Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

12 may 2013

Una carrera de largo recorrido

Paolo Roversi para Guerlain

A primera hora de la mañana de un domingo de marzo, el lago del Parc Floral, en el Bois de Vicennes, está congelado, aunque la temperatura no parece mermar el entusiasmo de los corredores que se agolpan en la última línea de salida.
Por cuarto año consecutivo, Guerlain, la firma cosmética con más solera del grupo LVMH, patrocinaba el equipo de Naked Heart, la organización que fundó Natalia Vodianova en 2004, con la que recauda fondos para construir parques infantiles en su Rusia natal y que este pasado abril le ha granjeado el Premio Diane von Furstenberg a la mujer más inspiradora
. El pasado marzo, tan solo unas horas después de haber corrido los 21 kilómetros del medio maratón, Vodianova era la modelo encargada de cerrar la presentación el próximo otoño de Givenchy. “Ricky [Riccardo Tisci, director creativo de la marca] quería que hiciera su desfile.
Al principio pensaba: ‘¿debo?, ¿no debo?’. No sabía si sería capaz después del medio maratón…”.
 La decisión final tuvo que ver más con los lazos de familia.
 Su abuela estaba en París, y le dijo lo mucho que le gustaría verla sobre la pasarela. Vodianova prefirió sorprenderla haciéndole creer que no desfilaría: “Le expliqué que ella podía ir hoy al desfile con un amigo, pero que me sería imposible acompañarla, porque esta noche tenía que asistir a la cena que organiza Guerlain con el equipo”, explicaba entusiasmada entre bambalinas, minutos antes de que diera comienzo el desfile y, finalmente, la pudiese sorprender.
La modelo, nacida en 1982, se estrenó en Facebook hace tan solo un año.
 Y ya ha tenido suplantadores: el mes de agosto pasado, un paparazi le abrió un perfil falso donde colgó imágenes suyas en com­pañía de su novio, Antoine Arnault, primogénito del dueño del conglomerado al que pertenecen tanto Guerlain como Givenchy.
Les acompañaban los tres hijos que la modelo tuvo con el aristócrata británico Justin Portman: Lucas (11 años), Neva (7) y Viktor (5).
Durante el tiempo que duró su relación, Vodianova y Portman no mostraron ningún pudor en dejarse retratar juntos, como prota­gonistas de un cuento de hadas, lo que contribuyó a reforzar su imagen de Cenicienta posmoderna (antes de ganarse la vida posando vendía fruta en un puesto ambulante).
“Cuando la relación iba bien, era tan sólida y bonita… Y cuando te separas, es como el agua y el aceite”, cuenta. “Tratas de… No es que no crea en las relaciones –por supuesto que estoy enamorada de mi novio, vivimos juntos–, pero no quiero exponerme tanto.
Si algún día lo hacemos, será con gente con la que nos sintamos cómodos y cuando haya superado el dolor por la ruptura”, afirma.

Los zapatos de Cenicienta

Natalie Massenet, Karlie Kloss, Carine Roitfeld, Mario Testino, Grace Coddington, Christian Louboutin… nadie se quiso perder la fiesta con la que Natalia Vodianova presentó, el pasado marzo, su colección de zapatos
. Los modelos, de corte salón, se desarrollaron en colaboración con la empresa rusa Centro.
 Se distribuyen en Net-a-porter y cuestan alrededor de 70 euros.
 El 100% de los beneficios obtenidos con los dos modelos de la colección Skazka que la web de comercio electrónico distribuye en exclusiva se destinarán a subvencionar el parque infantil número 100 de la fundación de la modelo, Naked Hearts.
Irónicamente, en el momento en que sus fotos robadas con Arnault empezaron a circular por Internet, ella ni siquiera disponía de su propia cuenta en Facebook. Lección aprendida.
 Hoy la usuaria Natasupernova escribe todo lo que se publica y registra más de 227.000 seguidores.
 “Me encanta Facebook. Me da una voz.
Significa que puedes defenderte, hablar de lo que realmente te importa en lugar de lo que le interesa al periodista, y nada puede sacarse de contexto”, explica.
Que la revista Forbes la colocara en el tercer puesto de las modelos mejor pagadas –entre 2011 y 2012 facturó 8,6 millones de dólares– prueba que su rostro infantil es el valor refugio de una industria en la que, como apuntaba la socióloga americana Ashley Mears en el libro Pricing beauty: the making of a fashion model, hay demasiadas caras para muy pocos fotógrafos.
 “Las modelos que ahora tienen 20 años son más tranquilas. Se toman su carrera como un medio en lugar de ser un fin en sí mismo”, comenta la rusa.
“A su edad, yo ya había tenido a Lucas y me bastaba con dormir un par de horas.
 En temporada de desfiles trabajaba todo el día y salía de noche, pero eran otros tiempos
. Hoy no se espera que las chicas se comporten igual.
 No hay champán en el backstage, no puedes fumar.
 El ambiente es distinto”, opina. La suya es una carrera atípica
. Nada de escándalos ni periodos oscuros. Supernova.

11 may 2013

STOKER

La semana pasada os informaba sobre los nuevos proyectos de Park Chan-wook, además de recordar que su último y enigmático trabajo, ‘Stoker’, se estrena por fin en marzo.
 Hoy os dejo el primer y esperado tráiler de esta película, que protagonizan Nicole Kidman, Mia Wasikowska y Matthew Goode.
 No os lo perdáis.
Ya os conté que ‘Stoker’, debut de Park en Estados Unidos, parte de un guion escrito por Wentworth Miller —el protagonista de la serie ‘Prison Break’ (2005-2009)—, cuya historia gira en torno a una excéntrica joven que tras la muerte de su padre recibe la visita de su misterioso tío, quien hasta ese momento no había mantenido ningún contacto con la familia.
Dermot Mulroney, Alden Ehrenreich, Lucas Till y Jacki Weaver completan el atractivo reparto de la película, que de momento no tiene fecha de estreno en España.
 Esperemos que no ocurra como con la anterior película del coreano, la retorcida y estupenda ‘Thirst’ (2009), que llegó muy tarde y ya directamente al mercado doméstico


http://youtu.be/IMstgY0rqOI

















El cartel de Stoker

Un ‘thriller’ como los de antes

Mañana con EL PAÍS, por 2,95 euros, ‘El escritor’, de Roman Polanski.

 

El actor Ewan McGregor en una escena del filme 'El escritor' dirigido por Roman Polanski

Hay algo en el alma de Rajmund Roman Liebling —más conocido como Roman Polanski—, en lo más profundo de su interior, que es oscuro, turbio, sanguíneo, fogoso, palpitante y, por tanto, humano.
 Achacarlo a su infancia en el terrible gueto de Cracovia, a la muerte de su madre en Auschwitz o a su adolescencia en un régimen comunista sería simplificar el motor del artista, el corazón que Polanski demuestra en cada película.
 Pero es cierto que su cine tiene un algo más que le hace único, y no solo por su pasión por la cámara baja, que hace saber por qué el espectador sienta una extraña e incómoda desazón.
No
. Hay algo en los temas de Polanski que muestran su inteligencia, una indagación moral en la humanidad y una hondura cultural como pocos directores poseen actualmente.
De ahí que El escritor no sea una adaptación más al uso, no fue coger el trepidante thriller de Robert Harris, darle un par de brochazos y convertirlo en una novela entretenida.
 Polanski entendió que bajo la historia de un político (Brosnan lo convierte en un personaje cercano a Tony Blair) que encarga a un negro —dícese del escritor que redacta algo para otro sin que su nombre aparezca, lo que en inglés se llama ghost writer, el título original del filme— sus memorias podía hablar de la política, el amor y la lealtad en el siglo XXI, de los imperios, la disensión y las guerras, de la soledad, el deshonor y la mentira
. Y todo ello envuelto en un estupendo lazo en forma de thriller, que sirve para enganchar al espectador.
La intrahistoria de El escritor contiene más sorpresas: cuando Polanski a finales de 2009 estuvo en prisión, primero, y vivió bajo arresto domiciliario en Suiza, después —a la espera de la posible extradición a Estados Unidos por la acusación de violación de menores que le perseguía desde los años setenta—, el cineasta siguió la posproducción de su película desde aquel chalé en Gstaad.
 No sufrió un retraso, ni la película se vio alterada por todo el ruido mediático que retumbaba en aquel otoño de 2009.
 Como en ocasiones precedentes, y ante la imposibilidad de Polanski de entrar en EE UU (para no ser detenido), los exteriores de Massachusetts se recrearon en Alemania —con un espectacular cuidado—.
En la preproducción Hugh Grant rechazó encarnar al ex primer ministro británico (un papel que sí encarnó en Love actually) y en su lugar entró Pierce Brosnan, con su poso regio y su poderosa flema, que clava los momentos de estallidos iracundos ante un anonadado McGregor, también brillante como escritor un poco perdido en el cenagal moral que le succiona
. El escritor es a la vez un thriller político al estilo años setenta y un película deudora de la locura del siglo XXI, dos extremos que, obviamente, salen de esa turbación que anida en Polanski.

Hay quien me ha dicho que lo mío no es sino un largo poema en prosa.



Para esto que hacemos hay muchas teorías. Unos hablan de literatura del yo; otros de novela en marcha. Hay quien me ha dicho que lo mío no es sino un largo poema en prosa. Otros, que si tiene interés será después de muerto.
Como hace tiempo que me dejé de teorías -todas las comprimí y las agoté en Aurora y exilio-, me ha gustado lo que coloca Malaparte al frente de Diario de un extranjero en París: un diario es un relato; un diario es una narración. De este modo voy a coincidir con él después, pero antes de conocer su opinión, en tanto que en las solapas de Los que cruzan el mar escribí que los diarios reunidos en un solo libro habían sido escritos por varios de mí mismos, "y sólo cuando tomé la decisión de publicarlos, se impuso la necesidad de doblarlos a una sola voz. Esa sola voz tuvo que volver a vivir lo que venía  registrando y tuvo que hacerlo como quien se enfrenta a la novela de otro." Ese sentido arquitectónico -comienzo, desarrollo, conclusión, según la terminología de C.M.- también se verbaliza en el diario de libros viejos, De rastros y encantes.
Los hay, también, que diferencian entre diario y dietario. Mucho de lo escrito aquí en los últimos tiempos tendría que ver, según ese punto de vista, con el dietario, la amable, sosegada redacción de hechos puntuales, de carácter sobre todo estético, a partir de episodios selectos de la vida; es decir, con las posaderas bien colocadas y los puños de la camisa sin mancha.
Pero Malaparte va más allá, en su brevísimo trecho teórico, cuando apunta: "Un Diario es un trabajo teatral llevado a la escena de las páginas." Y aquí de nuevo volvemos a coincidir, por aquella multiplicidad que antes señalaba y que se resuelve mediante la ficción de un yo -o de un uno, según otros -: "Es -y concluye Malaparte- el Das da, el momento presente de Kafka, llevado a la escena- página."
Ese momento presente es la plataforma, o isla también, a que que subimos desde los abismos todos los fragmentos inconexos de un pasado reciente. Es la balsa de la memoria en su momento de actuar. De donde se sigue que si eso acaece en todo momento o instante de escritura, más aún acaece cuando nos encontramos en la labor de configurar el material del pasado en el presente, articulando lo escrito en los sucesivos presentes, en este nuevo y absoluto presente en que damos por bueno el diario como libro, las voces de uno o de yo como un solo yo o voz escrita, la que firma, y afirma, un pasado, como si este no fuera, en realidad, la suma de distintos momentos que ya han quedado atrás, quien sabe si perdidos, con la diversidad de ideas y sensaciones, con las contradicciones con que otros nos acusan porque nos tratan como a una sola persona, con una única idea o una única posición.
 Por ello, cada instante del pasado o del diario en su momento tiene su verdad, la que tras muchas páginas puede quedar soslayada por otra; es decir, contra-dicha.
Pero volviendo a C. M. y al lector normal, al lector de un relato, narración, teatro, todo lo escrito es unicidad, contorneada por los latidos de exposición, nudo y desenlace.
Y venía todo esto a cuento, además de darme de morros con las páginas de Diario de un extranjero en París, que no había leído hasta anteayer, al espigar las páginas del diario de un amigo.
 En una de ellas he creído leer una inexactitud cronológica, yo, que estoy refiriendo, y he actuado conforme a ella, la ficcionalidad de todo diario
. Qué importancia puede tener, entonces, que pase por alto que la paella en La Barceloneta se la pagamos nosotros, mejor dicho, "la novia" de uno, a la que ya ha retirado del almuerzo, a la que también conoce por haber tenido tratos editoriales con ella y por las veces que ella lo ha invitado, fuera de su trabajo, en Madrid. 
O que, sin mencionar que nosotros lo llevamos al mercado de San Antonio, anote que después de las vueltas en torno a libros que no valían nada siguió de bolo a Zaragoza, cuando lo que pasó fue que, en la picazón de no estar a la misma hora en el rastro de Madrid,  salió a la carrera al aeropuerto por ver si todavía pillaba algo de verdad importante.
Es su novela en marcha, desde luego, la que seguimos leyendo con entrega y fruición desde hace como unos catorce años. Nosotros, en ese mismo 2004, en Los que cruzan el mar ni siquiera lo mencionamos
. Así es la memoria, la suya, la mía, la de cualquiera.
 Así son la apetencia y la necesidad de escribir una anotación en ese teatro de voces que luego se llamará libro, novela; o diario.
Porque sin necesidad ni apetencia no queda ni para abrir la libretilla de notas.

Del Diario Virtual de Jose Carlos Cataño