Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

30 ago 2012

cuando se congela el corazón.....siento miedo de esa gente.

La policía ha escrutado los pasos de José Bretón, el padre de los niños desaparecidos José y Ruth.
Sus idas y venidas entre el 7 y el 8 de octubre de 2011 han sido desmenuzadas por la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV). Pero queda una incógnita, la clave de toda esta truculenta historia que ha dado un giro con la confirmación de que los huesos y dientes hallados entre las cenizas de una fogata que ardió durante horas en la finca familiar de Las Quemadillas (Córdoba) son de menores: qué pasó entre las 13.48 y la 18.30 del día 8, cuando se queda a solas con los niños.
 Esta es una reconstrucción de esas horas oscuras.
» 8 de octubre. Por la mañana. A las nueve, Bretón lleva a sus hijos a casa de su hermana Catalina. Quiere que jueguen con sus primos
. De alguna forma, consigue las llaves del Kia Picanto de su hermana y acude a Las Quemadillas
. El juez ha llegado a sospechar que lo hace en compañía de otra persona, aunque no se ha llegado a concretar quién. Bretón regresa a casa de Catalina a las 11.30.
 Ha intentado llamar varias veces a su mujer, sin éxito. Mientras, se queda en casa de su hermana cuidando de sus hijos y sobrinos, para que ella y su cuñado vayan de compras.
» 13.31 horas. La pareja se demora una hora y media en regresar, lo que enerva a Bretón, que estalla ante su hermana.
Viendo su reacción, su cuñado se ofrece a llevarle a casa de los abuelos en el Kia. Bretón y sus hijos pasarán allí solo cuatro minutos, lo justo para saludar, coger su Opel Zafira y salir.
» 13.48. José Bretón acaba de cerrar el portón metálico gris de la finca de seis hectáreas que sus padres poseen en Las Quemadillas.
Varias cámaras de seguridad han recogido la escena
. Por las imágenes, varios peritos han constatado que le acompañan sus hijos, de seis y dos años, Ruth y José. El padre realiza una última llamada a la madre de los pequeños, Ruth Ortiz, que vive en Huelva
. Es la última vez que Bretón llamará intentando conseguir la reconciliación. Ruth no contestó.
» De 15.00 a 17.00. Un vecino de la zona, según escribe la policía en sus informes, manifestó que entre esas horas percibió “un fuerte olor a humo, que no se correspondía con el olor normal de quema de broza ni barbacoa, sino más bien como si quemaran basura".
 La procedencia de aquel fuego era la parcela de los Bretón.
» 17.00. La densa columna de humo que sale de Las Quemadillas alcanza tal intensidad que alerta a los servicios antiincendios de la Junta de Andalucía.
Una torre de vigilancia la ha detectado.
» 17.30. La puerta metálica se abre de nuevo. Bretón, que ha mantenido todo este tiempo apagado su teléfono inteligente, capaz de situarle geográficamente, sale con dos bolsas llenas de basura que tira en sendos contenedores.
Nunca aclarará a la policía qué llevaba. Luego sale con su coche
. Los cinturones de seguridad traseros indican que los niños no van sentados en sus sillitas.
 La fogata sigue. Un vecino contará después a los investigadores que aquella tarde “percibió un olor a candela desconocido hasta ese momento, pensando que podía tratarse de goma o plástico, pero en cualquier caso diferente al olor a madera quemada”.
» 18.30. Desde la otra punta de Córdoba, Bretón enciende su iPhone.
 Avisa a su familia de que ha perdido a sus hijos en el parque Cruz Conde. Llama a la policía. Todos acuden allí. Ni rastro de los niños.
 Su aparente tranquilidad asombra a los agentes. Desde el primer momento, los investigadores sospechan que los niños nunca llegaron al parque.
» Día 8, por la noche. El padre deja caer a quienes le interrogan que ha pasado varias horas con sus hijos en Las Quemadillas. Acompañado por los agentes, Bretón vuelve a abrir el portón.
Los rescoldos aún vivos de la fogata llaman la atención de los policías. Se preguntan por qué Bretón no les había hablado de ello.
 Él se encoge de hombros.
Muy cerca se hallan dos cajas de tranquilizantes.
Vacías. Fuego y pastillas hacen temer lo peor. Una mesa forjada junto al fuego, es inspeccionada [Hoy se sospecha que pudo servir para facilitar un efecto horno]. Los huesos hallados entre las brasas llevan a plantear la peor de las ecuaciones. Bretón no claudica.
 Defiende que quemó efectos de su mujer, ropa y apuntes de cuando estudiaba Veterinaria.
 Aunque a los policías les sorprende que queden cuatro voluminosas cajas de apuntes y ropa de mujer. ¿Y sus hijos? “Dormían”, responde: “Durante horas”. ¿Y las pastillas? Su respuesta no fue clara.
El análisis policial de los huesos descarga de culpa al sospechoso.
 Los restos óseos, dicen, son de animales. Once meses después, dos antropólogos independientes determinarán que son de humanos y de edades coincidentes a las de Ruth y José.
 Pero en aquel momento no existen dichos informes y el resultado negativo de los estudios vuelve locos tanto a los investigadores de la UDEV como al juez de instrucción, José Luis Rodríguez Lainz. Lo que parecía una incógnita fácil de despejar se convierte en un rompecabezas sin solución.
La investigación se prolonga casi once meses más. Y todo sigue llevando a Las Quemadillas. Inspecciones de georradar, cámaras térmicas, prospecciones arqueológicas. Se hacen agujeros en la casa, se inspeccionan tabiques, altillos, suelos y tejados. Nada.
La confirmación de que los huesos son humanos ha vuelto a simplificar, como al principio, la posible escena del crimen.

29 ago 2012

Connie Francis - Siboney

Delitos y Faldas

Campañas de otoño

Por: | 28 de agosto de 2012
 Lanvin 160241
De todos los rituales de otoño, ninguno como descubrir las campañas de publidad de moda en los números de septiembre.
 Como tantos otros, este es un ritual que ha perdido últimamente parte de su mística ya que las marcas de moda revelan numerosos detalles de sus publicidades antes de verano, las anticipan y utilizan nuestro apetito e impaciencia para estirar su impacto mediático.
En todo caso, con unos números de septiembre especialmente hinchados este año -al menos, en Estados Unidos- y una audiencia cada vez más global, las campañas están llamadas a mantener una mayor rivalidad por captar la atención y por transmitir su mensaje en una era saturada de imágenes.
A pesar de esa creciente competencia, la temporada resulta extrañamente poco ambiciosa. No abundan los fichajes de estrellas de otros ámbitos, ni las modelos escandalosamente famosas (a excepción de la incombustible Kate Moss, claro).
Son mujeres poco conocidas fuera de la industria -Aymeline Valade, Karlie Kloss, Karmen Pedaru... - quienes dominan las campañas.
 Pero, en realidad, son mucho más abundantes los grupos que las apuestas por una sola personalidad (¿miedo a jugárselo todo a una sola carta? ¿necesidad de atender a varios perfiles de cliente?).
 En este sentido, algunas marcas optan por el anonimato de bandas de chicas recién llegadas, como en el caso de Louis Vuitton, Marc Jacobs o Balenciaga. Lanvin se decide por un variopinto elenco de gente real (curiosa expresión con la que el sistema define a los modelos no profesionales; no está claro en qué lugar deja eso a los pobres modelos profesionales).
Giorgio armani-fall 2012
La modelo francesa Aymeline Valade, fotografiada por Mert Alas y Marcus Piggott, en la publicidad de Giorgio Armani.
Entre los que manejan la cámara, destaca el dominio de Mert Alas y Marcus Piggott. La pareja de fotógrafos firma a destajo y se lleva algunos de los platos más suculentos. No solo son suyas las codiciadas portadas de septiembre de la edición estadounidense (Lady Gaga) y francesa (Kate Moss, Lara Stone y Daria Werbowy) de Vogue. Ellos, además, se encargan de las publicidades de Calvin Klein, Loewe, Gucci, Versace, Givenchy, Stella McCartney, Miu Miu, DSQuared2, Emilio Pucci o Giorgio Armani.
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Steven Meisel y Mario Testino, que no hace mucho eran los reyes del pastel publicitario, mantienen algunos de sus poderoso y fieles clientes. Por ejemplo, Louis Vuitton, Lanvin, Balenciaga o Prada en el caso del primero y Michael Kors o Burberry en el del segundo. Carine Roitfeld, libre de su puesto en Vogue París, se convierte en una de las más prolíficas estilistas, capaz de alternar Givenchy, Chanel y Dior.
A pesar de tanto jaleo, el resultado no es una temporada tan memorable como cabría esperar. Aun así, estas son algunas de las campañas por las que recordaremos este otoño/invierno 2012:
Louis-Vuitton-Fall-2012
Louis Vuitton: Había que amortizar el gasto de construir un vagón de tren de verdad, supongo.
 El protagonista del desfile ha hecho su particular gira. Además de la fiesta que se le dedicó en marzo en París, viajó a China para replicar la espectacular presentación y ha sido inmortalizado por Steven Meisel en la campaña publicitaria que se verá en todo el mundo.
Para que nadie compitiera con la estrella, se eligió a un grupo de jóvenes modelos (entre otras, Mackenzie Drazan, Marie Piovesan, Franzsika Müller o Julia Nobis). Aunque, en realidad, semejante puesta en escena está al servicio de algo todavía más importante para Louis Vuitton: los bolsos.
Piezas que exigen un ayudante para ser porteadas y que remiten a un estilo de vida que, desde luego, no viaja en low cost.
Dior-fall-2012
Dior: ¿Cómo publicitar una temporada de transición? Ese era el dilema al que se enfrentaba Dior con esta campaña.
 La casa estrenó su nuevo director creativo con una colección de alta costura en julio, pero Raf Simons no entregará su visión del prêt-à-porter hasta el próximo octubre. Este otoño, las tiendas se llenarán con la última colección firmada por el equipo del estudio, liderado por Bill Gaytten. ¿Qué sentido tiene llenar las calles con las imágenes de esa propuesta cuando las miras están ya puestas en otro lugar? Para paliar esta situación, Dior lanza una campaña centrada en su bolso Miss Dior y en la actriz Mila Kunis.
 Fotografiada por Mario Sorrenti y con estilismo de Carine Roitfeld, la publicidad en blanco y negro se apunta a la narrativa de la estrella perseguida por las cámaras. Sí, lo hemos visto antes.

Error de laboratorio

Un fallo de la Policía Científica empaña la investigación sobre los niños de Córdoba.

Un informe pericial encargado por la familia ha dado un vuelco al caso de los niños Ruth y José Bretón, de seis y dos años de edad, desaparecidos el pasado 8 de octubre en Córdoba cuando estaban con su padre, que se encuentra en prisión acusado de su desaparición.
 El informe, ratificado ahora por un segundo análisis encargado por la propia policía, concluye que entre los restos de una hoguera encontrada en la finca de los abuelos paternos hay huesos y dientes que corresponden a niños de esa edad.
Un primer informe de la Policía Científica había concluido que no eran humanos.
Este hallazgo demuestra que, al poco de iniciar la investigación, la policía tuvo ya en sus manos la clave que podría haber resuelto el caso
. De haber sido correcto el primer análisis, se hubieran ahorrado 11 meses de costosas pesquisas y un gran sufrimiento por parte de la madre y los familiares de los niños por la incertidumbre de su paradero.
 Lo que sorprende es que haya fallado precisamente la parte de la investigación que suele tener menor margen de error, pues depende sobre todo de que se apliquen correctamente unos métodos de análisis.
 También sorprende la contundencia con la que los informes equivocados sostuvieron en su momento que los restos de dientes y huesos no eran humanos, sino de pequeños roedores, cuando el forense contactado por la familia, un reconocido experto, afirma que una observación anatómica permite concluir lo contrario.
Es lamentable que un error de este calibre haya empañado una investigación policial que estuvo desde el primer momento bien orientada y que no escatimó esfuerzos para esclarecer el caso
. Desde el principio se trabajó acertadamente en la hipótesis de una venganza del padre de los niños contra su mujer, que había pedido el divorcio, y las pesquisas se centraron en la finca de los abuelos paternos, en la que los niños habían sido vistos por última vez.
Hay que celebrar que este triste episodio llegue a su desenlace, pues aunque la tragedia de los niños no puede ya evitarse, al menos sí las angustiosas incertidumbres de su familia y el esfuerzo inútil de una investigación que parecía condenada a seguir dando palos de ciego.
 Cabe ahora pedir una investigación interna para determinar dónde y por qué se produjo semejante error en el trabajo, casi siempre certero, de la Policía Científica.
 Y si se observara negligencia, exigir las responsabilidades que correspondan.