Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

11 nov 2012

El indómito corazón de 'El gran Meaulnes', de Alain-Fournier . Papeles Perdidos


Fournier_meaulPor J. ERNESTO AYALA-DIP
Una mañana de verano de 1905, un joven pasea a orillas de Sena. De pronto ve a una mujer que le llama poderosamente la atención. Esa mujer era la belleza personificada.
 El joven se le acerca e intenta, si no cortejarla sí saber todo lo que pudiera sobre ella. La bella mujer sólo le contesta que se llama Yvonne Quièurecourt.
 Y así como apareció, desapareció, en un abrir y cerrar de ojos.
El joven se llama Henri Alban Fournier. Tiene diecinueve años. Pero nosotros lo conoceremos siempre como Alain-Fournier, el autor de El gran Meaulnes.
Cuando leí esta novela por primera vez, todavía no se sabía dónde estaba enterrado su autor.
Se sabía que había muerto en 1914 a los veintisiete años, en Les Éparges, muy cerca de Verdún,  en acción de guerra. Al año siguiente de publicar su única novela. Recién en 1991 se descubrió su cuerpo enterrado en una fosa común alemana.
 Además de su consagrada novela (que dicho sea de paso se publicó el mismo año que “Las cuevas del vaticano, de André Gide y Por el camino de Swan, de Marcel Proust), Alain-Fournier dejó una novela inacabada, textos poéticos y un importante epistolario, entre el que se encuentra el que mantuvo con el escritor Jacques Rivière, cuñado suyo dado que estaba casado con su hermana Isabelle, a la que dedica “El gran Meaulnes.
Debo decir, antes que nada, que comparto absolutamente con el escritor francés Frédéric Beigbeder la extrañeza  que le causa las similitudes entre El gran Gatzby y El gran Meaulnes
. No solamente el título, que no deja de ser bastante notoria, sino también el uso de un narrador fascinado por el protagonista empeñado en un amor imposible.
 Con buen criterio Beigbeder se pregunta si Scott Fitzgerald no  habría leído antes de escribir su novela a Alain-Fournier.
 El relato falsamente autobiográfico de su narrador es en el fondo una especie de elegía a la pérdida de la pureza esencial, que decía un crítico argentino en los años setenta. Me interesa ahondar en otra idea de Beigbeder: dice el autor de “13,99 euros, que El gran Meaulnes es un canto al amor unilateral. Y que en cuanto el amor se hace correspondido, se convierte en una lata.
 Yo pienso lo mismo, aunque con un matiz. Es verdad que amar, al fin y al cabo, es amar el amor del otro. Sobre todo eso.
Comprobar que somos amados, para decirlo brutalmente, “nos pone”. Sentimos saciada nuestra enfermedad egocentrista. Pero Meaulnes ama como se ama en los sueños. Por ello tiene la novela de Alain-Fournier ese aire de encantamiento casi surrealista
. De encuentro y desencuentro doliente y a la vez mágico.
El gran Meaulnes es una novela de iniciación.
 Se convoca en sus páginas el amor absoluto, no solamente en la persona de su heroína Yvonne de Galais, sino en todas las Yvonne que le depare su desconocido destino aventurero.
 La obsesión del amor como motor vital, como ebriedad de la carne y el espíritu
. Se le rinde tributo incluso cuando muere, porque fue un día algo palpitante a lo que se le guardará infinita memoria.
 Alain-Fournier plasmó en su libro inmortal una alegoría de la experiencia amorosa. Recabó en sus recuerdos de adolescencia, la materia de su límpida y tenue trama. Trasladó su experiencia provinciana y lo hizo dibujando todos sus perfiles y aristas: la tierra, el color de las estaciones, la fiebre del verano, los diminutos ruidos de la noche y su silencio.
Al amparo del simbolismo fin-de-siècle,  Alain-Fournier no transige con el realismo. Y sin embargo escribe una novela de aventuras, aunque en el fondo sea en realidad una novela de aventuras espirituales. Agustín Meaulnes terminará encontrando lo que durante toda su adolescencia buscó desesperadamente.
Una vez alcanzado lo que parecía imposible para él, se nutre de nuevos deberes de su corazón indómito.  Partirá de nuevo hacia nuevas aventuras.
Las heridas y el éxtasis de nuevas búsquedas que arrastrará consigo y así hasta el fin de sus días. Fantasía y realidad a partes iguales, El gran Meaulnes les parece a algunos estudiosos, no sin razón, la novela más lírica de Truman Capote, Otros voces, otros ámbitos.

Una duda o una certidumbre....

El acecho no me permite escribir. O: No escribo, por acecho. Ya dudo. Ya me quedo pensando; ya dejo para luego el escribir. En realidad me paso todo el día pensando y pensando también en qué podría escribir. Así dicho es como si fuera nada más que una máquina pensante, cuando la mitad de los pensamientos se disipan en las orillas. Quizá fuese más acertado decir que me paso el día mirando.
Todo es aplazamiento. De eso se trata. A veces escribo lo que podría ser un poema y la hoja se queda por alguna esquina. Me digo: Ya volverá. Ya seguiré. Aplazamientos. Es como si me sentara al borde de mi vida a contemplar el cielo tocando el mar. Ya saldrá otra vez el sol. Ya seremos de nuevo. No sé cuándo. 
Las anécdotas se disipan. Los hechos políticos, sociales, económicos..., resultan trágicos, pero uno los afronta con descreimiento. Para qué escribir sobre eso...
 A John Kuehn le han dado un premio de poesía en Tenerife, y hubiera querido hablar de eso.
 Pero lo aplazo. De Ramón Chantre (en la revista Literradura, Barcelona, 1976) o Ramón Chantri (A un pueblo sin aurora, Tenerife, 1978) algo dije en Los que cruzan el mar.
 Pero ha habido más en sus cartas, en sus manuscritos (en los poemas que me envió para que precisamente los colocara en Àrtics, la revista a la que hago referencia en lasendadetartaria.blogspot.com.es/), que en lo que dejé dicho en aquellos diarios.
 La de veces que con A. G. nos preguntábamos sobre su suerte. No escribí nada de su relación con T., de su hijo. Desapareció de Barcelona. Apareció por Puerto Sagunto. Luego, nada.
Un día nos tropezamos en Las Palmas, hará cosa de pocos años. Tendré que llamarlo -con lo que me cuesta descolgar un teléfono- y felicitarlo de veras. Con la vida tan dura que ha tenido. Cuando tantos ya se han quedado por el camino o en el silencio  quebrado de los espejos, como el mismo A. G. Aquellos chicos difíciles, en aquella expresión que tomó de mí Carlos E. Pinto en un texto sobre el pintor Cándido Camacho, y que a mí vez se la escuché a A. G.

Habría que escribir la historia de aquellos muchachos difíciles..., la de aquella La Laguna que se desbordó y a unos cuantos nos desparramó por Barcelona y Nueva York; la que se tragó a otros en su silencio de piedra y agua eternos.
Es extraño que un fantasma vuelva a surgir, y siga en la normalidad no de mi vida o de la suya, sino en la del mundo que sigue. Como si ni siquiera mi otra vida, ese otro gran fantasma, hubiera ocurrido.
Del Diario Virtual de Jose Carlos Cataño.

El bastión de la ‘marea blanca’

La Princesa se ha convertido en emblema de la resistencia a las medidas privatizadoras de la sanidad de Ignacio González.

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Detalle de la bata de un trabajador de La Princesa. / CARLOS ROSILLO
“¿Has visto que te hemos saludado desde fuera? Eres ya un VIP”, le dice el médico al entrar a Justo Jiménez, de 65 años, que sonríe halagado en su habitación de la tercera planta del hospital de La Princesa. Está aislado porque el tratamiento de su cáncer de próstata le hace especialmente vulnerable a las infecciones. “No puedo salir; si no, estaría allí abajo en las protestas todos los días”, cuenta. Cada poco abre la ventana y coloca bien la pancarta que el viento ha revuelto: “La Princesa es como nuestra casa. No debemos hipoteca, no nos desahuciéis. Un paciente”, se lee en una sábana escrita con rotulador y pegada al alféizar con esparadrapo.
Jiménez ingresó al día siguiente del anuncio del Gobierno regional que ha puesto patas arriba a toda la sanidad madrileña. Junto con los Presupuestos de 2013, Ignacio González proclamó la privatización total de la gestión de seis hospitales construidos hace apenas cinco años, la externalización de 27 centros de salud, la entrada de empresas en los servicios no sanitarios de todos los hospitales madrileños, la transformación del Carlos III en hospital de media y larga estancia y la conversión de La Princesa en centro especializado en mayores de 75 años. El día 1, festivo, Jiménez se encontró que su hospital ya estaba en lucha
. Al día siguiente, sábado de un puente, una asamblea multitudinaria decidió iniciar un encierro. La mecha había prendido.
La Princesa es solo uno de los muchos centros amenazados. El peligro, en su caso, no es la privatización —de momento—, sino el desmantelamiento de un hospital con 160 años de historia, puntero en docencia e investigación que ofrece 40 especialidades a una población de 300.000 habitantes. Y, sin embargo, se ha convertido en símbolo de toda la lucha de la sanidad pública. Sus trabajadores -desde el jefe de servicio hasta la celadora- y sus pacientes fueron los primeros en movilizarse.
 El incendio prendió primero en el Infanta Leonor de Vallecas y el hospital del Henares, en Coslada. Y después se extendió a todos los demás: encierros, concentraciones, marchas…
La sanidad madrileña está en llamas. Lo sabe bien Justo Jiménez, que desde su habitación silba y grita como si estuviera con los demás cortando la calle de Diego de León o Francisco Silvela. Y también lo saben en el Gobierno regional. El consejero de Sanidad, Javier Fernández-Lasquetty, ha evitado sus habituales visitas a los hospitales esta semana. El Gobierno está solo en esto. Los sindicatos en pleno, la oposición, las sociedades científicas, el Colegio de Médicos, asociaciones de pacientes… Todos han rechazado, y algunos de manera muy contundente, las medidas del llamado Plan de medidas de garantía de la sostenibilidad del sistema sanitario público.
"Vengo cada dos por tres por infecciones
. Con 40 de fiebre. Aquí me conocen y saben lo que necesito. Si ahora me quitan la urgencia, ¿a dónde voy? ¿Qué hago? ¿A otro hospital y otro médico cada vez? Tengo un historial que es una enciclopedia", dice Jiménez.
 Su problema de salud le obligaba tan a menudo a ingresar en La Princesa que hace un año se mudó a un piso cercano. Lo decidió también por sus hijos, que trabajan, y de los que no quería estar dependiendo. "Fíjate lo que me supone a mí que me manden a otro sitio. Tengo la constancia de que científicamente han hecho por mí lo imposible. Y humanamente ni te cuento. Sé que este es solo mi problema. Pero como yo habrá miles".
Exteriores del hospital de La Princesa tapizados con pancartas. / CARLOS ROSILLO
Yolanda Otero, de 62 años, no teme por su puesto como enfermera. Tiene plaza, aunque comparte su jornada con compañeras interinas o eventuales. Esta vez no se trata de empleos, que también, ni de condiciones laborales, asegura tras tomarle la tensión a Jiménez. Se podría decir que el movimiento de protesta, la llamada marea blanca, es a la vez altruista y egoísta. “Estamos aquí por la sanidad pública. La sociedad no puede perder lo que hemos ganado en todo este tiempo. No podemos pagar la mala gestión de algunos. Esto es un retroceso de 40 años
. Como no nos movamos, todos, nos quedamos sin sanidad pública”, predice. Por eso, en realidad, la lucha es interesada: todos somos pacientes
. “Tengo más miedo como usuaria que como médico”, sostiene Patricia Alonso, geriatra del hospital Infanta Leonor.
Se les llama los nuevos hospitales porque, en un alarde inaugurador sin precedentes, Esperanza Aguirre consiguió abrirlos todos casi a la vez, en 2008
. Muchas voces se alzaron entonces contra la conveniencia de levantar seis nuevos hospitales de agudos. ¿Eran necesarios? ¿Se diseñaron en base a algún plan? Debió de haberlo, pero nunca llegó a la opinión pública
. Ahora, solo cuatro años después, resulta que sobran dos centros de agudos, que se reconvierten: el Carlos III y La Princesa. Y los nuevos, levantados mediante concesión administrativa con contratos a 30 años, pasan a manos privadas. “Sin reformas se hundiría la sanidad pública”, aseguró Lasquetty esta semana en la Asamblea.

Un plan privatizador

» Privatización total de la gestión de los nuevos hospitales (Infanta Leonor, I. Cristina, I. Sofía, Sureste, Tajo, Henares).
» Externalización del 10% de los centros de salud. Preferentemente, con gestión de los profesionales agrupados en sociedades; de no concurrir, concurso para empresas.
» Transformación de La Princesa en centro especializado en mayores de 75 años y del Carlos III (actualmente puntero en enfermedades infecciosas, entre otras) en centro de media y larga estancia.
» Externalización de todos los servicios no sanitarios (cocina, lavandería) de todos los hospitales y privatización de la gestión de la Lavandería central.
PSOE, IU y UPyD dudan de que sean estas las reformas que la vayan a salvar. Incluso el Colegio de Médicos, tradicionalmente poco crítico con el Gobierno regional, ha rechazado “de forma rotunda” las medidas anunciadas por Ignacio González. Lo mismo que los sindicatos (Satse, CCOO, Amyts, Csit-UP, UGT y Usae) que, en un comunicado conjunto, denunciaron que se trata de “una ofensiva privatizadora sin precedentes en el sistema sanitario público madrileño que dinamita el sistema madrileño de salud”. “Las empresas están para hacer negocio, eso está claro”, dice una enfermera del hospital del Sureste, en Arganda, que, como es interina, pide anonimato. “Y eso repercute en el paciente. Nosotras somos tres para 30 camas; compañeras de la privada nos cuentan que allí solo hay una, sobre todo por la noche”.
Hace días que pancartas improvisadas inundan los hospitales. “En venta”, dicen los que decoran los pasillos de los nuevos, los de gestión semiprivada.
 “Este es tu hospital, defiéndelo”, dicen otros. Incluso centros a los que no han llegado tan directamente los recortes se han movilizado. En la fachada del hospital infantil Niño Jesús, frente al parque del Retiro, anuncian que, dentro, hay trabajadores encerrados “en defensa de la sanidad pública”. Unas 400 personas salieron ayer en Aranjuez bajo el lema “La sanidad no se vende, se defiende”. Todos los servicios no sanitarios en todos los hospitales serán prestados por empresas, anunció también González. La lavandería que lava la ropa de los hospitales públicos, con más de 350 trabajadores —más de la mitad, temporales—en Mejorada del Campo, también se privatiza. Cuanto más se sabe, más arrecian las protestas.
Justo Jiménez, uno de los pacientes que apoya las protestas contra el desmantelamiento de La Princesa, en su habitación. / CARLOS ROSILLO
Y más solo se queda el Gobierno regional.
 Distintas fuentes consultadas por este diario, algunas en puestos directivos, se preguntan quién ha diseñado este plan. Lo ha hecho sin contar con sociedad médica alguna, ni con el Colegio de Médicos, ni siquiera con los directores gerentes de los centros afectados: algunos se enteraron pocas horas antes que la prensa
. Estas fuentes apuntan a una persona, el director general de Hospitales, el médico Antonio Burgueño, como el ideólogo del plan. Fue director médico de la aseguradora privada Adeslas (1990-2001) e ideó el proyecto del hospital de La Ribera de Alzira, en el que se ha inspirado el Gobierno madrileño para crear los hospitales de gestión privada de Valdemoro, Torrejón y Móstoles. El Gobierno regional aduce razones económicas para explicar los cambios. La gestión privada es más eficiente, repiten sus altos cargos.
Este diario ha solicitado los estudios, o incluso únicamente los datos que justifiquen esa afirmación. No ha obtenido respuesta.
Tampoco la han obtenido los partidos de la oposición en la Asamblea. La única cifra que repite el Gobierno regional es que la gestión privada cuesta 441 euros de media por paciente y año, frente a 600 en la pública.
 Una comparación que los expertos tiran por tierra porque no tiene en cuenta la complejidad de los procesos. “Lo que se les complica en el de gestión privada nos lo mandan aquí”, dice un cirujano de La Princesa. “No es lo mismo un trasplante que enyesar una pierna rota”, apunta otro médico.
La Princesa es precisamente uno de los hospitales con más complejidad de Madrid. Según la última memoria del Servicio Madrileño de Salud (Sermas), de 2011, es el que tiene el mayor peso medio. Los nuevos, en cambio, los que menos. Unos 5.500 profesionales sanitarios se verán afectados por el paso de la gestión pública a la privada de los seis hospitales abiertos en 2008, según datos sindicales. Los sanitarios (médicos, enfermeras, técnicos...) con plaza fija irán a otros hospitales de la red pública, con lo que desplazarán a los interinos.
 Para los que no tienen plaza, el panorama es más sombrío: el despido o, con suerte, la contratación a cargo de la empresa que gane el concurso.
Algunos detalles parecen demostrar la improvisación de estas medidas. Solo unas horas antes de la rueda de prensa en la que González anunció el cambio de modelo, el 31 de octubre, médicos que había superado las últimas oposiciones escogían su plaza de medicina interna.
 Decenas de ellos eligieron los nuevos hospitales. Un rato después se enteraban de que esa plaza deja de existir. Médicos contratados por empresas ocuparán su lugar y ellos irán a parar a hospitales tradicionales como La Paz o el Gregorio Marañón, a su vez desplazando a los interinos.
 La oposición de interna es el ejemplo más extremo, pero en los últimos meses médicos de otras especialidades han estado eligiendo plazas para hospitales sin saber que iban a ser privatizados.
Los médicos asociados en AFEM, de reciente creación y sin vínculos políticos ni sindicales, han convocado una huelga para la última semana de noviembre. La geriatra Alonso explica por qué: “Necesitamos que los pacientes sepan que lo hacemos por ellos, porque sabemos lo perversos que son los sistemas de incentivos de la sanidad privada. Es una cuestión de responsabilidad”.

 

La pesada losa de un crimen

Veinte años no son nada. O un mundo
. Como en tantos otros pueblos de la periferia de Valencia, en los accesos a Alcàsser, que suma ahora unos 2.000 habitantes a los 7.000 y pico que tenía en 1992, están visibles las cicatrices de la eclosión urbanística. Pisos y adosados nuevos, muchos por vender. En el centro, por el contrario, perviven bonitas casas bajas huertanas, de fachadas coloridas y el típico enrejado de la zona. No hay rastro del aniversario: ni carteles, ni homenajes. En el ayuntamiento se anuncia una muestra “agroalimentaria”. Mientras, en el pulcro cementerio de Alcàsser, en el extraño monumento erigido a la memoria de las niñas, no hay carteles, ni ramos, ni recordatorios.
Es día de mercado. Cae una lluvia fina y molesta. Y en los corrillos la gente habla del tiempo, de las hipotecas o del euro por receta. En un bar, seis mujeres toman café. Preguntamos por el aniversario. “Yo no vivía aquí cuando pasó”, se excusa una. “Nunca consigo acordar si fue en el 92 o en el 93”, contesta otra. El resto baja la cabeza. Hay un silencio incómodo que una de ellas rompe secamente: “Yo sí me acordaba. Mi hija tiene la misma edad". “Para los padres es muy duro remover todo esto”, alegan. Alguien retoma la conversación donde la dejaron. No quieren decir nada más. La escena, con variaciones, se reproducirá unas cuantas veces. Casi nadie quiere hablar. Y quien lo hace pide por favor que no se diga su nombre, ni su edad, ni su actividad. Nada que les identifique. Se excusan en la proximidad a las familias.
“Si preguntas, nadie te dirá que es una fecha importante. Es una cosa que no recuerda casi nadie si no haces referencia. Cuando el décimo aniversario se hizo una misa por las niñas, y no fue más gente que los feligreses habituales”, explica Josep P. Gil, psicólogo municipal y una de las personas que atendió a las familias. “La gente no tiene interés. Te mirarán con cara rara si les dices que es el vigésimo aniversario. ¿Qué te van a decir? Que fue muy fuerte, que pobres familias, pero poco más. No tienen ganas de remover el tema”. ¿Por el estigma? “Sí. Lo peor era que cuando decías que eras de Alcàsser, te contestaban: ‘Ah, el pueblo de las niñas’.
 No era agradable. El problema es que nos hicieron famosos por ser víctimas, que eso algún padre lo pudo aprovechar, pero no era lo adecuado. Está bien que los medios de comunicación recuerden estas cosas, pero que no se recreen, que no le pongan el micrófono a las víctimas”, pide Gil.
Porque en Alcàsser no se olvida el tratamiento televisivo de hace 20 años, el calvario retransmitido en directo tras la aparición de los cuerpos de las niñas.
 Entre el programa De tú a tú, de Antena 3, y ¿Quién sabe dónde?, de TVE, consiguieron aquella noche una audiencia de 17 millones de espectadores. Con un precio muy alto. Especialmente
De tú a tú, presentado por Nieves Herrero, muy incisiva a la hora de conseguir que las familias y los vecinos de las niñas desnudaran sus sentimientos en directo, cosechó durísimas críticas por su sensacionalismo. “En el momento que eres víctima, estás receptivo a cualquiera que te haga caso y te haga sentir importante, te dejas llevar. Te hacen sentirte importante de momento. Pero luego llega el día a día y es muy duro”, razona Gil.
El pueblo no olvida el calvario retransmitido en directo tras la aparición de los cuerpos de las niñas
Alcàsser continuó mucho tiempo bajo el foco: las contradicciones en la investigación; la rocambolesca fuga de Antonio Anglés, considerado el autor material de los asesinatos, al que se le pierde la pista en un navío que se dirigía a Irlanda; y el enrevesado y largo juicio en el que su cómplice, Miguel Ricart, el único condenado —a 170 años de prisión, por rapto, asesinato y violación—. Todo esto alimentó teorías alternativas sostenidas por el padre de Miriam, Fernando García, con el apoyo del criminólogo Juan Ignacio Blanco. En ellas, Anglés y Ricart, residentes en la vecina Catarroja, no eran los asesinos, sino los encargados de secuestrar a las niñas para que, supuestamente, personajes influyentes sofocasen con ellas sus más salvajes y macabros instintos.
Programas de televisión como Esta noche cruzamos el Mississippi, de Pepe Navarro, en Tele 5, o el espacio El juí d’Alcàsser, en Canal 9, entre otros, alimentaron la rueda durante los cuatro meses largos del proceso. Espacios diarios
. Centenares de horas de programación, de testimonios, de debates.
De juicio paralelo en el que se comprometía la honorabilidad de policías, políticos, jueces o fiscales. En junio de 2009, García y Blanco fueron condenados por las “injurias y calumnias” vertidas en El juí d'Alcàsser. Más de 600.000 euros de indemnización entre los dos.
Todo aquello hizo mucho daño.
Y sobre los familiares que todavía residen en el pueblo se ha tejido un halo de protección. Nadie quiere reabrir heridas
. El dolor persiste, pero la vida, de alguna forma, ha seguido su curso.
El padre de Desirée y la madre de Miriam murieron hace tiempo. Del resto, tres viven en Alcàsser.
Los padres de Toñi, ya jubilados, tienen nietos a los que llevan al colegio.
Rosa Folch, la madre de Desirée, que quedó viuda, también tuvo un nieto “que le ha dado la vida”, cuentan. Mientras, Fernando García, enfrentado a las familias de Toñi y Desirée por la sobreexposición mediática y por la oscura gestión de una fundación que, supuestamente, recaudaba generosos fondos para la persecución de la corrupción de menores, hace tiempo que no vive en Alcàsser.
 No era de allí y “nunca estuvo muy integrado”, dicen en el pueblo
. García llegó a tener un negocio de colchones en Catarroja, muy cerca de donde vivía la extensa y peculiar familia de Anglés, con la que tenía un trato bastante directo.
 Neusa Martins, la madre de Antonio Anglés, brasileña de origen, reapareció hace pocos días en una entrevista en Abc para renegar de su hijo (“si me dijeran que aún vive, no querría saber nada de él”, llega a decir) y para aventurar que murió en aquel barco que le llevaba de Portugal a Irlanda, que debió de caer al agua y morir bajo las hélices. Eso dice.
Por su parte, el Tribunal Supremo estableció en enero de 2011 que Miguel Ricart seguirá en prisión hasta 2023 por la aplicación de la llamada doctrina Parot, que establece que los beneficios penitenciarios han de ser aplicados sucesivamente a cada una de las condenas impuestas y no a una.
La noticia fue acogida con alivio en Alcàsser. Pero también despertó recuerdos. Puede que, con el 20º aniversario, el circo se movilice de nuevo.
 No será bien recibido. “Sobre ese tema no te voy a contar nada”, contesta un joven más o menos de la edad que tendrían ahora Miriam, Toñi y Desirée. Es un tema que hiere. Se retira y masculla algo entre dientes sobre “remover la mierda”.
Una losa muy pesada todavía.
Y un misterio que seguramente no lo es si no se hubieran revuelto tantas pruebas de esos "Yonkys" o quizás hay "alguien" que no quieren que hablen....Alguien que repetirá ese ritual que hizo y hará con niñas.