Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

26 ene 2013

El lado 'gay-friendly' de los hermanos Franco

Dave Franco, el hermano pequeño de James, continúa por su misma senda interpretativa

Ambos parecen tener una fijación por involucrarse en proyectos donde encarnan papeles homosexuales o reivindican esa tendencia sexual.

El actor Dave Franco. / JIM RYMEN (CORDON PRESS)

¿Qué significa el apellido Franco en Hollywood?
Compartir genes con el actor James Franco (127 horas, Spider-Man) supone algo más que tener una sonrisa en forma de D volteada y ojos eternamente entreabiertos.
 Se conoce que el apellido también conmina a su usuario a estar inexplicablemente fascinado por la homosexualidad. James, de 34 años, abiertamente hetero, ha pasado los últimos años estudiando en la Universidad de Brooklyn y rodando gráficos cortos de temática gay mientras encarnaba a insignes homosexuales (el activista Scott Smith en Mi nombre es Harvey Milk, y los poetas Allen Ginsberg en Aullido y Hart Crane en The broken tower, que él también escribió y dirigió como proyecto de fin de carrera).
 Acaba de estrenar en Sundance el falso documental Interior. Leather bar, donde dirige escenas cuasipornográficas entre hombres. “Está demasiado deseoso de querer decir algo sobre la sexualidad como para decir nada”, ha publicado The Guardian.
¿Qué representa Dave Franco?
Todo esto sería achacable a la excentricidad de pijo-hippy del norte de California de James (también dado a grabarse a sí mismo haciendo playback con un tema de Justin Bieber en el salón de su piso) si no fuera por Dave Franco, su hermano de 26 años, famoso no por su papel fijo en la última temporada de Scrubs en 2009 ni por ser el sensible zombi que acaba de protagonizar en Warm bodies (aquí se estrenará en abril), sino por una serie de vídeos cómicos que escribió y protagonizó para la web FunnyorDie en 2011.
 En uno de ellos retaba a un actor a expresar, de broma, cuán atractivos se parecían el uno al otro. En el otro se le veía tener sexo anal con un doble de sí mismo.
 Diferente Franco, misma heterosexualidad, misma incapacidad para explicar la ideología detrás de la obsesión por el tema. “Creo, porque no me lo planteo, que intento diluir las fronteras, pero no lo hago de forma consciente”, trataba de explicarle a la revista gay Pride Source la semana pasada.
¿Hasta dónde le han llevado esos vídeos?
Precisamente por esa entrevista, Dave ha recibido más atención que por cualquiera de sus trabajos de 2012, más que el anuncio de su papel en una intriga fantástica junto a Morgan Freeman, Mark Ruffalo y Michael Caine. Perez Hilton lo llama “el nuevo Ryan Gosling”
. A menos que sorprendan con una salida del armario que rubrique la incesante fijación de los hermanos, no son malos réditos los que les ha dado el alinearse con la nueva obsesión de Hollywood.

 

Cristina Iglesias: esculpiendo enigmas

Laberintos, grutas, techos suspendidos, muros vegetales, manantiales

La retrospectiva de Cristina Iglesias en el Reina Sofía crea un extraño viaje a través de los lugares inventados por esta escultora, considerada por muchos la artista española más internacional.

Hay obras de arte que no necesitan explicación. No porque sean obvias sino precisamente porque plantean enigmas, producen sensaciones, invitan e involucran directamente a quien las ve. Sin intermediarios. Y después, se llevan adheridas secretamente en algún lugar de la memoria. El trabajo que ha venido realizando Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956) es de ese tipo. Y la exposición que se abre al público el 5 de febrero en el Museo Reina Sofía será, sin duda, un acontecimiento. Sobre todo porque, más que una retrospectiva, será un auténtico viaje. Una excursión llena de lugares extraños e inesperados. “Lo que hago es ficción”, dice la escultora.
Su casa-estudio en Torrelodones, en las afueras de Madrid, tiene grandes ventanales que permiten que el paisaje de la sierra le hable de formas y colores cambiantes. A la entrada de la casa una serie de figuras de hombrecillos achinados y sonrientes recuerdan que allí vivió también Juan Muñoz, el célebre escultor y marido de Cristina Iglesias, fallecido en 2001. Dentro de la misma propiedad vive además el hermano de la artista, el oscarizado compositor Alberto Iglesias. Pero ella no les va a la zaga. El nombre de Cristina Iglesias tal vez no le resulte familiar a la gente poco involucrada con el mundo del arte. Dentro de él, sin embargo, es considerada en muchos círculos internacionales como la artista española viva más relevante en estos momentos. Más allá de las grandes colecciones y museos, hay piezas suyas dispersas por todo el mundo. Muchas de ellas escondidas entre montañas o acantilados, en ciudades y edificios emblemáticos, y hasta en el fondo del mar.
“Me interesa la idea de
un espacio que no es nada, que está olvidado o se está creando, y conseguir activar esa situación”
Tiene la sonrisa fácil, una voz ligeramente ronca y cristalina a la vez. La enorme mesa de su despacho está llena de papeles, apuntes y pequeñas muestras de maquetas porque suele desarrollar varios proyectos simultáneamente y cada uno de ellos tiene su pequeño espacio en ese aparente desorden. A pocos metros, dice, está su cama. Eso le permite levantarse a cualquier hora y capturar ideas o soluciones entre la vigilia y el sueño. “Mis obras tratan de construir lugares donde haya una experiencia que te despierte percepciones que a veces no esperas”, dice. “Y, en este sentido, el espacio del Reina Sofía es un vehículo perfecto. Habrá piezas de cierto carácter monumental que me ayudan a crear el viaje que propongo al visitante. Esta exposición está planteada como una antológica, porque así se define, pero yo la veo como un viaje que atraviesa diferentes momentos, construcciones que te llevan unas a otras. Hay cruces de caminos en los que uno puede optar por dos direcciones, algún callejón sin salida. Alternativas que activan el lugar”.
Y esa quizá sea la clave de sus intervenciones. Sitios neutros que se “activan” gracias a las construcciones que ella instala.
Quienes hayan tenido la experiencia de meterse y experimentar sensaciones en la sala de Richard Serra en el Guggenheim de Bilbao pueden hacerse una idea de lo que será esta muestra. Esculturas que a veces intimidan, pero también invitan al espectador a adentrarse en sus espacios. Son experiencias físicas. Su trabajo no es decorativo. Son proposiciones de inmersión.
Siempre me ha interesado producir esa área del deseo. Y a la vez que este no sea accesible”
“Siempre me ha interesado producir esa área del deseo. Y a la vez que este no sea accesible”, confiesa. “Como en esas piezas que te proponen una entrada con una luz, el reflejo de un tapiz que multiplica el espacio… y todo ocurre en apenas 50 centímetros. Te tienes que asomar a ellas pegado a la pared y lo demás es un muro. Eso también estará en esta exposición. Obviamente conozco la historia y el Étant donnés, de Duchamp, ha sido una pieza que reverberaba en mi imaginario. Pero quiero decir que me interesa activar mentalmente y también físicamente al espectador. Moverte de un lado a otro, la forma en que entras, el que tengas que volverte, todo ello. Por eso montar esta exposición en el museo es para mí como volver a construir. Una exposición la construyes con elementos que muchas veces habías pensado para otros espacios o una situación determinada, y te hacen reflexionar sobre el tránsito. No el tránsito en una ciudad, que también, sino cómo transita la gente por un espacio. Un espacio que tiene que ser permeable pero a la vez te protege y ves a través”.
Cristina Iglesias ha trabajado en muchas ocasiones con arquitectos. Y, sin embargo, su trabajo es antiarquitectónico a veces. Quizá porque siempre se ha sentido fascinada por ese tipo de construcciones fantasiosas como son las grutas, laberintos, refugios. Espacios inclusivos y amenazadores al mismo tiempo. “Esa inquietud, el sentirte perturbado por algo que está a punto de ocurrir, la espera de que algo quizá se repita, que vuelva a brotar agua o que una sombra aparezca de nuevo, esa idea de tiempo te lleva a un lado oscuro. Ese lado oscuro está presente en la obra. Es como una música que te entra y que luego tiene más capas”.
Exposición de la escultora Cristina Iglesias en el Museo Serralves de Oporto (Portugal),
Ha trabajado mucho en espacios públicos, una tarea difícil. “Es un reto complicado. Cada pieza es distinta y yo quisiera que sea siempre así. No quiero abordar de la misma manera una plaza o una esquina de una ciudad por haberlo hecho antes”, afirma. “Me interesa esa idea de un espacio que no es nada, que está olvidado o se está creando, y conseguir activar esa situación y llevarla a un terreno de percepción que verdaderamente funcione. Que parezca que siempre ha estado allí, que no irrumpa, pero que tampoco pase desapercibido”.
Uno de los últimos es el que está realizando desde hace varios años en Toledo. “Es la construcción de una ruta con varias intervenciones en la ciudad que van desde el río hasta la parte más alta. Es una sola pieza concebida como un recorrido, la sucesión de piezas escultóricas e intervenciones y el propio camino. La idea de todo el proyecto es el agua como comunicador de conocimiento y de diálogo. Hay un cierto ilusionismo. En Toledo siempre ha preocupado llevar el agua a la parte más alta de la ciudad, y además es lugar del diálogo entre las tres culturas, un momento de convivencia en el que todos compartían hasta los baños públicos. Dos de las secciones estarán listas durante la exposición y en la propia muestra habrá una habitación que describe en gran parte el proyecto. La obra completa se inaugurará en abril de 2014 para el 400º aniversario de El Greco”.
“Esa inquietud, el sentirte perturbado por algo que está a punto de ocurrir, esa idea de tiempo te lleva a un lado oscuro”
El agua es el material que ha incorporado en los últimos años a su obra. Hablando de su relación con los materiales, llama la atención que Cristina Iglesias empezara sus estudios, no en una escuela de arte convencional, sino haciendo escultura en el departamento de cerámica. “Yo hice Químicas, pero a la vez me interesaba el arte. En Barcelona hice algo de barro y dibujo, y empecé filosofía. Todo en un año loco de muchos cambios. Quería meterme en el arte y buscar un lenguaje. Cuando fui a Londres empecé a pensar en la escultura, usé el barro porque podía usar color con él. Me atraía la arquitectura, la pintura y el cine. La tierra sí que me parecía interesante. El material en ese momento me permitió meter las manos en la harina. En mi caso, la relación con los materiales sigue siempre a las ideas”.
“En relación al agua, la primera pieza en la que usé agua es de 1992, en las Islas Lofoten en Noruega. Pasé tiempo en Roma donde además de aprender de las fuente de Bernini encontré a Borromini. Todo eso fue creando un poso y llegó el momento en que dije: quiero crear un lugar donde algo ocurra, un territorio poético. Un sitio donde no haya nada o en cualquier esquina de una habitación. Los materiales se incorporaron y luego hablan por sí mismos. He usado cristal por su transparencia, vidrio coloreado porque la luz al atravesarlo produce sombra de color, alabastro para sentir esas venas de agua debajo y cómo la luz lo atraviesa… otros artistas, como Chillida, han utilizado el alabastro metiéndose dentro. Yo lo utilizo de manera más constructiva. En realidad soy una constructora. Pertenezco al ramo de la construcción”, dice riendo.
A principios de los años ochenta estudió en la Chelsea School of Arts; en 1986 y en 1993 representó a España en la Bienal de Venecia. En 1995 fue nombrada Profesor de escultura en la Academia de Bellas Artes de Múnich. En 1999 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas. Nacida en San Sebastián, Chillida y Oteiza están en la trastienda de sus referencias artísticas.
“Ellos están de una manera muy natural en mi trabajo porque los tenía muy cerca. Y, desde luego, su lenguaje sí que me abrió y me educó. Es importante que el arte y la cultura, estén en la calle, en los museos. Yo lo siento natural porque en San Sebastián el Peine del viento lo he visto siempre y he entendido que una abstracción como esa podía ser muy significativa, unir a la gente y hacerte pensar: cómo puede ser representado el viento. Eso es educación y es importante. Chillida y Oteiza estuvieron de forma natural, pero al mismo tiempo, estudié la historia del arte. He recibido influencia de muchos otros artistas”.
Lo mío es todo ficción, aunque trate de lo natural y me aproveche de ello. Es todo una invención"
No tiene inconveniente en citar algunos. “Cuando estuve en Londres, Eva Hesse tuvo un impacto tremendo. Ella ya había muerto, pero conocer su trabajo me impresionó mucho, así como la obra de Robert Smithson o Walter de Maria, particularmente las obras de una exposición que vi allí al poco de llegar titulada Pier and Ocean. También los rusos y, en particular, las artistas rusas: Katarzyna Cobro, Liubov Popova… Todos ellos constructores... del ramo de la construcción”, vuelve a decir con humor.
Y prosigue. “El otro día vi una exposición en Nueva York sobre la abstracción donde reencontré una pieza que me ha marcado como escultura. Antes mencioné el Étant donnés, ahora me refiero a la torre de Tatlin, el Homenaje a la Tercera Internacional. Es buenísima. La vuelves a ver ahora, con esos elementos casi de ciencia ficción interiores, donde se dividían las estructuras del Estado, y es una obra excepcional, percibes su fuerza. Pero volviendo a aquellos primeros descubrimientos, todos ellos me planteaban qué era la escultura, hasta qué punto puede uno expresarse y crear un lugar activo y, por otro lado, también crear un territorio poético”.
'Estaciones Sumergidas', en la Baja California (México).
Eso es precisamente lo que produce el arte en el paisaje. Cristina Iglesias ha incorporado hace tiempo representaciones vegetales en sus trabajos. Una de las piezas más emblemáticas, en ese sentido, son las puertas de la ampliación del Museo del Prado. “La naturaleza es uno de los territorios de referencia más fértiles, para hablar de ciertos conceptos. Pero también lo hago en el territorio poético de los sueños”, dice. “Las puertas del Prado tienen que ver con eso. Combinan cierta invención vegetal, el tránsito entre la ciudad y el templo de lo imaginado e incluso se involucran con la cercanía del Jardín Botánico”.
“Una cuestión fundamental de esa obra es que tenían que ser puertas”, continúa. “Rafael Moneo me pidió una pieza funcional, unas puertas ceremoniales. No es la entrada normal de tiques, lo cual me permitió una libertad mucho mayor. Eso sí, se tenían que abrir todos los días, por normativa, porque es también una puerta de salida de emergencia. Esta entrada se abre y se cierra en el horario del museo. Entre uno y otro momento las puertas se mueven seis veces. Es una parte fundamental de la pieza. Ganar el umbral, los lados, crear un habitáculo. No mucha gente sabe que se mueven automáticamente y se colocan en diferentes posiciones. Incluir esa idea de tiempo, que siempre está en la escultura, me pareció un factor interesante para hablar de la escultura pública. Y que el viandante pueda quedarse en ese reducto sin necesidad de entrar en el museo”.
Me gusta por el acto de caminar y porque también te despierta. Es una manera de meterte en ti misma y de pensar
A esta artista, casi no hace falta señalarlo, le gusta caminar. “Me gusta andar por el campo, la montaña, hasta he caminado en algún desierto. Me gusta por el acto de caminar y porque también te despierta. Es una manera de meterte en ti misma y de pensar”, afirma.
También tiene una obra submarina en Baja California Sur (México). En su estudio hay un acuario con la maqueta de esa especie de ruina misteriosa. “Está entre 15 y 17 metros de profundidad. Una de las cosas que me pasó buceando allí, en el mar de Cortés, para construir la pieza fue descubrir que había tanto plancton que se formaba una especie de neblina”, apunta. “Me he planteado muchas veces hacer visible lo que no ves o lo que solo ves desde una distancia. Algo que parece una cosa y luego es otra, o hace que te sientas perdido o desorientado. Allí, bajo el agua, eso puede llegar a extremos. Lo más bonito de ese proyecto que es nace de una invitación a participar en un acto de preservación de la naturaleza. La idea era una recuperación de la isla Espíritu Santo para devolverla a lo público, porque estaba en parte en manos privadas. No me interesaba construir en la isla desierta y pensé en hacerlo bajo el agua, pero no porque sí. Trabajamos con los biólogos marinos en un proyecto de creación de refugios marinos, en el que está muy metido National Geographic. Se compone de dos estancias, cada una con varios lugares formados por celosías construidas con textos que hablan de la Atlántida. Es una construcción generadora de coral, es un jardín. El material es un cemento especial de PH neutro, no contaminante, y al que la vida puede adherirse”.
'Inhotim', obra en Belo Horizonte (Brasil).
La selva amazónica es un territorio en el que también ha dejado su marca. Inhotim, que queda en el Estado brasileño de Minas Gerais, es un extraordinario lugar a medias centro de arte contemporáneo y parque botánico dedicado a la flora tropical.
 Pertenece al coleccionista de arte Bernardo Paz
. Hace unos meses se inauguró el pabellón de Cristina Iglesias. “He hecho una construcción vegetal, que es un pabellón en sí mismo, abierto al cielo. Tiene cuatro entradas
. Cada una te lleva a una invención vegetal que va sufriendo transformaciones de un lugar a otro mediante un laberinto.
 Al centro de ese laberinto solo se puede llegar por un acceso. Todo ello es de acero inoxidable por fuera, de manera que cuando caminas por la selva esta se mezcla con esos trozos o islas de memoria de la vegetación del lugar dentro del jardín”, relata. “Es un laboratorio de biodiversidad increíble. Pero lo mío es todo ficción, aunque trate de lo natural y me aproveche de ello. Es todo una invención”.
Son visitas guiadas a través de mi obra y desde ella se echa una mirada al mundo, la naturaleza y la ciudad
Una invención y una invitación a ir a esos lugares. “Sin duda.
 Y esa es una de las razones de incorporar a la exposición en dos salas dentro del recorrido, los videos que hago desde hace tiempo. Son visitas guiadas a través de mi obra y desde ella se echa una mirada al mundo, la naturaleza y la ciudad. Están, por ejemplo, los desbordamientos de varios pozos, unas piezas recientes. También manifestaciones incontrolables de la naturaleza.
Y esto liga con lo que hablábamos antes, de lo oscuro, o del mundo subterráneo, aquello que subyace bajo la superficie”.
Para esta exposición se van a transformar varios espacios del edificio Sabatini del Museo Reina Sofía. Se abrirán las ventanas al jardín, que normalmente están cerradas, para que entre la luz natural y para crear un circuito fluido con las piezas que estarán en el jardín.
 Habrá cerca de cincuenta obras, treinta de ellas esculturas, algunas de hasta nueve metros de largo. Celosías, corredores suspendidos, pasillos vegetales y pozos.
 “Es obvio que trabajo con el espacio y en el espacio”, reconoce. “Hay elementos constructivos que tienen que ver con la arquitectura, en muchos casos más como metáfora.
En realidad hablo de otra cosa”
. Ficciones arquitectónicas y viajes imaginarios. Esculturas habitables para viajantes de la imaginación.
Cristina Iglesias. Metonimias. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Edificio Sabatini. Santa Isabel, 52. Madrid. Del 5 de febrero al 13 de mayo.

 

Aquí quien no trinca, vuela

Irene Zoe Alameda se inventó un alias para venderle unos artículos supersesudos y superbién remunerados al 'think-tank' socialista que dirigía su exmarido, Carlos Mulas, quien no se coscaba de la película. Y voy yo, y me lo creo.

El exdirector de la Fundación Ideas, Carlos Mulas. / KIKE PARA

Ya lo dice mi vidente: soy una ilusa.
 Sí, qué pasa, voy a una adivina para adelantarme a los acontecimientos, ¿no va la baronesa Thyssen y no osa ni dios llevarle la contraria, salvo Borja y Blanca? Pues eso. Pero resulta que a mi gurú la acaba de fichar el FMI como experta en futuros; su sustituta me lee estas paridas y, según entro, me suelta la muy enterada que a quién pretendo engañar con mis ínfulas de analista sociopolítica.
 “La cabra tira al monte”, va y dictamina sin echarme siquiera las cartas. “Y el monte, esta semana, se llama Milan, tú misma”, sentencia antes de clavarme cien pavos, con tanta incertidumbre la prospectiva se ha puesto por las nubes.
 Salí supermosqueada.
 Vale que la cosa está muy mala y cualquier chorrada sobre el bebé de Piqué y Shakira se vende como tablets. Pero me hastían los rorros de los famosos, y, de momento, a mí no me dice nadie de qué tengo que hablar en este foro, aunque no sea el de Davos.
Yo no seré columnista estrella, pero en lo de ir por libre estoy con Amy Martin, la ídem fantasma de la Fundación Ideas.
 Lo único que, como dice Rouco, una cosa es la libertad y otra el libertinaje, y a la tal Amy la han pillado con todo el equipo, porque ya me dirás si es verosímil que semejante tejemaneje lo llevara ella sola. Resulta que dice la polifacética Irene Zoe Alameda que fue ella quien se inventó ese alias para venderle unos artículos supersesudos y superbién remunerados al think-tank socialista que dirigía su exmarido, el lumbreras Carlos Mulas, quien, a la sazón, no se coscaba de la película.
 Y voy yo, y me lo creo. Total, que Caldera ha cesado al pobre cónyuge, y yo que me alegro, porque aunque no sería ni el primero ni el último al que se la meten doblada, el asunto huele que trasciende.
Lo que está cristalino es que aquí el que no trinca, vuela. Mira a Mas, que ha logrado que el Parlament declare al pueblo catalán sujeto político y jurídico de soberanía. Vale que yo me quedé en sujeto, verbo y predicado, pero, francamente, estoy inquieta
. Porque si Cataluña se va de España; Escocia, del Reino Unido; y Cameron cumple su órdago de pirarse de la UE, al final no va a quedar en la vieja Europa ni El Tato, que diría Rajoy si se dignara a abrir el pico. Claro que, a veces, calladito está más mono.
 Alguien se lo tenía que haber dicho a Guindos para que se abstuviera de soltar eso de “hemos tocado fondo”, cinco minutos antes de que la agorera de Lagarde dijera que 2013 será peor que 2012 y siempre se puede caer más bajo
. Que digo yo que a ella se lo sopló mi adivina, si no, a qué tanta clarividencia.
En fin, que quienes no tenemos el cuajo de trincar la pasta e irnos, nos evadimos como podemos: aquí estoy yo, enganchadita al Lorazepam, como tantas
. Dice Lance Armstrong que es imposible ganar el Tour sin doparse. Y la doble jornada, no te digo. Y menos con las lorzas que he echado para terminarme los polvorones.
 No tengo cintura
. Ni política ni de la otra
. No como Shakira, que va a salir de la Teknon con la tableta en su sitio gracias a su cirujana plástica.
 Mira, al final voy a tener que hablar del niño mimado, porque me da a mí que al lado de Milan Piqué Mebarak, Suri Cruise es Cenicienta.

 

Las tropas francesas toman Gao

Las tropas francesas toman Gao.

Soldados de élite y fuerzas malienses reconquistan el bastión yihadista de Gao.

París asegura que dará el relevo a las fuerzas panafricanas.

Una imagen de 2012 del aeropuerto de Gao. / ROMARIC OLLO HIEN (AFP)

Tropas francesas y malienses reconquistaron este sábado el bastión islamista de Gao, una de las tres principales ciudades del norte de Malí (junto a Tombuctú y Kidal), que se encuentra en poder de grupos yihadistas rebeldes desde hace un año
. Las fuerzas especiales galas habían tomado sin oposición antes un estratégico puente sobre el río Níger y el aeropuerto, situado a seis kilómetros de esa población de 85.000 habitantes, y según el ministro de Defensa francés, Jean-Yves Le Drian, los terroristas "sufrieron la destrucción de numerosos medios móviles y bases logísticas".
Las autoridades malienses informaron de que los combates en Gao habían estallado, y el Estado Mayor francés informó de que los islamistas "se habían refugiado en algunas zonas urbanas y lanzaban acciones de acoso abriendo fuego esporádicamente contra posiciones" francesas.
“Contingentes africanos formados por militares de Níger y Chad se dirigen a la zona para dar el relevo a las fuerzas que han conquistado Gao”, precisó un comunicado del Ministerio de Defensa francés.
El País
Según fuentes malienses, la mayor parte de los combatientes islamistas de Gao han dejado la ciudad en los últimos días, dirigiéndose al extremo noreste del país para escapar a los bombardeos aéreos franceses. Distintos testigos presenciales informan a las agencias de prensa que los islamistas abandonan "a toda prisa" las localidades atacadas por la aviación francesa.
París y Bamako no confirmaron si en el ataque a Gao participarán, como se dijo en principio, las tropas de Chad (1.500 soldados) y Nigeria (500), que deben llegar hasta la ciudad a través de la frontera con Níger. Fuentes oficiales nigerianas dijeron que estos militares, que según testigos van "fuertemente armados", dejaron el sábado el campamento de Ouallan, al norte de Níger, para avanzar hacia la frontera, situada a un centenar de kilómetros de Gao.
El jueves, cazas franceses bombardearon convoyes de islamistas cerca de Ansongo, junto a la carretera que bordea el río Níger, y los rebeldes dinamitaron un puente para tratar de impedir el avance de las compañías de Chad y Nigeria.
El primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, que este sábado se encontraba en Santiago de Chile para asistir a la cumbre entre la UE y Latinoamérica, anunció a la comunidad francesa de Chile que las tropas galas y malienses habían rodeado Gao "y pronto estarán en Tombuctú".
 Le Drian precisó que en este momento hay 3.700 militares franceses implicados en la operación Serval (Guepardo), y que 2.500 soldados están ya sobre el terreno en Malí.
Mientras tanto, en París, el intelectual Tzvetan Todorov abandonaba el coro de adhesiones y declaraba que la intervención francesa "solo será legítima si acaba la próxima semana"
. Ayrault recordó que Francia "no tiene intención de quedarse en Malí" y subrayó que el objetivo es que la fuerza multinacional africana, "que está en preparación, pueda tomar el relevo [de las tropas francesas], y que Malí emprenda un proceso de estabilización política".
Gao, Tombuctú y Kidal son las tres ciudades más importantes del norte de Malí, un inmenso espacio controlado hasta ahora por la alianza de rebeldes Tuareg y yihadistas reunida en torno a Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI).
 Gao es en concreto un feudo del MUJAO, el Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental. Este grupo anunció este sábado que estaba listo para negociar con Francia la liberación de un rehén francés que secuestró hace dos meses.
La estrategia de la reconquista franco-maliense avanza según lo previsto y sigue siempre el mismo patrón. Diez cazas Rafale y Mirage 2000 estacionados en Bamako y Djamena atacan de forma insistente las bases de retaguardia de los islamistas (puestos de mando, depósitos de munición y carburante), y las fuerzas especiales desplegadas sobre el terreno van liberando una ciudad tras otra, a menudo sin necesidad de entrar en combate directo.
Hasta ahora, en dos semanas de conflicto abierto, Francia solo ha registrado una víctima entre sus filas, un piloto de helicóptero que fue derribado por los islamistas el primer día de la Operación Serval (Guepardo), y de momento no ha informado de ningún herido.
París ha decidido enviar más tropas de tierra y material estos días, con lo que el despliegue superará pronto los 3.000 efectivos.
 Un Hércules español partió ayer hacia Senegal desde la base de Zaragoza con 30 soldados a bordo; los militares españoles ayudarán a trasladar a las tropas africanas de la Misión Internacional de Apoyo a Malí (MISMA) desde la base de Dakar hasta Bamako.