Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

22 abr 2012

SOMBRAS DEL TIEMPO

 

Sinopsis

En la India británica, Masha y Ravi son dos niños esclavos que son explotados en una fábrica de alfombras. En estas condiciones tan miserables van afianzando una gran amistad que se irá convirtiendo, con el devenir de los años, en un amor inquebrantable.
Sin embargo, son separados cuando Masha, ya adulta, es vendida a un proxeneta.
Prometen desde el momento de la separación que acudirán cada noche de luna llena al mayor templo de Shiva de Calcuta, hasta que algún día puedan por fin reencontrarse
El realizador alemán Florian Gallenberger, que gano el Oscar al Mejor Cortometraje en 2001 por " Quiero ser (I want to be..", lleva a la gran pantalla este drama romántico sobre el amor imposible entre un pobre trabajador explotado en un taller de alfombras y su enamorada, que acaba siendo vendida a un chulo para que ejerza la prostitución, que se juran amor eterno y que anhelan volver a reencontrase algún día para poder estar siempre juntos. "Sombras del tiempo" nos introduce en la clasista sociedad india de principios del S.XX, en donde las castas más bajas tienen casi la misma condición que la de esclavos, no gozan de libertad para decidir su destino en un país colonizado por Gran Bretaña y son mano de obra propicia para la riqueza de unos pocos. Este épico melodrama ha conseguido algunas menciones especiales en los Premios Bavaria de Cine (Mejor director joven y mejor fotografía) y ser elegido como Mejor Film Europeo en el Festival de Cine Romántico de Mons (Bélgica).
Mejor conocida por su papel de Nazneen Ahmed en "Brick Lane" de Sarah Gavron (por el que fue nominada como Mejor actriz en los Premios de Cine Independiente Británico, la actriz hindú Tannishtha Chatterjee encarna a la desafortunada Masha, esclavizada desde que era una niña en una fábrica de alfombras y ahora vendida como mercancía a un desaprensivo para ejercer la prostitución. Prashant Narayanan (The White Elephant) le da la réplica como su enamorado, Ravi que no corre mejor suerte en su aciago destino. Irrfan Khan, más reconocido internacionalmente por "Slumdog Millionaire" o "Viaje a Darjeeling", forma parte del reparto de "Sombras del tiempo".
Películas más valoradas: Drama

21 abr 2012

Tiempo de contar ANTONIO MUÑOZ MOLINA


Óscar Jaenada en una imagen de la película 'Todos estamos invitados',de Manuel Gutiérrez Aragón.
Hay que ponerse a contar. A contar en el sentido aritmético y en el sentido narrativo. Hay que contar para recordar y hay que contar para comprender, y hay que contar también para que el recuerdo y la comprensión de lo vivido por otros se transmute en experiencia personal de esa manera íntima que quizás sea posible a través de la literatura, o de esa forma de novela visual que es el cine
. Hay que contar exactamente lo que pasó y hay que empezar a hacerlo ahora que todavía viven y están lúcidos la mayor parte de los protagonistas, los testigos, las víctimas no ejecutadas. Hay tiempo, pero es urgente. Y no solo porque, como reflexionó con tanta melancolía Primo Levi, la memoria es falible y se debilita a cada momento. Hay que contar para que no se imponga la tergiversación y para que los verdugos y los responsables no cuenten con ese eficaz aliado del crimen, el olvido.
Hay que contarlo todo, desde luego. No se mata ni se tortura a nadie, ni a quien ha matado o torturado. Y hay que contarlo todo no por equidistancia sino por amor a la verdad y porque sin el recuerdo completo no es posible ese logro tan difícil, y sin embargo tan necesario, la reconciliación, o al menos la convivencia razonable. Hay que contar el número de los asesinados, de los perseguidos, de los chantajeados, de los expulsados, de los torturados.
 Es importante la máxima exactitud posible de las cifras para hacerse una idea de la magnitud de la epidemia. Hay que saber cuántos se fueron porque ese número es un indicio del éxito de quienes mataban o acosaban para limpiar el censo electoral de votos hostiles
. Habría que saber, pero no es posible, cuántos que deberían haber alzado la voz eligieron callar; cuántos fingieron aquiescencia con la conformidad impuesta por los criminales; qué porcentaje de gente hace falta que se someta o que calle para que una comunidad entera quede sometida, sobre todo en esos lugares donde se conoce todo el mundo y no es posible el refugio del anonimato: un claustro de instituto o de facultad, por ejemplo, un pueblo pequeño, una empresa.
 Es relativamente fácil contar el número de los asesinados, los heridos, los mutilados para siempre, pero no puede hacerse el censo fiable de todas las vidas que quedaron destruidas o dañadas por la lenta onda expansiva de cada crimen, que prolonga su efecto, invisible desde fuera, a través de los años y de las generaciones.
Hay que contar para recordar y hay que contar para comprender
Para saber algo sobre eso hace falta la otra forma de contar: la narrativa. España es un país en el que se reivindica la memoria tan perezosamente, tan retóricamente, que los mayores esfuerzos tienden a hacerse cuando quienes pudieron y debieron contar están ya muertos.
 Hace falta levantar el gran archivo oral de todos los que han sufrido, los que han vivido para contarlo, los conocidos y los desconocidos, los iletrados y los filósofos, cada uno de ellos depositario de una tesela en lo que será el gran mosaico de una historia monstruosa, y quizás también ejemplar
. Algo tienen siempre en común todos los verdugos ideológicos, los intoxicados por la religión y los intoxicados por el milenarismo político, y los peores de todos, los que de un modo u otro han combinado los dos, y por lo tanto han matado todavía con más convicción, porque se aseguraban la salvación de las almas al mismo tiempo que creaban el paraíso sobre la tierra: tienen en común que no ven personas individuales, sino grandes grupos humanos, abstracciones sagradas y abstracciones repulsivas, masas que merecen la salvación o masas que merecen el exterminio.
 Ven al proletariado, ven a la raza, ven al pueblo, y los ven en una apoteosis de beatitud o de maldad, ven a la comunidad de los fieles o a la de los infieles, pero más allá no ven nada, y si se fijan en alguien en concreto es para verlo como la representación de algo, de alguna clase de identidad colectiva, y a continuación lo idealizan o le pegan un tiro, lo abrazan o lo expulsan, pero siempre sin fijarse mucho, porque padecen una extraña aflicción ocular que les impide distinguir rasgos individuales, o porque consideran que esos rasgos carecen de importancia.
De modo que frente a las abstracciones hay que levantar las identidades personales y los nombres, meticulosamente, y para eso nada más útil que las artes narrativas, las novelas y los cuentos y los libros de memorias y las crónicas, los documentales y las películas de ficción.
Otra cosa que tienen en común los verdugos y sus cortesanos es la facilidad para el olvido, la urgencia casi jovial por “pasar página”, por “mirar más hacia delante y menos hacia atrás”, etcétera.
 No hay injurias más fáciles de olvidar que las que han sufrido otros, sobre todo si es uno mismo el que las ha cometido. Y como también explicó Primo Levi, los que han cometido crímenes o han sido cómplices tienen la extraordinaria facultad de convertir la mentira sobre el propio pasado en recuerdo verdadero. Cuanta más información haya, cuantos más testigos hablen, cuantas más historias se cuenten, más difícil será que prevalezca la mentira o que se imponga demasiado pronto el olvido.
Algo que tienen en común los verdugos y sus cortesanos es la facilidad para el olvido
Cuando uno está lejos le afectan todavía más ciertas historias.
 Me acuerdo de la pena inmensa de ver hace unos años en el Centro Rey Juan Carlos de Nueva York el documental de Iñaki Arteta sobre algunas de las víctimas menos conocidas del terrorismo, Trece entre mil.
 Y esta semana he revivido ese mismo desgarro viendo en el Cervantes, que dirige ahora con energía recobrada Javier Rioyo, la película de Manuel Gutiérrez Aragón Todos estamos invitados, y escuchando a dos novelistas que han escrito con claridad y potencia literaria sobre las vilezas más sórdidas de las que se alimenta el terrorismo, José Ángel González Sainz y Fernando Aramburu. Gutiérrez Aragón muestra cómo el crimen, el chantaje y el miedo pueden coexistir fluidamente con los rituales de una sociedad próspera en la que el pistolero y su víctima viven sumergidos en una misma y vaga zona gris en la que se confunden los cómplices, los instigadores de manos limpias, las personas decentes pero cobardes, los indiferentes, los distraídos
. En Ojos que no ven, González Sainz hizo una crónica de lo real que tiene por dentro una armazón de fábula. Años lentos, de Fernando Aramburu, es una novela construida con esa infrecuente destreza que alía la transparencia y la complejidad: una novela sobre gestaciones más o menos frustradas —la de una criatura, la de un joven terrorista— que trata también de la gestación de una novela.
 Los “años lentos” son los del declive a la vez desganado y siniestro del franquismo, ese pasado ya remoto que en las páginas de Aramburu nos da escalofríos a quienes lo conocimos, un tiempo de torturadores bronquíticos de tabaco negro y palillo de dientes y de sotanas lúgubres que empezaban a bendecir a los pistoleros tan untuosamente como recibían bajo palio al viejo tirano sanguinario.
Para esto vale el oficio al que nos dedicamos: para que nada se quede sin contar.

La tentación política de manejar el mando

La tentación política de manejar el mando

Por: | 21 de abril de 2012
El Gobierno del Partido Popular no se ha resistido a la tentación política de manejar el mando y ayer decretó que va a nombrar sin consenso, a menos que éste se consiga in extremis, al presidente de Radiotelevisión Española, y de ahí para abajo los cargos delicados que de esa figura dependen en el más importante medio público de este país.
Para hacerlo, el Ejecutivo de Rajoy ha extraído una medida excepcional prevista para ser ejercida una sola vez en la ley de 2006. Esa medida ya quedaba obsoleta entonces, porque se usó, pero ahora ha servido para precipitar una decisión que no ha podido esperar, eso ha dicho el Gobierno, por la situación por la que atraviesan las cuentas (los presupuestos) del Ente público.
Lo cierto es que se había dicho que el plazo expiraba en junio. Y lo han hecho expirar antes. El asunto es importante no sólo porque se trata de Radiotelevisión Española, cuya presencia pública como medio de comunicación es vital en el equilibrio informativo en este país, sino porque su arbitrio institucional había resultado modélico y acerca de alguna manera al Ente al paradigma que siempre se cita: la BBC
. Ahora el Gobierno lastrará a quien nombre con el particular designio del que proviene, que es inevitable.
Todos los gobiernos, los socialistas y los populares, han tenido la misma tentación, y la han ejercido, hasta que ha venido la Ley de la radiotelevisión pública.
 Al contrario de lo que sucede con todas y cada una de las televisiones públicas autonómicas, que se dirigen a favorecer a los administradores que eligen a sus presidentes y a sus directores generales o de informativos, la Radiotelevisión del Estado, la de Prado del Rey y la del Pirulí, ha estado y está mirando hacia el interés público, procurando juegos de equilibrios que llegan hasta los límites de la paranoia, pues han de contar minutados obsesivamente porque obsesivamente son analizados por unos y por otros.
Pero ha se ha llegado a alcanzar una profesionalización activa y dialéctica que resulta reconfortante para el telespectador y satisfactoria para el profesional que considera que la radio y la televisión se llama de todos porque sirve a todos y no estrictamente al poder político.
La tentación en la que ahora cae el Gobierno tiene un porvenir muy delicado, pues marca de forma definida a la persona a la que se designa.
Las consecuencias de la decisión anunciada ayer son difíciles de digerir desde el punto de vista institucional, pues a este país le resulta muy necesario el equilibrio entre fuerzas para que ninguna sienta la tentación absoluta de manejar el mando según el viento ideológico del que viene. Socialistas, conservadores, comunistas, centristas...
 Da pavor que los mismos que están empujando para que una profesional como Julia Otero no haga en TVE las excelentes entrevistas que ya hace en Onda Cero (y que ya hizo en TVE y en otras televisiones) se salgan con la suya y atraigan hacia sus exigencias maximalistas lo que debe ser una sosegada gestión del talento.
 Es tiempo de consensos y de nuevos equilibrios, y este que ahora parece que se diluye afecta a la comunicación pública. Y este sector globalmente amenazado es una de las delicadas membranas de la vida española.

19 abr 2012

Toda de Blanco Vestida

En silencio
Por tus manos indolentes
Mi cabello se desfloca;
Sufro vértigos ardientes
Por las dos tazas de moka
De tus pupilas calientes;
Me vuelvo peor que loca
por la crema de tus dientes
En las fresas de tu boca;
En llamas me despedazo
Por engarzarme en tu abrazo,
Y me calcina el delirio
Cuando me yergo en tu vida,
Toda de blanco vestida,
Toda sahumada de lirio!

de Los cálices vacíos (1913)

EDUARDO MALLEA (1903-1982)