Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

9 jun 2013

Descartes: poner el mundo en pie

En la educación, la filosofía es esencial porque es la historia de lo que somos.

Los proemios son declaraciones de intenciones y tenemos por cierto que siempre son buenas.
 El de la ley de Educación también.
 Cuenta que el aprendizaje “va dirigido a formar personas autónomas, críticas con pensamiento propio”.
 No añade “que no sepan quién es Platón, Descartes ni Kant”, pongamos por caso.
 Eso que no dice, sin embargo es lo que sucedería si el asunto no se arregla.
Y bien, pudiera bien ocurrir que alguien se preguntara por qué hay que saberse esos nombres
. La razón es elemental: sucede que son nuestros primeros maestros en eso de ser personas autónomas, etc, etc
. Escribimos con sus palabras y pensamos con los esquemas de que nos proveyeron.
El pensamiento es la energía más sutil y necesaria de cuantas existen.
 Una cosa hay que decir además, es una energía cara.
 Para producir personas capaces de generarla necesitamos todo el completo sistema educativo, que cuesta mucho, y una sociedad que, con confianza, lo pague.
 En esos largos años en que nos educamos aprendemos una larga cantidad de cosas que tienen de suyo el ser inútiles.
 Las ciencias no son inmediatamente útiles, aunque puedan tener muy buenos resultados.
 Quienes las cultivan lo hacen porque les gusta. Aristóteles fue el primero que sepamos que se paró a pensar qué hacia diferente a las habilidades de los saberes.
Había gente habilidosa que sabía hacer cosas, edificios, muebles .. y otra que sabía quedarse con la idea. Los primeros solían ser buenos albañiles y los segundos eran algo más.
 Aquellos griegos, como que estaban edificando mucho y bien, tenían afición a ejemplificar con los arquitectos.
Volvamos a los que sabían ese “algo más”. Estaba claro que no era útil el “algo más”. La utilidad quedaba para hacer las cosas, pero pensarlas exigía un cierto talento y entrenamiento en dejar vagar el pensamiento en libertad
. Sigo con Aristóteles porque lo tenía muy claro.
 Las teorías, las ciencias, son hijas del ocio, de la falta de presión, del haber superado el diario buscarse la vida
. Así lo cuenta en la Metafísica. “Las teorías se desarrollaron allí donde primero pudieron los hombres tener ocio, vagar; por eso las matemáticas aparecieron en Egipto donde tenía ocio la gente sacerdotal”. El verbo que emplea para decir “vagar o no trabajar con las manos” es esjolaso, una palabra interesante porque de ella sacaron los romanos schola y nosotros “escuela”.
Si no hay tiempo de libertad no hay matemáticas, ni teoría alguna.
Parte de nuestra política se la debemos a Locke y parte del sentido del humor, a Voltaire
Es cosa sabida que el mundo antiguo, que nos enseñó a vivir, porque seguimos siendo un remedo y herencia del Imperio Romano, no tenía universidades.
Había Maestros afamados que abrieron escuelas donde se recibían las gentes de condición aristocrática y futuros gobernantes.
 La de Posidonio en Rodas llegó a ser la mejor. Pero no había enseñanzas regladas, exámenes ni títulos
. Simplemente un alguien que fuera a tener un gran papel en el mundo debía, imperiosamente, haber pasado una parte de su vida practicando ese verbo que Aristóteles escribe, vagando, haciendo un acúmulo de teoría, lo que significa de conocimientos y por ende debates no inmediatamente útiles
. Ya sabría esa persona sacarles utilidad cuando, madura, tuviera ocasión para ello.
Bien pensado, aquí seguimos esa estela: durante nuestra primera y media formación aprendemos una larga serie de cosas que probablemente usemos muy pocas veces.
Nociones de casi todo, de las dichas matemáticas, de gramática, de geografía, de física, de historia, de cristalografía o de prehistoria.. que no usaremos probablemente nunca.
 Pero nos gusta saber que se quedan ahí, porque son además como escalones que nos permitirán acceder después a otros saberes más complejos.
Nos vamos entrenando, por así decir.
De entre esas cosas algunas son extrañas y la filosofía la más extraña.
 Porque es un saber del que muchas sociedades han prescindido.
 Para hacernos clara cuenta de su profundidad debemos estudiar detenidamente su historia, que es fascinante.
 Nace con Grecia y nos acompaña desde entonces, cambiando y modulándose sin descanso, con unas teorías subiendo sobre otras hasta componer un edificio asombroso al que conocemos por el nombre de pensamiento.
 Porque no es cierto que la filosofía enseñe a pensar
. A pensar nos entrena, pero nos enseña sobre todo, lo pensado, lo que ha sido pensado y su porqué. En un enorme flujo de ideas y argumentaciones que, en volandas, nos ha traído hasta nuestro presente.
 En realidad navegamos sobre él.
 En la cabeza de cualquier persona culta bullen pensamientos que alguna vez se sumaron a ese río enorme.
 Los tomamos por nuestros, y lo son, pero nos los proporcionaron quienes nos precedieron.
 Todos estos pensamientos están, además, vivos, y mantienen entre ellos los amores y aversiones con que salieron de sus primeras fábricas. Disputan.
Esta es una materia que nos habla de asuntos profundos que debemos guardar y transmitir
A veces lo peculiar de nuestra tradición nos sorprende: parece un enorme e insensato derroche de inteligencia
. Pero luego nos damos cuenta de que, con toda esa masa, hemos hecho cosas.
No son solamente ideas, sino instituciones, comportamientos, reglas y costumbres.
 Parte de nuestra política se la debemos a Locke, de nuestro sentido del humor a Voltaire, de nuestra manera de tratar a los demás a Kant, de lo que entendemos por vivir bien a Epicuro.
 Eso nos sucede porque ese saber está intrínsecamente vinculado a lo que somos, nos ha moldeado en realidad.
 Para confesarlo todo, hay que decir que somos la primera humanidad producto de un diseño del cual las ideas filosóficas fueron las principales autoras.
 Somos una “humanidad pensada”, el resultado de la imaginación ética y política de quienes dieron el gran salto que nos separó del mero sucederse natural.
Nuestra concepción se realizó en las poderosas mentes que dieron camino a la Modernidad.
 Y sabemos lo que es la Modernidad porque nos hemos hecho cargo de ese enorme monto reflexivo en que consistimos.
La historia de las ideas, la historia de la filosofía, es la historia de lo que somos y de por qué lo somos.
 Está todo ahí. De Spinoza a Darwin; de Hegel a Freud. De Tocqueville a Beauvoir
. En el pensamiento casi ningún camino es imposible. La filosofía no sólo forma parte del núcleo duro de las Humanidades, sino que es la raíz misma de aquello en que nuestra civilización consiste.
 Su historia es nuestra historia.
 Cuando nos narramos, cuando queremos saber y decir quiénes somos, debemos invocarnos como progenie de Sócrates, de Platón, de Hume, de Montesquieu, en fin, de cuantas innovaciones conceptuales, institucionales y morales nos han traído al momento presente.
Por esa persistente peculiaridad, la filosofía y su historia forman parte del saber de una persona que haya recibido un cierto monto de educación, como lo vemos aquí y en nuestro entorno. No siempre las entendemos al completo, pero sabemos que nos hablan de asuntos profundos que debemos guardar y transmitir. Venimos de ahí; somos lo que somos por ese origen.
No somos súbditos ni adoradores, aunque obedezcamos y quizás oremos, sino gentes de las ideas.
 Ellas son nuestros muros firmes. Descartes nos puso de pie.
 Y así, como nos puso, debe ser contemplado el mundo.
 Eso lo tenemos que seguir sabiendo y trasmitiendo
. Que Descartes no es lo que sobra cuando queremos prescindir utilitariamente de algo, sino el filósofo que, fiado solo en la razón, nos puso en el mundo de pie.
Y no puede llega a ocurrir que ante la mención de su nombre, u otro cualquiera de los grandes nombres de esa espléndida historia, alguien rezongue o responda “¿Quién?... ¿mande?”.
Amelia Valcárcel es catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED y miembro del Consejo de Estado.

 

Lágrimas en una boda poco real

Magdalena de Suecia contrae matrimonio con Chris O´Neill, un financiero residente en Estados Unidos

A la cita acudieron 350 invitados, entre ellos representantes de las casas reales

Los príncipes de Asturias declinaron la invitación.Que raro que Letizia no fuera, y así ser la más guapa....raro raro....

Magdalena de Suecia y Chris O´Neill, durante la ceremonia. / AFP

Chris O´Neill se ha ganado el favor popular con las lágrimas que derramó poco después de dar el “sí quiero” a Magdalena de Suecia y los nervios que mostró durante toda la ceremonia.
 Y es que poco se sabía del ya marido de la hija menor de los Reyes de Suecia fuera de lo que figura en su biografía oficial que apunta a que se trata de un financiero nacido en Austria, criado en el Reino Unido y residente en Estados Unidos.
 Del aspecto más personal solo ha trascendido que la pareja se conoció hace dos años en Nueva York donde él trabaja y a donde ella huyó poco después de descubrir que el hombre con el que se iba a casar le había sido infiel.
Pero hace unos días O´Neill sorprendió a todos con una decisión poco común: renunció al título que el Rey le iba a condecer para poder seguir haciendo negocios
. Y es que no quiere problemas después de que hace unos meses, una investigación desvelara que O´Neill tenía domiciliadas sus empresas en paraísos fiscales.
La reina Silvia, la madre de la novia, ha zanjado en las últimas horas cualquier posible duda sobre su idoneidad.
 “Chris es el yerno con que todas soñamos”.
Magdalena, a diferencia de O´Neill, se mostró tranquila durante la ceremonia y espectacular con un traje de Valentino, muy similar a otros realizados para otras bodas reales.
"Trabajar con la princesa ha sido tan fácil", dijo el diseñador "Ella es una chica muy bonita, moderna, divertida, llena de energía y entusiasmo.
 Es tan hermosa! Ha sido un placer y un honor ".
El protocolo fue esta vez menos encorsetado y permitió que un cantante interpretará The first time ever I sawyour face (La primera vez que vi tu rostro), una de las canciones preferidas de la pareja.
Y es que la boda de ayer en Estocolmo fue una ceremonia privada pero, eso sí, alimentada por muchos representantes de las casas reales
. Entre los ausentes, los príncipes de Asturias que declinaron la invitación.Quien sí estuvo fue Charlene de Mónaco, empeñada en acallar rumores tras su ausencia de la ceremonia de entronización de Guillermo de Holanda hace un mes. También acudió Sofía Hellqvist, la polémica novia de Carlos Felipe de Suecia, el único hijo varón de los Reyes de Suecia, que ocupó un discreto lugar en la ceremonia.
 La pareja, que ya vive junta, ha mostrado su deseo de casarse pero para ello tiene que lograr la autorización paterna.
El Rey no ve con buenos ojos que su hijo contraiga matrimonio con una joven que en el pasado fue estrella de un reality y actriz erótica. Ellos son un buen ejemplo de que los príncipes ya no se casan con princesas y que la monarquía del siglo XXI ha cambiado.
Tras la ceremonia, los novios recorrieron Estocolmo para ser vitoreados por miles de personas que todavía ven en estas ceremonias algo parecido a un cuento de hadas. Ilusiones pasajeras que contrastan con este tiempo de crisis,

Una noche en la ópera

Es la del camarote, la de la parte contratante de la segunda parte, la de los dos huevos duros…
 Y así podríamos seguir y seguir porque cada espectador tiene su gag favorito entre los 175 que atesora. Eso sí, pocos aficionados se resisten a identificarla también como la mejor película de los hermanos Marx.
Con Una noche en la ópera los hermanos Marx, que eran hasta entonces un cuarteto, se convirtieron en trío después de que Zeppo dejara el grupo.
 No fue el único cambio.
Por primera vez trabajaban para la Metro y por primera vez alguien ponía un poco de orden en la anarquía creativa de aquella familia.
“Supongo que por entonces existiría cierto número de genios, pero yo sólo conocí a uno, su nombre era Irvin Thalberg”, diría años después Groucho refiriéndose al mítico productor.
En sus películas los hermanos Marx se habían dedicado hasta entonces a atacar y mofarse de cuanto personaje tuviera la mala suerte de toparse en su camino. Esto –decía Thalberg– podía hacerles antipáticos a ojos de buena parte del público
. Nadie dudaba de la genialidad de aquellos chicos pero, al fin y al cabo, las tramas de sus películas no habían sido hasta entonces más que meras excusas para encadenar una sucesión de gags. Una noche en la ópera, en cambio, tenía que ser diferente: el ritmo más medido, la historia más coherente.
 Partiendo de las ideas de los protagonistas, el guion lo escribieron George S. Kaufman y Morries Ryskind con el apoyo de algunos colaboradores de la Metro, entre los que figuraba nada menos que Buster Keaton.
Pero todo eso no era garantía suficiente para Thalberg que, antes de empezar a rodar, embarcó a los hermanos en una gira teatral con la que, atendiendo a las reacciones del público, pretendía afinar al milímetro cada situación, cada chiste y diálogo.
 A pesar de todo, cuando una vez terminada la película hicieron un preestreno, la respuesta de los espectadores fue demoledora: nadie se rió. Thalberg se encerró durante varios días con un guionista en la sala de edición, remontaron toda la cinta y consiguieron darle el ritmo que la ha hecho célebre.
Una noche en la ópera fue un gran éxito. El tiempo la convirtió en una referencia, hasta el punto que esta obra cumbre de la iconoclasia fuera elegida en 1993 para ser preservada en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos como “película cultural, histórica o estéticamente significativa”.
Pero, por encima de eso, lo más importante es que casi 80 años después sigue siendo una deliciosa gamberrada que recoge algunas de las mejores de escenas de la Historia de la Comedia: la del camarote, la de la parte contratante…
 En definitiva, la que prefiera cada espectador.

Fallece Elías Querejeta, el gran productor del cine español


'El productor' (2007), de Fernando Méndez Leite (TCM)

Si alguien se ha ganado a pulso el calificativo de EL PRODUCTOR, el título de gran creador del cine español, y desde luego uno de los más prestigiosos hoy del cine europeo es Elías Querejeta, que hoy ha fallecido a las 06.00 horas en su casa en Madrid a los 78 años de edad.
 Hombre de precaria salud -él, que curiosamente fue estrella de la Real Sociedad en los años cincuenta, que en cuanto podía contaba su famoso gol al Real Madrid en el campo de Atocha el 9 de octubre de 1955: "Di Stéfano me felicitó en el centro del campo con un 'Vaya gol, pibe"-, el legado de Querejeta es fundamental para entender lo que fue el gran cine de autor durante casi medio siglo en Europa, y para que las jóvenes generaciones entiendan lo importante que es un productor, cómo un cineasta como Querejeta empujó y engrandeció la carrera de directores como Carlos Saura, Jaime Chávarri, Emilio Martínez Lázaro, Fernando León, Víctor Erice y de su hija Gracia Querejeta, además de apostar en el documental con los filmes de Eterio Ortega.
 "En mi trabajo siempre me divierto, como productor o como director. Desde mis inicios estoy presente hasta en el montaje y no entiendo esto sin pasión, sin compromiso".
 En esos arranques de su carrera Irving G. Thalberg, el mítico productor de MGM, fue su referencia. "Siempre me interesó su forma de entender apasionadamente la producción", contaba en una entrevista a este diario.
Sin embargo, Querejeta (Hernani, 1934) no parecía nacido para el cine
. Sus primeros recuerdos son de una infancia feliz y de un grito de guerra soltado desde el balcón de su casa: “Aita, aita, viva Cristo Rey, el comunismo y la libertad”
. A Querejeta lo que le apasionaba era el fútbol. Y con tan solo 18 años debutó en la Primera División.
Su meteórica carrera como delantero acabó en 1958 y se fue a Madrid a montar su productora de cine
. En 1960 y 1962 su nombre encabeza como director los cortos A través de San Sebastián y A través del fútbol, codirigidos con su íntimo amigo Antonio Eceiza.
Y desde entonces hasta 2009, no volvió a dirigir, y en ese año lo hizo con otro documental, Cerca de tus ojos: "No, no, es igual.
 No entremos a estas consideraciones.
 He escrito el asunto y lo he dirigido, y ya está", contaba en 2009. "Es cierto que todos mis trabajos en este género tienen una línea de preocupación por determinadas materias, y una forma de entender lo que yo llamo película documental".
Esos inicios documentales, fomentados por sus pasiones, derivaron rápidamente hacia la ficción con su colaboración con Carlos Saura, en mitad de la gran ola del cine de auteur europeo: “En el cine lo industrial está ligado con el arte.
 No tengo parámetros para saber qué es eso del cine de autor”.
 Lo mismo sirve para hablar de su conexión con el espectador. “No sé lo que es eso, como tampoco sé muy bien lo que le gusta al público. Sí sé lo que me gusta a mí”.
La relación entre Querejeta y Saura da como resultado un listado impresionante de títulos: en quince años hacen La caza (premio a la mejor dirección en el festival de Berlín en 1965, un filme que se inició con un millón de pesetas de Querejeta y otro millón del padre de Saura), Peppermint frappé (1967), premiada con el Oso de Plata en ese certamen, Stress es tres, tres (1968), La madriguera (1969), El jardín de las delicias (1970), Ana y los lobos (1972), La prima Angélica (1973) Cría cuervos (1975) -ambas galardonadas con el Premio del Jurado en Cannes- Elisa, vida mía (1977), Los ojos vendados (1978), Mamá cumple cien años (1979), Deprisa, deprisa (1980), Oso de Oro en el Festival de Berlín, y Dulces horas (1981). En el documental 24 horas en la vida de Querejeta, de Gerardo Sánchez y Alberto Bermejo, estrenado en diciembre del año pasado, Saura aseguraba que lo suyo fue un desgaste como el de una pareja sentimental: el tiempo y el roce pudo con ellos
. "Aunque nunca metió mano en los guiones
. Somos como un viejo matrimonio con muchos hijos exitosos”.
Querejeta fue más que el productor de Saura: él está detrás de El desencanto (1976), de Jaime Chávarri, la crónica de la devastación de la familia Panero, y con Chávarri repitió en A un dios desconocido (1977); con Manuel Gutiérrez Aragón colaboró en Habla mudita (1973) la poderosa Feroz (1984) -Manolo confesaba que Querejeta "se mete en todo"-; con Emilio Martínez Lázaro trabajó en Las palabras de Max (1978) -"Es riguroso, aunque más cabezota”, decía Martínez Lázaro-... Llegó a estar en Cannes el mismo año con dos peliculones como Cría cuervos y La familia de Pascual Duarte. También estuvo detrás de las películas de Montxo Armendáriz: Tasio (1984), 27 horas (1986), Las cartas de Alou (1990) e Historias del Kronen (1995).
Con Víctor Erice hizo dos obras maestras: El espíritu de la colmena (1973) y El sur (1983)
. En ese rodaje, que Erice considera inconcluso, rompieron su relación artística. Querejeta explicaba que la película en cambio estaba finalizada.
Como productor acompañaba sus filmes hasta en la sala de montaje, un sitio que consideraba su reino. “
Me gusta el trabajo allí y rodar en orden cronológico, para así ver cómo avanza el filme”. Aunque confesaba en el documental 24 horas en la vida de Querejeta: “¿Sabes lo que me dijo un día Pablo del Amo [mítico montador]? 'Tú no eres un montador, tú eres un carnicero”.
 El productor aseguraba que las semillas de una buena película están en el guion y en el montaje.
Y también siguió con las nuevas generaciones, con Eterio Ortega en los documentales Asesinato en febrero, Perseguidos, Noticias de una guerra y Al final de un túnel); con el también documentalista Javier Corcuera (La espalda del mundo, Condenados al corredor e Invierno en Bagdad); con Fernando León (Familia, Barrio y Los lunes al sol, en la que sería la última Concha de Oro en San Sebastián de Querejeta) y su hija Gracia. Ella contaba que a pesar de que le dijo que quería dirigir cine, su padre le obligó a hacer una carrera universitaria.
En 1986 Querejeta recibió el premio Nacional de Cine. En 1998, la Medalla de Oro de la Academia de Cine. En aquel acto, el presidente José Luis Borau esbozó estas palabras:
 “El cine español ha chupado mucha rueda de ti. Ha ido detrás de ti amparado en tu prestigio, tu descaro y tu valor”
. En las últimas semanas, por Internet había corrido como la pólvora -y con gran éxito- una iniciativa para que el productor recibiera el premio Príncipe de Asturias de las Artes.
A Querejeta el futuro digital le parecía atractivo: "La realidad es cada vez más amplia y global.
 Esas nuevas formas de comunicación son hoy en día importantísimas, y están modificando la manera de acercarse a la política y a la realidad. Y al cine.
 Es imparable. En cuanto a los niños y mi visión esperanzadora, creo que las cosas están mejorando. Cada vez hay menos mortandad infantil y mayor índice de escolarización".
 Y una charla con este periodista acabó hablando de su niñez -las conversaciones con Elías eran de larga sobremesa, muchas repreguntas y requiebros constantes para buscarle las cosquillas al interlocutor, para acabar con confesiones del entrevistador-, de sus películas favoritas El mago de Oz y Capitanes intrépidos (se sabía la canción de la película y la tatareaba con gusto): "Aún las veo habitualmente".
 Ahora, nos quedará el cine de Querejeta.