Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

3 jun 2012

La fidelidad es cosa de otro tiempo

Actuación del grupo francés de música electrónica M83 en el festival Primavera Sound, en Barcelona. / GIANLUCA BATTISTA
Está claro que en este tiempo de promiscuidad social y amorosa, de facebooks, meetics y porno gratis, hipervículos y déficit de atención, la fidelidad es algo que pertenece al pasado
. También en la música, donde Internet lanza cada medio minuto a una nueva banda que enamora y decepciona igual de rápido, y donde pensar, decidir y pulsar "me gusta" no cuesta un maldito segundo
. Ayer, en la segunda jornada del Primavera Sound, intercalado con la celebración de lo contemporáneo (y lo era precisamente por su incesante viaje al pasado) y la consagración del baile como bálsamo a los tiempos que corren (The Rapture y M83), tres bandas se salieron del guion y hablaron del compromiso, un anacrónico trofeo.
The Cure y su colosal concierto, de dos horas y cuarenta minutos, monopolizaron el argumento de la noche. Sonaron tan bien, siguen siendo tan buenos y únicos que el precio de la fidelidad de las tres cuartas partes del aforo de la noche (ayer ya se parecía a esos 40.000 espectadores que la organización esperaba tener por día) fue una ganga.
Todas las bandas que tocaron a la misma hora que la legendaria obra de arte de Robert Smith —que tiene las cuerdas vocales intactas después de 20 años cantando— estuvieron condicionadas por su despliegue musical.
Todas menos Napalm Death, el cuarteto de death metal (grindcore es lo que inventaron) de Birmingham que sirvió de bandera al festival —junto al terrorífico delirio noruego de Mayhem— para este particular y extravagante revival hipster que atraviesa el género (este verano incluso se celebra un certamen en Benicàssim dedicado exclusivamente a este tipo de formaciones)
. Presos del brutal romanticismo que implica seguir a cuestas tanto tiempo con los principios, abarrotaron su escenario, sobre todo de incondicionales, pero también de mucho advenedizo del mundo indie que se acaba de subir al carro del metal. Sociología de salón a parte, el concierto fue atronador. Es casi imposible distinguir una nota en el furioso berrido del cantante y de las endiabladas ráfagas de distorsión.
Ellos y sus fans son la viva imagen de la idea del compromiso o la responsabilidad, algo hoy completamente desfasado.
Separados por el tremendo muro de hormigón de una de las salidas al puerto del Fòrum tocaban en el escenario contiguo Sleigh Bells.
 Apadrinados por M.I.A, la gran madrina de la modernidad, que les ha producido el disco en su sello, la historia consiste en una mezcla de pop electrónico, hip-hop y hardcore gritón y guitarrero a más no poder. De hecho, sobre el escenario llevan dos guitarras y 12 enormes amplificadores Marshall.
 Eso, y unas bases programadas y la voz y actitud de rockstar intencionadamente fuera de sus cabales (bastante mimetizada con la de su madrina) de Alexis Krauss
. Hubo un momento que en aquella zona del festival parecía que se libraba un concurso de rotura de tímpanos al alimón con sus vecinos de Napalm Death.
En el concierto de Napalm Death fue casi imposible distinguir una nota en el furioso berrido del cantante
Horas antes —otro ejemplo de cómo seguir queriendo a alguien aunque pierda pelo, eche barriga y y le cueste todo un horror—, Chameleons pusieron hasta arriba uno de los grandes escenarios del PS. Los de Manchester son una de esas leyendas del rock (post-punk, para más señas) que al festival le gusta traer cada año en la tradicional cuota vintage.
 Se trata de indagar anualmente en el rastro sonoro que dejaron los padres del lo que ofrece el resto de bandas del cartel.
 Estos grupos, fuera del circuito de las exigencias profesionales, son una ruleta rusa que puede acabar en ridículo.
 No es el caso. Después de unos diez años sin salir de gira, la banda, quién sabe realmente por qué, se ha vuelto a subir a la furgoneta. Mark Burgess, el vocalista, aguantó a pleno sol de la tarde las embestidas del tiempo y llegó a bajarse a cantar entre el público con la mítica Second Skind.
No fueron anécdota, sino los primeros en llenar uno de los escenarios principales del recinto (a golpe de lealtad también), que hasta bien entrada la noche no alcanzó los niveles de otros años.
El otro asunto que quedó claro es que toda la música, industria y artistas (lo ha dicho Jay Z, el rey Midas del hip-hop), miran ahora hacia la pista de baile.
 Pasar este trago histórico consiste en invocar al pasado y que la catástrofe nos pille bailando. The Rapture estuvieron perfectos en ese trabajo.
 La banda neoyorquina, una prolongación sonora del rock de Manhattan que encabezaron los Talking Heads muchos años antes, tiene un directo muy divertido.
 El revival, del que también forma parte James Murphy (el dueño del sello en el que publican The Rapture) empezó cuando Rudolph Giulliani se puso burro y empezó a cargarse la fiesta en su ciudad. Ayer sonaron perfectos y lanzaron los hits de su último álbum (como How deep is your love) uno tras otro hasta las tres de la madrugada en un abarrotado escenario principal.
Lo mismo había hecho el enmascarado SBTRKT un poco antes con un apabullante despliegue rítmico de batería, sintes y bases.
 Un fenómeno que fabrica una especie de house salvaje con perfecta voz soul que le acompaña en directo. O M83, los únicos que sobre el escenario, hasta el momento, han desplegado en el PS de este año algo parecido a un show con luminosa puesta en escena.
Bases electrónicas para la épica de sus canciones y una permanente subida sin rumbo a ninguna parte que solo alcanza algo parecido a un final, a un alivio colectivo, cuando la gente se pone por fin a bailar
. Así, y obsesionada con el pasado, aguarda parte de esta generación al desastre.

NO TIENE QUE OCURRIR, PERO PUDIERA de José Miguel Junco Ezquerra, el Domingo, 3 de junio de 2012 a la(s) 10:35 ·

NOTIENE QUE OCURRIR, PERO PUDIERA

No tiene que ocurrir, pero pudiera.
Es noche en este cuerpo cristalino
y allá, vaya a saber con qué pretexto,
en las pupilas tu candor asoma.

No tiene que ocurrir, pero pudiera.
Dura es la vida como mármol virgen.
Pero por un instante, un solo instante,
las gestos del querer se multiplican.

No tiene que ocurrir, pero pudiera.
De pronto entre la sangre una fisura
hermana como hermanan, lo sabemos,
las gestas del sudor entremezclado.

No tiene que ocurrir, pero pudiera.
El acontecimiento de una planta
abriéndose camino a manotazos
desde el desolladero de la roca.

No tiene que ocurrir, pero pudiera.
Usted retoma el pulso, la hidalguía,
vuelve al principio y piensa despacito
y se deshace como flor temprana.

No tiene que ocurrir, pero pudiera.
Se compra abrigo el frío en algún rastro,
es domingo y las manos se enternecen,
el beso llama a la caricia y cunde.

No tiene que ocurrir, pero pudiera.
Por una vez no sirven precedentes
y uno va y se desnuda sin complejos
y sale el sol y la ternura aflora.

Un beso....

Un beso en mi boca fría,
ensombrecida,
en el que resalta
la luz roja
de tus labios,
refulgentes,
cálidos,
calor suave
de tus palabras
interrumpidas.
Un beso
que otros labios
comenzaron,
otros continúan
y ninguno
cerraron.
Un beso
que, en la soledad,
es una llama
consumida
de brillo apagado
en la húmeda
oscuridad,
donde tus claveles
sangran
cubriendo
los arriates
de los míos morados.
Atardece,
sin tu beso,
derrotado el día.
Será otra noche
igual e indistinta,
de luna imparable
que anega la sombra
de tu añorado
y esperado abrazo.

Zapatero se autocritica en un libro


José Luis Rodríguez Zaptero y su esposa, Sonsoles Espinosa, en París el pasado mes de marzo. / CORDON PRESS
En los cinco meses transcurridos desde que José Luis Rodríguez Zapatero abandonó La Moncloa ya se han publicado dos libros sobre su mandato
. No son libros cómodos, como tampoco lo es el que está preparando el propio Zapatero sobre sus vivencias como presidente durante la crisis. No será un libro de memorias. “Será autocrítico, pero no crítico hacia otros”, aseguran en su entorno.
Relatar cómo fueron los dos últimos años de su mandato, con su obsesión por evitar la intervención europea, es una de sus principales dedicaciones desde que perdió el poder.
Lo hace dentro de una vida muy ordenada que nada tiene que ver con sus últimos 12 años de actividad compulsiva, desde que fue elegido secretario general del PSOE.
Zapatero acude una vez a la semana al Consejo de Estado, del que fue nombrado consejero vitalicio el 9 de febrero
. Está a disposición de su presidente, José Manuel Romay, designado hace un mes.
 En el discurso de su nombramiento se ofreció a Mariano Rajoy para contribuir a que el Consejo de Estado “juegue un papel importante en el proceso cuasi constituyente que experimente Europa con la reforma de los tratados”.
Habitualmente va a su despacho a la sede socialista de la calle de Gobelas, donde preside la Fundación Progreso Global, de la que forman parte figuras tan notables como Bill Clinton y Felipe González.
 Allí coincide con el vicepresidente de la Fundación Ideas, Jesús Caldera, su brazo derecho en la oposición a Aznar y exministro de Trabajo y Política Social.
De disponer de decenas de colaboradores y de una agenda compulsiva, su entorno inmediato se limita a su jefe de gabinete, su primo José Miguel Vidal Zapatero, y su secretaria, Gertrudis Alcázar. Ingresa 72.800 euros por ser consejero de Estado y 74.000 euros por expresidente.
 Carece de jefe de prensa: un símbolo de su alejamiento de la vida pública.
Zapatero es ahora un espectador. Incluso un lector aventajado de libros que hacen balance de su gestión. Uno es ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país, firmado por dos de sus colaboradores en La Moncloa, Andrés Ortega y Ángel Pascual-Ramsey, centrado en la gestión de la recesión económica.
 El otro, Años de cambios, años de crisis, subtitulado Ocho años de gobiernos socialistas, de Ignacio Sánchez-Cuenca, profesor de sociología de la Universidad Complutense, es el primero que aborda su mandato completo.
Escritos por personas próximas al expresidente, los libros no son hagiográficos.
Zapatero tuvo conocimiento de su publicación con antelación.
 E incluso pensó en atender la oferta de presentar el texto de Sánchez-Cuenca, el pasado 10 de mayo. Finalmente, desistió y le sustituyó la exministra Carme Chacón, a petición del autor.
Zapatero optó por no romper su silencio sobre la política nacional, a lo que se hubiera visto abocado de haber aceptado la invitación, pues el texto es especialmente crítico con su gestión de la crisis desde que el 10 de mayo de 2010 se vio obligado a dar un giro ante el riesgo de intervención europea. Y también critica el modo en que el PSOE gestionó su relevo.
 Una cuestión que Zapatero siempre elude con el argumento de que estará eternamente agradecido al PSOE.
Ya antes de estallar la crisis económica decidió seguir el modelo anglosajón de expresidente: no repetir la experiencia de sus predecesores, Felipe González y José María Aznar, que irrumpen con frecuencia en los debates nacionales entre Gobierno y oposición y de sus propios partidos.
En su despedida como secretario general del PSOE en el congreso del 3 de febrero apuntó algunas líneas autocríticas: reconocer con retraso la gravedad de la crisis y no haber pinchado a tiempo la burbuja inmobiliaria.
 El texto profundiza en ellas y cuenta los condicionantes, europeos sobre todo, a que se vio sometida su política económica. Y sobre los que advirtió al PP en su despedida: “Hay condicionantes externos que hipotecarán su acción de Gobierno”.
Su mensaje es que la solución de España está en el avance en la construcción europea.
Desde el 21 de marzo ha estrenado su actividad como conferenciante.
 La inició en un foro en Maracaibo (Venezuela), organizado por las cámaras de comercio venezolanas.
 A sus oyentes les exhortó a no subestimar la capacidad de la UE frente a la crisis de la deuda y la capacidad comunitaria para superar “momentos difíciles”.
Una línea similar de defensa de las capacidades de España y Europa mantuvo en el fórum en el que participó en Doha (Qatar) el 3 de mayo.
 Durante esta visita concedió su primera entrevista como expresidente a la cadena Al Yazira.
 Tras señalar que aún quedan dos años “muy duros”, vaticinó que “España y Europa son más fuertes que la crisis y la van a superar” y diagnosticó: “Tenemos encima una cortina negra que nos impide reconocer nuestra fortaleza”.
En junio prevé acudir a Asilah (Marruecos) a un fórum sobre los cambios en el mundo árabe, y a Brasil, a la Cumbre de Río de Janeiro, sobre sostenibilidad.
Sigue la crisis “con preocupación” y habla con frecuencia con el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.
 Zapatero defiende la “oposición útil” y le anima a pactar con el Gobierno la respuesta a la crisis, como adelantó en su discurso de despedida.
Con Rajoy no habla.
La última vez fue hace un mes, cuando coincidieron en la toma de posesión del presidente del Consejo de Estado. Se desearon suerte.
Ha limitado sus relaciones políticas prácticamente a su círculo amistoso: José Antonio Alonso, Carme Chacón y Trinidad Jiménez.
Con esta última, acompañados de sus parejas, pasó parte de las últimas Navidades en Tánger. También le acompañó a Doha. La redacción de su libro le fuerza a hablar con empresarios, exministros y exasesores de La Moncloa.
Su actividad, muy limitada en comparación con sus últimos 12 años, le ha permitido recuperar su vida privada
. Zapatero se siente feliz de levantarse a las 7.30 para prepararle las tostadas a su hija menor, de 16 años; de dedicar los fines de semana a su familia, con la que reside en Somosaguas, en una casa de alquiler. Su vivienda está en León.
 Acompaña frecuentemente a su esposa, Sonsoles Espinosa, al mercado. El 18 de marzo le acompañó a un viaje a París, donde ella actuó con su coro. Pretende multiplicar los viajes con su familia. Y trata de buscar un espacio para sus aficiones personales: la lectura, los maratones y la pesca.
Recientemente, cuando sacaba dinero de un cajero automático, un grupo de personas le reconoció. Eran empresarios de la construcción.
Hablaron del estallido de la burbuja inmobiliaria.
 Ellos le replicaron que el mercado inmobiliario tiene mucho futuro en España.
 Y Zapatero se quedó perplejo.