.Vaya por delante que estoy de acuerdo con la ley de paridad. Ya sé que este tipo de leyes siempre se prestan a comentarios con frecuencia algo salidos de tono, pero, por lo que he leído, las leyes de discriminación positiva han funcionado bastante bien en países más avanzados que el nuestro (Barack Obama es un ejemplo). Así pues, ninguna queja acerca de la decisión del Ministerio de Cultura de cambiar la composición del jurado del Premio Nacional de Cinematografía porque no cumplía los porcentajes que señala la ley.
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Cultura ha apostado por el equilibrio... pero lo ha hecho de una forma muy rara
Sí discrepo, en cambio, con los comentarios de algunas de las responsables políticas que se citan en el artículo de EL PAÍS titulado ¡Alto: aquí no hay mujeres!, y con varias de las consideraciones que mi amiga y compañera Inés París vierte en su artículo El valor de la igualdad.
"Cultura ha hecho una apuesta clara y merecedora de aplauso en pro del equilibrio en la toma de decisiones" (Laura Seara, directora general del Instituto de la Mujer). Sí, probablemente el Ministerio lo ha hecho, pero de una forma un poco rara. Los dos representantes del Ministerio en el jurado son hombres. Ya sé que el director general de Cine tiene que presidir el jurado, con independencia de que sea mujer u hombre. Pero, ¿por qué el segundo representante del Ministerio no es una mujer? ¿Hay alguna razón legal? No entiendo por qué el equilibrio es mejor si hay dos representantes varones por parte del Ministerio, y el equilibrio es menor si asiste al jurado Enrique González Macho, presidente de la Academia de Cine, y, por tanto, votado por los académicos y académicas. Creo que las / los responsables políticos deberían ser los primeros en cumplir la ley y cuidar al máximo sus declaraciones.
Tampoco puedo estar de acuerdo con la afirmación de Inés París cuando escribe que las asociaciones representadas en el jurado nos eligieron -a algunos- para representarlas por ser hombres, en detrimento de las mujeres de nuestras diferentes juntas directivas. No lo creo. Yo fui elegido por la junta directiva de ALMA porque soy el presidente. Y tanto mi junta como yo mismo fuimos elegidos por voto directo y secreto de los miembros de la asociación. Por tanto, democráticamente es indiferente si ALMA está representada por mí (un hombre) o por la vicepresidenta Marisol Farré (una mujer). No lo es, en cambio, respecto a la ley de paridad. Y si el Ministerio nos hubiera avisado con tiempo, Marisol Farré hubiera ocupado la representación de ALMA el lunes 18 de julio, sin problema o discusión alguna, y exactamente con el mismo respaldo democrático que el que yo tenía cuando me senté en la mesa del jurado.
También discrepo con Inés París cuando escribe que "un jurado compuesto en una mayoría aplastante por personas del sexo masculino, es menos plural, menos diverso y menos democrático". ¿Por qué? ¿Es que acaso un jurado compuesto en una mayoría aplastante por personas del sexo femenino es menos plural, menos diverso y menos democrático? Creo que no, y creo que cada persona, con independencia de su género, es una mezcla de gustos, fobias, manías e ideas preconcebidas. Por esta razón, nunca he participado de la idea de la mujer o del hombre según su género.
Como he dicho al principio de estas líneas estoy de acuerdo con la ley de paridad. Pero creo que a veces sus impulsoras la hacen innecesariamente antipática con sus declaraciones.
Reconociendo que es un paso adelante para la mujer española, no se les debería olvidar a los / las responsables políticos, tal y como ocurrió durante el mandato de la exministra Aído, que junto al desarrollo de esta ley quizá hubiera sido interesante la creación de una extensa red de guarderías públicas para que las mujeres con hijos pudieran incorporarse al mercado de trabajo, además de a los jurados, en cierta igualdad con los hombres.
La invisibilidad femenina y la vida y la independencia de las mujeres españolas mejoraría mucho. En cuanto a los inconvenientes que la suspensión del jurado trajo a las agendas de trabajo de los allí presentes, solo hablo por mí mismo. Mi inexistente y vacía agenda de trabajo no sufrió alteración ninguna. Por tanto, no tengo de qué quejarme.
Agustín Díaz Yanes, director de cine y guionista, acudió a la reunión del jurado del Premio Nacional de Cine del pasado lunes como presidente de ALMA (Autores Literarios de Medios Audiovisuales).
Tras la decisión de Cultura de suspender la composición del jurado, Díaz Yanes será sustituido por la vicepresidenta de ALMA, Marisol Farré, en la reunión de mañana.
21 jul 2011
Bodas de suspense
Es posible que este año no se haya casado nadie que conozca. Que conozca, de verdad. Aun así, el riesgo de haber sufrido un empacho nupcial es elevado. Sobre todo, porque las bodas de príncipes, un orgasmo para el romanticismo, resultan de digestión pesada para el que no tiene paciencia para cuentos.
Pero incluso los menos entusiastas de estas ceremonias deberían admitir que esta temporada han tenido momentos de interés, preñados de detalles oscuros.
Desde la red de mentiras que mantuvo en secreto la diseñadora del vestido de Catalina Middleton hasta el corte de mangas que Kate Moss dispensó a una de las marcas que paga sus facturas -Dior- al casarse de John Galliano.
Los enlaces de fábula de 2011 habrían sufrido una severa edición en Disney.
La de Mónaco ha sido, con poca discusión, la más tenebrosa de todas las bodas que hemos vivido/sufrido.
En un terrorífico escenario de cartón piedra, se habrían colmado las más sádicas fantasías de venganza de Alfred Hitchcock. La actriz Grace Kelly protagonizó tres de sus películas antes de convertirse en princesa en 1956.
"Él hubiera hecho con ella las siguientes 10", según el guionista de Atrapa a un ladrón, John Michael Hayes. "Las actrices que eligió después eran intentos de recuperar una imagen de Grace que reverenciaba".
En el minúsculo país que le arrebató su objeto de deseo, se televisó una trama de cine negro y estética blanca. Protagonizada por una acongojada novia moldeada a imagen de la suegra muerta.
A Hitchcock debía de erotizarle transformar a una mujer en otra.
Lo utilizó como material narrativo en Vértigo y quiso convertir a Tippi Hedren en una nueva Grace. Del fiasco de Marnie la ladrona habló en sus conversaciones con François Truffaut. En la charla, también le contó la clave de la tensión de sus filmes con un ejemplo célebre.
Si en una secuencia estalla una bomba bajo la mesa, te llevas un susto.
El suspense aparece cuando el espectador conoce la existencia del explosivo y el narrador juega con su angustia.
La gracia en esta desgracia es que la boda del hijo de su idolatrada rubia se convirtió en un buen ejemplo de su teoría del suspense. Porque el espectador sabía que había una bomba: el rumor de que un nuevo hijo podría engordar la prole del novio, que ya tendría familia -ilegítima- numerosa.
¿Plantaría la gélida rubia impecablemente vestida al príncipe y a su coro de hermanas de Chanel rosa? ¿Acabaría por decir no? De acuerdo, el artefacto no estalló. Pero la bomba sigue ahí.
Pero incluso los menos entusiastas de estas ceremonias deberían admitir que esta temporada han tenido momentos de interés, preñados de detalles oscuros.
Desde la red de mentiras que mantuvo en secreto la diseñadora del vestido de Catalina Middleton hasta el corte de mangas que Kate Moss dispensó a una de las marcas que paga sus facturas -Dior- al casarse de John Galliano.
Los enlaces de fábula de 2011 habrían sufrido una severa edición en Disney.
La de Mónaco ha sido, con poca discusión, la más tenebrosa de todas las bodas que hemos vivido/sufrido.
En un terrorífico escenario de cartón piedra, se habrían colmado las más sádicas fantasías de venganza de Alfred Hitchcock. La actriz Grace Kelly protagonizó tres de sus películas antes de convertirse en princesa en 1956.
"Él hubiera hecho con ella las siguientes 10", según el guionista de Atrapa a un ladrón, John Michael Hayes. "Las actrices que eligió después eran intentos de recuperar una imagen de Grace que reverenciaba".
En el minúsculo país que le arrebató su objeto de deseo, se televisó una trama de cine negro y estética blanca. Protagonizada por una acongojada novia moldeada a imagen de la suegra muerta.
A Hitchcock debía de erotizarle transformar a una mujer en otra.
Lo utilizó como material narrativo en Vértigo y quiso convertir a Tippi Hedren en una nueva Grace. Del fiasco de Marnie la ladrona habló en sus conversaciones con François Truffaut. En la charla, también le contó la clave de la tensión de sus filmes con un ejemplo célebre.
Si en una secuencia estalla una bomba bajo la mesa, te llevas un susto.
El suspense aparece cuando el espectador conoce la existencia del explosivo y el narrador juega con su angustia.
La gracia en esta desgracia es que la boda del hijo de su idolatrada rubia se convirtió en un buen ejemplo de su teoría del suspense. Porque el espectador sabía que había una bomba: el rumor de que un nuevo hijo podría engordar la prole del novio, que ya tendría familia -ilegítima- numerosa.
¿Plantaría la gélida rubia impecablemente vestida al príncipe y a su coro de hermanas de Chanel rosa? ¿Acabaría por decir no? De acuerdo, el artefacto no estalló. Pero la bomba sigue ahí.
Las seis reinas del Reina
El arte hecho por mujeres invade las salas del museo madrileño .
.Guerreras y misteriosas, poéticas y carnales, excéntricas y terrenales, las seis mujeres que han invadido esta temporada las salas y los espacios del Reina Sofía tienen rasgos comunes y una riqueza variante.
Entre las estrellas de neón luminosas y los falos de Yayoi Kusama, la geométrica y colorida definición del tiempo con que mide la vida Lygia Pape o los agujeros negros de Elena Asins, hay visiones y angustias comunes.
Entre el cuero suspendido de Leonor Antunes, la naturaleza sabia de Lili Dojourie y los himnos confusos de Maja Bajevic, se adivinan alborotadas conexiones sensoriales que nos las acercan y alejan del tiempo.
Kusama se recluyó en un psiquiátrico del que sale cada día para ir a su taller
La brasileña Lygia Pape encerró los 365 días en 'El libro del tiempo'
Su obsesión común es salirse del cuadro. Envolver con su arte al espectador fuera del sentido básico de la vista. Penetrar el oído, el olor, el gusto, incitar al tacto despistado. "Yo odio el marco", comenta Asins (Madrid, 1940), a quien el museo ha dedicado un gran reconocimiento del que se siente especialmente emocionada. "Aquí me han tratado mejor que mi padre... Literal", asegura.
Pero aparte de la mística artista española retirada en Azpirotz, un pueblo de Navarra, obsesionada en ver las cosas con el filtro del blanco y negro, las estrellas del momento en el museo son la japonesa Kusama y la brasileña Lygia Pape. La primera dobló los grilletes de las convenciones en los años sesenta en Estados Unidos con performances descarnadas y reivindicativas que le costaron la cárcel. Luego regresó a Japón y se recluyó voluntariamente en un psiquiátrico del que sale cada día a su taller y vuelve por la noche a dormir.
La sala recibe con unas enormes bolas rojas y blancas que han dejado huella de sombra por sus hipotéticos botes en el suelo. El recorrido es cronológico. Al principio, en los años cincuenta, Yayoi Kusama (Matsumoto, 1929) se lanza a explorar el surrealismo a base de vaginas que se asemejan a plantas carnívoras y después coquetea con el pop. "Son las dos corrientes de vanguardia absolutamente globales", explica el director del museo madrileño.
Luego llegan los penes como púas hirientes, la bofetada del expresionismo abstracto y finalmente la paz de su cueva luminosa, donde rompe en varias dimensiones la sensación del tiempo y el espacio y te adentra radical y plácidamente en su mundo de estrellas inventadas. "No les gusta este mundo", expone Manuel Borja-Villel, "por eso crean el suyo propio y te invitan a penetrar en él sin darte certezas".
El misterio de la inadaptación y la huida femenina también da vueltas en el mundo de Lygia Pape (Nova Friburgo, 1927-Río de Janeiro, 2004).
Fue capaz de tejer finísimos tubos de oro y plata que vuelan entre la luz y la sombra al tiempo que esbozó vulvas húmedas en un primer plano de la boca de un hombre para su corto Eat me.
En uno hace bailar la poesía; en otro consiguió aflorar los bajos instintos al ritmo de una voz que pregunta: "¿Gula o lujuria?". Además trascendió y encerró los días en El libro del tiempo, una obra que ocupa una pared en la que cuelgan 365 figuras diversas para plasmar una clara metáfora. "Que cada día tiene su afán", explica Borja-Villel.
Asins invita a cierta paz tricolor mezclada con los elementos interiores convulsos de sus cardiogramas. Su trazo sutil busca, dice ella, "un mundo perfecto". Aunque sea oscuro, como el del espacio negro. "Está pensado para agudizar la vista y mirar en la oscuridad", comenta Asins. Es el regreso femenino voluntario a la cueva de Platón. Según el director del museo, "ellas quieren estar dentro; nosotros, salir".
Por lo pronto, otras dos artistas están fuera del Reina Sofía, aunque en espacios organizados y pensados por el museo madrileño. Bajevic (Sarajevo, 1967) muestra en el Palacio de Cristal del Retiro madrileño su obra Continuará. Mientras que la belga Dujourie (Roeselare, 1941) expone en Santo Domingo de Silos (Burgos) su muestra La naturaleza es sabia. Las seis componen un sexteto radical, ambicioso y plenamente moderno en el arte contemporáneo.
Son las seis reinas del Reina.
.Guerreras y misteriosas, poéticas y carnales, excéntricas y terrenales, las seis mujeres que han invadido esta temporada las salas y los espacios del Reina Sofía tienen rasgos comunes y una riqueza variante.
Entre las estrellas de neón luminosas y los falos de Yayoi Kusama, la geométrica y colorida definición del tiempo con que mide la vida Lygia Pape o los agujeros negros de Elena Asins, hay visiones y angustias comunes.
Entre el cuero suspendido de Leonor Antunes, la naturaleza sabia de Lili Dojourie y los himnos confusos de Maja Bajevic, se adivinan alborotadas conexiones sensoriales que nos las acercan y alejan del tiempo.
Kusama se recluyó en un psiquiátrico del que sale cada día para ir a su taller
La brasileña Lygia Pape encerró los 365 días en 'El libro del tiempo'
Su obsesión común es salirse del cuadro. Envolver con su arte al espectador fuera del sentido básico de la vista. Penetrar el oído, el olor, el gusto, incitar al tacto despistado. "Yo odio el marco", comenta Asins (Madrid, 1940), a quien el museo ha dedicado un gran reconocimiento del que se siente especialmente emocionada. "Aquí me han tratado mejor que mi padre... Literal", asegura.
Pero aparte de la mística artista española retirada en Azpirotz, un pueblo de Navarra, obsesionada en ver las cosas con el filtro del blanco y negro, las estrellas del momento en el museo son la japonesa Kusama y la brasileña Lygia Pape. La primera dobló los grilletes de las convenciones en los años sesenta en Estados Unidos con performances descarnadas y reivindicativas que le costaron la cárcel. Luego regresó a Japón y se recluyó voluntariamente en un psiquiátrico del que sale cada día a su taller y vuelve por la noche a dormir.
La sala recibe con unas enormes bolas rojas y blancas que han dejado huella de sombra por sus hipotéticos botes en el suelo. El recorrido es cronológico. Al principio, en los años cincuenta, Yayoi Kusama (Matsumoto, 1929) se lanza a explorar el surrealismo a base de vaginas que se asemejan a plantas carnívoras y después coquetea con el pop. "Son las dos corrientes de vanguardia absolutamente globales", explica el director del museo madrileño.
Luego llegan los penes como púas hirientes, la bofetada del expresionismo abstracto y finalmente la paz de su cueva luminosa, donde rompe en varias dimensiones la sensación del tiempo y el espacio y te adentra radical y plácidamente en su mundo de estrellas inventadas. "No les gusta este mundo", expone Manuel Borja-Villel, "por eso crean el suyo propio y te invitan a penetrar en él sin darte certezas".
El misterio de la inadaptación y la huida femenina también da vueltas en el mundo de Lygia Pape (Nova Friburgo, 1927-Río de Janeiro, 2004).
Fue capaz de tejer finísimos tubos de oro y plata que vuelan entre la luz y la sombra al tiempo que esbozó vulvas húmedas en un primer plano de la boca de un hombre para su corto Eat me.
En uno hace bailar la poesía; en otro consiguió aflorar los bajos instintos al ritmo de una voz que pregunta: "¿Gula o lujuria?". Además trascendió y encerró los días en El libro del tiempo, una obra que ocupa una pared en la que cuelgan 365 figuras diversas para plasmar una clara metáfora. "Que cada día tiene su afán", explica Borja-Villel.
Asins invita a cierta paz tricolor mezclada con los elementos interiores convulsos de sus cardiogramas. Su trazo sutil busca, dice ella, "un mundo perfecto". Aunque sea oscuro, como el del espacio negro. "Está pensado para agudizar la vista y mirar en la oscuridad", comenta Asins. Es el regreso femenino voluntario a la cueva de Platón. Según el director del museo, "ellas quieren estar dentro; nosotros, salir".
Por lo pronto, otras dos artistas están fuera del Reina Sofía, aunque en espacios organizados y pensados por el museo madrileño. Bajevic (Sarajevo, 1967) muestra en el Palacio de Cristal del Retiro madrileño su obra Continuará. Mientras que la belga Dujourie (Roeselare, 1941) expone en Santo Domingo de Silos (Burgos) su muestra La naturaleza es sabia. Las seis componen un sexteto radical, ambicioso y plenamente moderno en el arte contemporáneo.
Son las seis reinas del Reina.
'Intruders': Carahueca ya está aquí
'Intruders': Carahueca ya está aquí
Por: Álvaro P. Ruiz de Elvira
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Han pasado 15 años desde que el director Juan Carlos Fresnadillo fuera candidato al Oscar por su corto Esposados y 10 desde su ópera prima, el thriller Intacto, con el que agradó a público y crítica.
Tardó seis años en volver a estrenar una película, y tampoco defraudó: 28 semanas después continuaba la historia abierta por Danny Boyle en 28 días después sobre un virus que se expande por todo Reino Unido convirtiendo a los afectados en una especie de zombis (¿O infectados como se discutió en su día en muchos foros en Internet?). Este año, una década después de su primer largo, Fresnadillo estrena Intruders, una historia de intriga con Clive Owen, Pilar López de Ayala, Carice van Houten y Daniel Brühl como protagonistas.
Nicolás Casariego (guionista de ¿Tú qué harías por amor? e Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero) y Jaime Marques (director de Ladrones) firman el guión, que cuenta dos historias:
Por un lado, en España, una madre debe proteger a su hijo del ataque de un desconocido sin rostro.
Por otro, en Inglaterra, una niña tiene pesadillas con un fantasma de nombre Carahueca…
Intruders abrirá el Festival de San Sebastián el 16 de septiembre y se estrenará en España el 7 de octubre
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