Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

28 jun 2012

Casillas el Hombre que susurraba a los balones

Casillas detiene el penalti lanzado por Moutinho / FRANCK FIFE (AFP
“Casillas pertenece a la rara especie de futbolistas que se libera cuanto más importante sea el desafío
. Había que observar su gesto relajado, con una media sonrisa de satisfacción, cuando se dirigía al área para atender a la serie de penaltis.
 Parecía un muchacho feliz. Estaba encantado con una situación que para otros es dramática”.
 La descripción vale para lo que se vio ayer en el Donbass Arena, pero apareció en este periódico hace diez años, después de que España eliminara a Irlanda en los octavos de final del Mundial de Corea del Sur y Japón. Aquella fue la primera victoria en la rueda de los penaltis en 18 años.
Si la descripción sigue siendo aplicable es porque Casillas volvió a hacerlo: es cierto que no se le vio sonreír, pero tras su gesto serio no se adivinaba el dramatismo, sino concentración; contrastaba en esto con Moutinho, cuya mueca reflejaba la trascendencia de lo que iba a pasar, fuese lo que fuese. Casillas, que lo observaba a once metros, solo se irguió cuando el portugués tomó carrerilla. Tuvo tiempo de crujirse los nudillos antes de que Moutinho chutara.
 Cinco segundos después el portero se dirigió hacia su izquierda con la mirada fija en el césped, mascando no se sabe qué, serio y sereno. Y lo que había pasado es que había adivinado la dirección del lanzamiento. Como ocurrió con Connolly y con Kilbane hace diez años, y con De Rossi y Di Natale hace cuatro, Casillas había vuelto a parar un penalti decisivo.
La victoria de ayer decanta el balance en las eliminatorias decididas en la tanda de penaltis: cuatro victorias de España y tres derrotas
Ayer detuvo el primer lanzamiento que recibió en la tanda, en un momento de gran trascendencia emocional porque Xabi Alonso había errado su disparo
. En 2002 paró el tercer penalti de Irlanda, Juanfran marró el siguiente y dio igual: Casillas atajó el lanzamiento de Kilbane. Entonces de azul, ayer de amarillo, como si fuese un guiño para los supersticiosos, la suerte de España en los penaltis ha cambiado desde que Casillas defiende la portería
. Ayer certificó el cambio, y deshizo el empate a tres en el balance de victorias y derrotas en las tandas de penalti. Ahora que algunas voces claman por suprimirlas en el Mundial de 2014, no parece que a España le convenga.
No siempre ha sido así. España se ha jugado siete eliminatorias en grandes torneos en los penaltis, contando la de ayer, la del cuarto triunfo.
Para comprender mejor el balance conviene situar al portero del Real Madrid como eje.
Antes de Casillas consta una eliminatoria ganada (5-4 ante Dinamarca, en semifinales de la Eurocopa de 1984) y dos perdidas (4-5 ante Bélgica, en cuartos de final del Mundial de 1986 y 2-4 frente Inglaterra, en cuartos de la Eurocopa de 1996), con 13 goles encajados en 14 lanzamientos.
 El penalti que envió a las nubes Elkjaer Larssen, la estrella danesa de entonces, valió una final ante la Francia de Platini. Los demás disparos de los rivales de España acabaron en la red.
Desde que Casillas defiende la portería de España, las eliminatorias que se deciden desde los once metros se reparten de otro modo: tres victorias (3-2 ante Irlanda, en octavos de final del Mundial de 2002; 4-2 ante Italia en cuartos de la Eurocopa de 2008; y 4-2 ayer, ante Portugal) de España y una derrota (3-5 ante Corea del Sur, en cuartos de final del Mundial de 2002), 18 lanzamientos recibidos, 11 goles encajados. Casillas ha detenido 5 de esos 7 disparos.
España no ha estado mal servida de porteros.
 Arconada fue el héroe en 1984 hasta la pifia en la final ante Francia, y Zubizarreta, hasta no hace demasiado el jugador con más internacionalidades (126), defendió la meta de la selección en el Mundial de 1986 y la Eurocopa de 1996
. Pero ninguno destacaba por su fiabilidad ante la pena máxima del fútbol. Casillas, héroe frecuente en la España del toque, sí destaca.

27 jun 2012

Modelos del ‘glamour’


Los galardonados, con los premios de la revista 'Glamour' / GLAMOUR
La cita fue en la Embajada de Italia en Madrid.
El motivo la celebración del décimo aniversario de la revista Glamour  en el que se reunieron figuras de la moda y la belleza.
La gran estrella de la noche fue Eugenia Silva que recibió el premio a las Musas de la Moda Española
. Junto a ellas otras compañeras modelo de su generación como Martina Klein, Vanessa Lorenzo, Nieves Álvarez, Verónica Blume, Judith Mascó y Laura Ponte que posaron junto a ellas.
 Además de Inés Sastre, que presentó el acto y también se sumó a la foto de familia.
Ariadne Artiles entregó al diseñador Giles Deacon otro de los galardones más especiales de la noche, el premio al Icono de Diseño.
 Otro hombre, Jason Lewis (Smith Jerrod en la serie Sexo en Nueva York) se llevó el premio al Icono masculino.
La modelo Petra Nemcova fue galardonada con el premio, Musa de la Solidaridad gracias a su labor solidaria en su ONG Happy Hearts.
 Pero el rostro de la noche fue el de Lily Donaldson, Musa de la Belleza por haberse convertido en la top model internacional con más éxito en los últimos años.

26 jun 2012

Mujeres, Actrices, han marcado otros caminos al Cine




Por qué el cine español ‘‘pasa mucho, mucho’’ de Victoria Abril

La actriz madrileña congrega audiencias millonarias en Francia con una serie de televisión, pero en su tierra no la reclaman desde hace cuatro años

La que fuera musa de Almodóvar reconoce hoy que tiene un problema con su país.

Victoria Abril, fotografiada en Valencia la semana pasada, en el marco del festival Cinema Jove. / CARLES FRANCESCO
La punta de su lengua recorre el paladar hasta presionar los alvéolos. Victoria Abril se prepara para pronunciar una palabra como a ella más le gusta, alargando la o y soltando el aire en una rápida explosión: “Looobas”. “Así está mucho mejor”, concluye, mientras se aparta el pelo de la cara y apura el café en una terraza de Valencia
. “Es más directo”, insiste, “y llamativo” que La mujer que se secaba las lágrimas, el título original de su última película, que acaba de presentar en el festival Cinema Jove.
actriz confía en que esta tragedia rodada en Macedonia sobre dos mujeres que luchan por salir adelante en ambientes machistas se estrene al final en España como Lobas.
Ella misma se considera una más de la manada: “Claro que soy una loba”, explica, “aunque no he tenido la necesidad de hincarle el diente a nadie.
 Lo único que he hecho para proteger a mis dos hijos fue quedarme en Francia. Para protegerlos de los paparazis.No tuve uno, sino 15.000 altercados con ellos. Y cuando vi que era una batalla perdida, dejé de traerlos.
 Solo vamos a mi pueblecito de Málaga”.
Aunque nació en Madrid en 1959, tiene raíces andaluzas que afloran a través de giros y modismos durante la conversación.
 En París, donde estableció su residencia en los ochenta, nunca ha tenido “ningún problema para educar como niños normales a mis hijos, que ahora tienen 18 y 20 años; para que estudien y no aparezcan en los papeles sin haber hecho nada.
Eso en España es imposible. Yo siempre me he preguntado cómo Ana Belén lo ha conseguido con sus hijos.
Ella trabaja en el cine como yo desde los 14 años. Debe de ser el único caso de mujer, actriz y madre que ha podido educar a sus hijos fuera de todo ese circo”.
La actriz tiene un problema con España o, más bien, con determinada prensa y con la industria cinematográfica. Lo reconoce abiertamente, con el lenguaje franco, coloquial y a veces abrupto que la caracteriza. “El cine español pasa mucho, mucho, de mí”, se lamenta.
Hace cuatro años que no rueda en España una película, desde Solo quiero caminar, con Agustín Díaz-Yanes
. Tampoco ha ofrecido ninguno de los 500 conciertos que ha dado cantando los temas de sus dos discos de bossa nova y canción francesa aflamencada. “Estoy muy dolida por eso. Y además, cada vez que vengo, recibo unos palos… Por eso reduzco el castigo.
Como actriz siempre me han respetado. Como cantante, nada. Y ahora el cine pasa de mí”.
"Cada vez que vengo [a España en calidad de cantante] recibo unos palos… Como actriz siempre me han respetado.
 Como cantante, nada. Y ahora el cine pasa de mí”.
Victoria, una de las más destacadas intérpretes de la historia del cine español, declina entrar en detalles. “Para palos, los de flamenco”, bromea.
Pero cuando se le nombra la polémica en torno al productor musical Miguel Ángel Arenas, Capi, que la denunció por no pagarle tras grabar un disco que nunca vio la luz, contesta:
 “Eso es la hostia, pero no pienso gastar ni un renglón para darle coba a eso, porque es lo único que tenéis desde 2007 y desde entonces he hecho una jartá de películas, e incluso una serie de televisión en Francia [Clem] con 10 millones de espectadores”. Capi, que publicitó su denuncia en varias cadenas, obtuvo finalmente 63.368 euros, si bien reclamaba más del doble.
El leve acceso de ira da paso al esbozo de una sonrisa con retranca con la que la actriz matiza que no mete en el mismo saco a todos los medios.
La formidable intérprete de Amantes, de Vicente Aranda, por la que ganó en 1991 el Oso de Plata a la mejor interpretación en Berlín, rechaza de plano algunos sambenitos que se le han colgado sobre su personalidad. Borde, provocadora, rebelde, temperamental…
“No se corresponde nada con la realidad.
 Aquello de Enrique Cerezo [productor de cine] de que le iba a cortar el cuello si no me pagaba, era una broma, hombre… Si soy algo es anarquista. Por lo demás, mi trabajo es obedecer”.
Bajo la órdenes de Díaz Yanes ganó por segunda vez la Concha de Plata de San Sebastián (la primera fue en 1987 por El Lute) y un Goya a la mejor interpretación gracias a Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, en 1995.
 De hecho, en la década de los noventa alcanzó su mayor proyección en España y en Francia tras sus interpretaciones en tres filmes de Pedro Almodóvar, Átame, Kika y Tacones lejanos.
  Su estrellato europeo avaló su aventura americana con Jimmy Hollywood, de Barry Levinson, pero fue un viaje de ida y vuelta.
"Tengo más tetas, más culo. A mi novio le gusta más. A partir de los 40, más valle pillar. Más vale ajamonarse que amojamarse”
Luego llegó la travesía del desierto de los cuarenta, y Victoria se volvió a reinventar.
“La verdad es que me reinvento cada día, tronco. Nunca estoy haciendo lo que pretendía.
 Me preparo para ser bailarina y me paso 20 años haciendo cine; viene el momento ese de los 40, en el que no saben qué hacer contigo, y me pongo a cantar”, explica
. Hace un decenio se reinventó también como su propia agente, tras unas experiencias que la “arruinaron”. “Entonces me dije: ‘Más vale sola que mal acompañada’, y solo trabajo con gente que quiere trabajar conmigo. Yo leo los guiones y elijo.
Tengo una secretaria que hace los papeles y se los lleva el abogado, que para eso están, para hacer contratos
. Si tú me quieres, yo seré lo que tú quieras. Y quien quiere me encuentra”, concluye.
Lo de buscar y dejarse ver ya pasó a mejor vida, viene a decir.
Algo que podría parecer contradictorio con los infinitos escotes y cortes de los vestidos que luce en algunas galas
. “Cuando una va a Cannes, niño, al tapiz rojo, no puedes ir normal. La gente quiere glamour. Yo además le pongo un poquito de humor. Por eso me gusta un toque kitsch.
  No puedes ir a un tapiz rojo con jeans”, explica la admiradora del modisto Gualtier, a quien ha vuelto tras serle infiel con Galliano y Dior. Los españoles Custo y Sita Murt también son de su gusto.
Lo que no soporta son los hospitales.
 Solo por eso asegura que jamás se sometería a una operación estética.
Y no lo ha hecho, insiste, aunque asume que la guerra de los comentarios y de los medios la tiene perdida. “Me dicen que estoy guapa, pero ¿sabes qué pasa ahora?, que por fin he engordado esos tres kilos que sientan tan bien a la cara. Cuando eres joven, tener la cara chupadilla queda bien, es fotogénico.
A partir de los 40, más valle pillar. A mi novio le gusta más. Tengo más tetas, más culo.
 A partir de los 40, más vale ajamonarse que amojamarse”.