Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

20 mar 2012

EL LENGUAJE PLÁSTICO DE UN VISIONARIO DISIDENTE

EL LENGUAJE PLÁSTICO DE UN VISIONARIO DISIDENTE
En una conversación con el escritor canario Víctor Ramírez, en la que surgió el tema de la mezquindad e imbecilidad a que podía llegar el ser humano, éste, en un momento de la misma afirmó tajante: "Por lo menos nos queda el arte, el arte como respuesta del hombre a la miseria de la vida".
Hacía Víctor esta especial y contundente declaración de principios, después de mucho reflexionar, después de mucho disfrutar y aprender con el hecho creativo y después de darse cuenta de que mientras el hombre sea capaz de crear arte y existan personas que aprendan y disfruten con ese arte, habrá un motivo para la esperanza.
Pues bien, Alberto Manrique es uno de estos hombres que tienen el maravilloso don de crear arte -pictórico es el suyo.
 Un don alimentado con las muchas horas de taller y soledad, de trabajo y estudio, imprescindible esfuerzo "placentero" para poder ofrecernos esas obras capaces de producir en el privilegiado espectador, un sutil placer estético o una forma distinta de reflexionar.
Esta nueva exposición de Alberto Manrique continúa ahondando y, por lo tanto, sigue siendo fiel a su línea creativa más personal: aquella en la que el autor bucea mas en su interior en un supremo intento por descubrir que o quien sea él y poder así, compartir el hallazgo con los demás; es entonces cuando con especiales colores: es entonces cuando intenta materializar -en el espacio y el tiempo particular del cuadro-, los sueños, los duendes, los fantasmas que conviven con él, que forman parte de él, que acaso sean él.
Unos cuadros, donde Alberto Manrique -partiendo del supuesto insobornable de que la obra de arte debe ser un territorio para expresarse con total, con absoluta libertad- nos entrelaza historias, visiónes, ideas, sentimientos, recuerdos, fantasías.... que muy bien pudiéramos hacer nuestras.
Aunque Alberto Manrique le imprime a todos y cada uno de los cuadros de esta serie una atmósfera mágica, extraña, subrreal, casi me atrevería a decir que fantasmal, al introducir en ellos elementos, objetos en su mayoría cotidianos, logra crear en el espectador -en mí lo produjo- una especie de atento desconcierto, una cierta inquietud que se traduce en un tenue estremecimiento: desde ese momento quedas irremediablemente atrapado en el ámbito del cuadro, pudiendo ocurrir que te sientas parte del mismo.
Creo que fue Jorge Luis Borges quién dijo que la literatura era como una especie de sueño dirigido. Después de contemplar las creaciones pictóricas de Alberto Manrique no se hace difícil llegar a concluir, al modo de Borges, que su pintura -cada obra, cada cuadro-, es la materialización de un sueño, pero de un sueño consciente que el autor ordena y define, relaciona y le otorga vida propia. Aunque muchas veces da la sensación de libre albedrío, cada pincelada, cada tono, cada colorido, es el resultado de una profunda reflexión, de una muy pensada composición.
Lo aparentemente soñado por Alberto Manrique y que vierte sobre el papel, dé entrad a
nos produce una emoción estética (siempre placentera sí coincidimos con los gustos del autor), luego, como suele ocurrir con los "sueños reales", uno va relacionando, entrelazando e interpretando los ele
mentos que configuran el aunque sólo sea o sirva para uno. Estoy con aquellos que creen que la obra de arte, ya sea un poema, una escultura, una novela, una composición musical o un cuadro, pueden tener una lectura o interpretación distinta a la que le quiso imprimir su autor.
En lo que no caben hacer interpretaciones, según mi opinión, es en el hecho cierto de que el autor siente una atracción muy especial por el placer de las asociaciones indistintas, por la estética del misterio, de lo indeterminado, que muy bien se podría traducir por un intento de romper todos los hábitos mentales que continuamente están condicionando nuestra mirada sobre la realidad visible o la firme creencia de que la única forma posible de entender y distanciarse de la realidad es adentrándose en su nebulosa incongruencia..
En cada creación, es decir, en cada cuadro, Alberto Manrique reinventa y enriquece su mundo particular -con sus recuerdos, sus sueños, sus ilusiones-, utilizando formas y colores únicos con absoluta maestría.
Una diferencia esencial de esta nueva serie con las anteriores, es la clara luminosidad que le imprime a sus últimas creaciones. Si tenemos en cuenta que la mayoría de los cuadros de esta nueva serie se desarrollan en interiores, es decir, en espacios cerrados, el optar por colores y tonos más vivos, le imprime un carácter más vital, más vivifícante, menos sombrío.
Por otro lado, un elemento que permanece sin modificar en todas sus entregas hasta el momento, es el especial cuidado en el tratamiento del espacio en cada creación pictórica.
 Un espacio particular en el que el autor va distribuyendo los elementos que configuran cada cuadro, logrando como resultado una perfecta composición, Estos espacios junto a la movilidad y el ritmo que le confiere a los objetos, las formas y los personajes, me llevan -en un audaz atrevimiento interpretativo-, a decir que están inspirados en las composiciones musicales, por las que tanta pasión siente el autor.
Por todo esto, Alberto Manrique viene a formar parte de esa especial raza de los visionarios disidentes", que en todos los tiempos han ofrecido sus obras artísticas a la humanidad como aportación personal de sus espíritus creativos y sensibles.
Albert France decía que los niños imaginan con facilidad las cosas que desean y no tienen. Cuando en su madurez conservan esa facultad maravillosa, se dice de ellos que son poetas o locos.
Alberto Manrique es, ni más ni menos, que un feliz poeta pictórico.
 
JOSÉ ALMEIDA

Alberto Manrique




El espíritu del café  (103 x 35 cms)
Hoy me hundo en tu luz
en el sabor oscuro de tus ojos,
para tomar el humo, el azabache,
el aroma que nace redondo del café.

Para limpio danzar
con la bruma que hiere con su lluvia nocturna
el júbilo nevado de la leche
como el día y la noche
sedienta telaraña de espumosos manteles,
corruptor de la blanca
doncellez de la nata
aguijón del olfato, no duermes, no descansas,
fustigas la modorra,
relámpago,  memoria de la noche,
esencia, extraño tinte,
como la luz, el fuego, la alegría
es el humo que nace
del fondo de la taza
donde habita el desuelo,
el cerco que amanece entre tus labios
donde la noche hunde su indolencia,
y mis ojos se van
al hogar amoroso de los tuyos,
donde el café ilumina
tierna, con toda el alma,
el humo del espíritu que amo.

José María Millares Sall

Una modesta proposición para que no vacíen la cultura desinquieta

Por: | 20 de marzo de 2012
La tentación de vaciar la cultura es grave; sucede en diversos periodos de la historia y responde a pulsiones del poder que éste debe vigilar para que no contribuya a su propio vacío.
Responde, a veces también, a reacciones en cadena contra "lo que hubo antes", lo que también se llama "la herencia recibida". Tú hiciste aquello, pues yo hago lo contrario.
Ayer publicaba aquí Borja Hermoso un interesante balance del futuro; es decir, contaba qué puede pasar a partir de los presupuestos inmediatos: un vaciamiento progresivo de la cultura española en sus distintos extremos.
 El poder (el poder estatal, el poder autonómico, el poder municipal) puede dejar este país, en lo que a apoyo a la creación cultural se refiere, como un solar.
Esa tentación está ahí y cada vez que se produce un cambio político en determinada dirección conservadora, los medios que sustentan esta tesitura proclaman, simbólicamente, que la cultura subvencionada debe dejar de existir, y claro, remiten al cine como la metáfora de todas las malandanzas.
En el cine suelen estar los rostros más famosos y también, como decía mi madre, los más desinquietos. Y a ellos apuntan como hijos naturales del poder que ha perdido su silla. Entonces, desde las alturas y también desde las bajuras de las nuevas autoridades, se señala el cine como el arcén de todos los males, o de todas las malas administraciones.
Por esa vía se lleva a la música, al teatro, a la cultura del libro, y así sucesivamente. Muerte a la cultura subvencionada, qué se crearán éstos que viven de la teta del Estado, por qué hemos de alimentar con nuestro dinero a estos de la ceja y el títere...
Como si en todos los órdenes de la vida "que no da réditos" el Estado no estuviera subvencionando, o instruyendo para que subvencionen, o, simplemente, apoyando para que no desaparezcan renglones que hacen más vivible la vida de los ciudadanos a los que la Pepa quería (como al Estado), "justos y benéficos".
Se está montando una enorme algarabía de recortes, con el beneplácito de los que quieren los recortes allí donde más le duela "a los otros", y el Estado (las autoridades del Estado) tienen que pararse un momento a pensar si quieren de veras vaciar la cultura para seguir adelante o quieren vaciar la cultura para que ésta no siga adelante manejada por estos desinquietos que una y otra vez les niegan ellos mismos el beneplácito cuando gobiernan o cuando dejan de gobernar.
¿Mi modesta proposición? Prudencia a la hora de tachar la cultura desinquieta; la cultura desinquieta es también el Estado, y contribuye en muy alto grado a la armonía civil que supone vivir juntos cuando les gustan a quienes mandan o cuando no les gustan a los que les mandan. 

19 mar 2012

La Audiencia de Barcelona condena a 22 años a la asesina del 'crimen perfecto'

María Ángeles Molina, 'Angie', mató a una amiga tras pedir préstamos a su nombre por un millón.

María Ángeles Molina 'Angie',durante el juico. / TONI GARRIGA (EFE)
La Audiencia de Barcelona ha condenado a 22 años de cárcel a María Ángeles Molina, conocida como Angie, por el asesinato de su amiga Ana Páez en un apartamento del barrio barcelonés de Gràcia, en 2008. Angie aprovechó la relación de amistad que mantenía con su víctima para apoderarse de sus documentos personales
. Con "el propósito de obtener un beneficio económico", recoge la sentencia, suscribió préstamos y seguros de vida a nombre de Páez por un importe superior al millón de euros.
 Como beneficiaria de esos servicios aparecía Susana B., una mujer "totalmente ajena al plan delictivo" que cometió el error de olvidar su DNI en una copistería de la avenida Diagonal.
El tribunal concluye que Angie es autora de un delito de asesinato con alevosía.
 El crimen fue "especialmente perverso", según la sentencia, ya que la víctima "acudió al apartamento bajo el "señuelo de una cita para cenar".
 Por ese delito, la Audiencia de Barcelona le impone 18 años de cárcel.
 La acusada también es responsable, sigue la sentencia, de un delito de falsedad documental en concurso con un delito de estafa, por el que le impone cuatro años más de cárcel.
La acusada también deberá indemnizar a la familia de la victima con 100.000 euros, lo mismo que a la expareja de esta, con otros 100.000.
 Las distintas entidades bancarias con las que suscribió los contratos también deberán ser indemnizadas.
El magistrado Pedro Martín ha emitido un voto particular, ya que considera que debe condenarse a Angie por un delito de homicidio, y no por asesinato.
 En lugar de 22 años de cárcel, solicita una pena de 17.
Angie concibió un plan de forma premeditada y "decidió matar" a Páez. El 19 de febrero de 2008, la condenada la invitó a cenar en un apartamento de la calle de Camprodon de Barcelona que había alquilado, poco antes, a nombre de Páez y solo para tres días. Antes, por la mañana, Angie había acudido a una sucursal de La Caixa en Mataró, donde había sacado 600 euros de una cuenta a nombre de Páez. La imagen de Angie entrando con peluca en el banco fue captada por las cámaras de videovigilancia.
 "Con el fin de procurarse una coartada", sigue la sentencia, Angie viajó a Zaragoza con un Porsche de su propiedad y recogió las cenizas de su padre, que había muerto un año antes.
 Por la tarde, regresó a Barcelona.
Ya en el apartamento, Angie "adormeció" a su víctima con "un producto cuya naturaleza no ha logrado ser identificada".
Después, le colocó una bolsa de plástico en la cabeza y la cerró alrededor del cuello con varias vueltas de cinta aislante, lo que provocó su muerte.
 La acusada pretendió simular un móvil sexual y por ello impregnó con semen la boca y la vagina de la víctima. Angie había conseguido el semen en una casa de prostitución masculina, donde había contratado los servicios de dos hombres para que se masturbaran delante de ella y metieran el esperma en un frasco.
Durante los registros en el piso de Angie, los Mossos d'Esquadra hallaron una botella de cloroformo (que estaba cerrada) así como una póliza de seguro de Carrefour a nombre de Páez
. La entonces pareja de la acusada entregó a la policía diversa documentación que halló escondida en la cisterna del lavabo de su domicilio; entre otras cosas, el DNI y el pasaporte original de Páez.
La sección segunda de la Audiencia de Barcelona considera que ha quedado "acreditado de modo incuestionable" que Angie suscribió préstamos y seguros de vida a nombre de su amiga.
Así se desprende, recoge la sentencia, de los informes periciales de los Mossos d'Esquadra y del testimonio de diversas personas (como los empleados de los bancos) que, durante el juicio, identificaron a Angie.
Durante el juicio, la acusada negó ser la autora de los hechos y aseguró que, durante el crimen, ella se encontraba de compras.
 Primero, dijo, fue a El Corte Inglés a comprar un reloj para su marido. Después, entró en un Opencor. "Yo es que sin yogures de dulce de leche no soy nada", dijo ante los magistrados y los familiares de Páez, indignados en la sala de vistas.
 "Es tal el cúmulo y la relevancia de los indicios, plenamente acreditados", recoge la sentencia, que no hay dudas sobre la autoría del asesinato. Los magistrados recuedan que Angie "faltó a la verdad" en el juicio, algo que también debe "tenerse en consideración".