Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

18 sept 2013

El mundo literario celebra los 60 años de ‘El llano en llamas’, de Rulfo


Autorretrato tomado en el Nevado de Toluca hacia 1940, obra del escritor y fotógrafo mexicano Juan Rulfo.

El Tiempo sonámbulo. Y en él, personas que deambulan en un paisaje de polvo cuyo rastro viene de la miseria y va hacia lo fatídico
. Ese fue el mundo con el cual Juan Rulfo abrió un nuevo y magistral territorio literario hace sesenta años bajo el título de El llano en llamas, editado por el Fondo de Cultura Económica.
Un mosaico de quince piezas (en 1970 se sumarían dos más) de la condición humana y de la vida situadas al sureste del estado de Jalisco (México) que abarca desde la Revolución mexicana en 1910 hasta mediados del siglo XX. Con esos cuentos, Rulfo (1917- 1986) refundó la literatura en español que confirmaría dos años más tarde con Pedro Páramo.
Pero hoy es el día de la fiesta de El llano en llamas; y como las voces que suenan en esas historias, varios escritores levantan, poco a poco, con sus voces la cartografía de ese llano en llamas que suena así:
“La esencia de Rulfo es que con sencillez y dignidad y sin folclorismo sentimental elevó temas regionales al nivel de tragedia griega”, afirma Luis Harss.
Sus cuentos están escritos en un doble registro: las acciones son vertiginosas y la vida mental de los personajes es demorada, de una reflexiva intensidad. Esto establece una peculiar tensión: lo que sucede es rápido y su efecto es lento
"Con los cuentos logró una nueva representación del campo mexicano y la miseria en la que viven sus personajes. De manera emblemática, uno de los relatos lleva el título de 'Nos han dado la tierra'. La herencia que reciben no es otra cosa que un montón de polvo
. Los ultrajes y la violencia de estos relatos revelan una realidad devastada por la injusticia social.
 Lo peculiar es que Rulfo narra estas desgracias con hondo sentido poético. Sus cuentos están escritos en un doble registro: las acciones son vertiginosas y la vida mental de los personajes es demorada, de una reflexiva intensidad.
 Esto establece una peculiar tensión: lo que sucede es rápido y su efecto es lento.
En estos cuentos, Rulfo renovó el lenguaje de México. Ningún campesino ha hablado como sus personajes pero ninguno ha sonado tan auténtico. Un milagro de la autenticidad que sólo puede ser literaria", explica Juan Villoro.
El llano en llamas me permitió, cuando era muy joven, imaginar una forma narrativa posible para las historias de la guerra y la postguerra española que había escuchado desde niño.
No he dejado de leer esos cuentos desde que un amigo me los descubrió.
 Y algunos los he usado en clase una y otra vez para explicar cosas tan distintas como el peso que lo no dicho tiene en una historia y hasta la importancia del título en el proceso narrativo. Cuantas más veces los lee uno más cosas sorprendentes descubre en ellos. Esos cuentos no se acaban nunca”, recuerda Antonio Muñoz Molina.
El llano en llamas me permitió, cuando era muy joven, imaginar una forma narrativa posible para las historias de la guerra y la postguerra española que había escuchado desde niño. No he dejado de leer esos cuentos desde que un amigo me los descubrió
"Es en muchos sentidos un libro mestizo
. Un libro de cuentos que parece un enorme poema. Un testimonio cruento que parece un sueño. Un puñado de vidas que parecen paisajes y paisajes que gritan, lloran y susurran. Nadie ha escrito después o antes así. Sólo Rulfo en Pedro Paramo lo intento y logró.
 Después vino el silencio, el respetuoso silencio que sigue a todos los auténticos milagros.
 Nadie que yo haya leído escribe como Rulfo, todos los que lo hacemos en América Latina no hacemos más que dar vuelta alrededor de dos o tres imágenes quemantes, un entierro, una mujer y unas gallinas, la sequedad más seca de esa tierra de nadie que es nuestra”, reconoce Rafael Gumucio.
“Descubrí a Juan Rulfo en orden inverso. Llegué a él por Pedro Páramo y me dejó asombrada. Luego leí el llano en llamas, y fue como una prolongación del entusiasmo que había tenido con su novela”, dice Cristina Fernández Cubas.
“Dos o tres cosas recuerdo de la primera lectura del ‘El llano en llamas’: la sensación de encontrarme ante un texto fundacional retroactivo (porque, en la euforia de las lecturas latinoamericanas de mis años universitarios, conocí antes a los primeros discípulos que al maestro), su novedad frente al canon español de los cincuenta y la contundencia narrativa basada en la economía retórica, la invención coloquial, la sequedad y la aspereza de la tramas y el paisaje
. He oído muchas veces luego la voz del propio Rulfo leyendo «Diles que no me maten», una grabación sin duda acorde con su literatura: directa, obligada, sin efectismos especiales
. No sé, sin embargo, si Rulfo ha tenido al cabo del tiempo significación inmediata, estrictamente «rulfiana», en la literatura en español, si, más bien, dada la evidencia y la peculiaridad de su voz, su repercusión ha sido lateral o si, en fin, ha quedado como un referente clásico y, en cuanto clásico, un tanto remoto, aislado e inimitable”, admite Gonzalo Hidalgo Bayal.
“Fue absolutamente definitivo porque por él escribí un primer libro de cuentos que luego nunca publiqué. Rulfo dio una lección inmensa de austeridad y síntesis que le dio al cuento un tono muy contemporáneo y muy latinoamericano que viene de nuestra tragedia del campo”, asegura Piedad Bonnett.
Pero no sabía que, además de contar esas historias de pueblos perdidos y polvorientos sin piedad y sin buenas intenciones, era posible además ese lenguaje escueto, riguroso. No sabía que cada palabra podía ser como una piedra
"Entre otras cosas, Rulfo nos enseña que las cosas más terribles pueden ser contadas con un lenguaje que no cae en el melodrama. Los personajes de El llano en llamas suelen ser violentos porque es el modo que han encontrado para discurrir en el mundo y toman al mundo como viene.
 Esa especie de resignación expresada en los términos más precisos posibles -es decir: poéticamente- es la manera en que Rulfo habló de un país en el que el estado de derecho era una fachada para la mayoría. Y esa no es la primera razón, pero es una razón más por la que Rulfo sigue siendo vigente", reflexiona Yuri Herrera.
“Buenos Aires, 1969, Facultad de Filosofía y Letras. Una profesora de gramática nos dicta un párrafo extraordinario de un autor al que no conocía. ¿Dónde queda Comala? pregunta alguien. Comala, nos dice la profesora, es un pariente cercano que Macondo tiene en México. Corro a la librería a buscar algo (lo que sea) de Rulfo. Me dan "El llano en llamas".
 ¡Y yo no sabía que eso era posible! A los dieciocho años era obsesiva lectora del barroquismo popular de García Márquez, del barroquismo culto de Carpentier.
 Pero no sabía que, además de contar esas historias de pueblos perdidos y polvorientos sin piedad y sin buenas intenciones, era posible además ese lenguaje escueto, riguroso.
No sabía que cada palabra podía ser como una piedra”, evoca Ana María Shua.
 **  PARTICIPACIÓN. Es tu turno: Dinos Por qué te gusta Juan Rulfo en el blog Papeles perdidos
Portada de 'El llano en llamas', editado por el Fondo de Cultura Económica.

El asesinato de un rapero por un afiliado de Aurora Dorada incendia Grecia

Reuters-LIVE!

Varias ciudades griegas han sido testigo de violentos choques entre policía y manifestantes tras el asesinato de un rapero por un militante del partido de extrema derecha Aurora Dorada.
 Los disturbios más graves se han producido en el suburbio ateniense de Keratsini, cerca del lugar del homicidio.
 La policía respondió con gases lacrimógenos al lanzamiento de palos y piedras por parte de militantes de extrema izquierda. Otros choques entre manifestantes y policía se han producido en las ciudades de Salónica y Patrás.
Horas antes, cerca de 5.000 personas se concentraron en una plaza cercana al lugar del crimen para protestar contra el asesinato.
La manifestación se ha producido el día en que los sindicatos han vuelto a salir a la calle en contra de las políticas de austeridad del Gobierno de Antonís Samarás.
 "Hoy ha sido Pavlos", rezaba un cartel en Keratsini. "Mañana puede ser tu hijo, o tu amigo. Despierta".
Pavlos es Pavlos Fissas, un rapero de 35 años que usaba el nombre artístico de Killah P, y que murió apuñalado la noche del martes durante a la puerta de un bar en Keratsini.
Según la policía, la pelea empezó al finalizar la exhibición de un partido de fútbol en el local. Fissas recibió dos puñaladas en el pecho, una de las cuales le alcanzó en el corazón.
Un hombre de 45 años confesó haber cometido el crimen tras ser detenido.
 Un portavoz de la policía afirmó que el hombre es afiliado de Aurora Dorada. Las fuerzas de seguridad registraron esta mañana las oficinas del partido en Atenas.
El crimen ha desatado una respuesta unánime en contra por parte del Gobierno, los principales partidos políticos y varios grupos antifascistas, que han coincidido en acusar del crimen a Aurora Dorada. "Este abominable asesinato", ha dicho el ministro de Protección Ciudadana, Nikos Dendiás, "ilustra claramente las intenciones del neonazismo". Sin embargo, el Frente Unido contra el Racismo y la Amenaza Fascista, ha acusado al Gobierno de coalición de Antonís Samarás de "dejar que los asesinos de Aurora Dorada circulen impunes y armados con cuchillos".
 El socio de Gobierno de Samarás, el socialdemócrata PASOK, ha pedido la ilegalización de Aurora Dorada.
El partido extremista, tercero en las encuestas, ha afirmado en un comunicado que las acusaciones de connivencia con el crimen son "miserables". Según Aurora Dorada, la intención de las denuncias es "dividir a la sociedad griega".
 Una manifestación ha sido convocada para esta tarde cerca del lugar del crimen.

LA ZONA FANTASMA » Que esto no se cuente..................Javier Marías

Ilustración de Sonia Pulido

En contra de lo que se asevera a menudo, tengo la sensación de que vivimos una época de peligroso aletargamiento de las sociedades.
 Se supone que gracias a Internet y Twitter y los infinitos foros, ocurre justamente lo opuesto, y los usuarios de las redes sociales se vanaglorian de no dejar pasar ni una, de poner a caldo a quien lo merezca, de protestar por todo lo injusto, de boicotear marcas y empresas; en suma, de denunciar y hacer presión y castigar.
 Pero yo no veo que nada de eso traiga nunca verdaderas consecuencias en lo importante, ni haga rectificar ninguna ley, ni obligue a dimitir a casi ningún cargo, a excepción de los políticos americanos infieles a su pareja y los alemanes que han plagiado sus tesis doctorales.
 Muy poca cosa en conjunto. 
Es más, tengo la impresión de que tantas voces chillando por esto o lo otro, todas a la vez, se anulan indefectiblemente entre sí o en el mejor de los casos son víctimas de su sobreabundancia y de la dispersión. Quienes gobiernan se han acostumbrado ya a ese griterío de fondo y han aprendido a hacer caso omiso de él. Una jaula de grillos en la que caben todos los grillos del universo, en realidad es conveniente que estén agrupados ahí: amortiguan recíprocamente sus indignaciones, hacen indistinguibles las justificadas y graves de las arbitrarias y leves, los clamores necesarios de las pataletas superfluas, los abusos intolerables de las cien mil sandeces que se sueltan a diario en el mundo. 
“Las redes están que arden”, oye o lee uno a veces, por tal o cual cuestión. ¿Y? ¿Han visto ustedes que esos incendios varíen algo en alguna ocasión? Algo significativo y de peso, quiero decir.
En cambio, me parece observar que la capacidad de influencia y contagio de los políticos y de “los que mandan” (financieros, grandes multinacionales, banqueros) no hace sino crecer, y con ella, asimismo, su capacidad para desorientar a las poblaciones.
 Cada vez logran más que pasen por buenas prácticas que solíamos saber que estaban mal.
 Desde que se desahucie y lance al arroyo a una familia por un impago al que se ha visto forzada –no por ánimo de engaño ni por mala voluntad– hasta que las condiciones laborales de la gente vayan pareciéndose insólitamente a las de los tiempos de Dickens, a dos pasos de la esclavitud.
 Una de las más malsanas ideas que nos están “colando” es la muy antigua de culpar a quien denuncia las injusticias y abusos cometidos por los Gobiernos, algo típico de las dictaduras, que no admiten ninguna crítica.
 Pero esto sucede en democracias aparentes, viejas o nuevas. Las autoridades estadounidenses, en vez de enfurecerse con los pilotos que en Irak o Afganistán ametrallaron a civiles sin la menor necesidad, vierten su ira contra el soldado Manning, que con sus famosas filtraciones permitió que se supiera de esos asesinatos a sangre fría.
 En vez de llamar a capítulo a la NSA por su indiscriminado espionaje en Internet, organizan una persecución contra Snowden, que reveló su existencia, si es que eso fue una revelación.
 La cantinela habitual en estos casos es que esas denuncias y exposiciones “dañan la imagen del país”, cuando a nadie nos habría cabido duda, hace muy poco, de que lo dañino eran los asesinatos gratuitos y “semifestivos” y el espionaje masivo, la desaforada intromisión en las vidas privadas de los ciudadanos.
La capacidad de influencia y contagio de los políticos y de “los que mandan” no hace sino crecer
En España ocurre lo mismo: “perjudican a la Marca España” (esa enorme catetada e imbecilidad) quienes publican fotos de los españoles rebuscando en los contenedores de basura, o de grandilocuentes edificios oficiales dejados a medio construir o bien vacíos e inútiles, o de aeropuertos en los que jamás se ha posado ningún avión
. Los políticos no reaccionan coléricamente –como debería ser– contra quienes han llevado a que muchos no tengan qué comer, ni contra quienes han despilfarrado el dinero público en sus megalomanías personales, malgastándolo en mamotretos inservibles, o contra Fabra y Camps, que se atrevieron a inaugurar con boato “su” aeropuerto de Castellón. Son sólo tres ejemplos, entre centenares de ellos. 
Quienes perjudican la imagen de España son los banqueros que nos han conducido a la ruina, los gobernantes que nos saquean y expolian fiscalmente sin que además valga de nada (la situación económica general nunca mejora), la CEOE que cada vez exige más siglo XIX y más paro, los promotores inmobiliarios y alcaldes que han destruido nuestras ciudades y costas y seguirán en ello hasta que no quede un palmo de suelo sin sus adefesios
. Son todos esos los que arrastran por el fango la imagen de nuestro país, junto con los incontables corruptos de los que da puntual noticia la prensa internacional. 
No cae sobre ellos la furia, sino que el actual Gobierno la descarga sobre quienes lamentan y denuncian sus atropellos
. La consigna no es “Que esto no se haga más”, sino “Que esto no se cuente”, y lo peor es que la perversa idea se contagia a los ciudadanos. Párense un segundo a pensar: salvando las distancias, es como si, ante las atrocidades nazis, el enfado no hubiera ido dirigido hacia ellos, sino contra quienes divulgaron sus matanzas con el fin de que se castigaran y no volvieran a tener lugar.
 Quien se enfada con los divulgadores y cubre a los criminales y estafadores, a los derrochadores y ladrones, es que en realidad los aprueba y pretende que las injus­ticias y abusos continúen teniendo lugar.