Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

7 dic 2012

Hubo una vez......

Hubo una vez, no hace mucho, en la Isla, como un destello de último juventud, de felicidad desprendida. Parte de la belleza del fulgor era que sabíamos, a plena conciencia, que nos habíamos despedido de la juventud en un tiempo remoto, tan remoto como la propia Isla.
Fue un fulgor que cubrió los valles y las aristas de aquella sustancia mítica que una vez, casi al comienzo de nuestra historia, descubrimos en medio de la náusea.
 Tenía la intensidad de la tierra húmeda de las veredas en diciembre, del azul oceánico entre las nubes blancas de los alisios, el brillo de la colina de San Roque cuando se asoma al Atlántico y, más allá del horizonte, reverbera otra vida, otra posibilidad, y también otra felicidad, que nunca llegamos a conocer.
Me conmueve traer ahora aquel destello último. Yo creo que muchos de los que participaron en las tardes estivales que rememoro para adentro, en los paseos por los áridos del Sur, de un modo inconsciente rechazaron después seguir mordiendo la alegría.
Las veces que he vuelto aquello no estaba triste, ni sumido en una luz superior, que pertenece a la Isla pero se mantiene escondida, como escondidas se encuentran las venas del volcán que la unen al lecho del océano para que no se desvanezca, para que no deje de existir como nosotros hemos dejado de existir en aquel instante de juventud.

Las últimas veces que he vuelto, aquello incluso vibraba con su vida propia remozada, comercial y bulliciosa, pero que ya no es la nuestra, la vida nuestra que hemos vertido hacia allá tanto tiempo, para que la Isla, y nosotros, se mantuviera.

En cierto modo, todas nuestras palabras, todo nuestro amor, han sido como las venas volcánicas. Y aquel relumbre de felicidad al que me refiero, la juventud del volcán diciendo su luz.
 
Jose Carlos Cataño

Me siento etraña


Pasión y muerte de una 'miss'


María Susana Flores Gámez, en una imagen del 26 de abril de 2012. / Gladys Serrano (AFP)
María Susana Flores Gámez mira de reojo a la cámara y mueve nerviosa el micrófono. Parece una niña emocionada con su próximo viaje a China para representar a México en un certamen de belleza. Tiene 22 años y lleva desde los 17 participando en concursos.
 “Pienso que me eligieron por mi piel, por ser morena, me han dicho que tengo la belleza mexicana”, decía a una televisión local de Sinaloa (México) hace solo 10 meses
 . De eso hace ya ahora demasiado tiempo.
Susy, como la llamaban, fue enterrada esta semana con su cetro y su vestido de reina en medio de un espectacular cerco militar en el pueblo sinaloense de Guamúchil.
 La muerte la encontró el último sábado de noviembre en un enfrentamiento entre presuntos narcotraficantes y el Ejército, en el que fallecieron otras cuatro personas
. Ella, que bailaba hip hop en las pruebas de talentos, viajaba en una de las camionetas en las que trataron de huir los delincuentes y murió junto al vehículo.
 A su lado hallaron un fusil AK-47.
La Procuraduría General de la República (PGR) está investigando los hechos para determinar si Susy disparó el cuerno de chivo, como se conoce al arma.
 Un funcionario de la PGR aseguró a la agencia AP, bajo condición de anonimato, que la joven bajó del vehículo con el fusil entre las manos y, aunque aún no se sabe si disparó, la investigación sostiene que fue usada “como una especie de escudo humano” por los pistoleros.
 Lo que sí parece claro es que era la acompañante o novia de uno de los sicarios, de los que aún se desconoce el cartel.
Los capos buscan mujeres bellas y las mujeres bellas buscan riqueza, poder y el prestigio que esa relación les da en ciertas comunidades”, explica el profesor Arturo Santamaría
La reina de la belleza y el capo hace tiempo que dejaron de ser la extraña pareja.
 El profesor universitario Arturo Santamaría Gómez, autor de El culto de las reinas de Sinaloa y el poder de la belleza, tiene constancia de que la tradición viene de largo, según él desde que la Señorita Sinaloa 1955 se relacionó con un narcotraficante estadounidense.
 También Ernesto Fonseca Carrillo, alias Don Neto, el famoso líder del desaparecido cartel de Guadalajara en los 80, se casó con otra miss, como lo hizo el líder del Cartel de Sinaloa, el actualmente perseguido Chapo Guzmán.
 Y así hasta nuestros días. “Ambos se buscan, los capos buscan mujeres bellas y las mujeres bellas buscan riqueza, poder y el prestigio que esa relación les da en ciertas comunidades”, explica Santamaría.
Los dos trampolines del éxito –belleza y narcotráfico- gozan de una inmejorable salud en este estado del Pacífico. El Chapo, el hombre más buscado del mundo, “nunca había tenido tanto prestigio como ahora” en algunas poblaciones, dice el profesor
. Tampoco los certámenes de belleza, que proliferan como setas en el estado de los 11 ríos
. De Sinaloa salen coronadas cada año multitud de misses, señoritas o reinas, que ven en el efímero título un “vehículo de ascenso social”.
Susy estudiaba Ciencias de la Comunicación en la universidad, pero en su currículo se amontonan los premios ganados en biquini. Modelo del año 2009, Mujer Sinaloa 2012 o representante de México en el Miss Oriental Tourism Contest. La organización del certamen Nuestra Belleza Sinaloa, en el que participó en junio, ha lamentado su muerte a través de su página de Facebook:
 “Nos encontramos consternados por la noticia, una joven hermosa, alegre y con un gran futuro por delante, descansa en paz Susy y que Dios te tenga en su santa gloria”.
Perdido en YouTube quedará para siempre el vídeo que grabó antes de viajar a China, animando a todas las jóvenes a participar en concursos de belleza:
 “Que se metan, que le echen ganas”. Desde el pasado miércoles, la joven de cara aniñada está enterrada en el pueblo que la vio nacer
. Con su corona, su cetro y, según recogen todos los medios locales, en “una fina caja de madera”.

“Dije no a Chanel. Tengo mi propia marca”


Laura Vela, diseñadora de bolsos de piel. / Luis Magan
Lo suyo se puede contar como un ejemplo del sueño americano
. A los cuatro meses de matricularse en Parsons, la reputada escuela de diseño de Nueva York, Laura Vela (Zaragoza, 1986) fue requerida al despacho de la directora.
 No se trataba, como temía, de una queja sino de una proposición: optar como diseñadora de bolsos a participar en la Semana de la Moda.
Tras un momento inicial de desconcierto, su cabeza empezó a dar vueltas.
 Contaba con una “colección” personal de unos 10 modelos a la que sumar el catálogo de amigas y familia, pero no se arredró.
 Se presentaban 3.000 candidatos y jugaba con una ventaja: la carrera de Empresariales —“mis padres, una pareja de ideas conservadoras, se empeñaron en que la acabara antes de iniciarme en el efímero mundo del diseño”— le había amueblado la cabeza lo bastante como para tener un enfoque claro de lo que quería hacer y la manera de lanzar el producto
. Resultó elegida junto con otros dos creadores. “Los americanos mueren por un titular: la más joven diseñadora de bolsos...
 Fue abrumador.
 Ver tus diseños al lado de la pasarela donde desfila Carolina Herrera...”, cuenta ahora a su paso por Madrid, en el curso de un viaje relámpago para presentar su colección de bolsos de la colección primavera-verano.
 Sin tiempo para casi nada, todo al modo ejecutivo, Vela bebe un sorbo de poleo y sale al jardín del hotel a posar para las fotos.
 “Mis profesores me dieron la idea pero me dejaron sola”, cuenta. “Allí las cosas son así. Tienes que ganarlo por ti misma. Sin enchufes ni amiguismo”.
A sus 25 años, la creadora vende la marca España
Los blogueros y los cazatalentos, aupados por los medios y las firmas como los gurús del momento en lo que a tendencias se refiere, la señalan como un valor en alza.
“Dos de mis modelos ya han sido copiados por una firma de moda española y eso ahora forma parte del éxito”, añade.
 Su cluth (bolso de mano) en amarillo ya ha salido en las fotos, sujeto en la mano de modelos y actrices, y ahora prepara una versión para el iPad.
 Con solo 25 años, Vela vende la marca España.
 Sus bolsos de cuero en colores atrevidos o tonos pastel, el accesorio de moda y “el que mejor define el carácter de la mujer”, se venden ya en tiendas en cuatro países diferentes y en España acaba de firmar para que se exhiban en unos grandes almacenes, junto a creadores ya consagrados.
 Hablamos de cifras pequeñas y de una producción anual de unos 200 modelos, con precios que van de 200 a 500 euros.
 Las pieles las adquiere en Argentina, las cosen en Colombia y la sede de su negocio se ubica en Nueva York.
 Ella y cuatro personas más componen una empresa en la que Laura Vela es “empresaria y diseñadora, y por ese orden”.
Además de emprendedora, se le nota que es puro nervio. “Mi situación es tan precaria que no tengo más remedio que agrupar todos los departamentos en uno”. Negocia con los proveedores, gestiona derechos de aduanas, busca el concepto creativo.
 Antes de lanzarse al diseño por su cuenta hizo prácticas en Prada y recibió ofertas de algunas de las firmas más emblemáticas en el mercado del lujo. Pero, dice, “no puedes trabajar para Chanel o Dior teniendo tu propia marca, al menos cuando no eres poco más que una becaria”, cuenta. “De momento, he preferido seguir mi camino. No sé si me arrepentiré”.