La Academia le concede el galardón honorífico por su contribución al cine español .
Josefina Molina será la tercera mujer en la historia de la Academia del Cine, y la primera no intérprete, que recibirá el Goya de Honor.
Esta tarde, la Junta de la Academia ha decidido otorgarle el premio a una cineasta que ha abierto camino, y que ha sabido compatibilizar con éxito el cine (Función de noche) y la televisión (la serie Teresa de Jesús). "Lo agradezco muchísimo, y aunque a mí estas cosas me abruman me he puesto muy contenta.
Es un honor muy grande que los compañeros se fijen en ti. Cuando [el presidente de la Academia] Enrique González Macho me lo ha comunicado, le he preguntado si se lo habían pensado bien.
Y él me ha contestado que muy bien. Yo ahora estoy un poco asustada", ha declarado esta tarde tras recibir la llamada de rigor con las buenas noticias.
Josefina Molina: "Este no es un país de matices"
Josefina Molina estrena en Sevilla una versión actualizada del texto de 'La lozana andaluza'
Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España
Será la tercera mujer en recibir este homenaje, tras Rafaela Aparicio e Imperio Argentina
Será la tercera mujer en recibir este homenaje, tras Rafaela Aparicio (1988) e Imperio Argentina (1989), y por lo tanto la primera directora. "Lo mejor de todo esto es que represento a una generación de directoras y está muy bien que a las mujeres nos den premios".
La cineasta nació en 1936 en Córdoba.
Tras estudiar Ciencias Políticas, en 1962 fundó el Teatro de Ensayo Medea. Se mudó a Madrid, donde, en 1969, fue la primera mujer que se licenció en la Escuela Oficial de Cinematografía. Josefina Molina entró a trabajar en Televisión Española y allí dirigió diversos programas de Estudio 1, hasta que en 1973 debutó en la gran pantalla con Vera, un cuento cruel.
Su mejor filme lo dirigió cuatro años después: Función de noche, con Lola Herrera, en el que entra como un bisturí en la relación entre Herrera y su expareja, el también actor Daniel Dicenta.
'El camino'
En cuanto a su labor televisiva, El camino, adaptación de la novela de Miguel Delibes, con Amparo Baró; la serie Teresa de Jesús, con Concha Velasco, y Esquilache, basada en la obra de Antonio Buero Vallejo Un soñador para un pueblo, en la que estaban Fernando Fernán-Gómez, Adolfo Marsillach, Amparo Rivelles y Concha Velasco, conforman una trilogía fundamental para la pequeña pantalla en España.
Sus últimas dos películas, Lo más natural (1990), con Charo López, y La Lola se va a los puertos (1993), con Rocío Jurado, no estuvieron a su altura.
Este año ha recibido el premio Mujer de Cine, que otorga el Instituto de la Mujer, y en la actualidad, es presidenta de honor de la Asociación de Mujeres Cineastas (CIMA).
Desde esta edición, el Goya de Honor se entregará en la recepción de candidatos que cada año se celebra en la sede de la Comunidad de Madrid, en la Puerta del Sol.
Así se siguen los pasos de los Oscar, que ha sacado el galardón de honor de la gala principal desde hace tres años.
Aunque la Academia asegura que servirá para realzar el trofeo, ese cambio ha provocado numerosas críticas negativas: da la sensación de que hay premios de primera y otros de segunda. En la ceremonia grande, el 19 de febrero, un vídeo recordará los mejores momentos de ese homenaje.
27 oct 2011
26 oct 2011
"Sin bótox no hay trabajo en Hollywood"
La actriz Robin Wright critica el culto a la juventud en la industria del cine .
Pocas son las voces que se alzan en Hollywood en contra el exceso de cirugía estética y el uso de bótox. Entre ellas está la actriz Robin Wright, de 45 años, que ha lamentado "la falta de papeles en la industria cinematográfica" para actrices maduras que, como ella, se niegan a hacerse tratamientos para parecer más jóvenes. "Sin bótox no hay trabajo".
La protagonista de películas como La princesa prometida (1987) o Forrest Gump (1994), de 45 años, dijo que
en Estados Unidos "la oferta es limitada para quienes no sigan esa ruta", y confesó que le gustaría trabajar más en Europa.
"A lo largo de tu carrera, lo que buscas como actriz no cambia, lo que cambia es lo que está a tu alcance, según tu edad, y, sobre todo,si no te has inyectado bótox", ha denunciado durante el Festival de Cine Tribeca de Doha, donde este año ejerce de jurado. "Espero equivocarme, pero creo que casi estamos programando a los espectadores para que solo quieran ver en la pantalla caras estiradas y lo preocupante es que se están acostumbrando", apostilló.
La actriz estuvo unida sentimentalmente desde 1989 al también actor Sean Penn, con quien se casó en 1996, en una boda que congregó en Santa Mónica (California) a unos 80 invitados, entre ellos Marlon Brando, Jack Nicholson, Robert De Niro, Warren Beatty, Tim Robbins y Susan Sarandon.
Era el primer matrimonio para la actriz y el segundo para Penn, que estuvo casado con la cantante Madonna entre 1985 y 1989. Penn y Wright se conocieron en 1989 durante el rodaje de El clan de los irlandeses, y desde entonces mantuvieron una tormentosa relación.
El divorcio llegó hace un año tras varios intentos de reconciliación.
Tras la separación, la actriz ha vuelto a la primera línea cinematográfica con dos grandes producciones, Rampart, de Oren Moverman, y Los hombres que no amaban a las mujeres, dirigida por David Fincher y basada en uno de los libros de Stieg Larsson.
Wright interpreta a la periodista Erika Berger en la versión estadouniense de la primera novela de la trilogía Millennium del escritor sueco, protagonizada también por Daniel Craig, como Mikael Blomkvist, y Rooney Mara, en el papel de la heroína Lisbeth Salander. "Creo que Larsson se había tomado muchos cafés cuando escribió este libro", bromeó Wright, en alusión a la trepidante trama de la historia.
Según la actriz, Fincher ha sido "fiel a la novela" en su adaptación y en la película, cuyo estreno está previsto para diciembre, demuestra "su capacidad para mostrar con intensidad los detalles que merecen la pena, mientras deja otros a la imaginación". De su colega Craig -el último James Bond- dijo que "es fantástico, divertido y profesional".
Wright, que ha sido jurado del Festival de Cannes (Francia), es este año miembro del panel de jueces del Festival de Cine Tribeca de Doha -hermanado con el Tribeca de Nueva York que patrocina el actor Robert de Niro-, presidido por el director sirio Mohammed Malas.
La actriz señaló que le gusta ejercer de jurado porque "te permite estar abierto a otras perspectivas" y, comparando puntos de vista, uno descubre que pese a "lo diferentes que somos" se puede "conectar".
Pocas son las voces que se alzan en Hollywood en contra el exceso de cirugía estética y el uso de bótox. Entre ellas está la actriz Robin Wright, de 45 años, que ha lamentado "la falta de papeles en la industria cinematográfica" para actrices maduras que, como ella, se niegan a hacerse tratamientos para parecer más jóvenes. "Sin bótox no hay trabajo".
La protagonista de películas como La princesa prometida (1987) o Forrest Gump (1994), de 45 años, dijo que
en Estados Unidos "la oferta es limitada para quienes no sigan esa ruta", y confesó que le gustaría trabajar más en Europa.
"A lo largo de tu carrera, lo que buscas como actriz no cambia, lo que cambia es lo que está a tu alcance, según tu edad, y, sobre todo,si no te has inyectado bótox", ha denunciado durante el Festival de Cine Tribeca de Doha, donde este año ejerce de jurado. "Espero equivocarme, pero creo que casi estamos programando a los espectadores para que solo quieran ver en la pantalla caras estiradas y lo preocupante es que se están acostumbrando", apostilló.
La actriz estuvo unida sentimentalmente desde 1989 al también actor Sean Penn, con quien se casó en 1996, en una boda que congregó en Santa Mónica (California) a unos 80 invitados, entre ellos Marlon Brando, Jack Nicholson, Robert De Niro, Warren Beatty, Tim Robbins y Susan Sarandon.
Era el primer matrimonio para la actriz y el segundo para Penn, que estuvo casado con la cantante Madonna entre 1985 y 1989. Penn y Wright se conocieron en 1989 durante el rodaje de El clan de los irlandeses, y desde entonces mantuvieron una tormentosa relación.
El divorcio llegó hace un año tras varios intentos de reconciliación.
Tras la separación, la actriz ha vuelto a la primera línea cinematográfica con dos grandes producciones, Rampart, de Oren Moverman, y Los hombres que no amaban a las mujeres, dirigida por David Fincher y basada en uno de los libros de Stieg Larsson.
Wright interpreta a la periodista Erika Berger en la versión estadouniense de la primera novela de la trilogía Millennium del escritor sueco, protagonizada también por Daniel Craig, como Mikael Blomkvist, y Rooney Mara, en el papel de la heroína Lisbeth Salander. "Creo que Larsson se había tomado muchos cafés cuando escribió este libro", bromeó Wright, en alusión a la trepidante trama de la historia.
Según la actriz, Fincher ha sido "fiel a la novela" en su adaptación y en la película, cuyo estreno está previsto para diciembre, demuestra "su capacidad para mostrar con intensidad los detalles que merecen la pena, mientras deja otros a la imaginación". De su colega Craig -el último James Bond- dijo que "es fantástico, divertido y profesional".
Wright, que ha sido jurado del Festival de Cannes (Francia), es este año miembro del panel de jueces del Festival de Cine Tribeca de Doha -hermanado con el Tribeca de Nueva York que patrocina el actor Robert de Niro-, presidido por el director sirio Mohammed Malas.
La actriz señaló que le gusta ejercer de jurado porque "te permite estar abierto a otras perspectivas" y, comparando puntos de vista, uno descubre que pese a "lo diferentes que somos" se puede "conectar".
Manuel González Sosa
Manuel González Sosa
Tránsito a tientas
Estudio preliminar de Jorge Rodríguez Padrón
El Placer de Regalar
Jules Laforgue, Berlin, la cour et la ville, Éditions de la Sirène, 1922
Se podrá pensar que como beneficiario de un regalo, hago ahora aquí su panegírico. Bien. Pero el gesto de regalarme porque sí esta bella edición de Laforgue yo lo trato de tú a tú con mi alabanza del soberano placer de perder, al que me refiero por algún recodo en De rastros y encantes.
Es decir, hermano mi soberanía con la del gesto de X este domingo en el Hangar. Dos cosas antes, por discreción virtual coloco una X, cuando en el seno de un libro quizá abriera todas las letras de su nombre. Segundo, a partir de ahora el nuevo emplazamiento del librerío usado de Sant Antoni lo llamaremos, como él lo hace, el Hangar.
Estábamos ante el devoto manantial de Z, el que lleva meses trayéndonos los borbotones de la biblioteca de Daniel Devoto-María Beatriz del Valle-Inclán, cuando empezamos a atrapar como podíamos los libros que remontaban como salmones el recorrido de las cajas a las tablas, esta vez sí, sin la presencia del ínfimo Gran Pelma, que se cuadra y acapara entre sus amplios codos cuanto puede y se le deja. Yo estaba en lo mío -diciéndome, "y después de esto huye"- y él también en lo suyo, aplicadamente, cada cual por su lado, yendo constantemente a la tapa del carro a depositar las ganancias. En esos momentos, en los que hay que espantar a los locos, a los pegajosos, a los sombras, tiene uno que estar muy a solas para hilar fino.
Después, después de que cada uno huyera por su lado para contarle a los cielos lo que había comprado por euro y medio, solo después vi que tenía el Laforgue, y, claro, suspiré porque no había caído por mi lado. Y ya se sabe que cada cual atrapa lo que se merece; al menos hay que creer en eso a ciegas, si no se quiere cegarse de furia. Con lo que no podía contar, ya sentados al venturoso sol de octubre en la terraza del Amigó, con las vacías fachadas del viejo mercado llamándome sin que les saliera la voz, con lo que no podía contar era con eso, el gesto, la sonrisa, el porque sí: "Para ti".
Creo que protesté al instante y de todas maneras le rogué, horas más tarde, que lo reconsiderara, sobre todo a la vista de lo que se pedía en las librerías virtuales por el libro.
Pero él sí que no iba a permitir que el sentido común, la sensatez de mercaderes, recortara su gratuidad, su soberanía, su brindis al sol.
Yo creo que cuando a la noche se lo conté a JMB palideció al otro lado virtual.
Él claro que tenía esa edición, de las más bellas, me dijo, de Édicions de la Sirène. Qué es lo que no tiene nuestro amigo JMB, por otra parte también tan generoso.
Quiero creer que no fue el precio (o el no precio) del libro, una ridiculez a la que el amigo soberano podía convertir en ganancia más que sustanciosa para un librero como él.
Quiero creer que JMB palideció por ese dispendio que hacía a X el hombre más rico en el momento.
Quien celebra la pérdida, será el capaz de comprender el soberano gesto del porque sí.
Se podrá pensar que como beneficiario de un regalo, hago ahora aquí su panegírico. Bien. Pero el gesto de regalarme porque sí esta bella edición de Laforgue yo lo trato de tú a tú con mi alabanza del soberano placer de perder, al que me refiero por algún recodo en De rastros y encantes.
Es decir, hermano mi soberanía con la del gesto de X este domingo en el Hangar. Dos cosas antes, por discreción virtual coloco una X, cuando en el seno de un libro quizá abriera todas las letras de su nombre. Segundo, a partir de ahora el nuevo emplazamiento del librerío usado de Sant Antoni lo llamaremos, como él lo hace, el Hangar.
Estábamos ante el devoto manantial de Z, el que lleva meses trayéndonos los borbotones de la biblioteca de Daniel Devoto-María Beatriz del Valle-Inclán, cuando empezamos a atrapar como podíamos los libros que remontaban como salmones el recorrido de las cajas a las tablas, esta vez sí, sin la presencia del ínfimo Gran Pelma, que se cuadra y acapara entre sus amplios codos cuanto puede y se le deja. Yo estaba en lo mío -diciéndome, "y después de esto huye"- y él también en lo suyo, aplicadamente, cada cual por su lado, yendo constantemente a la tapa del carro a depositar las ganancias. En esos momentos, en los que hay que espantar a los locos, a los pegajosos, a los sombras, tiene uno que estar muy a solas para hilar fino.
Después, después de que cada uno huyera por su lado para contarle a los cielos lo que había comprado por euro y medio, solo después vi que tenía el Laforgue, y, claro, suspiré porque no había caído por mi lado. Y ya se sabe que cada cual atrapa lo que se merece; al menos hay que creer en eso a ciegas, si no se quiere cegarse de furia. Con lo que no podía contar, ya sentados al venturoso sol de octubre en la terraza del Amigó, con las vacías fachadas del viejo mercado llamándome sin que les saliera la voz, con lo que no podía contar era con eso, el gesto, la sonrisa, el porque sí: "Para ti".
Creo que protesté al instante y de todas maneras le rogué, horas más tarde, que lo reconsiderara, sobre todo a la vista de lo que se pedía en las librerías virtuales por el libro.
Pero él sí que no iba a permitir que el sentido común, la sensatez de mercaderes, recortara su gratuidad, su soberanía, su brindis al sol.
Yo creo que cuando a la noche se lo conté a JMB palideció al otro lado virtual.
Él claro que tenía esa edición, de las más bellas, me dijo, de Édicions de la Sirène. Qué es lo que no tiene nuestro amigo JMB, por otra parte también tan generoso.
Quiero creer que no fue el precio (o el no precio) del libro, una ridiculez a la que el amigo soberano podía convertir en ganancia más que sustanciosa para un librero como él.
Quiero creer que JMB palideció por ese dispendio que hacía a X el hombre más rico en el momento.
Quien celebra la pérdida, será el capaz de comprender el soberano gesto del porque sí.
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