Abc lo dice muy alto y muy claro: “Rajoy dirá no al trágala de Mas”. Es decir: “El Gobierno rechazará su pacto fiscal y el presidente catalán podría adelantar elecciones”. Pero me encanta este sumario: “La crisis no empaña la buena reputación de España ante el G-8. Ocupa el puesto 16 de 57 países, por delante de naciones como Francia y EE.UU., según un estudio”. Fuente: la consultora Reputation Institute. Pues nada, que estamos como queremos. En La Razón, un par de cosas, todas ellas provenientes de la presencia de María Dolores de Cospedal en La Razón. La primera, que según el diario, “la secretaria general del PP frena las aspiraciones independentistas de la Generalitat”. Una tontería, claro. Afirman que Cospedal declaró que “El futuro de Cataluña lo deciden todos los españoles”, tal y como ven...También escenifica el “firme apoyo a Ignacio González” como sucesor de Esperanza Aguirre. Con la que está cayendo, ¿alguien tenía alguna duda de que el PP se iba a meter en otro fregado más? El Mundo titula que hay una “Ofensiva de Rajoy para que los empresarios no apoyen a Mas”. Anuncia también una entrevista con Julio Iglesias. La Gaceta informa: “Mas convocará elecciones en Cataluña el 25 de noviembre o el 2 de diciembre”. Hoy, a lo mejor, lo confirmamos.
20 sept 2012
LAS FACHADAS
Abc lo dice muy alto y muy claro: “Rajoy dirá no al trágala de Mas”. Es decir: “El Gobierno rechazará su pacto fiscal y el presidente catalán podría adelantar elecciones”. Pero me encanta este sumario: “La crisis no empaña la buena reputación de España ante el G-8. Ocupa el puesto 16 de 57 países, por delante de naciones como Francia y EE.UU., según un estudio”. Fuente: la consultora Reputation Institute. Pues nada, que estamos como queremos. En La Razón, un par de cosas, todas ellas provenientes de la presencia de María Dolores de Cospedal en La Razón. La primera, que según el diario, “la secretaria general del PP frena las aspiraciones independentistas de la Generalitat”. Una tontería, claro. Afirman que Cospedal declaró que “El futuro de Cataluña lo deciden todos los españoles”, tal y como ven...También escenifica el “firme apoyo a Ignacio González” como sucesor de Esperanza Aguirre. Con la que está cayendo, ¿alguien tenía alguna duda de que el PP se iba a meter en otro fregado más? El Mundo titula que hay una “Ofensiva de Rajoy para que los empresarios no apoyen a Mas”. Anuncia también una entrevista con Julio Iglesias. La Gaceta informa: “Mas convocará elecciones en Cataluña el 25 de noviembre o el 2 de diciembre”. Hoy, a lo mejor, lo confirmamos.
Blog El Ojo Izquierdo
Y allá, al frente, el artículo 155
Por: José María Izquierdo
Seguro que muchos de ustedes se lo saben de memoria, pero he creído conveniente que antes de leer hoy este Ojo tengan delante el texto exacto del artículo 155 de la Constitución. Para saber de qué hablamos: “1.Si
una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la
Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente
gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo
requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no
ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá
adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento
forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado
interés general. 2. Para la ejecución de las medidas previstas en el
apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las
autoridades de las Comunidades Autónomas”. Por familiarizarnos, que hoy se entrevistan Rajoy y Mas en La Moncloa, nuestros chicos escriben lo que escriben y hay que dar el libro de instrucciones…
¿Saben aquél que llega Carrillo al cielo…? Pues ya verán cómo lo cuenta el padre José Antonio Fortea. Ave María purísima.
Editorial largo en Abc, lo que podríamos traducir por solemne: “Cita con la Constitución”. Sumario: “Cuando
está en juego la unidad nacional y la continuidad constitucional del
Estado, el Gobierno de la Nación no puede ni debe descartar de antemano
ninguna medida prevista por la Constitución”. La cosa va en serio: “Si
la Constitución es la réplica al independentismo, debe serlo en toda su
extensión y con todos sus recursos, incluidos los que, como el
mecanismo de protección nacional previsto por el artículo 155, provocan
tanta reacción asustadiza. Cuando están en juego la unidad nacional y la
continuidad constitucional del Estado, el Gobierno de la Nación no
puede ni debe descartar de antemano ninguna medida prevista por la
Constitución”. ¿Saben aquél que llega Carrillo al cielo…? Pues ya verán cómo lo cuenta el padre José Antonio Fortea. Ave María purísima.
Isabel San Sebastián arranca con el canto debido a la gran lideresa, que todavía no había tenido la oportunidad de hacerlo. Con lo que es ella. Dice que “se nos ha marchado una gran dama”. Y es que a todo hay que echarle principios, que la falta de ellos puede tener graves consecuencias: “El exceso de confianza conduce inevitablemente a la molicie y, de su mano, a la derrota. Ahí está, a modo de ejemplo y de metáfora, la caída de la civilización romana con su corolario de barbarie”. Pues ahora, lo mismo. Se va Esperanza Aguirre y puede pasar de todo. ¡Qué horror, las tribus del norte! Como diciendo.
El editorial de El Mundo parece quitar hierro a la cosa: “Mas sólo busca el pretexto para las elecciones”. Y dice que lo hace porque “necesita justificar el victimismo (…) y, en definitiva, enmascarar el fracaso de su gestión, ya que en dos años no ha logrado enderezar el desastre de las cuentas públicas”. Menciona a los empresarios catalanes como posible ayuda a Rajoy frente a Mas: “Para nadie es un secreto la extraordinaria sensibilidad de los nacionalistas catalanes hacia la opinión del empresariado”. Será que el PP es impermeable a la opinión de la CEOE… Y aunque sea por personaje interpuesto, también tenemos cita del artículo 155, que si “las palabras no bastan, la portavoz de UPyD le recordó a Rajoy en el Congreso que la Constitución que juró tiene un artículo 155…”.
Algo sobre Carrillo. Frase de Arcadi Espada en El Mundo: “Carrillo fue un producto de los medios. No fue nada real en la vida de España. Pero fue noticia”. Espada, ya saben, mata por una frase. ¿De verdad que Carrillo no fue nada real en la vida de España? Salvador Sostres, aunque a primera vista lo parezca, no habla de Carrillo. Pero tiene también otra gran frase. Lean: “Delatar a comunistas fue y siempre será una higiene fundamental”. No se lo van a creer –o sí, viniendo de tal luminaria- pero está hablando de Romney –“tiene toda la razón”, frente a Obama, que “ha traicionado con su intervencionismo los valores americanos más esenciales”. Para acabar con Santiago Carrillo, Pío Moa en Intereconomía: “Los panegíricos sobre Carrillo con que se sueltan izquierdas y derechas ‘democráticas’, revelan una elección política funesta, la de unas gentes que traen lo peor para el país. No en vano son los causantes de la ruina económica y más que económica que padece España”. Ya está.
En La Razón no mencionan hoy el artículo 155 porque llevan semanas haciéndolo. “Oportuna la afirmación de Cospedal: el futuro de España lo deciden todos los españoles”, es el sumario del editorial, que para qué vamos a decir otra cosa, es bastante insustancial. En la primera página, sin embargo, la frase es "El futuro de Cataluña lo deciden todos los españoles", como ya verán después. Que no es lo mismo. Quien sí recuerda el 155 es el general (retirado) Luis Alejandre unas cuantas páginas más adelante. Un párrafo: “Viene a mi memoria aquella decisión de nuestro octavo rey godo, Teodorico, que profesaba gran devoción hacia la religión arriana. Su hombre de confianza, una especie de primer ministro, era católico y con tal de agradar a su señor se convirtió al arrianismo. ‘Si ha sido capaz de traicionar a su Dios, no tardará de traicionarme a mí’, justificó el rey godo al ordenar su ejecución”. Hay que ver cómo era Teodorico…
Y vamos con los aledaños, que hoy el catavenenos está de un educado que da asco. Román Cendoya, en La Gaceta, le pega duro al 155: “Es difícil encontrar gentes más intolerantes y totalitarias que los nazionalistas periféricos que pululan por España. A menudo he pensado que los líderes nacionalistas eran unos cortijeros aprovechados que jugaban con la simpleza del pueblo, para hacerse con una importante cuota de poder mientras engordaban su patrimonio y cuentas muy por encima de lo legalmente razonable (…) No pueden imaginar –no les da– que hay ideologías intelectualmente muy superiores a la suya que se fundamenta en el infantil ser y querer. Hoy Mas, con la fuerza que le han dado miles de palmeros, presenta su proyecto a Rajoy (…) Esta 'independencia es propia de un idiota de diccionario –se le pueden aplicar las cuatro acepciones-". Y, por fin: "A Rajoy le toca aplicar la ley (…) En la Constitución, que ha jurado cumplir y hacer cumplir, tiene el artículo 155 y otro que habla de las FF AA como garantes de la unidad nacional. ¿Se atreverá?”.
En Libertad Digital atizan a la Casa Real, como ya es habitual, que el comunicado del Rey es blando y publicado a destiempo. El editorial se titula “Demasiado poco, demasiado tarde”: “Sólo comparada con el impertérrito y vergonzoso silencio que mantiene el presidente del Gobierno, y sólo como forma de desmarcarnos de las críticas que los nacionalistas han dirigido a don Juan Carlos, nos puede parecer adecuada la carta de cuatro párrafos, plagados de lugares comunes, que el Rey ha hecho pública en una web de Zarzuela. El escueto y vago escrito real no está a la altura de esa función moderadora ante el radical desafío secesionista que lidera el actual presidente de la Generalidad, Artur Mas. Ni en la forma ni el fondo. La pusilanimidad alienta el radicalismo, y al discurso del Rey le falta firmeza en el fondo y solemnidad en la forma como para pensar que llegue a ser capaz de moderar a quienes están instalados en plena deriva separatista. Una firmeza que, además, hubiera sido necesaria mucho antes”. Para que vayan vendiendo la web en la Casa Real...
Pero la vida es variedad, diversidad, multiplicidad de hechos y acaeceres. ¿Saben, ustedes, por ejemplo, que la esposa de Fernando Sánchez-Dragó, la japonesa Naoko, ha traído al mundo a un varón, cuarto hijo de nuestro admirado corneta, en casa, con comadrona y sin ginecólogo? Hay un amplio reportaje –también gráfico- en El Mundo sobre el acontecimiento familiar, contado en primera persona por Sánchez Dragó. Solo les adelanto que el niño –lo supo el escritor que era tal “cuando le vio el pito”- se encuentra bien y va a recibir el nombre de “Akela, como el lobo jefe de la manada de Seoonee que acogió a Mowgli”. Y así le saluda Dragó: “Akela, tú y yo, cachorro de hombre, somos de la misma sangre”.
Y déjenme recomendarles, antes de finalizar, la lectura de un interesantísimo artículo de Carmelo Jordá, en Libertad Digital, en el que podrán conocer los muchos beneficios que nos traerá Eurovegas, frente a los innumerables desastres que nos caerán si Madrid logra hacerse con los Juegos Olímpicos de 2020. “Sí al juego, no a los Juegos”, se titula. Esclarecedor.
19 sept 2012
Ya tengas hecho un pacto
Tal vez tú con la vida
ya tengas hecho un pacto,
de esos que no los borra
ni el tiempo ni un tsunami.
Y yo esté aquí a tu sombra
cual Lázaro inservible
llevándote por sitios
que tú ya bien conoces,
temblando cuando cruzas
un río inexistente.
18 sept 2012
¿Volvemos a los tiempos del miedo?
El 60% de los españoles estima que el juez Garzón es víctima de una
persecución. Yo estoy entre ellos y aunque yo no lo soy tengo la
satisfacción de saber que muchos reputados juristas piensan lo mismo.
Pero lo más extraordinario es que más allá de nuestras fronteras, en
Europa y América, por no decir en el mundo entero, la opinión pública
también protesta la sentencia de nuestro Tribunal Supremo y los más
prestigiosos medios de comunicación extranjeros la comentan con sorpresa
y reserva.
En el caso del juez Garzón, se ha hecho un montaje sumamente aparatoso, tres juicios seguidos con cargos de lo más diverso, dando la impresión de que si no se le hundía en el primero lo sería en el segundo o en el tercero, no había escapatoria.
Consumado lo que tiene todas las apariencias de un error judicial, de una especie de caso Dreyfus a la española, comienza a levantarse una campaña en la que participan autoridades políticas y judiciales que pretenden cerrar la boca ahora a los que exponen dudas o críticas a esa sentencia. Se dice que estamos arruinando el crédito y la autoridad de uno de los poderes del Estado y que esto es un ataque a la Democracia como si se tratase de hacernos callar, de intimidarnos. ¿Es que acaso los ciudadanos no tenemos derecho a criticar la sentencia de un tribunal o cualquiera de las decisiones de uno de los poderes del Estado?
Eso es lo que sucedía en tiempos del juez Eymar, pero no lo propio de un Estado auténticamente democrático. Hasta ahora en este país hemos tenido amplia libertad para criticar a los poderes públicos. Cierto que las leyes aprobadas por el Parlamento, las sentencias de los tribunales, se han aplicado, pero unos y otros las hemos criticado con toda libertad y hemos reclamado su anulación en el ejercicio de un derecho ciudadano. Hasta aquí nadie ha ocultado sus opiniones. Hemos censurado seriamente, desde la derecha y desde la izquierda, lo que considerábamos errores del Gobierno de Rodríguez Zapatero sin que nadie se escandalizase.
Hemos puesto verde a la llamada clase política. Hemos denunciado el peligro del alejamiento entre las instituciones, los partidos políticos y el ciudadano en el curso de la crisis económica que tan intensamente sufre España. Hemos criticado algunas decisiones del Tribunal Constitucional. Últimamente, el CIS, en su encuesta de opinión, ha hecho público que el 70% de los españoles tienen poca o ninguna confianza en el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Un miembro de la familia real está bajo la seria imputación de un juez, y prensa y ciudadanos lo comentan libremente.
Y de repente se intenta cerrar la boca a los que consideran injusta la condena del juez Garzón, el hombre que procesó a Pinochet precipitando su caída, que apoyó a las víctimas de la opresión fascista en Argentina, que impulsó la causa de la rehabilitación de las víctimas del franquismo y a la vez persiguió eficazmente al terrorismo etarra, al narcotráfico, e hizo lo necesario para impedir prácticas de terrorismo de Estado defendiendo el Estado de derecho.
Se dice que Garzón violó la ley que solo admite las escuchas en los casos de terrorismo. Pero hay otros juristas, la Fiscalía del Estado, el juez Pedreira y muchos hombres de ley que aprobaron y aprueban la conducta de Garzón. Yo no soy abogado, pero pienso que la corrupción de la política por negociantes como los de la trama Gürtel ha hecho más daño al sistema democrático en España que el lacerante terrorismo de ETA. En definitiva, el Estado democrático se fortaleció luchando contra el terrorismo y ETA fue derrotada por las fuerzas de seguridad y, en definitiva, por la unión de todos los demócratas. Mientras que la corrupción ha hecho que los ciudadanos pierdan el respeto a los partidos políticos, a las instituciones y a la misma moral política, sin las cuales la democracia no funciona, suena a escándalo que la primera condena sea la del juez que inició la investigación de la trama Gürtel, que comprometió gravemente a miembros del partido que ahora gobierna.
Si se acepta generalmente que los políticos pueden llegar a corromperse, ¿cómo negar la posibilidad de que algunos abogados se dejen corromper y terminen colaborando con la trama de un delito de blanqueo de dinero, que fue la sospecha que originó la decisión de Garzón? Y por cierto, la experiencia de este proceso, a juzgar por su desarrollo hasta hoy, en absoluto ha impedido la labor de las defensas.
En las circunstancias que atravesamos, la condena del juez Garzón es también un síntoma de que la salud de nuestra democracia está tocada. Hay otros datos que acentúan la inquietud. En este país está creciendo el miedo y los españoles tenemos una larga experiencia de lo que puede ser el miedo como paralizante del espíritu cívico. Con más de cinco millones de parados, el Gobierno lanza una nueva reforma laboral que solo va a aumentar las rentas del capital para satisfacción de los bancos y a debilitar el poder sindical. Se engaña deliberadamente a los ciudadanos cuando se dice que a la larga eso creará empleo. Cualquier persona sensata sabe que una mayor rebaja de los sueldos reduce la demanda y eso provoca más paro. Pero se trata de crear la idea de que esto es una fatalidad contra la que a los ciudadanos no les queda más remedio que resignarse, lo que genera más miedo entre los que se sienten débiles.
Sobre ese estado de ánimo, el Gobierno piensa que será más fácil imponer medidas como las que la Iglesia dicte, las reglas de moral del Estado, aunque eso anule derechos humanos importantes.
Que la trama Gürtel y otras puedan quedar en la impunidad, como ha comenzado a suceder en el reciente juicio de Valencia, añade la sensación de desamparo.
Que la Academia de Historia, que parecía resignarse a corregir el diccionario de personalidades que negaba el carácter de totalitaria a la dictadura de Franco y justificaba su colaboración con el Eje fascista, de improviso anuncia que va a mantener la redacción primitiva, aumenta la sensación de que estamos retrocediendo.
Que se anuncia que criticar una sentencia como la impuesta a Garzón es una amenaza para la democracia o las intervenciones de la policía en la Puerta del Sol contra el 15-M, que hasta ahora no se habían producido, tiene que poner en guardia a la ciudadanía contra un posible peligro de involución. Hay que impedir que vuelvan los tiempos del miedo.
En el caso del juez Garzón, se ha hecho un montaje sumamente aparatoso, tres juicios seguidos con cargos de lo más diverso, dando la impresión de que si no se le hundía en el primero lo sería en el segundo o en el tercero, no había escapatoria.
Consumado lo que tiene todas las apariencias de un error judicial, de una especie de caso Dreyfus a la española, comienza a levantarse una campaña en la que participan autoridades políticas y judiciales que pretenden cerrar la boca ahora a los que exponen dudas o críticas a esa sentencia. Se dice que estamos arruinando el crédito y la autoridad de uno de los poderes del Estado y que esto es un ataque a la Democracia como si se tratase de hacernos callar, de intimidarnos. ¿Es que acaso los ciudadanos no tenemos derecho a criticar la sentencia de un tribunal o cualquiera de las decisiones de uno de los poderes del Estado?
Eso es lo que sucedía en tiempos del juez Eymar, pero no lo propio de un Estado auténticamente democrático. Hasta ahora en este país hemos tenido amplia libertad para criticar a los poderes públicos. Cierto que las leyes aprobadas por el Parlamento, las sentencias de los tribunales, se han aplicado, pero unos y otros las hemos criticado con toda libertad y hemos reclamado su anulación en el ejercicio de un derecho ciudadano. Hasta aquí nadie ha ocultado sus opiniones. Hemos censurado seriamente, desde la derecha y desde la izquierda, lo que considerábamos errores del Gobierno de Rodríguez Zapatero sin que nadie se escandalizase.
Hemos puesto verde a la llamada clase política. Hemos denunciado el peligro del alejamiento entre las instituciones, los partidos políticos y el ciudadano en el curso de la crisis económica que tan intensamente sufre España. Hemos criticado algunas decisiones del Tribunal Constitucional. Últimamente, el CIS, en su encuesta de opinión, ha hecho público que el 70% de los españoles tienen poca o ninguna confianza en el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Un miembro de la familia real está bajo la seria imputación de un juez, y prensa y ciudadanos lo comentan libremente.
Y de repente se intenta cerrar la boca a los que consideran injusta la condena del juez Garzón, el hombre que procesó a Pinochet precipitando su caída, que apoyó a las víctimas de la opresión fascista en Argentina, que impulsó la causa de la rehabilitación de las víctimas del franquismo y a la vez persiguió eficazmente al terrorismo etarra, al narcotráfico, e hizo lo necesario para impedir prácticas de terrorismo de Estado defendiendo el Estado de derecho.
Se dice que Garzón violó la ley que solo admite las escuchas en los casos de terrorismo. Pero hay otros juristas, la Fiscalía del Estado, el juez Pedreira y muchos hombres de ley que aprobaron y aprueban la conducta de Garzón. Yo no soy abogado, pero pienso que la corrupción de la política por negociantes como los de la trama Gürtel ha hecho más daño al sistema democrático en España que el lacerante terrorismo de ETA. En definitiva, el Estado democrático se fortaleció luchando contra el terrorismo y ETA fue derrotada por las fuerzas de seguridad y, en definitiva, por la unión de todos los demócratas. Mientras que la corrupción ha hecho que los ciudadanos pierdan el respeto a los partidos políticos, a las instituciones y a la misma moral política, sin las cuales la democracia no funciona, suena a escándalo que la primera condena sea la del juez que inició la investigación de la trama Gürtel, que comprometió gravemente a miembros del partido que ahora gobierna.
Si se acepta generalmente que los políticos pueden llegar a corromperse, ¿cómo negar la posibilidad de que algunos abogados se dejen corromper y terminen colaborando con la trama de un delito de blanqueo de dinero, que fue la sospecha que originó la decisión de Garzón? Y por cierto, la experiencia de este proceso, a juzgar por su desarrollo hasta hoy, en absoluto ha impedido la labor de las defensas.
En las circunstancias que atravesamos, la condena del juez Garzón es también un síntoma de que la salud de nuestra democracia está tocada. Hay otros datos que acentúan la inquietud. En este país está creciendo el miedo y los españoles tenemos una larga experiencia de lo que puede ser el miedo como paralizante del espíritu cívico. Con más de cinco millones de parados, el Gobierno lanza una nueva reforma laboral que solo va a aumentar las rentas del capital para satisfacción de los bancos y a debilitar el poder sindical. Se engaña deliberadamente a los ciudadanos cuando se dice que a la larga eso creará empleo. Cualquier persona sensata sabe que una mayor rebaja de los sueldos reduce la demanda y eso provoca más paro. Pero se trata de crear la idea de que esto es una fatalidad contra la que a los ciudadanos no les queda más remedio que resignarse, lo que genera más miedo entre los que se sienten débiles.
Sobre ese estado de ánimo, el Gobierno piensa que será más fácil imponer medidas como las que la Iglesia dicte, las reglas de moral del Estado, aunque eso anule derechos humanos importantes.
Que la trama Gürtel y otras puedan quedar en la impunidad, como ha comenzado a suceder en el reciente juicio de Valencia, añade la sensación de desamparo.
Que la Academia de Historia, que parecía resignarse a corregir el diccionario de personalidades que negaba el carácter de totalitaria a la dictadura de Franco y justificaba su colaboración con el Eje fascista, de improviso anuncia que va a mantener la redacción primitiva, aumenta la sensación de que estamos retrocediendo.
Que se anuncia que criticar una sentencia como la impuesta a Garzón es una amenaza para la democracia o las intervenciones de la policía en la Puerta del Sol contra el 15-M, que hasta ahora no se habían producido, tiene que poner en guardia a la ciudadanía contra un posible peligro de involución. Hay que impedir que vuelvan los tiempos del miedo.
Santiago Carrillo fue secretario general del PCE y es comentarista político.
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