Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

10 may 2013

Grande hasta en el ‘landismo’ Muere el actor Alfredo Landa, mito del cine español Entrevista: “Yo me sé cabrear muy bien” FOTOGALERÍA Un todoterreno en el cine

Por Carlos Boyero


Alfredo Landa y Terele Pávez entre otros en una escena de la película Los santos inocentes de Mario Camus emitida por Canal.

Alfredo Landa logró algo tan excepcional durante una larga época como convertir su trabajo y la personalidad de los personajes que habitaban ese cine en un identificable género.
También en un terreno sabroso para la sociología
. Desde la compartida oscuridad de los cines las risas y las carcajadas confirmaban la plena identificación del pueblo llano con las aventuras y desventuras, el hambre de sexo y de afirmación, los traumas y los anhelos de aquel señor bajito e histriónico, gesticulante y verborreico, peleón y gimoteante, paleto y excesivo, voyeury patético, caricaturesco y compadecible, que Landa transformó en un símbolo.
 Y aunque la estética y el mensaje de este cine sin sentido del ridículo fueran cochambrosos, él hacía modélicamente su trabajo, sin permitirse jamás el relajamiento, comiéndose la pantalla y a los que tuvieran que darle la réplica, derrochando gracejo, en posesión permanente de esa cosa tan necesaria llamada ritmo, clavando los diálogos, las miradas, los gestos y los movimientos.
 Por mi parte, no siento la menor añoranza del landismo, del cutrerío de aquellas comedias tan satisfechamente subdesarrolladas, del aroma a tantas cosas execrables, tópicos vergonzantes y actitudes rancias de aquel país indeseable, pero negar la eficacia, el talento y la profesionalidad del protagonista más destacado de aquel cine sería tan injusto como idiota.
Es probable que el éxito popular, su infalible atractivo para la taquilla, el caché económico que valía su indispensable presencia, la embriaguez emocional que debe acompañar a una popularidad de tal calibre, el cariño y la admiración que le profesaba un público masivo, compensaran a Landa de su incontestable jefatura en tantas películas lamentables, pero también resulta imaginable que cualquier actor que se respete anhela encontrarse con guiones, personajes y directores que le permitan ofrecer lo mejor de su arte, expresar diversos registros, poder ser otros.
 En sus comienzos Landa había frecuentado como impecable secundario el cine de algunos de los mejores directores españoles, gente como Berlanga, Fernán Gómez y el primer Summers, pero es el vocacionalmente trascendente Bardem el que le ofrece en 1976 interpretar un papel “serio, concienciado y artístico” (las comillas son mías e innegociables) en El puente, otorgándole conciencia del estado de las cosas y dramatismo al tipo racial e inconfundible que Landa había interpretado tantas veces.
 Su protagonismo en el cine de autor se prolonga en su larga asociación con el intenso universo de Garci (también con aspiraciones de negrura en El crack y su continuación), su destacada presencia en la coral y descarnada y tragicómica verbena que montó Berlanga en La vaquilla, o en títulos de directores prestigiosos como Borau, Gutierrez Aragón y Cuerda, entre otros.
No me apasionan la mayoría de estas películas, pero sería inútil ponerle objeciones a la creatividad, los matices, el sentimiento y la credibilidad que Landa desplegó en ellas.
 Era un actor potente y de raza independientemente del material que le ofrecieran.
Se movía sin complejos, con ligereza o profundidad, en la comedia y en el drama, en el realismo y en la caricatura.
Pero hay un papel de Landa que seguirá conmoviendo a perpetuidad a todo tipo de espectadores
. Se lo ofreció Mario Camus en esa película terrible y magistral titulada Los santos inocentes, una de las incuestionables obras maestras que ha dado el cine español, y Landa le devolvió el regalo con una interpretación memorable
. Recordar o volver a visitar a su Paco el Bajo, a ese campesino permanentemente explotado y humillado, resignado a la desolación, inocente ancestralmente en su servilismo, infatigable y perruno rastreador de las piezas que caza su brutal señorito, víctima muda, cojitranco y expresando con sobriedad y sabiduría mediante sus ojos y su gestualidad los sentimientos más variados, provoca siempre el escalofrío, la piedad, la indignación moral.

El PP pagó sobresueldos a Aznar cuando era presidente del Gobierno

La Ley de Incompatibilidades de altos cargos vigente en 1996 prohibía las retribuciones dobles

Cobró tres sobresueldos por un montante total de 2,7 millones de pesetas tras su investidura.

El cruce de datos de Hacienda y de la contabilidad oficial del PP que están en manos del juez Pablo Ruz, encargado de la investigación del caso Bárcenas, permite concluir que José María Aznar cobró hasta en tres ocasiones “gastos de representación” cuando ya era presidente del Gobierno, en 1996, por importe de 2,7 millones de pesetas (16.755 euros).
 El partido, sin embargo, congeló toda remuneración a otros miembros que ocuparon cargos en el Ejecutivo. La Ley de Incompatibilidades vigente en aquel momento prohibía a los ministros y al presidente recibir retribuciones dobles.
Según un informe que la Agencia Tributaria puso en manos de Ruz, el partido, que entonces tenía como gerente a Luis Bárcenas, abonó a su presidente ese ejercicio 12.174.073 pesetas (73.167 euros) y le practicó una retención del 46%.
Esos abonos se realizaron entre el 31 de enero y el 17 de junio, cuando Aznar ya llevaba un mes y medio en La Moncloa. En la contabilidad oficial de la formación conservadora que el Tribunal de Cuentas remitió al juez correspondiente a 1996, Aznar no aparece con su nombre y apellidos, pero sí hay un código, el 053, al que se atribuyen 16 ingresos con distintas cantidades que suman exactamente 12.174.073 pesetas (73.167 euros), los mismos que, según Hacienda, percibió Aznar.
En los meses previos a la cita con las urnas, el 3 de marzo de 1996, la corrupción se había subido al carro de las preocupaciones de la sociedad española, que desalojó de La Moncloa a Felipe González, terminando con 13 años de Gobierno socialista.
Aznar tuvo por delante dos legislaturas, que estrenó adoptando duras medidas para reducir el déficit y la deuda española de cara a la entrada en la moneda única.
 Los primeros Presupuestos de su mandato fueron los más restrictivos de España desde 1977 y, entre otras cosas, ordenaron la congelación de los salarios de los empleados públicos.
El expresidente percibió 2,7 millones de pesetas tras su investidura
Antes de que todo eso ocurriera, su partido le compensó utilizando una fórmula que a día de hoy la formación considera perfectamente legal.
 Entre enero, febrero, marzo, abril y el 3 de mayo, dos días antes de su toma de posesión, le abonó sobresueldos por un total de 9.392.591 pesetas (56.500 euros). Investido presidente, en tres ocasiones recibió en total otras 2.781.482 pesetas (16.755 euros)
. Los dos últimos ingresos están fechados el 17 de junio de 1996, un mes y 12 días después de su toma de posesión.
La Ley de Incompatibilidades de los Miembros del Gobierno vigente entonces aclaraba que los ministros y el presidente ejercerían sus funciones “con dedicación absoluta” y no podían “compatibilizar su actividad con el desempeño, por sí o mediante sustitución, de cualquier otro puesto (…) de carácter público o privado”. La ley también prohibía las retribuciones “de cualquier percepción que directa o indirectamente provenga de una actividad privada”, con tres excepciones.
Consultada la sección de Gestión de Incompatibilidades del Ministerio de Hacienda, asegura que ejercer el cargo de presidente de un partido se considera a efectos legales una actividad privada.
 Como tal, la ley de 1995 solo hacía compatible la presidencia del Gobierno con estas tres situaciones: la gestión del patrimonio propio o cuando su titular participase “como ponente en congresos, seminarios, conferencias (...) de carácter profesional” o en “entidades benéficas”, siempre que como contrapartida no se generase una “relación de empleo”.
Cuando la formación no gobernaba, los sobresueldos eran habituales en el PP para compensar a sus diputados por los bajos salarios oficiales, como relató el propio Luis Bárcenas ante el juez. Mariano Rajoy, que ese año ingresó 3,5 millones de pesetas (21.000 euros) como gastos de representación del PP, dejó de cobrar sobresueldos del partido cuando fue nombrado ministro de Administraciones Públicas, igual que Francisco Álvarez-Cascos, que en los cinco primeros meses del año que el PP venció en las urnas recibió seis millones de pesetas (36.000 euros).
Consultado por este periódico a través de la fundación FAES en dos ocasiones, José María Aznar no quiso ofrecer explicaciones
. Tampoco el Partido Popular ha querido comentar estos pagos.

 

9 may 2013

MAYO MES DE LAS FLORES


Las cuentas de Fitzgerald, ‘online’


Fitzgerald junto a su mujer, Zelda Sayre. / EL PAÍS

De manera telegráfica, en segunda persona primero, y en primera después, Francis Scott Fitzgerald apuntó en su libro de cuentas no solo los vaivenes económicos de su trabajo, sino también el recuento emocional de su intensa y corta vida. Junto a febrero de 1897 (es decir, seis meses después de nacer) escribe sobre sí mismo: “el niño ríe por primera vez”.
 En la última entrada, escueta, resume así el estado de las cosas: “Zelda se rompe, novela terminada. Empiezan los tiempos duros. Mala salud todo el rato”.
 Tiene 37 años.
Los investigadores de la Biblioteca Thomas Cooper, en la Universidad de Carolina del Sur, han abierto por primera vez a los lectores de todo el mundo las páginas de este libro de contabilidad en el que el escritor apuntó, por ejemplo, los casi 2.000 dólares de adelanto que obtuvo por El gran Gatsby.
 "El libro de cuentas es la joya de la colección Matthew J. and Arlyn Bruccoli, la mejor  que existe de libros y recuerdos de Fitzgerald y una de las mejores del mundo dedicadas a un solo autor", apunta la directora de las colecciones especiales y libros raros de la Thomas Cooper, Elizabeth Sudduth.
 Ellos han querido que el manuscrito online viese la luz coincidiendo con el próximo estreno de la nueva versión cinematográfica de Gatsby, dirigida por el australiano Baz Luhrmann e interpretada por Leonardo DiCaprio y Carey Mulligan.
Así, mientras en las pantallas de medio mundo suena el redoble de las últimas palabras de la novela —“seguimos avanzando con laboriosidad, barcos contra la corriente, en regresión sin pausa hacia el pasado”—, los pormenores de la vida del escritor estarán a mano de los estudiosos y seguidores de uno de los mayores y más injustos naufragios de la historia de la literatura.
“Resulta sorprendente el detalle de sus cuentas y también lo profesional que era su relación con su trabajo de escritor, algo que se aleja del cliché del alcohólico dando tumbos”, explica en conversación telefónica Park Bucker, profesor de literatura en la Thomas Cooper y uno de los investigadores del manuscrito. "Es también muy interesante ver la cantidad de ingresos que le supusieron sus colaboraciones en revistas, algo que Hemingway le reprochó mucho, pero que le permitían vivir mucho mejor que cualquiera de sus novelas. También es interesante cómo, casi a la manera de un blog, recuenta sus actividades e impresiones.
 Cualquier estudioso de Fitzgerald verá que el libro está lleno de conexiones muy interesantes con sus novelas y relatos”.
Con 19 años, escribe: “Un año de terrible decepciones. Final de los sueños universitarios.
Todo mal y fue solo mi culpa”. Con 23 años, parece que la cosa se endereza con el amor.
 Se casa con Zelda. “El mejor año de mi vida”, apunta.
 Dos años después, su fatal destino le devuelve a la casilla del fracaso: “Un mal año. Sin trabajo…”.
El libro de cuentas, escrito con la delicada caligrafía del escritor ("a la hora de transcribir no tan fácil de entender", apunta Bucker), permite hurgar en sus colaboraciones, anticipos y derechos.
También en los que Zelda recibió por sus propios escritos. Al pasar las páginas, vemos menguar hasta casi la mitad los ingresos. Las listas de relatos compiten con las listas de nombres de amigos y conocidos, con las de fiestas y resacas. Dos palabras, deuda y enfermedad, se empiezan a repetir casi tanto como los repentinos tachones.
 Es el minucioso recuento de un fracaso limpio y perfecto.