Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

4 may 2013

Con Hacienda me colé

Un entramado de empresas con ramas en Panamá y las Antillas y una cabecera: Ana Torroja

La exvoz de Mecano, acusada de cinco delitos fiscales, se enfrenta a más de tres años de cárcel

Ella guarda silencio en sus horas más difíciles.

 

La cantante Ana Torroja, acusada de cinco delitos fiscales. / beatriz velasco

Siempre fue una artista sin estridencias, cautelosa con su vida personal. Incluso en la época más exitosa de Mecano. Sin embargo, Ana Torroja ha regresado al termómetro de la popularidad por un escándalo ajeno a los escenarios.
 La cantante fue golpeada por la Operación Relámpago contra el fraude fiscal y blanqueo de capitales en abril de 2007, al desnudarse la red del bufete Feliu de Palma que gestionaba sus rentas y las de otra clientela vip (Michael Douglas, que posee una mansión en S’Estaca, en Deià, entre ellos).
 La fiscalía, la policía y la Agencia Tributaria filtraron sus archivos y las alambicadas mallas societarias de sus clientes. Reconstruyeron el quién es quién y el cuánto. Cerca de 500 millones de euros pasaron por ese nido-buzón de empresas y patrimonios en una década.
Esta semana, el juez de Instrucción número 7 de Palma, Antoni Garcias, dictó auto de apertura de juicio oral contra Torroja.
 Está acusada de cinco delitos fiscales por supuesta evasión y fraude al derivar sus ingresos a países extranjeros y paraísos fiscales.
La Abogacía del Estado le pide más de tres años de cárcel. La fiscalía lo rebaja a 18 meses porque ve "reparación del daño, confesión y colaboración con la justicia”. Torroja depositó a cuenta 700.000 euros. Hacienda entiende que aún no cubre el fraude.
 El juez le marcó una fianza de dos millones.
 Hasta el día del juicio puede pactar, pagar y reconocerse defraudadora y evitar el banquillo.
Hasta el día del juicio puede pactar, pagar y reconocerse defraudadora
Hacienda destapó una colección de compañías “para ocultar sus rentas, patrimonio y otros hechos imponibles que han de tributar en España”.
 Y sostiene que Ana Torroja Fungairiño (Madrid, 1959) “ha simulado ante las autoridades fiscales españolas residir en Reino Unido”. En 1991 hizo la última declaración nacional y en 2008 “retornó” tras estallar el escándalo del bufete.
El abogado del Estado dice que “se ha servido de una estructura societaria” con dos ramas en Panamá y las Antillas Holandesas, paraísos fiscales, “siendo la cabecera de tal entramado Ana Torroja, última propietaria de las mismas”.
 A la artista le aplicaron el mismo método de investigación que el fiscal Pedro Horrach recetó a Iñaki Urdangarin: el “levantamiento del velo”, un mecanismo de Hacienda para bucear en una trama de empresas e identificar al propietario real que se oculta, con sus bienes, en la última ficha de un rompecabezas “con utilización abusiva” de compañías.
El abanico de sus compañías es curioso: Cloverland Corporation BV, en las Antillas Holandesas; Thara Holding BV, en Holanda; Laurie Trading, SA, y Lenina Inversiones, en Panamá. Detrás de estas firmas, en España, Torroja tiene Sa Cadireta, SL; Carlitos Way, SL; Devon y Ragam.
En su gira Frágil, dejó de pagar 375.437 euros al fisco español
En su gira Frágil, dejó de pagar 375.437 euros al fisco español, según la acusación. Al emular los éxitos de Mecano con el tour La fuerza del destino, en 2006 y 2007, dejó de tributar 653.000 euros.
 Con su estatus de residente “no residente” en Reino Unido no pagó impuestos ni en España ni “en ningún país”, advierte Hacienda.
Javier Adrados, su portavoz de prensa, no ha querido comentar “temas particulares”.
Sí ha dicho que no tiene “ni disco ni gira” en perspectiva. El año pasado sumó un plus de notoriedad al formar parte del jurado del talent show de Antena 3 El número uno, cuya segunda edición se estrenará a finales de este mes. Desde la cadena no confirman si repetirá: “Aún estamos cerrando el jurado”.
Su vida personal también experimentó un vuelco cuando sufrió en 2008 un grave accidente de tráfico en Cádiz junto a su amiga Esther Arroyo, que obtuvo recientemente la invalidez por las secuelas físicas que arrastra. Declarada “amante incondicional” de Tarifa desde los ochenta, en enero, en uno de sus últimos actos públicos, Torroja amadrinó el stand de la feria de turismo Fitur.
 En la localidad gaditana regenta un hotel de autor, Casa Blanco, cuya propiedad y explotación deriva a Carlitos Way. El hotel Misiana, del que también era socia, se vendió en 2007 por una cantidad estimada en dos millones. “Tengo un hotelito en Tarifa, y la gente flipa al ver que les atiendo, no se me caen los anillos”, ha declarado.
Hija de dos familias acomodadas, los Torroja —reconocidos ingenieros; Franco otorgó a su abuelo el marquesado de Torroja— y los Fungairiño —su tío Eduardo fue fiscal estrella—, comenzó de relaciones públicas de una tortillería de Madrid, Don Huevón.
 Estudió dos años Económicas y un verano fue camarera en Menorca.
La mayor de nueve hermanos, veraneó de niña en Mallorca y en 2003 se casó en su mar, en una goleta de época, con el ingeniero de sonido Rafael Duque.
 En 2005 nació su hija, Jara. Buceadora consumada, ha probado su resistencia atlética en los escenarios.
La leyenda de otro artista se cruzó en su vida: Tomás Harris, experto en Goya, mecenas del Prado y supuesto agente doble británico que murió en accidente en Mallorca. Torroja, a través de su sociedad Sa Cadireta, compró una casita marinera que poseía Harris en Camp de Mar, en Andratx, propiedad controlada por otras dos sociedades de Panamá.
La acusación dice que Torroja lo controló todo, sin separación alguna de su esfera personal o empresarial, “existiendo plena confusión” entre el patrimonio propio y el que atribuye a sus empresas
. A la intérprete le intervinieron comunicaciones con su ya exabogado de Palma Gabriel Feliu, condenado y coimputado en su caso.
Ante la prensa se ha negado a comentar el proceso penal. Tampoco le pudo interrogar en dos ocasiones el juez Garcias.
 El magistrado ordenó la apertura del juicio tras meses y meses de esperar a que los defensores de Torroja terminaran de negociar con el fiscal Juan Carrau y Hacienda un pacto global de conformidad, el pago de todo lo defraudado y la multa millonaria. Su caso habría acabado rápido, pero ella recurrió para anular la causa y buscó amparo en el Constitucional.

Heredarás Vuitton

Está en juego la primera fortuna de Francia: el imperio del lujo LVMH. Bernard Arnault quiso nacionalizarse belga para evitar una disputa familiar por su herencia.

Dos de sus hijos escalan puestos para suceder al patrón, que quiere dejar el futuro bien atado.

Delphine y Antoine Arnault, bajo la mirada de su padre, Bernard, en un desfile de París. / cordon
Después de meses de polémica, el multimillonario Bernard Arnault, presidente de LVMH, anunció finalmente que renuncia a pedir la nacionalidad belga, una intención que había puesto en pie de guerra al Gobierno socialista y le había convertido en símbolo de la evasión fiscal. Acusado de falta de patriotismo, Arnault, que ya se había exiliado unos años en 1981 tras la victoria del socialista François Mitterrand, rompió finalmente el silencio en una larga entrevista al diario Le Monde. En ella explica que, lejos de querer evadir impuestos, su interés por la ciudadanía belga se debía a su voluntad de evitar una disputa familiar sobre su herencia. Y lo cierto es que, con cinco hijos de dos matrimonios diferentes y dos sobrinos, a la fortuna de Arnault no le faltan pretendientes.
En juego está la primera fortuna de Francia y décima mundial, estimada en 21.200 millones de euros por la revista francesa Challenge, así como la dirección del conglomerado de lujo LVMH. Creado en 1987 de la fusión de Moët Hennessy y de Louis Vuitton, tres años después de que Arnault se hiciera con la casa Christian Dior y los grandes almacenes de lujo Le Bon Marché, tras comprar y desmantelar el grupo textil Boussac, el conglomerado LVMH posee hoy más de 60 prestigiosas marcas, como Guerlain, Kenzo, los relojes TAG Heuer o la española Loewe, y está también presente en el grupo de comunicación Les Échos. El año pasado el grupo sumó 28.103 millones de euros en ventas y hoy posee más de 3.000 tiendas por el mundo. La familia Arnault es propietaria del 46,4% del grupo.
Aunque no tiene intención de jubilarse, Arnault creó la empresa Pilinvest para el reparto de su herencia
Aunque a los 64 años no tiene ninguna intención de jubilarse, Arnault creó en 2008 en Bélgica la empresa Pilinvest, a su vez parte de la Fundación Protectinvest, para velar por el buen reparto de su herencia en caso de desaparición repentina. La fundación debe cumplir con un triple objetivo fijado por el empresario, natural del norte de Francia: prohibir la venta de las acciones de LVMH legadas a sus cinco hijos durante 10 años, asegurarse de que votarán de forma conjunta en el seno de la multinacional y decidir cuál de los herederos llevará las riendas de la empresa.
Esta última y espinosa tarea estaría en manos de un comité de tres denominados sabios, presidida por el exministro de Finanzas y presidente del grupo de servicios informáticos Atos, Thierry Breton. La obtención de la nacionalidad belga le hubiera garantizado a Arnault la imposibilidad de que los hijos cuestionaran jurídicamente la decisión de Pilinvest.
Bernard y Delphine Arnault, con el diseñador Raf Simons. / FREDERIC (SIPA)
Los más conocidos de los cinco hijos del presidente de LVMH son los dos mayores: Delphine, de 37 años, y Antoine, de 35, ambos con puestos de responsabilidad en el grupo.
 Son fruto de su primer matrimonio con Anne Dewarvin, ahora casada con Patrice de Maistre —exgestor de la fortuna de Liliane Bettencourt, la propietaria del imperio L’Oréal—, actualmente en prisión preventiva por haber abusado presuntamente de la debilidad de la anciana multimillonaria
. En este caso también está imputado el expresidente conservador y gran amigo del mismo Arnault Nicolas Sarkozy, de cuya primera boda con Cecilia Sarkozy fue testigo el empresario.
Arnault, amante del arte y la música, se volvió a casar en 1991 con la pianista canadiense Hélène Mercier. De esta segunda relación llegaron los tres pequeños: Alexandre, de 23 años, de momento más entusiasmado con la música electrónica —actúa como dj con el nombre de Double A— que con la empresa familiar; Frédéric, de 18, y Jean, de 14
. Algunos incluyen también en la lista de posibles herederos a sus dos sobrinos: Ludovic, quien trabaja ya en el grupo en la dirección de inversiones inmobiliarias, y Stéphanie, ambos hijos de su fallecida hermana, Dominique Watine-Arnault.
Asegura que su interés por la ciudadanía belga se debía a su voluntad de evitar una disputa familiar sobre su herencia
En realidad, el multimillonario ya ha cedido la mitad de su fortuna a sus cinco descendientes directos y lo ha hecho a precio de saldo, según reveló en febrero el semanario satírico y muy fiable Le Canard Enchaîné. Lo hizo a través de Pilinvest, a la que ha trasladado el 90% de sus acciones.
 La mitad de estas acciones las ha cedido a sus cinco hijos, pero manteniendo el usufructo, es decir, los dividendos y los derechos de voto asociados. Los cuales pasarán automáticamente a sus hijos cuando él desaparezca.
El Ministerio de Economía francés reguló en 2005 la operación, cuando se encontraba a su cabeza precisamente Thierry Breton. Aplicó una primera reducción de imposición del 50% por tratarse de una donación manteniendo el usufructo.
 Además los herederos firmaron un pacto, previsto por una ley llamada Dutreil, en virtud del cual se comprometían a no vender sus títulos antes de dos años (más otros cuatro que asumieron como compromiso individual), lo cual implicaba una nueva reducción del 25%.
Así, a través de este entramado fiscal, bendecido por el Gobierno francés, el magnate del lujo logró hacer pasar una herencia en toda regla por una donación, pagando por ella una imposición del 6,5% en vez del 45% correspondiente.
Antoine Arnault con su novia Natalia Vodianova. / BENAROCH (SIPA)
Pero en la mente de todos está la sucesión empresarial, a la espera de la decisión del comité de sabios.
 De momento, los dos mayores, Delphine y Antoine, siguen cada uno un camino paralelo dentro del gigantesco imperio construido por su padre: ella se centra en Dior, la marca que supuso la primera piedra del grupo, y él, en Berluti, cuya presidencia ocupa desde diciembre de 2010.
“El tema no es tabú, pero de momento no hemos evocado la cuestión de la sucesión de mi padre, porque sigue siendo joven y está en plena forma”, aseguraba entonces Antoine a la revista Challenge. Los dos hermanos se comprometieron, a los 20 años, a entenderse en cuestiones familiares.
Aunque cultiva un perfil discreto y es conocida como trabajadora y perfeccionista, Delphine irrumpió en la esfera pública a través de una portada en la revista Paris Match. Lo hizo con motivo de su matrimonio en 2005 con el italiano Alessandro Vallarino Gancia, heredero de un gran linaje del vino, del que se divorció en 2010.
 A la ceremonia asistieron amigos de la familia como Nicolas Sarkozy, por aquella época ministro del Interior, y la entonces primera dama Bernadette Chirac, ahora en el consejo de administración de LVMH.

Competencia fraternal

Delphine Arnault jugó un papel determinante en la elección de Raf Simons como sustituto de John Galliano al frente de Dior
. Fue —como reconoce su hermano Antoine a The Wall Street Journal— la principal valedora del diseñador belga y el tiempo ha terminado confirmando su excelente olfato empresarial: las ventas de la división de alta costura han aumentado un 11% desde que la llegada de Simons, según recoge WWD. El presidente de la maison, Sidney Toledano, cuenta que tuvo que sacarla de la oficina cuando dos días antes de dar a luz continuaba respondiendo ‘e-mails’ y revisando propuestas.
 Su hermano Antoine no ha logrado que sus éxitos como presidente de Berluti ocupen más páginas que su relación con la modelo Natalia Vodianova, casada hasta 2010 con el millonario lord Justin Portman.
A pesar de la enorme atención mediática de aquel enlace, digno de las grandes monarquías —con, por supuesto, un magnífico vestido de novia diseñado por el entonces creativo de Christian Dior, John Galliano—, la mayor y única hija del hombre más rico de Francia cuida desde entonces sus apariciones públicas. El pasado agosto tuvo a su primera hija, Elisa, sin exponer al público a su pareja. Su ocio lo dedica al tenis, el pilates y a su pasión heredada del padre por el arte contemporáneo.
En 2003 se convirtió en la primera mujer en el consejo de administración del grupo. Volcada primero en la marca John Galliano y luego en Christian Dior, es desde 2008 el brazo derecho de Sidney Toledano, presidente de la firma, y podría tomar su sitio cuando este, de 61 años, decida jubilarse.
Muy implicada en todas las decisiones de la casa Dior, fue determinante en la elección del belga Raf Simons para reemplazar a Galliano tras su estrepitosa caída en desgracia por unas declaraciones antisemitas en un bar parisiense hace dos años.

 

Ana María Moix, una poetisa enfadada

A los 65 años, La Nena, como la siguen llamando sus amigos de la ‘gauche divine’, lucha contra un cáncer y lamenta que no haya una política de izquierda

“Costó mucho recuperar la democracia y ahora se la están rifando. Cuando Hitler ganó en Alemania, tenían menos paro que nosotros ahora. Es un peligroso caldo de cultivo”

Ana María Moix en Barcelona / SOFÍA MORO

Ana María Moix es de una naturalidad infrecuente.
Ana María Moix (Barcelona, 1947) es poetisa, novelista y traductora. A la derecha, en su casa de Barcelona. Arriba, fotos familiares, entre ellas con su hermano Terenci Moix.
Cuando acabamos de comer, esta mujer, a la que los supervivientes de la gauche divine siguen llamando La Nena, quiso remarcar lo que le agradece a los hijos de su compañera Rosa la conversación que le han dado a lo largo de estas tres últimas décadas.
 Las que lleva viviendo con Rosa.
Está luchando contra un cáncer. No fuma, ella que tanto fumó. Mantiene aquella ingenuidad que la convirtió en la mirada más fresca de la troupe de Carlos Barral, y está cabreada; lo dijo en un libro, Manifiesto personal. 
“Y ahora, más preocupada. No hay izquierda, y eso me da miedo”.
En los años sesenta se vio con todos (Gabo, Vargas Llosa, Donoso, Dalí, Marsé, Ana María Matute…), a todos los retrató (en conversaciones que publicó en TeleXpres) como si estuvieran desnudos, y hoy no deja caer ni un nombre propio para darse pisto. Si acaso, el de Terenci, pero Terenci es su hermano.
Pocas veces la escuché hablar directamente de sus padres. Ahora hablará de ellos, en unas memorias que se le resisten. “Quizá sea la hora de utilizar el yo”.
 Los padres, Jesús y Ángeles, “eran un poco surrealistas”. La madre era guapísima, de un carácter fuerte, y el padre era taciturno, “solo hablaba con chistes”.
Fueron tres hijos, pero Miguel murió a los 18 años, cuando Ana María tenía 15. Un chico muy alegre, que nació con espina bífida. “Eso nos marcó mucho, distorsionó la vida”.
 Un calvario, hasta que Miguel murió.
El padre se hacía cargo de los talleres de pintura que crearon los abuelos. “El negocio lo llevaban entre tres hermanos; es un decir, porque en realidad lo dirigía la abuela.
 Ella mandando hasta los 82 años sobre aquellos tíos de 60. Hasta que se murió”.
Fotos de familia de Ana María Moix. / SOFÍA MORO
La madre era caótica, “creo que frustrada porque era muy inteligente… Mis padres levantaron dieciocho actas de divorcio, él era un celoso típico, pero tenía novias por todos los lados”.
 Una de esas dieciocho actas era porque a su padre no le gustaban las acelgas para cenar y él fue al abogado: “que te dieran de comer algo que ella sabía que no le gustaba era tortura”.
Ellos vivieron mal ese dime y direte. “Terenci no tanto, o por lo menos él decía que no.
 Tenía otro carácter, él inventaba grandes películas de Hollywood a partir de esas historias
. Con mi padre se llevaba muy mal desde que a los catorce años le dijo que quería ser escritor y que no quería estudiar
. Hasta que mi hermano empezó a ser conocido y ya se llevaron mejor”.
El padre quería que ella estudiara Farmacia. “No hagas Letras”, le decía, “porque si no te casas te morirás de hambre. Matricúlate en Farmacia porque aunque no te cases tendrás un negocio tuyo.
 Luego hice Letras y tampoco se enteró de que escribía hasta que publiqué un cuento en Destino.
 Se titulaba El hermano, en recuerdo del hermano muerto”.
Antes de los cuatro años iba sola al colegio del barrio, “lo había aprendido observando a mis hermanos”
. A los siete años la pasaron a la clase de los que le doblaban la edad, “porque ya lo sabía todo, eso era extraño y me trataban como la rara… Empecé el bachillerato tarde, hice cuatro cursos en uno”.
Entonces aquella niña rara no hablaba.
 “En la academia pedían que dijéramos en alto la edad y el domicilio. Me puse tan nerviosa que en vez de mi fecha de nacimiento dije la del descubrimiento de América. El profesor dijo: ‘¡Ah, pues se conserva usted muy bien!”.
Empezó a escribir a los 12 años.
 “Recreaba a Bécquer, a Ana María Matute, a Azorín. Los tres me siguen gustando, fueron tres buenos guías”.
Terenci le prestaba libros, la llevaba al cine, con sus amigos. 
“Me llevaba bien con Terenci… Él iba ya entonces por la editorial Mateu. 
Allí había una chica que leía mucho y escribía muy bien, Amparo Mejía, una amiga de Maruja Torres. 
Me dejaron un libro, Un hombre acabado, de Papini. El director de la escuela me dijo: ‘Uy, soy partidario de que leas de todo, pero no Un hombre acabado, ¡cuesta mucho llegar a ser un hombre acabado!”.
Terenci se fue a París, tras la huella de Néstor Almendros
. “Fue un drama familiar porque se fue el día del aniversario de la muerte de Miguel. 
Fueron dos disgustos para mi madre, que se fuera a París y que lo hiciera en esa fecha”.
Para el novelista, si no sales de ti mismo, no puedes crear un personaje que no eres tú”
“Fuimos Maruja y yo a despedirlo.
 Lloramos. Él me dejó bajo la tutela de Maruja, para que me llevara al cine.
 Y ella me llevó a ver El año pasado en Marienbad. 
Luego fue una persona importante en mi vida, en muchos aspectos”.
Cuando ya la riña con los padres fue insoportable, Terenci y Ana se fueron a vivir con unas tías… 
Cuando ya Ana era La Nena que escribía en los periódicos y conocía a toda la Barcelona de Bocaccio, volvía del bar más famoso de la época, recogía en la casa de sus padres a la tía Felisa, la llevaba a su casa y volvía a tomar copas… 
“Me acogieron bien, hice amigos y realmente disfruté y, en comparación, aprendí en aquel ambiente vivo y estimulante más que lo que me enseñaron en la Universidad”.
El tiempo de Josep Maria Castellet, Jaime Gil de Biedma, Juan Marsé… La Nena entre ellos, presididos por Barral. El tiempo de la amistad. “Ya es distinto, me dicen”, cuenta Ana María. 
“De repente todo cambió, te encontrabas con personajes de traje y corbata azul marino y una calculadora en la mano, dice Barral en sus memorias. Eran los nuevos gestores de la cultura
. Ese era ya el retrato de lo que vino enseguida”. Y de lo que subsiste.
“Casi cada semana comíamos con Castellet y su mujer.
 Y como él era muy coqueto, luego nos íbamos a que él se comprara camisas y calcetines, para esas piernas larguísimas que tiene, y él los quería hasta la rodilla… 
Con él y con el propio Jaime Gil entablé una relación que fue más allá de la literatura, hablábamos de los problemas humanos, familiares o económicos. Ya no solo se trataba de hablar de libros”.
La madre empezó a leer Julia, una novela de Ana que transpira autobiografía. Debió de verse en ella, no quiso seguir, “la tiró”. Después la madre leyó su poesía tan solo.
 “Estaba orgullosa, le gustaba…”. Corrigió aquella novela, volverá a hacerlo, y escribirá de los padres “cuando pueda decir ya la palabra yo, se me resiste tanto la primera persona…”.
¿Y del hermano, sigue siendo complicado escribir de Terenci? “En una entrevista, él dijo que siempre había sido un adolescente triste y solitario. Cuando estábamos con él era tan divertido, le gustaba tanto estar con otros, derramar esa simpatía sin freno que la gente recuerda. Debió de ser muy amargo, muy melancólico y triste, pero, como mi madre, se creaba la fantasía de la felicidad.
 La idea que tiene la gente de él es que era un tipo divertido y alegre. Pero lo pasó muy mal… No solo por cosas amorosas, también por cuestiones profesionales. Un día le dije: ‘Mira, Terenci, decide qué clase de escritor quieres ser…’. Porque él quería vender cien mil ejemplares y a la vez ser un autor de la categoría de Juan Benet, por ejemplo… Querer ser las dos cosas te llevaba a la insatisfacción”.
Fotografías de Colita de sus amigos Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma. / SOFÍA MORO
–Y ahora, Ana, ¿cómo ve lo que pasa ahora en este país?
–Uf –dice–. El desencanto otra vez.
 Ahora ya el cabreo no es con el PP, ya sabíamos lo que era.
 El cabreo es con la izquierda. ¿Dónde está, cómo es posible que se haya roto en mil pedazos…? Estamos en un periodo de catástrofe. Hay que revisar partidos, democracia y todo.
–Se ha mantenido usted como aquella chiquilla, suave y firme a la vez. La Nena a los 65.
–Quizá una edad suficiente para que tenga que aceptar que me tengo que ir.
–Pero ha superado lo peor de la enfermedad.
–Está estancada. Es mucho. No me quejo. Hace unos años ya no estaríamos aquí.
–¿Cómo lleva esas memorias?
–Con vértigo.
–Es una buena sensación.
–Quizá sí… En este tiempo me han dado confianza Rosa, Martín, Borja… Sin ellos me habría quedado anclada. Gracias a Rosa y a estos chicos he seguido el pulso de la vida, de la ciudad, del país y de esta generación que ya no es la mía, y hay cosas que me sorprenden, otras que comparto y otras que veo difusas.
 Considero que lo tienen muy difícil por la situación actual, pero que en cambio tienen una mentalidad muy bonita, muy abierta, mucho más que nosotros.
El diálogo entre ella y los chicos sigue. “Sobre esta incertidumbre de no saber si tenemos una democracia que se va al carajo. Es que salimos del franquismo, costó mucho recuperar la democracia y ahora se la están rifando. Es indignante”.
Un momento peligroso. “Cuando Hitler ganó las elecciones en Alemania tenían un poco menos paro que nosotros. Es un caldo de cultivo y me da miedo porque no hay izquierda”.
Da esperanza el amor, claro. “La amistad siempre es amor. El amor sexual, el amor pasión, pasa; pero el amor fuerte y largo es positivo. Cuando te pones en el lugar del otro, lo comprendes… Para el novelista es igual; si no sales de ti mismo, no puedes crear un personaje que no eres tú”.
–Pues ahora, Ana, usted está tratando de ser usted misma, pero recordándose…
–Un personaje que nunca fui, que soy yo misma.
Tantos años viéndola fumar, ahora extraña que La Nena hable con los dedos quietos.

 

Acatar o no acatar.......................Boris Izaguirre

En serio: Letizia podría ensayar un poquito más estas aristocráticas apariciones, disimular con más convicción el desinterés que siente por ellas. Sabemos que es una profesional atrapada en un palacio.

Realmente Letizia siente Desinterés? o como una "parvenu" que es quiere parecer más guapa, más alta, y resignarse a que no sabe nada de las realezas, que mucho le importan, no se hubiera casado con el Príncipe. Anque sabe que no va a Reinar, le falta todo lo que tiene Máxima de Holanda.

Sheikha Moza bint Nasser, jequesa de Catar, a su llegada a la ceremonia de coronación de los reyes de Holanda. / FRANK VAN BEEK (AFP)

Desde que en su discurso de despedida, Beatriz de Holanda dijera eso de “puede que la historia diga que la elección de mi esposo fue mi mejor decisión”, he sentido que tenemos mucho en común.
No como reinas, sino como personas.
 Y que duda cabe que su hijo, el nuevo rey Guillermo Alejandro, secunda esta felicidad conyugal. Porque, ¿qué seria hoy Holanda sin Máxima, toda emoción, toda gestualidad y glamour latino? Y, qué seria de Argentina sin Máxima, que ha convertido en realidad el sueño de toda mamá conservadora, que su hija (no su hijo) llegue a ser reina.
Es curioso que en los dos casos de renuncia a una jefatura de estado, como hemos asistido en el Vaticano y en el reino de Holanda, los sucesores compartan nacionalidad, tango y parrilla.
 Un doble golpe difícil de encajar para la presidenta argentina, Cristina Fernández, que tiene que luchar por la reelección, el escándalo de lavado de dólares por parte del entorno de su difunto marido y ver como dos compatriotas se plantan en el centro mismo del poder europeo y la dejan en la periferia.
Por ese triunfo personal, Máxima no solo estuvo regia en su investidura sino que demostraba estar pasándoselo genial con el subidón al trono.
 El despliegue de tiaras, collares y tulipanes le ha sentado muy bien a los invitados. Confirmando que nada mejor para cualquier corona que la renovación y el oxígeno del carnaval que le acompaña. ¡Otro efecto realmente balsámico de lo sucedido en Amsterdam es comprobar la ausencia de trauma en la abdicación! Sencillamente, te peinas y te arreglas bien, convocas en un maravilloso salón con una solida mesa de caoba y enmarcas en un buen libro el acta de renuncia, te sientas junto a tus sucesores, firmas y… ¡traspaso de poderes listo!
 Se inicia una nueva etapa, se recupera la credibilidad y, lo dicho en El gatopardo: que todo cambie para que todo siga igual.
 Ni peros constitucionales, ni melones abiertos. Cuando las encuestas indican que bajas, la mejor manera de recuperar es renunciar.
Luego viene todo lo serio.
 Esa Mozah, jequesa de Catar, con su glamour XXL, acatando al máximo los códigos que exige la costumbre islámica y definiendo la mujer árabe rica de hoy, pero con un aire de naftalina retro años cincuenta. ¿Cómo se puede definir ese collarón que llevaba? ¿Aristocrazy?
 Un poco de aristo y un mucho de crazy.
 Fue uno de los artefactos más grandes de todos los vistos, una especie de Desafío de Andrómeda de medialunas engarzadas en oro, destacando sobre la oscuridad de su vestido-túnica azul petróleo (qué otro color iba a usar viniendo de un emirato).
 Se sentó con el aplomo y la tranquilidad que te da llevar Catar al cuello.
 No lejos, Letizia, también vestida de oscuro , llevaba a Catar en la cabeza, ya que su tiara era la misma que se empleó en la boda de Urdangarin, quién ahora está pendiente de su contrato de trabajo allá en el emirato
. Letizia no quería dejar pasar la oportunidad de recordárselo de alguna manera a la jequesa antes de que esta se quitase su turbador turbante.
 En serio:
 Letizia podría ensayar un poquito mas estas aristocráticas apariciones, intentar disimular con mas convicción el desinterés que siente por ellas.
 Princesa, sabemos que es una profesional atrapada en un palacio, no tanto como la princesa Masako que llevaba siete años sin salir, pero tómese estas situaciones precisamente como un trabajo.
 No debería seguir apareciendo guapa pero con el rostro tenso marcado por el “vámonos cuanto antes, que rollo!”.
 Lo bueno ha sido confirmar que Felipe Varela, su diseñador de cabecera, se ha visto las mejores películas de Sara Montiel, en especial La Violetera y eso le ha ayudado a interpretar a la princesa entre encajes.
 Un buen guiño a nuestra cultura popular al que las princesas también están engarzadas.
Lo del talante de Letizia no fue nada comparado con la maquilladísima cara de Masako, la princesa que como ya hemos dicho lleva siete años sin salir de casa y once sin salir de Japón.
 En la investidura estaba como una seda aunque, ligeramente desorbitada quizás por ver tanto brillo tan de sopetón.
 Puede ser que sentir tan de cerca a Mozah y a Letizia juntas no haya sido del todo beneficioso para su estado. En el fondo, probablemente, anhela lo que anhelamos todos, que algo gordo y duro, como un pedrusco de la jequesa, nos caiga en la cabeza para despertarnos de este mal sueño.
Sin sueño y muy despierta estuvo Genoveva Casanova, directora de proyectos y diamante en bruto, de la Casa de Alba, al confundir, en un baile de hombres y de letras, a Quevedo con Cervantes.
 Habló de la importancia de El Quijote de Quevedo y de Los Fusilamientos del 3 de mayo, de Goya. Dando así un punto humano y divertido a la rigidez cultural de los clásicos en la entrega de premios Naranja y Limón.
 En la aristocracia del deporte americano también se ha encendido otra estrella: Jason Collins, que desde el núcleo duro de la NBA ha reconocido públicamente su homosexualidad.
 Una difícil decisión que el presidente Obama apoyó inmediatamente haciéndonos ver, al igual que Genoveva y Beatriz, que lo realmente traumático es no querer cambiar.
 Ni abdicar.