O en Strauss. Richard, no el del Danubio Azul:
http://www.youtube.com/watch?v=hGeCjq3uYX0
5 sept 2011
Jóvenes, ricos y muy poderosos
Mark Zuckerberg lidera la lista de los más influyentes en la que se cuela Lady Gaga .
Nunca el mundo del cotilleo fue tan fructífero.
Y si no que se lo pregunten a Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, que cuenta con más de 750 millones de usuarios y cuyo germen inicial fue crear una base de datos con las fotos de las alumnas universitarias más atractivas de Harvard y que sus compañeros pudieran rastrearlas y votarlas.
Este joven de apenas 27 años, que gracias al desarrollo de aquel invento se ha convertido en uno de los hombres más ricos del planeta, tiene una presencia ubicua en listas de toda índole elaboradas por revistas que hacen recuento de quienes tienen las cuentas bancarias más solventes, los trajes más elegantes o la mayor influencia social.
Y la última en coronarle ha sido la revista Vanity Fair, que por segundo año consecutivo ha colocado a Zuckerberg en cabeza de su lista anual New establishment (Nuevos poderosos), construida a golpe de visionarios, prodigios de la ingeniería y emprendedores.
Entre los elegidos por 'vanity fair' hay 15 que tienen menos de 40 años
La lista demuestra que en el siglo XXI el mundo le rinde pleitesía a quienes han sabido crear empresas relacionadas con la tecnología que han cambiado nuestra forma de comunicarnos o hacer negocios.
De ahí que en los nueve primeros puestos todos los nombres estén conectados de una u otra manera a Internet: Sergey Brin y Larry Page de Google ocupan el número dos; Jeff Bezos, fundador de Amazon, el tres; Tim Cook (sucesor de Steve Jobs) y Jonathan Ive, de Apple, el cuarto puesto.
Le siguen dos nombres menos mediáticos pero bien conocidos en el mundo de los negocios online, Marc Andreessen y Ben Horowitz, inversores de capital de riesgo.
No falta Reed Hastings, de Netflix, ni John Lasseter, creador de Pixar, pero rompiendo la tendencia en el número nueve aparece la cantante Lady Gaga, probablemente por el magnetismo que su excentricidad estilística ejerce sobre millones de personas.
Ella es el miembro más joven de la lista, con solo 25 años, y la mujer más influyente de las apenas cinco que se han incluido entre los 50 elegidos.
Tres de ellas, contando con Lady Gaga, aparecen por su relación con la moda, lo cual podría llevar a preguntarse por qué en pleno siglo XXI las féminas siguen asociándose a la estética y no a otras labores y su presencia entre los considerados poderosos sigue siendo tan anecdótica.
Una excepción es Sheryl Sandberg, la segunda de Zuckerberg en Facebook, en el puesto 26, y J. K. Rowling, la escritora que creó la saga Harry Potter. Angela Ahrendts, presidenta de Burberry's, y Natalie Massenet, de la empresa de venta de ropa online Net a porter Group, completan el quinteto femenino.
Y para reiterar aquella vieja frase que dice que el mundo pertenece a los jóvenes, en la lista aparecen 15 personas por debajo de los 40 años, entre ellos actores guapos y mediáticos como Ashton Kutcher, cantantes superventas como Justin Timberlake, o Dennis Crowley, creador de la aplicación Foursquare, que permite a la gente situarse geográficamente en el mapa a través de Internet a cada momento y cuya información se ha convertido en uno de los tesoros más buscados por los anunciantes.
También está Daniel Ek, creador de Spotify, y Jeremy Stoppelman, de Yelp.
En cuanto a la prensa online está Mike Allen, creador de la influyente web Político, aunque sorprende por su ausencia Arianna Huffington, pese al ruido que hace su página en Internet.
Nunca el mundo del cotilleo fue tan fructífero.
Y si no que se lo pregunten a Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, que cuenta con más de 750 millones de usuarios y cuyo germen inicial fue crear una base de datos con las fotos de las alumnas universitarias más atractivas de Harvard y que sus compañeros pudieran rastrearlas y votarlas.
Este joven de apenas 27 años, que gracias al desarrollo de aquel invento se ha convertido en uno de los hombres más ricos del planeta, tiene una presencia ubicua en listas de toda índole elaboradas por revistas que hacen recuento de quienes tienen las cuentas bancarias más solventes, los trajes más elegantes o la mayor influencia social.
Y la última en coronarle ha sido la revista Vanity Fair, que por segundo año consecutivo ha colocado a Zuckerberg en cabeza de su lista anual New establishment (Nuevos poderosos), construida a golpe de visionarios, prodigios de la ingeniería y emprendedores.
Entre los elegidos por 'vanity fair' hay 15 que tienen menos de 40 años
La lista demuestra que en el siglo XXI el mundo le rinde pleitesía a quienes han sabido crear empresas relacionadas con la tecnología que han cambiado nuestra forma de comunicarnos o hacer negocios.
De ahí que en los nueve primeros puestos todos los nombres estén conectados de una u otra manera a Internet: Sergey Brin y Larry Page de Google ocupan el número dos; Jeff Bezos, fundador de Amazon, el tres; Tim Cook (sucesor de Steve Jobs) y Jonathan Ive, de Apple, el cuarto puesto.
Le siguen dos nombres menos mediáticos pero bien conocidos en el mundo de los negocios online, Marc Andreessen y Ben Horowitz, inversores de capital de riesgo.
No falta Reed Hastings, de Netflix, ni John Lasseter, creador de Pixar, pero rompiendo la tendencia en el número nueve aparece la cantante Lady Gaga, probablemente por el magnetismo que su excentricidad estilística ejerce sobre millones de personas.
Ella es el miembro más joven de la lista, con solo 25 años, y la mujer más influyente de las apenas cinco que se han incluido entre los 50 elegidos.
Tres de ellas, contando con Lady Gaga, aparecen por su relación con la moda, lo cual podría llevar a preguntarse por qué en pleno siglo XXI las féminas siguen asociándose a la estética y no a otras labores y su presencia entre los considerados poderosos sigue siendo tan anecdótica.
Una excepción es Sheryl Sandberg, la segunda de Zuckerberg en Facebook, en el puesto 26, y J. K. Rowling, la escritora que creó la saga Harry Potter. Angela Ahrendts, presidenta de Burberry's, y Natalie Massenet, de la empresa de venta de ropa online Net a porter Group, completan el quinteto femenino.
Y para reiterar aquella vieja frase que dice que el mundo pertenece a los jóvenes, en la lista aparecen 15 personas por debajo de los 40 años, entre ellos actores guapos y mediáticos como Ashton Kutcher, cantantes superventas como Justin Timberlake, o Dennis Crowley, creador de la aplicación Foursquare, que permite a la gente situarse geográficamente en el mapa a través de Internet a cada momento y cuya información se ha convertido en uno de los tesoros más buscados por los anunciantes.
También está Daniel Ek, creador de Spotify, y Jeremy Stoppelman, de Yelp.
En cuanto a la prensa online está Mike Allen, creador de la influyente web Político, aunque sorprende por su ausencia Arianna Huffington, pese al ruido que hace su página en Internet.
Declaración psicodélica de amor al mar
El pescador japonés Iori Tomita dejó su trabajo en una compañía de seguros para dedicarse a manipular 'animalitos' fosforescentes que ahora expone por su país .
. .Desde la ciudad, apenas se podía oler el mar.
Y además Iori Tomita no había estudiado oceanografía para acabar en una compañía de seguros. "Sentía que tenía que acercarme más a la naturaleza", asegura este joven japonés por correo electrónico.
Así, cual Alexander Supertramp (el rebelde protagonista de Hacia rutas salvajes) del sol naciente, con 23 años dejó atrás su vida ciudadana para irse a vivir de la pesca y las plantas que encontraba "por la montaña".
Aunque pronto sumó otro recurso a su supervivencia: empezó a realizar y vender animales fosforescentes encerrados en un bote de vidrio.
Meses más tarde, New world transparent specimen se expone por Japón y se ha convertido en su principal oficio.
Cangrejos azules, tortugas moradas y peces con un corazón de luz pueblan el universo psicodélico de Tomita, cuyo Big Bang estalló en la universidad.
"Un profesor nos enseñó un animal transparente que servía como muestra para unos trabajos. No era muy bonito pero pensé que tenía que construir mis propios modelos", asegura Tomita.
A la chispa universitaria se añadieron los recuerdos de una infancia transcurrida en un barco, con su padre, una caña y largas esperas a que algo mordiera el anzuelo.
Tomita descubrió su misión: "Decidí que tenía que hacer llegar esas creaciones a cuanta más gente mejor".
Para darle una segunda vida, más luminosa, a sus animalitos, el japonés quita la piel y las escamas de los cadáveres y aprovecha unos productos químicos para separar las proteínas y los músculos.
Luego, suele teñir el esqueleto de la criatura y guardarla en un bote de glicerina. Tomita solo usa animales que le llevan otros pescadores y que hayan muerto por causas naturales.
Sus creaciones emiten latidos de luz en las galerías de Japón, en una tienda online cuyo precios van de 13 a 2.800 euros, y hasta en una aplicación para iPhone. Pero ante todo fue una red social la que permitió que el río de ideas de Tomita encontrara su océano. "Compartí las imágenes en Mixi [muy conocida en Japón] y recibí muchos comentarios positivos. Hubo usuarios que me ayudaron a encontrar dónde exponer", sostiene Tomita.
Tan agradecido está el japonés que se lanza a una dedicatoria: "Mi vida está basada en la belleza de esas criaturas y en la gentileza de la gente con la que he contactado".
A esa gente el pescador y artista espera devolver el favor: "Quiero que vean el lado escondido de la belleza natural que se les escapa en la vida ordinaria".
Justo esa que abandonó en busca del mar.
. .Desde la ciudad, apenas se podía oler el mar.
Y además Iori Tomita no había estudiado oceanografía para acabar en una compañía de seguros. "Sentía que tenía que acercarme más a la naturaleza", asegura este joven japonés por correo electrónico.
Así, cual Alexander Supertramp (el rebelde protagonista de Hacia rutas salvajes) del sol naciente, con 23 años dejó atrás su vida ciudadana para irse a vivir de la pesca y las plantas que encontraba "por la montaña".
Aunque pronto sumó otro recurso a su supervivencia: empezó a realizar y vender animales fosforescentes encerrados en un bote de vidrio.
Meses más tarde, New world transparent specimen se expone por Japón y se ha convertido en su principal oficio.
Cangrejos azules, tortugas moradas y peces con un corazón de luz pueblan el universo psicodélico de Tomita, cuyo Big Bang estalló en la universidad.
"Un profesor nos enseñó un animal transparente que servía como muestra para unos trabajos. No era muy bonito pero pensé que tenía que construir mis propios modelos", asegura Tomita.
A la chispa universitaria se añadieron los recuerdos de una infancia transcurrida en un barco, con su padre, una caña y largas esperas a que algo mordiera el anzuelo.
Tomita descubrió su misión: "Decidí que tenía que hacer llegar esas creaciones a cuanta más gente mejor".
Para darle una segunda vida, más luminosa, a sus animalitos, el japonés quita la piel y las escamas de los cadáveres y aprovecha unos productos químicos para separar las proteínas y los músculos.
Luego, suele teñir el esqueleto de la criatura y guardarla en un bote de glicerina. Tomita solo usa animales que le llevan otros pescadores y que hayan muerto por causas naturales.
Sus creaciones emiten latidos de luz en las galerías de Japón, en una tienda online cuyo precios van de 13 a 2.800 euros, y hasta en una aplicación para iPhone. Pero ante todo fue una red social la que permitió que el río de ideas de Tomita encontrara su océano. "Compartí las imágenes en Mixi [muy conocida en Japón] y recibí muchos comentarios positivos. Hubo usuarios que me ayudaron a encontrar dónde exponer", sostiene Tomita.
Tan agradecido está el japonés que se lanza a una dedicatoria: "Mi vida está basada en la belleza de esas criaturas y en la gentileza de la gente con la que he contactado".
A esa gente el pescador y artista espera devolver el favor: "Quiero que vean el lado escondido de la belleza natural que se les escapa en la vida ordinaria".
Justo esa que abandonó en busca del mar.
Los (dos) amores de un mito
Al Pacino vuelve a unir su pasión por el teatro y el cine en 'Wilde Salome' - El actor dirige e interpreta una película inspirada en la obra de Oscar Wilde .
"Durante 25 años he combinado el cine y el escenario y estaba dividido entre esas dos cosas.
Después he empezado a filmar lo que me gustaba, sobre todo mi actividad teatral: mi trabajo como director ha empezado así. Solo cuando he llegado a ese punto me he enamorado del cine, cuando he entendido su magia.
Ese momento lo ha cambiado todo para mí. Ahora bien, debo decir que como director sigo siendo un aficionado. De hecho, tengo cinco o seis películas ya hechas que prefiero mantener ocultas.
Quizá en el futuro podré hacer algo tipo Seis personajes en busca de autor, una reflexión, o más bien una relectura, sobre el mundo de Pirandello". Así arrancaba Al Pacino (Nueva York, 1940) su comparecencia ante la prensa para hablar de Wilde Salome, su último -y estupendo- trabajo a ambos lados de la cámara.
En la misma, y partiendo de la obra de Oscar Wilde, el neoyorquino se mete otra vez en el mismo laberinto de entradas y salidas de las tablas, mezclando la propia función con los ensayos, los procesos de selección del reparto o sus múltiples viajes.
La voz de Pacino se convierte en el catalizador de un proyecto que guarda múltiples semejanzas con su anterior trabajo, pero para el que el realizador se reserva más tiempo de cámara, lo cual ha hecho que más de uno enarcara la ceja.
Un contratiempo menor, todo sea dicho.
"Me he proyectado mostrándome como soy: un poco torpe"
El mito se presentaba en la ciudad de los canales con barba, melena y camisa blanca. Nada de trajes aparatosos o falsa pompa, la leyenda en carne y hueso: "Es una ópera muy personal y experimental.
No es una película pero tampoco un documental... Al principio tenía solo una visión, no una historia.
Después he tenido una iluminación, he entendido que debía proceder como si se tratara de un collage. Haciéndolo me he proyectado a mí mismo, mostrándome como soy: un poco torpe, también en la gestión del proceso creativo entre teatro y cine", afirmaba Pacino. El actor, protagonista de películas inolvidables como El precio del poder, Tarde de perros, Serpico o Heat, ya había probado suerte en la dirección con la fantástica Looking for Richard, así que el embrollo no le cogía de sorpresa.
La actriz Jessica Chastain, a su lado, tampoco parecía asustada, quizá porque cuando acudió a Cannes a defender la inmensa El árbol de la vida, tuvo que lidiar con la prensa de todo el mundo sin más compañía que la suya propia, ya que el director, Terrence Malick, hizo el mutis por el foro y Brad Pitt y Sean Penn comen aparte.
Obviamente, y si se habla de Salomé, el nombre de Oscar Wilde aparecería tarde o temprano, así que cuando asomó la cabeza Pacino ya estaba listo para responder: "¿Oscar Wilde? Un progresista, un visionario.
Sin embargo, caminaba por senderos peligrosos y utilizaron su sexualidad para callarle. Wilde tenía una mente superior, intensa, llena de demonios pero también de religiosidad, y me encantaría ver una película sobre el personaje. ¿La mía? No, la mía es sobre el drama de Salomé".
En una rueda de prensa extrañamente serena y sobria incluso hubo tiempo para inquirir al astro sobre el extraño rumbo que ha tomado su carrera como actor en los últimos tiempos, una carrera que parece no encajar con su -impepinable- calidad artística: "He hecho cosas en mi vida que me gustaría no haber hecho, pero en mi vida privada, no en las películas. En cuanto al futuro, pues no lo sé, a veces me siento exhausto pero después se me empiezan a amontonar guiones... siempre digo: 'Seré selectivo', pero finalmente nunca lo consigo.
El propósito, aun así, sigue siendo el mismo: haré solo aquello que sea justo hacer". Y así, con cripticismo o con una rotunda admisión de culpa (como quiera verse), se finiquitó el asunto.
Para que quede constancia: los aplausos al final de la primera proyección de Wilde Salome fueron atronadores así que la crítica salió, una vez más, (muy) satisfecha.
"Durante 25 años he combinado el cine y el escenario y estaba dividido entre esas dos cosas.
Después he empezado a filmar lo que me gustaba, sobre todo mi actividad teatral: mi trabajo como director ha empezado así. Solo cuando he llegado a ese punto me he enamorado del cine, cuando he entendido su magia.
Ese momento lo ha cambiado todo para mí. Ahora bien, debo decir que como director sigo siendo un aficionado. De hecho, tengo cinco o seis películas ya hechas que prefiero mantener ocultas.
Quizá en el futuro podré hacer algo tipo Seis personajes en busca de autor, una reflexión, o más bien una relectura, sobre el mundo de Pirandello". Así arrancaba Al Pacino (Nueva York, 1940) su comparecencia ante la prensa para hablar de Wilde Salome, su último -y estupendo- trabajo a ambos lados de la cámara.
En la misma, y partiendo de la obra de Oscar Wilde, el neoyorquino se mete otra vez en el mismo laberinto de entradas y salidas de las tablas, mezclando la propia función con los ensayos, los procesos de selección del reparto o sus múltiples viajes.
La voz de Pacino se convierte en el catalizador de un proyecto que guarda múltiples semejanzas con su anterior trabajo, pero para el que el realizador se reserva más tiempo de cámara, lo cual ha hecho que más de uno enarcara la ceja.
Un contratiempo menor, todo sea dicho.
"Me he proyectado mostrándome como soy: un poco torpe"
El mito se presentaba en la ciudad de los canales con barba, melena y camisa blanca. Nada de trajes aparatosos o falsa pompa, la leyenda en carne y hueso: "Es una ópera muy personal y experimental.
No es una película pero tampoco un documental... Al principio tenía solo una visión, no una historia.
Después he tenido una iluminación, he entendido que debía proceder como si se tratara de un collage. Haciéndolo me he proyectado a mí mismo, mostrándome como soy: un poco torpe, también en la gestión del proceso creativo entre teatro y cine", afirmaba Pacino. El actor, protagonista de películas inolvidables como El precio del poder, Tarde de perros, Serpico o Heat, ya había probado suerte en la dirección con la fantástica Looking for Richard, así que el embrollo no le cogía de sorpresa.
La actriz Jessica Chastain, a su lado, tampoco parecía asustada, quizá porque cuando acudió a Cannes a defender la inmensa El árbol de la vida, tuvo que lidiar con la prensa de todo el mundo sin más compañía que la suya propia, ya que el director, Terrence Malick, hizo el mutis por el foro y Brad Pitt y Sean Penn comen aparte.
Obviamente, y si se habla de Salomé, el nombre de Oscar Wilde aparecería tarde o temprano, así que cuando asomó la cabeza Pacino ya estaba listo para responder: "¿Oscar Wilde? Un progresista, un visionario.
Sin embargo, caminaba por senderos peligrosos y utilizaron su sexualidad para callarle. Wilde tenía una mente superior, intensa, llena de demonios pero también de religiosidad, y me encantaría ver una película sobre el personaje. ¿La mía? No, la mía es sobre el drama de Salomé".
En una rueda de prensa extrañamente serena y sobria incluso hubo tiempo para inquirir al astro sobre el extraño rumbo que ha tomado su carrera como actor en los últimos tiempos, una carrera que parece no encajar con su -impepinable- calidad artística: "He hecho cosas en mi vida que me gustaría no haber hecho, pero en mi vida privada, no en las películas. En cuanto al futuro, pues no lo sé, a veces me siento exhausto pero después se me empiezan a amontonar guiones... siempre digo: 'Seré selectivo', pero finalmente nunca lo consigo.
El propósito, aun así, sigue siendo el mismo: haré solo aquello que sea justo hacer". Y así, con cripticismo o con una rotunda admisión de culpa (como quiera verse), se finiquitó el asunto.
Para que quede constancia: los aplausos al final de la primera proyección de Wilde Salome fueron atronadores así que la crítica salió, una vez más, (muy) satisfecha.
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