Mañana se cumplen 16 años de su muerte y en octubre se estrenará el
biopic 'Diana'. Lady Di vuelve a ser portada y a darnos lecciones de
cómo utilizar la moda como arma arrojadiza.
¿En qué se parecen Diana de Gales y la cantante Rihanna? Según apuntaba la escritora Camille Paglia en un artículo del
Sunday Times Magazine, titulado
Why Rihanna is the new Diana
(Por qué Rihanna es la nueva Diana), al menos en tres grandes aspectos:
ambas eligieron al hombre equivocado y las dos, tras el desencanto y el
despecho, utilizaron la moda y los medios de comunicación como armas de
defensa.
“
Hasta que Diana no se transformó de una tímida asistente de
guardería en una esbelta máquina de moda, no empezó el seductor coqueteo
con la prensa mundial”, sostiene Paglia, y añade, “como Diana, Rihanna vaga de forma inquietante, usando los
photocalls
para enviar mensajes de atracción, desafío o venganza, en una
turbulenta relación con una pareja errante”
. Camille resume su tesis en
el siguiente párrafo: “Diana y Rihanna, que empezaron siendo unas
sensibles pero atractivas chicas de provincias, descubrieron su
fotogenia y empezaron a trasformarse a si mismas en esculturas vivientes
para los objetivos
. Ambas desarrollaron una falsa intimidad con los
fotógrafos y el público y se devoraron a si mismas en una inútil
búsqueda de la seguridad en el amor. Diana, rechazada, aceptó su exilio.
Pero Rihanna, con el típico síndrome de la mujer maltratada, todavía
siente pena y conserva la esperanza de cambiar y salvar a su
maltratador”.
La trasformación de Lady Di de princesa de cuento a mujer con amantes
que enseña piernas y canalillo puede situarse un día determinado, en
1994, incluso se podría precisar la hora exacta, en la que acude a un
evento, una fiesta del Vanity Fair en la Serpentine Gallery de Londres.
Ese mismo día, su marido acababa de confesar en la televisión su affaire
con Camila Parker Bowles y Diana, lejos de quedarse en casa llorando y
buscar cualquier excusa para no acudir a la cita,
eligió un vestido de Christina Stambolian, en seda negra,
que dejaba al descubierto los hombros –con un generoso escote– y sus
bien torneadas extremidades inferiores. El modelo había sido comprado en
1991, años antes, pero dormitaba en su fondo de armario por ser
considerado “demasiado sexy”. Al día siguiente, Diana era portada de la
mayoría de las cabeceras de la prensa inglesa y su atuendo pasó a ser
bautizado como el “
vestido de la venganza” por simbolizar una
patada en sus partes al marido infiel, una demostración casi palpable
del mal gusto del futuro monarca, que prefería ser el tampax de una
cuarentona descuidada a la compresa de su joven y estilosa esposa,
y un guiño de ojos al público en general, incluidas las viejecillas más
recatadas que ponen unas gotas de ginebra en sus tazas de té para hacer
más llevadero el interminable
afternoon invernal.
Es posible que si el cuento de hadas entre una jovencita, a la que la
ropa no le importaba demasiado, a juzgar por sus looks de asistente de
guardería –hay uno memorable con una falda con largo a media pantorrilla
y trasparente al trasluz–, y el príncipe hubiera funcionado, el
calificativo de “icono de moda” jamás habría acompañado al nombre de
Lady Di.
Seguramente hubiera seguido con sus estilismos de los primeros
tiempos, una actualización histórica del estilo Windsor en el que
siempre han predominado los colores pastel, los sombreros, los vestidos
que no marcan el cuerpo, y el poco favorecedor largo de falda muy por
debajo de la rodilla.
Se dice que c
uando la joven Diana ingresó
en palacio se le dieron unas nociones básicas de moda, a cargo de
miembros del staff de Vogue, ya que ella carecía de los principios más
elementales. Sin embargo, hay gestos que ya denotan una cierta rebeldía en la futura
it girl.
En la ceremonia de compromiso con el príncipe ignoró una regla del
protocolo que dictaba que el negro solo era permitido para el luto y
lució un vestido de chiffon en ese color, con escote palabra de honor y
diseñado por Elizabeth y David Emanuel.
Muchos aseguran que el cambio de Diana empezó a gestarse tras el
nacimiento de su primer hijo, en 1984. Probablemente ya habrían llegado a
sus oídos rumores de la infidelidad de su marido, pero siempre tiende a
pensarse, en los primeros momentos, que se trata solo de una cana al
aire o algo pasajero.
Es entonces cuando Lady Di,
empieza a
confiar en la modista británica, Catherine Walker, como su asesora y
diseñadora preferida junto a Bruce Oldfield y Zandra Rhodes.
Otro de sus consejeros en materia de moda fue el diseñador argentino
Roberto Devorik
. A partir de entonces sus faldas se acortan un poco, sus
vestidos o trajes sastres se ajustan y para las fiestas elige brillos y
escotes algo más profundos.
En noviembre de 1985 viaja a EEUU. Diana le había comentado a la
entonces primera dama, Nancy Reagan, que uno de sus mayores sueños era
conocer a John Travolta y una noche, en una recepción en la Casa Blanca,
baila con el actor, durante media hora, las canciones de Grease y
Fiebre del sábado noche,
ante la atenta mirada de los invitados y de su marido.
El vestido fue
otro de los modelos con los que se puede elaborar una biografía de la
princesa.
Un traje largo, en azul marino, firmado por Victor Edelstein.
En 1991 Diana fue portada del Vogue inglés –fotografiada por Patrick
Demarchelier– lo que no gustó mucho a la reina, pero no es hasta 1994
cuando todo estalla al reconocer el príncipe de Gales sus infidelidades.
Si para casi todos el malo de la película era él, Diana no quería
quedar tampoco como la tonta ingenua.
Sus armas secretas fueron entonces
su aspecto y los medios de comunicación y para no ser menos que su
esposo, ella también concedió una entrevista a la BBC, donde reconocía
que había hecho de las suyas, tenido sus amantes –siempre después de
descubrir que su marido se la estaba pegando– y que su matrimonio
constaba de tres personas.
En su nuevo papel Diana utilizó la ropa para demostrar al mundo quien
era, dejó de mirar al suelo –si nos fijamos en sus primeras fotos
siempre aparece con la cabeza hacia abajo y los ojos mirando hacia
arriba- y se volcó en sus ayudas humanitarias, en causas como la lucha
contra el SIDA o las minas antipersonales.
En cuestión de estilo dejó la moda inglesa y optó por las grandes
marcas, algo muy malo para la industria nacional ya que por aquel
entonces había adquirido el don de encumbrar a un diseñador con solo
llevar sus prendas. ,
Chanel, Christian Lacroix, Armani, Jimmy Choo, Manolo Blahnik eran algunas de sus firmas preferidas,
y en cuestión de joyas: Chopard o Cartier. Versace llegó a ofrecerle un millón de libras por protagonizar una de sus campañas publicitarias.
Cada vestido que llevaba era imitado por miles de mujeres que seguían
el estilo Lady Di. Mejoró su peinado, haciéndolo más casual, aunque
manteniendo sus señas de identidad y refinó su maquillaje.
"Sin lugar a dudas, Diana fue el más poderoso de los iconos de la moda y
el estilo de su tiempo", dijo Giorgio Armani.
"Poseía algo más que
estilo
. Poseía una fuerza interna que la hacía brillar. Esta cualidad
trascendía a la moda", reconoció Tom Ford.
"Su estilo cambió en los 90,
se la podía ver con vestidos más atrevidos, se liberó del protocolo, se
deshizo del armario de princesa y se hizo uno nuevo con aquellas prendas
que le quedaban bien a la nueva mujer en la que se convirtió",
sentenció Valentino.
El fotógrafo Mario Testino, que la inmortalizó en
sus mejores imágenes para la revista Vanity Fair, llevando un vestido de
escote halter, de Catherine Walker, dijo de ella: “irradia algo mágico.
Mezcla de belleza, glamour y nobleza”.
Curiosamente, la moda y su relación con ella es lo que ha
mantenido a Lady Di en los titulares de los periódicos tras años de su
fallecimiento.
El pasado mes de marzo se subastaron diez de sus
trajes más representativos en Londres y se recaudaron más de 800.000
libras.
Por el vestido que llevó cuando bailó con Travolta, el más caro,
se llegó a pagar 240.000 libras.
Diana ya había vendido muchas de estas
piezas en una subasta realizada en Christie’s ,Nueva York, con fines
benéficos, poco antes de su muerte.
Desde el 4 de julio el Palacio de
Kensington, en Londres, muestra la exposición Fashion Rules, en la que
se pueden ver algunos de los vestidos de las mujeres de la casa de
Windsor, concretamente de Diana, la princesa Margarita y la reina, que
las ha superado a las dos, sino en estilo, si en años y en resistencia.
Lady Di, ya es un icono más de todo lo
british y el diseñador
Jean–Charles de Castelbajac, especialista en utilizar símbolos de la
cultura pop en sus diseños, estampó el rostro de la princesa junto a una
Union Jack en un modelo de su colección otoño/invierno 2006-2007.
Ya
todo el mundo está pendiente de la película Diana, que se estrenará en
España en octubre y en la que Naomi Watts interpreta a la princesa del
pueblo. ¿Y saben lo que más interesa a la mayoría de la gente? Comprobar
la fidelidad de los estilismos.
Y empezó otra vida que casualidad o no la llevó a la muerte joven, bella deseada, nadie la puede olvidar.