Los estereotipos nos rodean en nuestro día a día.
Ponen límites a
nuestra libertad
. Nos gritan cómo dirigir nuestras vidas, y las mujeres,
por desgracia, somos grandes conocedoras de estos gritos. ‘Cenicienta’,
‘La Bella Durmiente’ o, como Santiago Roncagliolo comenta en su
artículo ‘Mujercitas’ (25 de agosto), Barbie, Campanilla o las Monster’s
High son las referencias de niñas que en pocos años recibirán una
“bofetada” de la más cruda realidad.
Ya antes de nacer, envolvemos las
habitaciones de tonos rosados, muñequitas, flores y mariposas.
Después
vendrá la cocinita y el muñeco bebé al que, como futuras mujeres, nos
encanta cuidar
. Este es un comienzo que se extenderá a lo largo de los
años siguientes y que a muchas les creará complejos al darse cuenta de
que no cumplen las expectativas de la sociedad que nos rodea.
Simplemente, hay mujeres que no encajamos ni con calzador dentro de lo
que debería ser una “mujer”
. Lo que no quiere decir que no seamos
femeninas. Somos femeninas según nuestros valores, nuestros principios y
nuestras metas y expectativas de la vida, no según una construcción
social cimentada sobre un discurso patriarcal.
Una vez asumida nuestra
realidad, nos desviamos de la masa y luchamos. Porque no queremos ser ni
Cenicienta, ni Campanilla, ni Barbie”.
15 sept 2013
Las frases de 'Aída'
Las frases de 'Aída'
Luisma: “¿Y si todos estuvieseis equivocados y el Luisma no fuera tonto? Sería un... no-tonto o anti-tonto”. “Si para ti un beso negro es una guarrada, aparca y vámonos”.Chema: “No sabes lo duro que es lavarse la cara y no saber cuándo parar”. “Estoy volcado en mi libro: Mi mujer, esa puta”.
Mauricio: “Tiriririiiii, avisa a las becerras que ha llegado el niño del paquetón”.
“¡Qué asco de comunistas!”.
Jonathan: “¡Yo creo en la paz y en el amor y a quien diga lo contrario le pego una hostia!”.
Fidel: “Dios, qué he hecho, he caído en las pastillas... y me siento más Marilyn que nunca”. “¡No! ¡Sin Punset, no!”.
Esperanza Sur se muda... a otra época
Aída’ celebra sus 200 emisiones con un capítulo especial que contará con la participación de José Coronado, Antonio Resines y el cantante Pablo Alborán.
. Ya solo le faltan cuatro capítulos para sobrepasar la marca de la ficción de la que surgió (7 vidas), centrada en el personaje de la limpiadora Aída (Carmen Machi), madre abnegada de un par de chonis impertinentes y hermana de un exdrogadicto un poco tocado que se rodea de todo tipo de personajes imposibles, desde una prostituta reconvertida a un tendero con alma de filósofo.
Este capítulo será “un episodio muy especial”, tal y como asegura Julián Sastre, productor ejecutivo de la serie.
“Nos hemos volcado en hacer algo espectacular.
No queríamos que fuera un capítulo nostálgico. Es un capítulo que mira al futuro y muestra una Aída con más fuerza que nunca.
Han sido muchos meses trabajando sin parar en el capítulo 200 y el resultado va a sorprender a todo el mundo”.
Para intentar cumplir este objetivo, tres van a ser las tramas argumentales que articulen este aniversario.
Por un lado, los personajes de la serie protagonizarán —tras conocer que uno de los primeros vecinos que habitó Esperanza Sur fue un marqués que comparte su árbol genealógico con Mauricio— una trama histórica en la que aparecerán sus antepasados en los refinados palacios de la aristocracia española del siglo XIX.
De vuelta al tiempo actual, Luisma, Jonathan y Eugenia asistirán al estreno del último trabajo de José Coronado, Caída 2001, en el que también coincidirán con Antonio Resines, Lara Álvarez y Paula Prendes. El protagonista de No habrá paz para los malvados visitará Esperanza Sur y llegará incluso a subir a casa de Luisma.
Y, por último, le tocará el turno a los fastos de la celebración de los 200 años del barrio.
En esta última historia participará Pablo Alborán, popular cantante que ha compuesto un tema específico para esta entrega y que se reconoce
“fan incondicional de la serie desde que comenzó
”. El artista malagueño valora positivamente su presencia en la serie:
“Me ha parecido un sueño, algo muy divertido porque hago de mí mismo, pero con un punto muy gracioso que los guionistas han sabido sacar. ¡Son unos cracks!”.
Pero la veterana producción de Globomedia (responsable de títulos como Águila Roja o El barco) no solo celebra hoy estas 200 emisiones en Telecinco, también inicia su décima temporada.
Además de contar con la incorporación al reparto del presentador, actor y humorista Dani Martínez (Tonterías las justas) —dando vida al hermano granuja, buscavidas, mujeriego y bromista de Paz— y con las apariciones capitulares de Jesús Vázquez y Raquel Sánchez Silva, esta gran familia televisiva vivirá todo tipo de peripecias. Mauricio, por ejemplo, participará en un golpe de Estado y con su tentativa llegará incluso al Congreso de los Diputados. Fidel y Germán, por su parte, irán de viaje Erasmus a Suecia. Luisma y Barajas montarán el periódico del barrio y Machupichu y Macu se plantearán hacer un intercambio de parejas con Soraya y Chema.
Mucho sentido del humor pero, para sus guionistas, Nando Abad, Rodrigo Martín y Tatiana Chisleanschi, las historias de estas nuevas entregas van mucho más allá.
“Las tramas que estamos haciendo tratan sobre lo que pasa ahora mismo en la sociedad.
Por ejemplo, una de las últimas que tuvimos que defender hablaba de un desahucio, y lo hicimos con humor, sin ofender.
Son temas sociales sobre los que intentas llamar la atención y poner un foco de luz”.
Así se presenta este capítulo 200 y las nuevas entregas de una serie cuya esencia reside, según comenta Paco León, “en ser una caricatura muy esperpéntica de una realidad social, donde conviven personajes de barrio, pero que además tiene algo que la hace muy universal”.
Sobre el futuro, el actor espera “que haya muchísimos capítulos más” y que la audiencia continúe apoyando a una serie “tan mediática” que cree que será “muy difícil que se vuelva a repetir”.
Cuando no se puede decir ‘no puedo’..................Rosa Montero
Hace años fui a cumplir un
encargo a un piso de unos amigos que llevaba cerrado y desocupado más de
dos meses. Recogí los papeles que iba a buscar y, cuando ya estaba a
punto de irme, vi por casualidad que en la jardinera del balcón, bajo un
sol veraniego achicharrante, seguía viva una planta.
Estaba muy
alicaída, agonizante; a su alrededor, todas las demás plantas habían
muerto ya, dejando un panorama desolado de hojarasca reseca y telarañas.
Pero ella seguía luchando por vivir a pesar de los dos meses de
abandono.
Comprendo que es ridículo, pero casi me dieron ganas de
llorar al contemplar ese esfuerzo tan heroico e inútil.
Como una loca,
regué concienzudamente la jardinera, y luego me marché sintiéndome aún
peor, porque el agua sólo prolongaría el sufrimiento de la planta.
Pero,
a fin de cuentas, la vida consiste justo en eso: en el regocijo de
vivir cada instante, cada segundo robado antes del fin.
Qué tenaz es la vida, qué
maravillosamente peleona
. Un amigo argentino me ha mandado la foto de su
hija, una niñita nacida prematuramente a los seis meses. Es una
guerrera hermosa y diminuta que lleva semanas librando el fiero combate
de la supervivencia: todas sus células están concentradas en la proeza
de existir.
De hecho, todos nosotros somos un prodigio, todos
representamos una proeza descomunal.
Estar vivo es el resultado feliz de
una batalla feroz contra las circunstancias: sólo recordar que el
espermatozoide que participó en tu concepción tuvo que competir contra
cien millones de espermatozoides da idea del esfuerzo.
Repitamos una vez
más lo obvio: para nacer es necesario que antes se haya dado una
larguísima cadena de éxitos
. Nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros
recontratatarabuelos de las cavernas lograron ser un huevo fertilizado,
y luego un embrión viable, y luego un bebé lo suficientemente sano.
Y a
partir de ahí supieron crecer, mantenerse vivos, encontrar pareja,
procrear, cuidar de su prole.
Somos guerreros e hijos de guerreros,
todos victoriosos.
Haber llegado a nacer es más venturoso y más difícil
que sacarse el Gordo de la lotería.
Así pues, la vida siempre se
empecina en seguir viviendo. Lo cual es una buenísima noticia, desde
luego
. No hay que perder la fe en esa fuerza bruta y ciega de la vida.
Hace poco, el gran cineasta Bernardo Bertolucci presentó su última
película, Tú y yo
. Llevaba diez años sin rodar porque una
enfermedad que él mantiene en secreto le ha confinado en una silla de
ruedas. Ahora Bertolucci ha vuelto a dirigir, y ya está pensando en
hacer otra película.
En las entrevistas sobre Tú y yo ha
declarado que, cuando aprendió “el arte” de aceptar su condición, es
decir, su enfermedad, las cosas mejoraron mucho.
A Bertolucci esa
aceptación le ha llevado diez años (ahora tiene 72), pero al final, si
no mueres antes, la vida se impone: es algo formidable.
Otro amigo, Pepe Mendoza, estupendo articulista en El Diario de Cádiz,
me escribe para contarme la historia de su sobrino, Alejandro Arévalo
Ramos
. Alejandro tiene 18 años; nació con un 84% de discapacidad física
(o de diversidad, que es la palabra que prefieren usar las personas
pertenecientes a estos colectivos) y a los dos años le amputaron las dos
piernas. Iba a decir que psíquicamente es igual que cualquiera (el año
pasado terminó segundo curso de Bachillerato), pero es obvio que no es
igual que cualquiera, sino muchísimo mejor: mucho más centrado, más
fuerte, más maduro, más valiente, más sabio.
Además de cursar los
estudios que le corresponden, Alejandro se ha hecho un as de la
natación.
Hoy, pese a su juventud, es un reconocido deportista en el
mundo paralímpico y ha ganado un buen puñado de medallas autonómicas y
nacionales.
Un rapero gaditano, Mowlihawk,
le ha hecho una canción
. Hay un vídeo genial del tema y de Alejandro que
se puede ver en YouTube (para encontrarlo basta con poner
“Mowlihawk-ejemplo de superación”).
Es una historia conmovedora y
asombrosa, y lo más increíble es que en el mundo hay muchos más
Alejandros de lo que nos creemo
s. Heroicos luchadores que cada día se
ganan a pulso su existencia. Ver este rap enseña más e infunde más
ánimos que media tonelada de libros de autoayuda.
Porque para
autoayudarse no hay como confiar en tu propia fuerz
a. O, como dice mi
amigo Pepe Mendoza: hay que borrar del lenguaje la frase no puedo, “como
nosotros hemos hecho desde hace 18 años”.
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