Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

25 feb 2013

‘Argo’: acción, sabiduría y sentimiento


Tras constatar, así, a vuelapluma, que mientras en unos sitios una exasperante vocecilla gubernamental acusa sin pruebas demostradas a los actores de infidelidad patriótica por la vía fiscal, en otros la primera dama de la nación aparca sus cosas, se supone que abundantes y variadas, para abrir un sobre y leer el nombre de la película premiada, pasemos a las cosas serias. Argo lo es.
El tercer largometraje dirigido por el actor y guionista Ben Affleck tras Adiós, pequeña, adiós y Ciudad de ladrones es un thriller político en el que se cruzan la maestría técnica en el rodaje (las secuencias del asalto a la embajada de EE UU por parte de simpatizantes de Jomeini son abrumadoras) con la sabiduría marca de la casa a la hora de plasmar en el guion la esencia de la historia: agarrar lo importante –el inminente futuro aterrador de los protagonistas- y no soltarlo, como perro de presa, como hacen los buenos contadores de historias. Alrededor se ramifican las subhistorias, en este caso fascinantes desde el punto de vista de su dimensión política: la posición internacional del gobierno de los Estados Unidos en la toma de rehenes de 1979 en Teherán y el propio eco del suceso dentro del Imperio.
La vertiente específicamente dramática de Argo es poderosa, frontal, sin florituras.
 Al eterno axioma la realidad supera a la ficción –contar con un hecho verdadero como base de la historia- habría que añadir “sí, pero hay que saber moldear la realidad para tener una buena ficción”. Y el chico listo de Berkeley, que ya ganó un Oscar al Mejor guion original en 1998 por El indomable Will Hunting (junto a su amigo Matt Damon) lo ha sabido hacer de nuevo
. El mencionado asalto a la embajada, pero también la escena sudorosa y aterradora del zoco de Teherán, con la sensación de que la tragedia puede estallar a la vuelta de la esquina, son buenos ejemplos de ello. Pero lo mejor de esta historia que transcurre en su mayor parte en Irán es… lo que no transcurre en Irán. Contar con actores como Alan Arkin y John Goodman permitió a Ben Affleck narrar con pulso tragicómico esos preparativos americanos del supuesto rodaje de la película inventada.
El propio Affleck y su responsable de casting lo debieron de tener claro: Arkin/Goodman conforman un tándem colosal de fuerza dramática y vis cómica a partes iguales: dos viejos zorros de la industria de Hollywood buscándose las lentejas para organizar lo imposible: hacer como que haces cine para, en realidad, sacar del Irán de Jomeini a unos rehenes. Americanos, para más inri. Impagable.
Que una película lleve dentro escenas de acción es algo que ya directamente pone de los nervios a muchos taxidermistas sesudos del cine.
 Eso sí: habrá que darles un poco la razón esta vez: la escenita final de Argo —que evidentemente no se contará aquí— se la podía haber ahorrado el equipo de guionistas. Un mal menor en esta gran película que, a codazos, ha logrado imponerse a las muy solventes (y muy pero que muy oscarizables) Lincoln de Spielberg y La noche más oscura de Kathryn Bigelow.
 Cualquiera de las dos hubiera sido un merecido Oscar a la mejor película, pero los designios de cómo se concede el Oscar supremo son, siguen siendo inescrutables, y no siempre tienen que ver con el estricto criterio cinematográfico, y sí con la habilidad o no de saber poner en marcha tremebundas campañas donde todo vale. Hace unos meses, estas dos películas Lincoln tenían toda la pinta de llevarse el gran premio. Pero algún pequeño error de carácter histórico en el caso de Lincoln y la alergia de amplios sectores políticos de EE UU a que una película muestre explícitamente las torturas practicadas por los servicios secretos de un país, en el caso de La noche más oscura, hicieron corregir el tiro. Pero la designación de Argo como mejor película de 2012 no admite, para mí, grandes pegas.
¿Y qué decir de Django desencadenado? Pues que, para quien esto escribe, su gran hacedor, Quentin Tarantino, demuestra una vez más que pasará a la historia del cine como uno de los grandes rupturistas en la forma de contar las cosas, tanto en el fondo (huida perenne de las evidencias) como en la forma (una puesta en escena que mama directamente de los grandes clásicos del cine de acción).
 No ganará nunca el Oscar gordo, al menos así, al menos haciendo películas magistrales como este Django, que nos abre, plano a plano, el camino a la magia de un cine nuevo, de lo raro con conocimiento de causa y justificación, de lo moderno en el mejor sentido del término.
Como algunos momentos concretos de Malditos bastardos —el arranque con el nazi bebiendo el vaso de leche y descubriendo a los judíos ocultos bajo el suelo o la escena de la taberna, digna de ser estudiada en escuelas de cine— Django desencadenado ofrece un estilo, un aroma y una intencionalidad situadas lejos del tradicional dedo ungidor de la Academia de Hollywood.

Las novias de Oscar


La confusión que rodeó al traje de Anne Hathaway fue un buen indicador de una noche en la que parecían encadenarse los traspiés.
 No solo por el tropezón de Jennifer Lawrence al subir a recoger su premio.
 Sobre todo, en el campo estilístico
. Durante casi toda la gala, los trajes se movieron entre lo convencional y lo terrible.
Algunas mujeres parecían haberse peleado con su peluquero y otras parecían querer cubrir el expediente con el menor número posible de rasguños
. Entre unas y otras, dejaron un rastro poco memorable de escotes palabra de honor, tonos claros y brillos metálicos.
Aunque ninguna provocó tantos comentarios como Hathaway.
Dos horas antes de que la actriz llegara al Dolby Theatre de Los Ángeles, circuló la información de que vestiría de Valentino. Pero, finalmente, Hathaway apareció con un vestido en trémulo rosa firmado por Prada. “Lo he elegido hace tres horas”, admitía la intérprete de Los miserables a las cámaras.
No está claro qué le hizo cambiar de opinión en el último minuto, pero era imposible no advertir las consecuencias
. Las costuras del diseño de Miuccia Prada - que recordaba al que Gwyneth Paltrow llevó hace un año en la gala del museo Metropolitan- no encajan del todo con su cuerpo y le daban a su busto un aspecto puntiagudo, que se transformó de inmediato en el centro de atención.
 A falta de auténticas sorpresas sobre la alfombra roja, el pecho de Hathaway pasó a ocupar el lugar que dejó vacante la pierna de Angelina Jolie en los comentarios.
Más allá de esta anécdota, fue una noche bastante sosa. Dominaron los escotes palabra de honor y los trajes claros. Una combinación que genera un aspecto que difícilmente esquiva el aire nupcial. Jennifer Lawrence, imagen de Dior, llevó uno de los vestidos con los que Raf Simons cerró en enero su segundo desfile de alta costura para la firma francesa. La vocación expresa del belga con ese final rosa pálido era evocar el romanticismo de las novias. Desde luego, nada tan apropiado como que uno de esos trajes vistiera a la nueva novia de América para su ceremonia de boda con la industria. Pero también eran aptos para dirigirse al altar el modelo de Prada para Anne Hathaway; el de Reem Acra para Kirsten Stewart; el de Alexander McQueen para Amanda Seyfried; el de Alexis Mabille para Zoe Saldana o el de Óscar de la Renta para Amy Adams. Entre todas las que se apuntaron al blanco y sus infinitas variantes, solo Charlize Theron parecía escapar a la fantasía nupcial. Su radical corte de pelo, su físico de amazona y el minimalismo de su vestido de Dior le daban una imagen de fortaleza infrecuente en estos eventos.
A falta de una clara ganadora, los premios se repartieron. Gracias a Lawrence y Theron fue la noche de Dior, pero también la de Armani.
El italiano logró vestir a muchos de los hombres —George Clooney, Robert de Niro, Russel Crowe, Denzel Washington, Richard Gere, Paco Delgado…— y, sobre todo, a tres de las cinco candidatas al premio a la mejor actriz. Quvenzhané Wallis llevaba un atuendo muy poco apropiado para su edad que suponía la primera incursión de Armani Junior en la alfombra roja.
 Siempre es difícil vestir a los niños en estos bretes. En cambio, el diseñador no falló con Jessica Chastain y Naomi Watts. La primera combinó hábilmente los tonos de su piel y su pelo con el cobre de su vestido para crear una imagen que evocaba el Hollywood clásico.
 La segunda lideró la armada de los metalizados, con mejor fortuna que muchas de sus colegas, gracias a un traje de escote asimétrico y mangas “galácticas”.
Replicar el brillo del metal pesado con un material liviano como la ropa es un recurso más fácil sobre el papel que en la realidad
. A él se apuntaron anoche Catherine Zeta-Jones (de Zuhair Murad), Halle Berry (de Versace), Renée Zellwegger (de Carolina Herrera), Meryl Streep o Nicole Kidman (de L’Wren Scott). Los resultados fueron desiguales, pero ninguna logró eclipsar a Michelle Obama que apareció, desde la Casa Blanca, con un traje metálico de inspiración art-decó de Naeem Khan.
Si algo se echó de menos en el vestir de la gala, fue el color.
 Y su alegría, dicho sea de paso. Solo Jennifer Aniston y Sally Field, ambas de Valentino, se atrevieron esta vez con el socorrido rojo. Kerry Washington aportó una nota coral de la mano de Miu Miu; Reese Witherspoon se estrelló con un traje azul de Louis Vuitton que parecía ajustado por la misma inhábil mano que el de Anne Hathaway y Jane Fonda se salió por la tangente con un traje amarillo de Versace.
Finalmente, tuvo que llegar una mujer con más edad que los propios premios a dar una lección sobre cómo vestirse con elegancia en esta gala. Emmanuelle Riva, que anoche cumplía 86 años, era la imagen de la compostura, la personalidad y la distinción envuelta en un Lanvin verde.
 A su lado, los esfuerzos rejuvenecedores de algunas de sus colegas parecían ridículos.

La importancia de llevar Flequillo

‘Argo’, mejor película en un Oscar anunciado por Michelle Obama.

 

La primera dama de EE UU, Michelle Obama, sorprende al anunciar el Oscar a Mejor Película, desde la Casa Blanca para 'Argo'

La película dirigida por Ben Affleck obtiene tres Oscar

Unos galardones muy repartidos: 'La vida de Pi', cuatro; 'Los miserables' tres; y 'Lincoln' y 'Django desencadenado', dos cada una.

ATLAS

Los Oscar repartieron suerte, sonrisas, algunas lágrimas, incluso alguna caída y mucha música pero muy, muy pocas sorpresas en cuanto a los ganadores en una gala que se extendió tanto que el propio maestro de ceremonias, Seth MacFarlane, tuvo que reconocer que empezaba la velada del 2014.
 La entrega reprodujo las victorias esperadas, incluso aquellas que hace un mes eran imposibles de pensar. Porque Argo se alzó finalmente con el gran premio de la noche a la mejor película y Steven Spielberg se marchó como quien dice con las manos vacías.
 Su película, Lincoln, pasó de ser la que defendía un mayor número de candidaturas a recibir tan solo un par de ellas, entre las cuales estaba la esperada y merecida para Daniel Day-Lewis como mejor actor.
“Nunca pensé que volvería a estar aquí otra vez”, dijo sin resuello un feliz Ben Affleck con la estatuilla en la mano como mejor productor de Argo después de que la Academia le dejara fuera de la categoría de mejor director.
Pero como le dijo su coproductor Grant Heslov, parte con George Clooney “del trío de productores más sexys del año”, como se bautizaron con humor: “Ben ha dirigido una película genial”.
Así lo consideró también la Academia, que otorgó a la película tres galardones, incluido el de mejor montaje y mejor guion adaptado para Chris Terrio.
La marea Argo confirmó su fuerza... aunque estuvo lejos de ser un tsunami
. La mayor sorpresa de la velada la dio alguien totalmente fuera de programa, cuando la primera dama, Michelle Obama, fue la encargada vía satélite de hacerle saber a Affleck su victoria.
 “Es un honor”, comentó la esposa de Barak Obama en un hecho inédito al anunciarse un Oscar desde la Casa Blanca.
 Ang Lee lo recibió de una forma más tradicional, como mejor director por su trabajo en La vida de Pi. Le robó a Spielberg la victoria, aunque en los últimos días ya se había comentado que Lincoln se estaba desvaneciendo
. Con sus cuatro galardones, La vida de Pi fue la ganadora por puntos de la noche.
Pese a la falta de sorpresas en el resultado, con Jennifer Lawrence como mejor actriz por su trabajo en El lado bueno de las cosas, y Anne Hathaway como mejor actriz de reparto por Los miserables, fueron precisamente los discursos de sus actores ganadores los que le dieron una cierta frescura al final de la gala. “¿Que qué se me pasó por la cabeza cuando oí mi nombre? Una palabra que no puedo decir y que empieza por f [por joder]”, dijo Lawrence de la palabrota- exclamación con la que recibió mentalmente su Oscar, antes de caerse.
“Solo tienes que mirar este vestido para hacerte a la idea de por qué me caí”, dijo aún temblando y sin soltar la estatuilla.
Sorprendieron los dos premios de 'Django desencadenado', que había intentando pasar desapercibida por su violencia
Daniel Day-Lewis también dio muestras de su buen humor agradeciendo muy serio un galardón que le llega por un trabajo “para el que Spielberg quería a Meryl Streep” mientras que él iba a interpretar a Margaret Thatcher.
“Ya me gustaría que alguien me ayudara con los discursos. Pero si no puedes encontrar tus palabras en momentos como estos, no sé cuando… Claro que también adoro cuando uno no tiene palabras. Es tan encantador”, comentó en la sala de prensa
. Michael Haneke ganó para Austria el Oscar a mejor película de habla no inglesa con Amor.
Ninguna sorpresa, tras llevarse la Palma de Oro en Cannes, el Bafta, el César, el Globo de Oro, el premio a filme de habla no inglesa de los Independent Spirit... Haneke estuvo parlanchín y le dedicó el premio a su esposa y a sus dos actores protagonistas. Emmanuelle Riva, presente en la sala como candidata a mejor actriz, cumplió este domingo 86 años.
A Christoph Waltz tampoco le faltaron palabras para celebrar su victoria como mejor actor de reparto por Django desencadenado. “Esto no tiene ni siete minutos de vida”, declaró con la segunda estatuilla de su carrera, en esta ocasión conseguida contra todo pronóstico, lo mismo que ocurrió con el segundo premio de este spaguetti western, el del mejor guion original, que recogió un Quentin Tarantino sin aliento por la emoción.
 Ambos hicieron un impecable trabajo: como dijo Waltz a la prensa:
 "Tarantino es un poeta y a mí me gusta la poesía”. Ambas victorias sorprendieron no solo porque las quinielas de los Oscar hace tiempo se habían olvidado de ellos, sino porque desde la masacre de Newtown (EE UU), Django desencadenado había intentado pasar inadvertida dentro de una campaña centrada en películas menos violentas y en un Estados Unidos dividido en el tema del control del armamento.
Pero más sorprendidos resultaron los ganadores de montaje de sonido, ganadores en plural al producirse el sexto empate en los 85 años de la historia de los Oscar, repartiendo la estatuilla entre La noche más oscura y Skyfall. Todo lo contrario a la reacción de Hathaway, cuya victoria como mejor actriz de reparto fue la noticia de un Oscar anunciado.
 “Por fin es realidad”, es lo más humano que pudo decir la actriz desde el escenario antes de lanzarse a un discurso carente de interés, como si fuera una guía telefónica, y una dedicatoria para acabar con los sufrimientos del mundo más cercano a los de la victoria de una Miss Mundo.
El resto de los premios se fueron desgranando según lo previsto. La vida de Pi comenzó su dominio técnico de la velada desde el principio, con premios a la mejor fotografía, mejor banda sonora y a los mejores efectos visuales. “Espero que esta victoria sirva para demostrar que somos artistas y no técnicos”, subrayó Donald R. Elliot haciéndose eco de la protesta que se apostó a las puertas del teatro Dolby para recibir a los nominados, tras la bancarrota de Rythm & Huges y de otras empresas de efectos especiales —como Digital Domain—, que han cerrado sus puertas y despedido a sus trabajadores a pesar de que su trabajo es la base fundamental de las 11 candidaturas que defendía esta película. Argo se llevó el premio al mejor montaje, Lincoln al mejor diseño de producción
, Los miserables al mejor montaje sonoro y mejor maquillaje
. Sin embargo, lo único que emocionó del musical fue la interpretación de todo el reparto de la película, desde Hugh Jackman hasta Russell Crowe —pasando por Anne Hathaway o una nerviosa Amanda Seyfried— del tema One more day, que puso a la audiencia en pie como no lo hizo la interpretación de Adele del último tema de James Bond, que obtuvo el Oscar a la mejor canción.
'La vida de Pi' demostró su dominio técnico desde el principio de la noche
Paco Delgado también sabía que perdería su primera candidatura, por el vestuario de Los miserables, estatuilla que fue a manos de Jacqueline Durran por Anna Karenina.
 Eso no le impidió disfrutar de una velada como “la guinda del pastel”, el único español candidato este año... que no el único español presente en la alfombra roja. Allí coincidió con Juan Antonio Bayona, director de Lo imposible, que acompañó con muletas a su actriz y candidata, Naomi Watts, o Javier Recio, candidato en ediciones anteriores con su cortometraje La dama y la muerte y ahora convertido en miembro de la Academia dispuesto a disfrutar de la ceremonia sin los nervios de la primera vez.
Seth MacFarlane no pudo contar con la misma suerte y detrás de su relajada apariencia las críticas empezaron a llegarle antes de que la velada concluyera
. Como dijo Tim Molloy en TheWrap.com su arranque se pareció demasiado a un episodio de Padre de familia, serie que le dio la fama pero no lo que se espera de un maestro de ceremonias a los Oscar. Su mejor chiste fue "llevamos tanto tiempo aquí que vamos a empezar los Oscar del 2014". Al menos, como indicó Dustin Hoffman, al subir al escenario, no hay mal que por bien no venga y MacFarlane demostró al público los buenos bailarines que son Charlize Theron y Channing Tatum, en una ceremonia dedicada a subrayar la excelencia si no del cine, de la música en el cine.

 

¿Qué dirá, dirá? Por: José María Izquierdo del Blog del Ojo Izquierdo

Pues nada, que hoy comparece Luis Bárcenas en la Audiencia Nacional.
 Me atrevo a decirles, a la vista de las portadas, editoriales y artículos de nuestros queridos amigos, que han decidido hacer como si el tema apenas si les rozara. Lo tratan así, como de pasada, que les preocupa más, por lo que escriben, la situación del PSOE, que eso sí que les hace derramar ríos de tinta, que se decía hace años
. No sé si es que nos tratan como a memos o si es que están con la respiración contenida: ¡Ay madre, a ver qué dice este hombre!, que cualquiera sabe por dónde va a salir el ex tesorero, la verdad.
¿Cuánto saben de teología? ¿Más o menos que Juan Manuel de Prada? Y ahora, mírense al espejo: ¿camisa de color oscuro o sin corbata, si son hombres? ¿Vestido negro, si son mujeres? Unos rojazos. Eso es lo que son ustedes: unos rojazos.
La Razón hace hoy su editorial sobre Benedicto XVI: “Renuncio, que no abandono”.
Ya les digo que no pienso meterme en honduras teológicas. Se las dejo todas a Marhuenda. Me ha gustado más la batalla que han emprendido por estos lares –los de Lara, si me permiten este chiste horroroso, que hoy es lunes y uno tampoco tiene el cuerpo para finuras especiales- contra Alberto Ruiz-Gallardón, ministro de Justicia que es del Gobierno de Mariano Rajoy
. César Vidal: “Creo que pocas huelgas pueden estar más justificadas que la de la Administración de Justicia. Aparte de reivindicaciones sempiternas como las relacionadas con la falta de medios, la protesta se dirigió contra un intento indiscutible de convertir la Administración de Justicia en una farsa indecente para beneficio de una casta política inmoral y corrupta.
 Las innovaciones que impulsa Gallardón van precisamente por ese camino (…) Bermejo fue obligado a dimitir con toda justicia por las togas. 
El destino de Gallardón debe ser el mismo porque quien defiende semejantes medidas se retrata como un enemigo declarado de la in¬dependencia judicial, de la libertad y, sobre todo, de la Justicia para todos”. Váyase preparando, Gallardón, váyase preparando.
Dice Alfonso Ussía que “A Rajoy no lo soportan ni los antisistema, ni los chulos del dinero público ni los cercanos liquidadores de nuestra riqueza común.
 A Rajoy lo insultan y degradan los portavoces y comisarios políticos de la izquierda en los medios de comunicación”. Y son esos enemigos, afirma Ussía, quienes le hacen “seguir creyendo en Rajoy”. Muy científico no parece el razonamiento, la verdad…
Vean qué bonito título lleva el editorial de Abc: “Bárcenas, la excusa del PSOE”. Dice cosas como ésta: “Aunque sobre Bárcenas no hay siquiera medidas cautelares, el PSOE ya ha condenado al PP y a Rajoy, sin atenerse a una elemental prudencia, especialmente exigible en casos como éste, en los que se tardará en saber lo que realmente ha sucedido, pero se acabará sabiendo”.
No me digan que no es extraordinario. Muy breve: al ex tesorero del Partido Popular, nombrado precisamente por Mariano Rajoy, le han pillado con 22 millones de euros en cuentas opacas en Suiza. Hace ya dos años, se le relacionó con pruebas muy consistentes con la trama Gürtel.
 El PP dijo entonces que le había echado. Mentira. Ha estado cobrando hasta diciembre de 2012, sin que ningún dirigente sepa qué decir cuando se les pregunta. Rajoy, por cierto, prohíbe mencionar su nombre. ¿Y a Abc lo que le molesta es que el PSOE le afee al PP este desastre, este apestoso sucedido?
 Qué raros son en Abc, ¿verdad? Esperanza Aguirre habla hoy, en su tribuna semanal, del consenso. Pues muy bien
. Tanto gusto. Un placer.
Venga. Un párrafo de Juan Manuel de Prada, que reproduce unas palabras de Benedicto XVI para que se vayan enterando: “A partir de los Salmos y de nuestra experiencia cotidiana, [descubrimos] que el ‘muy hermoso’ del sexto día –expresado por el Creador– es permanentemente cuestionado, en este mundo, por el mal, el sufrimiento y la corrupción.
 Casi parece que el maligno quiera ensuciar permanentemente la creación, para contradecir a Dios y hacer irreconocible su verdad y su belleza. En un mundo tan marcado por el mal, el ‘Logos’, la Belleza eterna y el ‘Ars’ eterno, debe aparecer como ‘caput cruentatum’ (cabeza herida). El Hijo encarnado, el ‘Logos’ encarnado, lleva una corona de espinas, y sin embargo, así, en esta figura sufridora del Hijo de Dios, empezamos a ver la belleza más profunda de nuestro Creador y Redentor; podemos, en el silencio de la noche oscura, escuchar su Palabra. Creer no es otra cosa que, en la oscuridad del mundo, tocar la mano de Dios, y así, en silencio, escuchar la Palabra, percibir el Amor”.
 ¿Quién es el catavenenos para polemizar con Prada sobre el caput cruentatum?
Está tan ocupada con sus cosas Isabel San Sebastián que no ha podido leer el editorial de su periódico: “Más pronto que tarde el PP deberá decidir si sigue enrocado en una defensa en bloque, difícilmente sostenible, o empieza a entregar las cabezas más impregnadas de olor a pólvora, ya sea en un gran auto de fe destinado a servir de escarmiento, ya mediante discretos retiros”. ¿Acaso no sabe doña Isabel que todo es pura maquinación de Rubalcaba?
Quiero avisarles, por cierto, que Abc ha iniciado este domingo una serie que se llama "Homenaje a la Nación". Española, por supuesto.
 Anuncio del diario: “Como complemento a los 110 motivos para estar orgullosos de España, ABC ofrecerá el próximo domingo una pulsera con los colores de la bandera nacional. Realizada con fondo de color azul y con textura flexible, el lector podrá adquirirla el domingo 3 de marzo por 1 euro”. Vamos, lo que se llama un chollo.
El editorial de El Mundo se refiere a las declaraciones exclusivas al periódico de Pedro José de la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, respetabilísima señora que ya es como si fuera una amiga de casa de toda la vida.
Luz, aporta luz, muchísima luz: “Ella explica que si Urdangarin le facilitó su cuenta bancaria fue para que la Fundación Laureus le ingresara los 50.000 euros por un trabajo.
 La aclaración tiene todo el sentido, ya que en ese momento -como demuestra el intercambio de correos con el duque- estaba buscándole a Urdangarin una salida profesional adecuada como responsable en España de la citada fundación, dedicada a la promoción del deporte
. Por indicación del propio Rey, según aclara. 
El encargo del Monarca tenía lógica, a la luz de lo que hoy conocemos, aunque Urdangarin lo rechazó”. Si es que no hay nada como explicarse.
¿Se ocupa Casimiro García-Abadillo, el vicedirector, de la situación en el PP ante la declaración de hoy de Bárcenas?
 ¿Hay preocupación? ¿Están preparando diversas estrategias? Pues no: “Paisaje socialista tras la batalla”. Déjenme que les sitúe ante el siguiente cuadro. Un juego inocente. Noviembre de 1992.
 Estalla el caso Filesa. El juez Marino Barbero ordena el registro de las oficinas del PSOE en la calle Ferraz. ¿Les parece normal que al día siguiente el vicedirector –es que se llama así- de un periódico de alcance nacional escribiera su artículo sobre la situación en el PP de José María Aznar? Le habrá dado un aire, se dirán ustedes. Y este humilde bloguero nunca, nunca, lleva la contraria a sus lectores…
Ya saben la comparación que ha hecho Salvador Victoria, el número dos de Ignacio González, el presidente madrileño, entre los manifestantes el sábado y los golpistas del 23-F. Y es que estos huelguistas son unas gentes indeseables, como bien ha visto Daniel Rodríguez Herrera en Libertad Digital.
 Título: “He venido a huelguear de lo mío”. Texto: “Los funcionarios que no quieren que se les congele el sueldo o quedarse sin paga extra, los profesores que no quieren trabajar más o acabar en el paro, los controladores aéreos que no quieren renunciar a unas condiciones laborales propias de marajás, los profesionales sanitarios que ven en peligro su segundo empleo en la sanidad privada o su estatus funcionarial, los trabajadores de Iberia que ven peligrar su empleo o su sueldo... todos ellos invocan una razón distinta y más elevada para defender sus intereses.
 Que se está acabando con la educación o la sanidad públicas, que se pone en riesgo la seguridad aérea, que los malvados británicos están saqueando nuestros tesoros nacionales, que hay que defender la independencia judicial... Pero es mentira. 
Lo único que puede unir tanto a un grupo de gente distinta, con opiniones variopintas sobre lo divino y lo humano, es aquello que les afecta personalmente”.
Cuánta razón tiene el bueno de Victoria…