Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

14 jun 2012

Sin Sentido

Conforme avanzo en la corrección de los diarios sobre papel tangible, aparecen cuadernos y libretas con anotaciones de los años comprendidos, del 2004 al 2011.
Poco se podría añadir de las notas "descubiertas". Lo que nos lleva a sentir que el día tras día no tiene mayor sentido. 
Lo tiene una conducta, un lugar (frente al horizonte), y ello puede que reviva en doscientas, o cien o setenta y cinco páginas.
Por Jose Carlos Cataño

Resuelto el crimen que fascinó a Australia y persiguió a una madre durante 32 años

Una noche de agosto de 1980, un bebé de solo nueve semanas, Azaria Chamberlain, desapareció misteriosamente de la tienda de campaña que su familia había plantado en un parque nacional de Australia.
 El misterioso crimen, que llevó a su madre a la cárcel durante tres años en los ochenta y dio una candidatura a los Oscar a Meryl Streep por encarnarla, se acaba de resolver.
 “Su muerte fue resultado de que la atacara y se la llevara un dingo”, un perro salvaje autóctono, ha proclamado solemne este martes en un juzgado de Darwin (al norte de Australia) la magistrada Elizabeth Morris, autora de esta investigación que cierra el caso.
La magistrada ha añadido una frase que ilustra un debate clave en este caso:
 “Es obvio que los dingos pueden [atacar] y atacan a seres humanos”.
Lindy y Michael, los padres de la niña, siempre insistieron en su inocencia y culparon a perros.
 Hace solo unos meses lograron la reapertura de la investigación con pruebas de otros ataques de dingos a personas.
“Ha sido una batalla terrorífica, a ratos amarga, pero ahora tenemos la oportunidad de que sane de alguna manera y de que el espíritu de nuestra hija descanse”.
El cadáver de Azaria nunca fue hallado, lo que envolvió de misterio este suceso ocurrido en uno de los lugares más turísticos del país: a los pies de Uluru, antes conocida como la roca Ayers, el lugar más sagrado para los aborígenes.
 Además, la frialdad con la que la madre reaccionó y las creencias de los Chamberlain –adventistas del séptimo día- dispararon los recelos de sus compatriotas.
Pronto se convirtieron en sospechosos, sobre todo ella
La señora Chamberlain, que insistió hasta la saciedad en que aquella noche vio a un dingo salir de la tienda de campaña, abandonó con una enorme sonrisa el juzgado el martes.
Concluía una batalla judicial que ella y su hoy exmarido han dado para que se zanjaran definitivamente las dudas en torno al caso.
 Una primera investigación respaldó a los padres pero, en 1981, ambos fueron juzgados por la muerte de su hija.
El cartel de la película.
Lindy, embarazada entonces de su cuarto hijo, fue condenada a cadena perpetua por asesinato; su marido, como cómplice.
 Ella pasó tres años en prisión, hasta que en 1987 una comisión de investigación anuló las condenas tras el descubrimiento, por casualidad, de restos de la ropa del bebé Azaria en la zona, plagada de guaridas de perros salvajes.
 Una tercera investigación, en 1995, generó nuevas dudas ahora zanjadas.
Preguntada por estos 32 años de calvario en la BBC, Lindy ha dicho: “No lo puedo describir. Espero que nadie tenga que pasar por ello. Lo importante es que sabes que eres inocente al margen de lo que digan, que puedes ir con la cabeza alta y mirar a la gente a los ojos”.
 El dingo se llevó a mi bebé es el expresivo título del libro, de 900 páginas, publicado en marzo pasado, en el que cuenta su versión de un drama que ha fascinado a los tabloides australianos durante décadas.
El drama de los Chamberlain fue recreado en una película, Un grito en la oscuridad, en la que Streep interpreta a la madre.
 La actriz estadounidense logró un premio en Cannes y una candidatura a los Oscar en 1988
. También se convirtió en una ópera. Y en una miniserie.
La tienda de campaña de la que desapareció la bebé Azaria el 17 de agosto de 1980. / HO (EFE)
“Obviamente estamos aliviados y encantados de que esta saga acabe”, ha declarado la madre, que a la salida de la sala mostraba esta mañana el certificado de defunción de Azaria, donde como causa de la muerte dice que murió en un ataque de dingos. “Ahora Australia ya no podrá seguir diciendo que los dingos no son peligrosos”, ha añadido.
La compungida magistrada acababa de pedir solemnemente perdón a la familia de la víctima: “Acepten por favor mi pésame más sincero por la muerte de su querida hija y hermana”. “Creo que esas disculpas eran en nombre del pueblo australiano”, le ha explicado después Lindy a la BBC.
Cuando la noche del martes ya caía en Darwin, Lindy seguía dando entrevistas a canales de televisión internacionales.
 En todos mostraba al mundo el certificado de defunción de su bebé, Azaria; y con él, su inocencia. 32 años después.

Postales desde el extremo blanco

Imagen del Planeta helado.
Frozen planet es más que un documental de animales. En un genero tan trillado y que ha puesto banda sonora a tantas siestas, la BBC ha creado otra cosa.
 La serie (seis capítulos de 50 minutos y dos especiales que hoy comienza a emitir Canal +) descubre los polos, los glaciares, la tundra, la taiga y demás ecosistemas polares de una forma que le habría quitado a Scott las ganas de salir de casa.
El documental muestra grabaciones imposibles.
 Como esa en la que un grupo de orcas genera olas en aguas antárticas para voltear un bloque de hielo sobre el que descansa una incauta foca.
 O como esa en el Parque Nacional de Wood Buffalo, en Canadá, en la que un búfalo y una loba combaten durante una hora a vida o muerte. Luego sabremos que las orcas incluso intentaron volcar la zodiac en la que les grababan a solo unos metros, y que el cámara que fue testigo de la pelea fue dejado en medio de la nada en helicóptero.
Imagen de Planeta helado.
"Tuvimos hasta 50 operadores de cámara trabajando, debajo y sobre el hielo en volcanes", ha afirmado Vanessa Berlowitz, productora de la serie.
 La multimillonaria serie se rodó antes de 2011 con helicópteros, barcos, cámaras submarinas y condiciones de trabajo por debajo de los 40 grados. En muchos casos la limitación fue la resistencia al frío de los cámaras.
El secreto del rodaje -al menos parte de él- se desvela en capítulos de 10 minutos sobre la producción de la serie.
 Allí, cuentan que un equipo de la BBC pasó cuatro meses en Cabo Corzier (en la Antártida) rodeado de pingüinos y tormentas de vientos helados.
 “Nos dijeron que cuando viéramos viento en aquella colina saliéramos corriendo”, cuenta en la grabación un cámara. “Por supuesto, vamos a seguir grabando. ¿Y sabes por qué? Porque somos la BBC”, prosigue. La siguiente escena, claro, es ese mismo tipo buscando refugio colina arriba en medio de una tormenta antártica.
Imagen de Planeta helado.
La narración es de sir David Attenborough, con lo que no puede ser más británica.
 La serie incluye un extra, Sobre hielo frágil, sobre el impacto del cambio climático en los polos, aunque cadenas de Estados Unidos prefirieron no emitir para evitar polémicas y críticas del Tea Party.
El programa fue polémico cuando se estrenó en el Reino Unido, en octubre de 2011, por tener trampa. En uno de los momentos más emocionantes, muestra el nacimiento de dos osos polares en primer plano. La narración no lo dice, pero la escena fue rodada en un zoo en Holanda.
 Los productores se defendieron alegando que habría sido imposible grabar eso en el Ártico en pleno invierno sin molestar a los osos y que fueron ellos mismos los que lo hicieron público en la web del programa.
Pese al truco, que en un lugar del mundo quede una televisión pública como la BBC, capaz de hacer estos programas, de emitirlos en horario de máxima audiencia y de obtener un 29% del share, da que pensar. Y envidia.

Álbum familiar de papá Camus

Catherine, hija del autor de ‘La peste’, traduce en un libro de pensamientos e imágenes la herencia de su padre

“Con él estamos menos solos”, asegura.

La escritora Catherine Camus, hija de Albert Camus, en Barcelona. / Marcel·lí Saèn
Catherine Camus (París, 1945) ha hecho un peculiar álbum de fotos de familia: Albert Camus. Solitario y solidario (Plataforma Editorial), en el que combina con sabiduría un montón de retratos de su padre y de su tiempo —algunos conocidos y otros prácticamente inéditos— con una selección de textos cortos, pensamientos sacados tanto de sus novelas como de artículos, ensayos o programas de teatro. Tenía 14 años cuando murió Camus; estudió Derecho y se desentendió de la obra de su progenitor, pero el destino quiso que acabara haciéndose cargo de su legado. Fue ella la que decidió publicar la inacabada El primer hombre y quien pacientemente está editando la correspondencia.
Muchas veces le pidieron que escribiera sobre su padre, y siempre se negó. Ahora la han convencido —“en buena parte ha sido mi hija”, se excusa—. Pero solo a medias, porque su aportación literaria se limita a un breve prólogo. “El editor quería que yo escribiera sobre mi padre, lo que me parecía ridículo”, asegura. “Le propuse hacer un libro con fotos y documentos, pero solo con textos de Camus, porque estoy bastante de acuerdo con él y ya dijo las cosas mucho mejor que yo podría hacerlo”.
El resultado es un artilugio delicioso que uno no se cansa de hojear. Tiene imágenes extraordinarias que recorren la primera mitad del siglo pasado y construyen el paisaje de un mundo sorprendente.
 Y queda claro que realmente ya ha desaparecido. “En este proceso”, explica, “he descubierto que estoy en un siglo que ya no es el mío, en el que para un maquetador la forma y el fondo no tienen nada que ver. Me tuve que pelear para tener el fondo y la forma, y creo que más o menos lo hemos conseguido”.
El proceso de selección se ha hecho en dos direcciones. “O había una foto que considerábamos importante y buscábamos un texto para ella, o era el texto lo que queríamos colocar y buscábamos la foto para acompañarlo”.
 Extraordinaria la combinación de la imagen del proceso al mariscal Petain, en la que entre la gente se reconoce al propio Camus, con el icónico retrato de Cartier-Bresson y la carta dirigida a Marcel Aymé, en contra de la pena de muerte.
FOTOGALERÍA
Albert Camus junto a Catherine en una imagen del libro.
Fotos y documentos proceden tanto de su colección particular —las menos— como de los archivos de Albert Camus depositados en Aix en Provence, en la Cité du Livre, donde se encuentra el Centro de Documentación que dirige Marcelle Mahasela, su principal colaboradora. En cuanto a la estructura, quiso escapar de la estricta cronología.
 “La vida no es cronológica; una canción te puede trasladar a tus 18 años. El tiempo es emmerdant, no es el tiempo que nos dicen y restringe la libertad”.
 Así, el libro está construido en torno a conceptos: la génesis, el despertar, la acción, la rebelión...
Piensa Catherine que Camus sigue más vigente que nunca. “Estamos en un momento de la historia en el que todo se viene abajo: las ideologías, el poder y, felizmente, también la economía. Esto va a causar destrozos, pero hace tiempo que era necesario.
 Camus no pertenece a ninguna ideología; es alguien que piensa como un hombre entre los hombres, con los sufrimientos de los hombres y hoy en día, ¿qué otra cosa tenemos que hacer más que mantenernos de pie e intentar vivir. Camus no dirige.
No creo que en su obra haya ninguna dirección; simplemente acompaña.
 Con él estamos menos solos, simplemente nos dice, sí, la condición humana es terrible pero podemos vivir con ella, aceptándola”.
El libro está lleno de escenas familiares entrañables que contrastan con los poderosos retratos del escritor solitario por excelencia; una combinación explosiva, probablemente también para Catherine, a quien la muerte de su padre le cambió la vida.
“Yo quería ser cualquier cosa menos la hija de Albert Camus; yo era la niña de papá. Tuve que enfrentarme a esto y comprendí que siempre nos tenemos que enfrentar al pasado porque huir no sirve
. Aprendí que incluso cuando uno es débil y pequeño tiene que plantar cara a la vida.
 Y estoy satisfecha, pienso que he conocido a gente muy interesante.
 Nadie tiene la vida que sueña tener, pero la mía ha estado bastante bien, acompañada por este tipo”.