cada madre.
 Sesar se siente distinta aunque está hermanada con todas las madres trabajadoras del mundo por algo común: ir corriendo detrás de la vida con la lengua fuera.
 ¿Cómo? Café y renuncias.
 "Desde hace cuatro años, primero soy madre, luego empresaria y, finalmente, si sobra algo de tiempo, soy mujer.
Soy buena madre, aunque cometa al día cientos de errores; aunque no sea la madre que nos quieren vender los psicólogos, estudiosos, libros de autoayuda, abuelas perfectas y madres delicadas", escribe en la introducción a la obra.
Vida de madre (El Patito Editorial, con versión en gallego y castellano) es el título del cómic que recoge las experiencias de Sesar en el que ella pone el guion, Ramón Marcos las ilustraciones y Jorge Castelli el color. Es la historia de dos niños felices -los hijos- y dos adultos sobrepasados -los padres- que tienen que mantener todos los malabares de la vida en el aire procurando que ninguno se rompa.
Gemma pasa por sucesivas fases
. Cae en la trampa de la superheroína que puede con todo tras encadenar fallidas experiencias de asistencia doméstica. Enferma, se concede treguas, finalmente admitirá ante sí misma que necesita ayuda en la casa y en un momento delicado se romperá su fuerza en mil añicos
. Porque todo lo anterior ocurre simultáneamente en la vida de una empresaria que, en 2012, es desgarrada por la crisis
. Y que debe repensar cosas, idear iniciativas, defender proyectos, esto es, que necesita la vehemencia y la energía de un titán justo en un momento en que dos felices criaturas se la succionan por completo. Vida de madre parece un cómic sencillo pero aborda algo tan complicado como la vida de una madre empresaria que no desea renunciar a ninguna de las dos cosas.
Y que no tendría por qué hacerlo.
Y es, lo haya pretendido o no su autora, un tebeo de denuncia social: una prueba más del agujero de las políticas de igualdad y conciliación que existen en este país para contribuir a que las mujeres tengan hijos -algo muy interesante para la madre en particular y el futuro de la sociedad en general- y facilitar al tiempo que las mujeres tengan vidas... profesionales.