Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

14 ago 2011

Mad city JUAN CRUZ

. .Hubo en Inglaterra un político conservador, sir Keith Joseph, que le abrió los ojos a Margaret Thatcher y la llevó a hacer la revolución conservadora de la que vienen estos lodos. Aquel hombre causó un escándalo cuando explicó que la sociedad británica había que dividirla en 10 o 12 clases sociales, según su tradición o comportamiento. Ahora que vemos lo que pasa en Londres me acuerdo de sir Keith Joseph porque me lo ha traído a la memoria David Cameron, que debe tener esas lecciones en su biblioteca.
 Cuando Cameron le echó la culpa a los padres, y por supuesto a los padres pobres, incapaces de educar adecuadamente a sus hijos, pensé en el líder tory como un alumno aventajado de aquellas sugerencias que unían discriminación a desprecio. La televisión te ofrece explicaciones demasiado sucintas de las cosas.
Y, claro, lo que explican los protagonistas del lado de allá del conflicto (el lado en el que no está el primer ministro), es que lo que ocurre, hooligans aparte, es consecuencia de una política discriminatoria que tenía que explotar (otra vez) algún día. Los incidentes incluyen barbaridades que cometen los ladrones de ahí y de cualquier parte, pero reducir a la nada la responsabilidad política debe ser un capítulo más de lo que hubiera querido sir Keith Joseph en su vademécum discriminatorio.






Pero ninguna explicación de las que ha dado la televisión es tan representativa de lo que sucede como esa película que puso TCM la noche del jueves, en la que Dustin Hoffman actúa como la conciencia del periodismo advirtiendo a la sociedad de que con las personas no deben jugar ni el periodismo ni los políticos.
 La película es Mad city, y narra la historia de un empleado en crisis (económica) que secuestra a los niños que van al museo del que había sido guardián hasta que lo dejaron sin empleo. La sociedad quiere incidente, y la televisión se lo sirve; nadie se pregunta (lo denuncia el periodista) qué sucede para que ese hombre se haya vuelto un bandolero.
Al final todo salta por los aires, el individuo se ha vuelto loco, destroza el museo mientras la policía lo acorrala dándole órdenes y la televisión lo persigue para narrar en directo hasta su suicidio.
La película es de 1997, la dirigió Costa-Gavras y explica más que un telediario de la BBC.

Bromas divinas

Un encuentro internacional en Italia reivindica el humor en las obras gráficas .
. .El Joker ya está derrotado.
 El Pingüino se pudre entre rejas y cuando Catwoman salga de prisión le quedará muy poco de la ladrona atractiva que le creaba dilemas éticos al caballero oscuro. El que fue un superhéroe aguarda sentado y cansado a que la vida le pase por delante.
Su disfraz que desvelaba unos músculos perfectos ahora muestra la herencia de años y kilos de inactividad.
El hombre que fue capaz de acabar con cientos de criminales mira impotente el helado de chocolate que se derrite en su mano y cuelga de su boca.
Parece el final de la esperanza para Gotham.
Pero para suerte de sus ciudadanos, esta versión melancólica de Batman se llama Fatman, es una estatua y protagoniza la 26ª edición de la Bienal Internacional del Humor en el Arte que Tolentino (centro de Italia) celebra hasta el 2 de octubre.






La idea nació, en esta ciudad de 21.000 habitantes, de un médico y caricaturista por afición: Luigi Mari.
 En la primera edición, en 1961, participaron 53 artistas, todos italianos. Hoy los seleccionados proceden de 23 países distintos, aunque el mensaje sigue siendo el mismo. "Encontrar la clave de lectura irónica es la manera mejor de quitarle al arte su cortina de autorreferencialidad", asegura Andrea Gualandri, director artístico de la Bienal.



La muestra reúne 58 piezas con el objetivo de hacer sonreír al visitante e intentar que el mundo del arte se tome menos en serio.
 "En muchas exposiciones hay obras incomprensibles, como si los artistas hablaran entre ellos en código", afirma Gualandri.
 Las piezas de esta bienal en cambio intentan transmitir un mensaje directo, un chiste bien contado: un papa Ratzinger alado y feroz castiga sin piedad a los pecadores, mientras que El grito de Munch observa extasiado las proezas de su equipo de fútbol.
Al límite de la simpatía del creador solo se le añade otro: el arte del novecento (tema de la Bienal 2011).
Casi 600 creadores de 61 países aceptaron el desafío: buscar la risa del jurado.
Entre las 1.295 piezas enviadas había vídeos, instalaciones, esculturas, pero sobre todo cuadros.
 En todo caso, el género daba igual.
"Los criterios eran la cercanía al tema y la habilidad artística", detalla Gualandri. Ganó El fetiche, un cuadro de Anastasia Kurakina que denuncia la falta de innovación de los artistas contemporáneos: un asunto polémico.
 "El arte cómico no es solo entretenimiento, puede transmitir un mensaje serio", sostiene Luca Beatrice, jurado de la muestra.
 En efecto, un cuadro que retrata al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, en un burdel acompañado por Hitler, Stalin y Mussolini alude con dureza a la realidad. "El artista es el bufón que puede decir que el rey está desnudo sin que le detengan", asegura Beatrice.
Aunque no siempre las obras esconden un mensaje profundo. Fucked bird no es más que el Correcaminos, aplastado por un yunque. O "la revancha de los neuróticos que siempre hemos apoyado al Coyote", cuenta divertido Beatrice.
Salvo excepciones, las obras no provocan carcajadas, sino más bien sonrisas. Debe de ser que, como dice Gualandri, "es mucho más complicado hacer reír que hacer llorar".



La situación de la cultura en Italia posiblemente logre provocar ambas reacciones. Para Beatrice, el Ejecutivo debería haber tenido más valor a la hora de recortar y reorganizar los gastos culturales: "Hay que optimizar los fondos con apuestas claras".



Pese al desplome económico de Italia, Gualandri anima a sus compatriotas a no renunciar al sentido del humor:
"Perderíamos nuestro lado mejor, el que tal vez pueda salvarnos". Como un superhéroe. Toda la UE espera que no sea Fatman.

13 ago 2011

Giò Stajano, el primer icono transexual de Italia

Participó en 'La dolce vita' de Fellini como hombre y acabó sintiendo la llamada de la vida monástica como mujer .
MARIANGELA PAONE.
.Giò Stajano sumó varias vidas en una.
 Y no fue solo por su propia voluntad.
El azar le hizo nacer en el profundo sur de la fascistísima Italia de 1931; además, en el seno de una de las familias más afines al régimen.
 Su abuelo, Achille Starace, era el secretario del Partido Nacional Fascista y uno de los hombres fuertes de Benito Mussolini.
Cuando el dictador le vio, primer nieto de su fiel mano derecha, le cogió en sus brazos y celebró "al joven hijo de la masculina juventud itálica".
Nadie podía prever que, 20 años más tarde, Giò rompería los tabúes de un país santurrón declarándose transexual.
Fue a mediados de los años cincuenta y desde entonces Stajano, fallecido a finales del mes pasado, fue para las crónicas el primer transexual declarado de Italia.




Por aquel entonces ya había abandonado Sannicola, el pequeño pueblo de Apulia donde, como su abuelo, había nacido, y vivía en Roma todas las luces y las sombras de la dolce vita.
 Llegó a la capital en 1952 como estudiante universitario, aunque más adelante probaría fortuna como pintor.
 Recién instalado en la ciudad, encontró alojamiento en Via Margutta, la mítica calle de artistas y bohemios, donde conoció a la pintora Novella Parigini, que le introducirá en la jet set romana.



Gracias a Parigini y a las buenas relaciones que consiguió entablar entró en contacto con todos los nombres célebres de la época, convirtiéndose en uno de los personajes de las glamurosas noches romanas que Federico Fellini retrataría en su celebérrima película La dolce vita. Stajano participó en el filme, pero su personaje fue eliminado y no apareció en los títulos de crédito de la obra hasta muchos años después. Según una de las múltiples leyendas que rodean la película, la inolvidable escena de la voluptuosa Anita Ekberg adentrándose en la Fontana de Trevi se inspiró en el baño que Stajano y su amiga Parigini se dieron en la Barcaccia, la fuente de la plaza de España. Pero no fue esta anécdota la que le dio fama. En 1959, un año antes de la presentación de la película de Fellini, había publicado Roma capovolta, el relato de sus alocadas noches romanas: el texto no sobrevivió a la censura, pero le convirtió en el transexual más famoso de Italia. Sin declararse activista de los derechos de los homosexuales se convirtió en un icono del movimiento gay italiano. Suyo fue también el primer espacio dedicado a los homosexuales en una revista italiana, Men.






En 1982 dio otro giro a su vida.
 Siguiendo el célebre ejemplo del transexual francés Jacques-Charles Dufresnoy, Coccinelle, cogió un vuelo a la ciudad marroquí de Casablanca y se sometió a una intervención para cambiar de sexo.
Conservó el apelativo de Giò pero su nombre completo pasó a ser Maria Gioacchina Stajano Starace. "Para mi familia



[la misma que de adolescente le sometió a tratamientos hormonales para fortaceler su masculinidad] fue casi una liberación", contó años más tarde. Empezó entonces, ya como mujer, una carrera de estrella de la pornografía y prostituta de lujo y fue cayendo en el olvido.
Una condición poco llevadera para quien estaba tan acostumbrado a los focos mediáticos.



Fue así como, con ya 60 primaveras, Stajano se las ingenió para volver a dar de qué hablar.
 Se retiró a un monasterio en Piamonte, en el norte de Italia, y organizó el anuncio de su conversión de pecadora a monja.
Pero, según declaró, acabó sintiendo de verdad la llamada de la vida monacal.
No llegó a hacer los votos, pero en la "lucha contra las tentaciones" decidió retirarse a su pequeño pueblo de Apulia, donde acabó sus días.

Filantropía y móviles

BORIS IZAGUIRRE
Una gala benéfica no es una fiesta cualquiera.
 Sus organizadores se reúnen en llamadas "tormentas de ideas" para aportar las que hagan de la gala un éxito.
Una idea es conseguir un famoso para cada mesa, lo cual es bastante complicado porque los famosos huyen de mesas sin otros famosos.
En la Gala Starlite, celebrada en Marbella, introducían famosos en un pasillo sin ventilación. Allí debían esperar su turno en el llamado photocall, que dirigían carpeta en mano dos desconocidas.
 Las directoras de photocall, como se definieron, gestionaban el caudal de famosos que por la lentitud del proceso se volvía goteo.
En el pasillo nos apretábamos Paloma Cuevas, Eugenia Silva, Patricia Rato, La Unión, Anne Igartiburu, Ivonne Reyes, Paula Vázquez, Elena Benarroch.
Más que una sala vip era un embudo vip.
Famosos por un tubo.
Las directoras preferían denominarnos celebrities, que es la palabra in en la Costa del Sol.






Como la prensa española es ajena a las millonarias, no sabe reconocerlas



Se usa mucho la palabra "surrealista" en las galas benéficas. Todo lo es

Para colaborar con la prensa extranjera, escribían el nombre del famoso nacional con un rotulador gordo sobre una pizarra blanca que levantaban con los brazos bien estirados frente al pelotón de fotógrafos.
Parecían azafatas de un combate de lucha libre americana, sin tanga pero con blazer. ¿Una celebrity de verdad necesita la pizarra?
 Para probarlo, apareció en el corredor Jermaine Jackson, famoso fraternal por ser hermano de Michael. Jermaine vestía una batola negra de inspiración hindú.
Iba muy tieso, como si ocultara una espada samurái o una escoba en la espalda. En realidad se trataba de una trenza a lo ensaimada en su cabello. Una importante obra de ingeniería capilar.



Mientras las directoras de photocall decidían si escribían su nombre o no en la pizarra, una señora Swarovsky, de los cristales Swarovsky, atravesó el concurrido pasillo acompañada de una representante con minifalda, piernotas y paso de coronel. Juntas, dejaron atrás al embudo vip y se plantaron frente a los fotógrafos.
 Las directoras no sabían qué nombre ponerle en la pizarra. Y como la prensa española es alérgica a las millonarias, no sabe reconocerlas, nadie la fotografiaba.
Los famosos hacinados empezaron a indignarse ante el cuele de la millonaria. No daban crédito a su actitud poco solidaria.
Un matrimonio guiri de Marbella, que hacía su propio photocall, se propuso para suplantar a los famosos que abandonaban.
 Con esa pizarra, tan didáctica como democrática, sus nombres alemanes podrían presentarlos como tíos de Claudia Schiffer.



En la cena, Eva Longoria demostró su felicidad de enamorada.
Se dejó acariciar tanto por su novio Eduardo Cruz que la organización les distanció discretamente en el segundo plato. Longoria fue presentada como filántropa. ¿Qué es una filántropa? Alguien que posee fundaciones que gestionan caridad.
También puede serlo, según se supo en la gala, aquella que haya trabajado con muchas celebridades que no han perdido el deseo de ayudar y se embarcan en la búsqueda de la filantropía global. O sea, que la filantropía tiene un poco de búsqueda y otro poco de photocall.
 No es fácil, ni entenderlo ni practicarlo.
La filantropía es una industria exigente, se espera que cada cena, comida, merienda sea una actividad lucrativa. En un mundo donde ya no hay dinero, la nueva caridad es encontrarlo y redistribuirlo. ¿Deben los filántropos ocupar el sitio de los banqueros?



En las galas benéficas también se usa mucho la palabra "surrealista". Todo lo es: la cola para ir al baño, la decoración en las mesas.
Los invitados, como una extraña pareja de infantes vestidos como adultos en una fiesta en Saint-Tropez. Estampado, melenón y maxibolso de Hermès, la niña. Gomina y atuendo de almirante, el niño.
¿Eran niños o liliputienses? La duda creció tanto que Félix Sabroso fue elegido para interrogarles.
En inglés les preguntó: "¿Sois blogueros o niños?". Asombrados de tanta atención, respondieron sus edades, 10 y 12 años.
Cuando al día siguiente las imágenes de los saqueos en Londres eclipsaron las de la gala, recordé que estos extraños niños disparaban fotos con las mismas cámaras y móviles que los saqueadores obtenían en las zonas empobrecidas de la ciudad con más millonarios de Europa.



En los saqueos en Londres, llama la atención que el móvil es la nueva arma. El objeto de deseo. Y el escudo protector es la capucha. Entre las capuchas hay una marca líder, un sello de celebridad: Adidas, la firma deportiva que también viste a Fidel Castro y Hugo Chávez en sus recuperaciones. Lo sucedido en Londres recuerda a La naranja mecánica, la película de Stanley Kubrick. En ella, Alex es el líder de una banda de violentos que, vestidos de manera determinada, practican el terror en un Londres futurístico pero atrapado en su aburrimiento y diferencias sociales. Alex y los suyos bebían leche enriquecida después de violar y apalear, llevaban bombín, bastón y pestañas postizas.



Ni a Anthony Burgess, autor de la novela que inspiró el filme, ni a Kubrick, se les ocurrió incorporar el teléfono móvil como un arma.
 Un arma que combina eficacia, terror y glamour. Lo llevan filántropas, saqueadores e indignados y la llaman como una mascota, "mi BlackBerry".
Sus mensajes no dejan rastro para la policía.
En Venezuela, la marca canadiense recauda el 70% de sus ventas americanas. Chávez gobierna a través de ella, desde su radioterapia cubana.
 Igual que las filántropas pujan y los famosos se entretienen esperando en los pasillos del photocall.