El duque de Palma, Iñaki Urdangarin, medita en estos días cómo afrontar su complicada situación dentro de la familia real después de que hubiera trascendido que en las próximas semanas va a ser imputado por su implicación en el caso Palma Arena.
Diversas fuentes coincidieron ayer en señalar que Urdangarin sopesa la posibilidad de difundir un comunicado sobre su situación personal y dentro de la familia real.
Esta semana, ha sido visto en Washington, en los alrededores de su domicilio. El día 5 fue fotografiado, vistiendo ropa deportiva, junto a su hijo Juan
. La semana pasada, la reina doña Sofía visitó a los Duques de Palma en la capital estadounidense, aprovechando un acto oficial en Nueva York.
La Reina paseó con su hija y su yerno y coincidió también con la princesa Alexia, prima de la infanta Cristina, que llegó con su marido y sus hijos.
La Casa del Rey no se ha pronunciado aún sobre los problemas de Urdangarin.
Sin embargo, según fuentes oficiales, su propósito es seguir desvinculando de la primera línea de las actividades oficiales de la familia real a las infantas Elena y Cristina y al marido de esta, Iñaki Urdangarin.
Desde que se conocieron los primeros documentos relacionados con los contratos del Gobierno balear al instituto Nóos del duque de Palma, las fuentes jurídicas relacionadas con el caso han calificado como “inevitable” la imputación del duque.
El socio principal de Urdangarin en este instituto, Diego Torres, beneficiado por los contratos públicos entre 2004 y 2006, lleva seis meses imputado por falsedad documental, prevaricación, fraude a la Administración y malversación de fondos públicos. Urdangarin será imputado antes de dos meses y la investigación excluirá a la infanta Cristina del “círculo cerrado de toma de decisiones” del instituto.
11 dic 2011
Memorias prematuras de Marilyn
En 1954 Marilyn Monroe hacía los equilibrios propios de una estrella que está en la cresta de la ola.
Recién casada con Joe DiMaggio y pese a que solo tenía 28 años, le pareció un buen momento para escribir sus memorias y así aclarar en primera persona las confusas historias que circulaban sobre su infancia y adolescencia, su fugaz primer matrimonio o sus orígenes en Hollywood.
Además, escribir su vida le permitiría demostrar que aunque se había hecho famosa con papeles de encantadora rubia tonta no lo era tanto.
No solo tenía ideas propias sino que no le asustaba expresarlas. "Hollywood es un lugar donde te pagan 1.000 dólares por un beso y 50 centavos por tu alma.
Lo sé porque rechacé la primera oferta bastante a menudo y cobré siempre los 50 centavos", escribe en uno de los capítulos de My story, editada ahora en España por Global Rhythm en una edición que incluye las imágenes exclusivas de uno de sus fotógrafos de cabecera, Milton H. Greene, quien por los azares que rodearon a este accidentado libro (oculto hasta 1974, 12 años después de la muerte de la actriz) acabó siendo dueño de sus derechos.
Marilyn buscó a un escritor con garantías para que redactara My story y pensó en Ben Hecht, el Shakespeare de Hollywood, el hombre detrás de La ley del hampa, Scarface, Primera plana, Encadenados, Con faldas y a lo loco, Luna nueva o Me siento rejuvenecer.
Hecht y Marilyn se citaron durante el mes de marzo de 1954 en el hotel Beverly Hills de Los Ángeles. Los agentes de la actriz y los del escritor habían llegado a un acuerdo para que el guionista hiciera de negro. Hecht no figuraría en los créditos.
La actriz puso sobre la mesa los detalles de su vida. Muchas de las reuniones acababan con ella llorando. Hecht, fascinado con el descarnado material que la actriz le estaba proporcionando, la llamaba "la belle temblores y lágrimas".
Un mes después de las entrevistas, el guionista ya tenía el borrador. A la actriz le gustó, tenía su voz, era ella. Michel Schneider, autor del libro Últimas sesiones con Marilyn, que narra la terapia con el que sería su último y más influyente psicoanalista, Ralph Greenson, escribía hace poco que de todos los libros que existen sobre la estrella My story está entre los imprescindibles. "Aquí Marilyn se revela como una escritora dotada, vulnerable y sensible", dice Schneider.
Lo cierto es que el libro fluye a toda velocidad, en gran medida gracias a sus vivos diálogos.
Parece ligero pero está cargado de intención. Hecht puso orden a los pensamientos de una mujer que ya mostraba su resentimiento hacia Hollywood y su tendencia depresiva: "Sí, había algo especial en mí y sabía de qué se trataba. Yo era el tipo de chica a la que encuentran muerta en su dormitorio con un frasco de somníferos en la mano".
El libro recoge anécdotas e impresiones de sus años como actriz pobre y anónima ("Cuando recuerdo aquel Hollywood desesperado, embustero y pedigüeño que conocí hace tan solo unos años, me entra un poco de nostalgia. Era un lugar más humano que el paraíso primero soñado y luego encontrado.
La gente que lo poblaba, los impostores y fracasados, resultaban más llamativos que los hombres ilustres y los artistas famosos a quienes conocería muy pronto"); sus primeros choques con la realidad de aquel sueño ("En Hollywood la virtud de una chica importa menos que su peinado") y, una vez más, con los vaivenes de su propio ánimo ("Pero no todo era completamente negro... aún no. En realidad nunca lo es.
Cuando eres joven y gozas de buena salud, el lunes puedes planear suicidarte y estar riendo de nuevo el miércoles").
Marilyn relata con una naturalidad que asusta cómo su primera experiencia sexual fue (aunque no use la palabra) una violación.
O cómo su primer amor (que no fue su primer marido, sino un amante que tuvo años después y cuya identidad oculta porque es un hombre casado) la maltrataba:
"Cuando él entraba en mi habitación y me tomaba en sus brazos olvidaba todos mis problemas. Incluso olvidaba a Norma Jeane. Incluso olvidaba que no era fotogénica. [...] 'Lloras con demasiada facilidad', me decía. 'Es porque tu mente no está suficientemente desarrollada. Comparada con tus pechos, es embrionaria...' [...] No me importaba ser una estúpida si él me amaba.
Yo andaba por el arroyo y él por la acera". Finalmente, dejó al tipo, aguantó el tirón de la soledad como pudo y siguió su camino.
Después, entró en su vida Johnny Hyde, el cazatalentos que convirtió a Norma Jeane en Marilyn y que fue, hasta su temprana muerte, su mejor amigo y aliado.
Cuando Milton H. Greene compró los derechos de My story lo hizo para proteger a su amiga, que no quería que se publicara el libro después de que una revista adelantara su contenido, algo que ella vivió como una traición de Hecht. Greene lo mantuvo guardado hasta 1974; entonces lo publicó pero ocultó la mano del guionista en el texto.
Probablemente había algo más y el incidente de la revista solo fue la excusa para sacar el libro de circulación. No era un retrato amable de Hollywood, más bien al contrario, era incómodo de una manera profunda y, aunque a ella aún le quedaban ocho años de vida, ya se intuía el precipicio al que se asomaba. La mujer más deseada de Hollywood llegaba tarde a las citas porque se distraía vaciando y llenando compulsivamente la bañera: "A veces conozco la verdad de lo que estoy haciendo.
No es Marilyn Monroe la que está en la bañera, sino Norma Jeane. Estoy dándole gusto a Norma Jeane. Solía tener que bañarse en el agua que habían utilizado seis u ocho personas.
Ahora puedo bañarme en agua tan limpia y transparente como el cristal. Y parece que Norma nunca tenga suficiente agua limpia".
Recién casada con Joe DiMaggio y pese a que solo tenía 28 años, le pareció un buen momento para escribir sus memorias y así aclarar en primera persona las confusas historias que circulaban sobre su infancia y adolescencia, su fugaz primer matrimonio o sus orígenes en Hollywood.
Además, escribir su vida le permitiría demostrar que aunque se había hecho famosa con papeles de encantadora rubia tonta no lo era tanto.
No solo tenía ideas propias sino que no le asustaba expresarlas. "Hollywood es un lugar donde te pagan 1.000 dólares por un beso y 50 centavos por tu alma.
Lo sé porque rechacé la primera oferta bastante a menudo y cobré siempre los 50 centavos", escribe en uno de los capítulos de My story, editada ahora en España por Global Rhythm en una edición que incluye las imágenes exclusivas de uno de sus fotógrafos de cabecera, Milton H. Greene, quien por los azares que rodearon a este accidentado libro (oculto hasta 1974, 12 años después de la muerte de la actriz) acabó siendo dueño de sus derechos.
"Yo era el tipo de chica a la que encuentran muerta en su dormitorio"
Hecht y Marilyn se citaron durante el mes de marzo de 1954 en el hotel Beverly Hills de Los Ángeles. Los agentes de la actriz y los del escritor habían llegado a un acuerdo para que el guionista hiciera de negro. Hecht no figuraría en los créditos.
La actriz puso sobre la mesa los detalles de su vida. Muchas de las reuniones acababan con ella llorando. Hecht, fascinado con el descarnado material que la actriz le estaba proporcionando, la llamaba "la belle temblores y lágrimas".
Un mes después de las entrevistas, el guionista ya tenía el borrador. A la actriz le gustó, tenía su voz, era ella. Michel Schneider, autor del libro Últimas sesiones con Marilyn, que narra la terapia con el que sería su último y más influyente psicoanalista, Ralph Greenson, escribía hace poco que de todos los libros que existen sobre la estrella My story está entre los imprescindibles. "Aquí Marilyn se revela como una escritora dotada, vulnerable y sensible", dice Schneider.
Lo cierto es que el libro fluye a toda velocidad, en gran medida gracias a sus vivos diálogos.
Parece ligero pero está cargado de intención. Hecht puso orden a los pensamientos de una mujer que ya mostraba su resentimiento hacia Hollywood y su tendencia depresiva: "Sí, había algo especial en mí y sabía de qué se trataba. Yo era el tipo de chica a la que encuentran muerta en su dormitorio con un frasco de somníferos en la mano".
El libro recoge anécdotas e impresiones de sus años como actriz pobre y anónima ("Cuando recuerdo aquel Hollywood desesperado, embustero y pedigüeño que conocí hace tan solo unos años, me entra un poco de nostalgia. Era un lugar más humano que el paraíso primero soñado y luego encontrado.
La gente que lo poblaba, los impostores y fracasados, resultaban más llamativos que los hombres ilustres y los artistas famosos a quienes conocería muy pronto"); sus primeros choques con la realidad de aquel sueño ("En Hollywood la virtud de una chica importa menos que su peinado") y, una vez más, con los vaivenes de su propio ánimo ("Pero no todo era completamente negro... aún no. En realidad nunca lo es.
Cuando eres joven y gozas de buena salud, el lunes puedes planear suicidarte y estar riendo de nuevo el miércoles").
Marilyn relata con una naturalidad que asusta cómo su primera experiencia sexual fue (aunque no use la palabra) una violación.
O cómo su primer amor (que no fue su primer marido, sino un amante que tuvo años después y cuya identidad oculta porque es un hombre casado) la maltrataba:
"Cuando él entraba en mi habitación y me tomaba en sus brazos olvidaba todos mis problemas. Incluso olvidaba a Norma Jeane. Incluso olvidaba que no era fotogénica. [...] 'Lloras con demasiada facilidad', me decía. 'Es porque tu mente no está suficientemente desarrollada. Comparada con tus pechos, es embrionaria...' [...] No me importaba ser una estúpida si él me amaba.
Yo andaba por el arroyo y él por la acera". Finalmente, dejó al tipo, aguantó el tirón de la soledad como pudo y siguió su camino.
Después, entró en su vida Johnny Hyde, el cazatalentos que convirtió a Norma Jeane en Marilyn y que fue, hasta su temprana muerte, su mejor amigo y aliado.
Cuando Milton H. Greene compró los derechos de My story lo hizo para proteger a su amiga, que no quería que se publicara el libro después de que una revista adelantara su contenido, algo que ella vivió como una traición de Hecht. Greene lo mantuvo guardado hasta 1974; entonces lo publicó pero ocultó la mano del guionista en el texto.
Probablemente había algo más y el incidente de la revista solo fue la excusa para sacar el libro de circulación. No era un retrato amable de Hollywood, más bien al contrario, era incómodo de una manera profunda y, aunque a ella aún le quedaban ocho años de vida, ya se intuía el precipicio al que se asomaba. La mujer más deseada de Hollywood llegaba tarde a las citas porque se distraía vaciando y llenando compulsivamente la bañera: "A veces conozco la verdad de lo que estoy haciendo.
No es Marilyn Monroe la que está en la bañera, sino Norma Jeane. Estoy dándole gusto a Norma Jeane. Solía tener que bañarse en el agua que habían utilizado seis u ocho personas.
Ahora puedo bañarme en agua tan limpia y transparente como el cristal. Y parece que Norma nunca tenga suficiente agua limpia".
Los Ancianos y La Bomba
Publicado por Emilio González Déniz
9 dic 2011
Deseo, Jose Miguel Junco Ezquerra.
DESEO
Hay un fuego encendido en la memoria,
un fuego de matices fraternales
hecho de convicciones y de sueños.
A su amparo reclamo tu presencia
para reivindicar desde las manos,
desde el filo basal de la ternura,
un mundo de verdad apetecible.
Querer y sufrir juntos si es preciso
con la estridencia que el vivir impone
y la conciencia que en el ruido crece.
En el nervio frontal de la alegría,
justo donde se amansa la nostalgia
hay una puerta sin cerrar que lleva
a un abrazo cordial sin aspavientos.
En ese punto plantaré los ojos.
CON LA ESPERANZA PUESTA EN LOS HOMBRES Y MUJERES DEL ÁGORA
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