ROSA MONTERO
En estos tiempos resbaladizos, una de las pocas cosas que podemos decir sin miedo a equivocarnos es que la vida es un maldito lío.
Una lectora me escribe contando que se sintió fatal porque, en medio del júbilo general, ella no se alegró de la muerte de Bin Laden.
La entiendo muy bien e incluso creo que mi desasosiego es aún peor, porque yo sí me alegré de la muerte de Laden, y al mismo tiempo me parece un sentimiento primitivo y bárbaro que no puede conducir a nada bueno.
En fin, ojalá lo hubieran detenido y lo hubieran llevado a juicio, en vez de entrar allí a sangre y fuego (por no mencionar las torturas en Guantánamo).
Pero la realidad se empeña en ser como es, tozudamente ambigua y éticamente gris, una realidad en la que toda decisión es conflictiva.
Las contradicciones se ven con especial claridad en el caso de Libia ¿Debemos estar ahí? ¿No debemos estar? ¿No se está convirtiendo la intervención occidental en un disparate? Además, lo cierto es que las guerras las carga el diablo...
O sea, al final siempre habrá demasiada muerte, siempre habrá dolor e injusticia.
Y, sin embargo...
Antes de esta intervención ya había empezado la masacre y Gadafi bombardeaba a la gente indefensa.
Yo hubiera deseado que se actuara antes, que se impidieran las primeras matanzas. Tal vez, entonces el conflicto no habría alcanzado estas dimensiones.
O sí, porque, como hemos dicho, las guerras las promueve el diablo.
Pero, ¿cuál es la otra opción? ¿Permanecer de brazos cruzados y mirando para otra parte, como hicimos en Ruanda mientras los hutus asesinaban a un millón de tutsis, o como repetimos en Sierra Leona, mientras pelaban a machetazos a los niños, cortándoles las orejas, las narices, los brazos, las piernas?
¿Puede uno sentirse éticamente más limpio tan solo porque, al volverte de espaldas, la sangre de las carnicerías te salpica menos?
A mí, la verdad, no me es bastante.
10 may 2011
Mitificación DAVID TRUEBA
La mitificación es uno de los más claros ejemplos de trascendencia y modelado de la realidad a semejanza de los recursos de la ficción.
A lo largo de los siglos, elevar a mitos a personas, lugares y acontecimientos, ha sido algo tan necesario como el comer.
El mito escapa al control.
En cambio, en la mixtificación hay una manipulación consciente, elaborada, falseada. El siglo XXI se despertó con la perfecta encarnación del mal en el ataque a las Torres Gemelas y en cuestión de minutos Osama Bin Laden era el icono del lado oscuro, el nuevo Fu-Manchú de la amenaza terrorista.
Tras cazar a su enemigo más buscado, el presidente Obama difundió un mensaje de casi diez minutos, desde un pasillo de la Casa Blanca, con aire de improvisación de madrugada, pero leído y en plano fijo.
Al tratarse de un maestro de la oratoria, estudioso de los pastores religiosos más carismáticos y de los discursos sociales más relevantes del siglo XX americano, fue significativo que Barack Obama trastabillara en dos ocasiones en la misma frase, aquella en la que recordaba que desde el día de los atentados la prioridad de la defensa norteamericana fue capturar a Bin Laden y ponerlo a disposición de la justicia.
El resto del discurso fue la búsqueda de amparo en las víctimas de Al Qaeda, franquicia del terrorismo islamista.
Osama Bin Laden estaba muy cerca, demasiado cerca de Islamabad y del mundo.
No había cuevas remotas, sino mansiones hiperprotegidas y telecomunicaciones de alto nivel.
Demasiado cerca estuvo también en su día, en la guerra de Afganistán, cuando comenzó su nexo con la política exterior norteamericana.
Esa cercanía, el manejo de los medios audiovisuales a la vez que reivindicaba un falso esencialismo primitivo, el aspecto entre siniestro y místico, su metralleta en sandalias y su capacidad para globalizar el terror, todo eso ayudó a fabricar el mito más rotundo de este recién nacido siglo.
A la manera de un Hitler, se especulará con su cadáver, pero tampoco tendrá tumba.
Tras los vertidos de Fukushima y la petrolera BP, el mar lo recibió sin poder quejarse. El mérito de un mito es su permanencia tras la desaparición física.
Devolverlo al tamaño real, a la dimensión que él y sus enemigos levantaron, llevará tiempo.
A lo largo de los siglos, elevar a mitos a personas, lugares y acontecimientos, ha sido algo tan necesario como el comer.
El mito escapa al control.
En cambio, en la mixtificación hay una manipulación consciente, elaborada, falseada. El siglo XXI se despertó con la perfecta encarnación del mal en el ataque a las Torres Gemelas y en cuestión de minutos Osama Bin Laden era el icono del lado oscuro, el nuevo Fu-Manchú de la amenaza terrorista.
Tras cazar a su enemigo más buscado, el presidente Obama difundió un mensaje de casi diez minutos, desde un pasillo de la Casa Blanca, con aire de improvisación de madrugada, pero leído y en plano fijo.
Al tratarse de un maestro de la oratoria, estudioso de los pastores religiosos más carismáticos y de los discursos sociales más relevantes del siglo XX americano, fue significativo que Barack Obama trastabillara en dos ocasiones en la misma frase, aquella en la que recordaba que desde el día de los atentados la prioridad de la defensa norteamericana fue capturar a Bin Laden y ponerlo a disposición de la justicia.
El resto del discurso fue la búsqueda de amparo en las víctimas de Al Qaeda, franquicia del terrorismo islamista.
Osama Bin Laden estaba muy cerca, demasiado cerca de Islamabad y del mundo.
No había cuevas remotas, sino mansiones hiperprotegidas y telecomunicaciones de alto nivel.
Demasiado cerca estuvo también en su día, en la guerra de Afganistán, cuando comenzó su nexo con la política exterior norteamericana.
Esa cercanía, el manejo de los medios audiovisuales a la vez que reivindicaba un falso esencialismo primitivo, el aspecto entre siniestro y místico, su metralleta en sandalias y su capacidad para globalizar el terror, todo eso ayudó a fabricar el mito más rotundo de este recién nacido siglo.
A la manera de un Hitler, se especulará con su cadáver, pero tampoco tendrá tumba.
Tras los vertidos de Fukushima y la petrolera BP, el mar lo recibió sin poder quejarse. El mérito de un mito es su permanencia tras la desaparición física.
Devolverlo al tamaño real, a la dimensión que él y sus enemigos levantaron, llevará tiempo.
La catarsis del más allá BORIS IZAGUIRRE
Me gustaría manifestar mi fascinación por el programa de televisión Mas allá de la vida, y en especial por su médium, Anne Germain, que nos ha permitido descubrir que en ese más allá nuestros seres queridos hablan inglés.
El sistema es el mismo en todos los programas.
El invitado vivo espera que Germain atraiga las presencias.
El presentador Jordi González hace gala de su condición bilingüe, extraordinaria en un país donde ni los presidentes hablan un segundo idioma, y va simultaneando el relato que Germain desgrana con el mundo espiritual.
¡Es una de las mejores lecciones de inglés en el mundo audiovisual!
El invitado contiene su sorpresa al constatar que el ausente se expresa en el idioma de Shakespeare con pasmosa fluidez.
No deja de ser un vapuleo a nuestro idioma que ni los muertos quieran hablarlo, reafirmando el inglés como ese idioma donde se dicen las cosas más trascendentales. Por ejemplo, el anuncio este domingo del presidente Obama del asesinato de Osama bin Laden.
Lo histórico sucede en inglés y por eso los espíritus lo prefieren como idioma oficial. Curiosamente Ana Obregón, estrella española de la prensa rosa, tuvo a bien revelar -tras los ataques del 11-S- que había conocido a Bin Laden en una cena en Marbella. Muchos criticaron la frivolidad de la artista, pero Ana sí mostró entonces las fotos que corroboraban que Bin Laden, antes de terrorista, fue millonario saudí, "bronceado y pasándolo bien".
Alegre y despreocupada, Obregón fue más generosa que el Pentágono con la difusión de las fotos, y algunas cuarentonas de entonces dejaron caer que encontraban al terrorista "atractivo".
Diez años después, la actriz declara estar perfeccionando su inglés allá en Miami. Quizás sería hora de que la médium Germain la convenza de acudir a su programa de Telecinco y así contactar con Bin Laden.
Entonces Osama podría manifestarse en el idioma de Obama y descifrarnos por fin cuál de todas las versiones sobre su muerte le gusta más.
Con su muerte, Bin Laden prolonga su vida mediática. Llevábamos un buen tiempo sin hablar de él y ahora no hacemos otra cosa. Primero, asombra su cómodo estilo de vida en Pakistán, refugiado con sus esposas e hijos en esa mansión rural de voluntario aspecto desconchado.
Pasó desapercibida la coincidencia, o efecto mariposa, de que al mismo momento en que el cadáver de Bin Laden era arrojado al mar arábigo surgía del fondo del Atlántico la caja negra, y algunos de los pasajeros, del avión de Air France que se hundió en 2009.
Unos se van, otros vuelven. Y en realidad ni las fosas oceánicas retienen a los muertos en eterna paz.
Por último, la confusión informativa, el abanico de posibilidades sobre su muerte, parece diseñada por la CIA para ganar tiempo e ir atando esos cabos invisibles que solo ellos saben ver y que convierten las teorías de la conspiración en un velo ante lo que de verdad interesa: que Estados Unidos quiere recuperar el mando.
Decidir quien viaja más allá de la vida.
Es innegable que la Operación Gerónimo resucitó a Obama, que parecía perdido en políticas internas y en esta crisis que no quiere marcharse.
Tras el anuncio, Obama recuperó ese rostro balsámico, de premio Nobel de la Paz, mientras que el telediario hablaba de catarsis en los Estados Unidos.
Catarsis que le acerca a la reelección, convertido en el gestor de una guerra global donde no se hacen prisioneros, sino que se eliminan.
Y la tortura se practica con normalidad.
La secretaria de Estado, Hillary Clinton, pareció presenciar algo espantoso durante el visionado de la operación.
Las cámaras la retrataron cubriéndose la boca mientras sus ojos parecían saltar.
En una rueda de prensa posterior en Roma lo justificó diciendo que había tapado un estornudo de tipo alérgico. ¿Le provocará la misma alergia a Gadafi si alguien le acerca las fotos prohibidas?
Las fotos de cadáveres famosos siempre han sido conflictivas.
La que conocemos de Marilyn Monroe fue robada del instituto forense, en un descuido de los empleados.
Nunca vimos el cuerpo de Elvis en el baño donde sucumbió.
Ni el de Michael Jackson o Diana de Gales. Tanto en la vida como al otro lado, los famosos son celosos de su imagen publica.
Por eso me solidarizo con la médium Germain, que en silencio soporta los desplantes de algunas de sus no-presencias.
Luis Miguel Dominguín se negó a manifestarse no tanto por el inglés sino porque no quería salir por televisión.
Franco no se le apareció a su nieta Carmen.
Se resistió, con la terquedad propia de aquellos que se aferran al poder, a hablarnos en inglés.
En este mundo de vivos, quedó patente en la entrega de los Premios Ortega y Gasset que los populares disfrutan de una catarsis absoluta.
Rajoy exhibe una delgadez casi atlética, Cospedal un perfume arrebatador y Sainz de Santamaría confesó que prefiere el puente aéreo al tren de alta velocidad.
"No hay nada como apagar el móvil una hora", dijo. Y aprovecharla para intentar leer el Financial Times. En inglés.
El sistema es el mismo en todos los programas.
El invitado vivo espera que Germain atraiga las presencias.
El presentador Jordi González hace gala de su condición bilingüe, extraordinaria en un país donde ni los presidentes hablan un segundo idioma, y va simultaneando el relato que Germain desgrana con el mundo espiritual.
¡Es una de las mejores lecciones de inglés en el mundo audiovisual!
El invitado contiene su sorpresa al constatar que el ausente se expresa en el idioma de Shakespeare con pasmosa fluidez.
No deja de ser un vapuleo a nuestro idioma que ni los muertos quieran hablarlo, reafirmando el inglés como ese idioma donde se dicen las cosas más trascendentales. Por ejemplo, el anuncio este domingo del presidente Obama del asesinato de Osama bin Laden.
Lo histórico sucede en inglés y por eso los espíritus lo prefieren como idioma oficial. Curiosamente Ana Obregón, estrella española de la prensa rosa, tuvo a bien revelar -tras los ataques del 11-S- que había conocido a Bin Laden en una cena en Marbella. Muchos criticaron la frivolidad de la artista, pero Ana sí mostró entonces las fotos que corroboraban que Bin Laden, antes de terrorista, fue millonario saudí, "bronceado y pasándolo bien".
Alegre y despreocupada, Obregón fue más generosa que el Pentágono con la difusión de las fotos, y algunas cuarentonas de entonces dejaron caer que encontraban al terrorista "atractivo".
Diez años después, la actriz declara estar perfeccionando su inglés allá en Miami. Quizás sería hora de que la médium Germain la convenza de acudir a su programa de Telecinco y así contactar con Bin Laden.
Entonces Osama podría manifestarse en el idioma de Obama y descifrarnos por fin cuál de todas las versiones sobre su muerte le gusta más.
Con su muerte, Bin Laden prolonga su vida mediática. Llevábamos un buen tiempo sin hablar de él y ahora no hacemos otra cosa. Primero, asombra su cómodo estilo de vida en Pakistán, refugiado con sus esposas e hijos en esa mansión rural de voluntario aspecto desconchado.
Pasó desapercibida la coincidencia, o efecto mariposa, de que al mismo momento en que el cadáver de Bin Laden era arrojado al mar arábigo surgía del fondo del Atlántico la caja negra, y algunos de los pasajeros, del avión de Air France que se hundió en 2009.
Unos se van, otros vuelven. Y en realidad ni las fosas oceánicas retienen a los muertos en eterna paz.
Por último, la confusión informativa, el abanico de posibilidades sobre su muerte, parece diseñada por la CIA para ganar tiempo e ir atando esos cabos invisibles que solo ellos saben ver y que convierten las teorías de la conspiración en un velo ante lo que de verdad interesa: que Estados Unidos quiere recuperar el mando.
Decidir quien viaja más allá de la vida.
Es innegable que la Operación Gerónimo resucitó a Obama, que parecía perdido en políticas internas y en esta crisis que no quiere marcharse.
Tras el anuncio, Obama recuperó ese rostro balsámico, de premio Nobel de la Paz, mientras que el telediario hablaba de catarsis en los Estados Unidos.
Catarsis que le acerca a la reelección, convertido en el gestor de una guerra global donde no se hacen prisioneros, sino que se eliminan.
Y la tortura se practica con normalidad.
La secretaria de Estado, Hillary Clinton, pareció presenciar algo espantoso durante el visionado de la operación.
Las cámaras la retrataron cubriéndose la boca mientras sus ojos parecían saltar.
En una rueda de prensa posterior en Roma lo justificó diciendo que había tapado un estornudo de tipo alérgico. ¿Le provocará la misma alergia a Gadafi si alguien le acerca las fotos prohibidas?
Las fotos de cadáveres famosos siempre han sido conflictivas.
La que conocemos de Marilyn Monroe fue robada del instituto forense, en un descuido de los empleados.
Nunca vimos el cuerpo de Elvis en el baño donde sucumbió.
Ni el de Michael Jackson o Diana de Gales. Tanto en la vida como al otro lado, los famosos son celosos de su imagen publica.
Por eso me solidarizo con la médium Germain, que en silencio soporta los desplantes de algunas de sus no-presencias.
Luis Miguel Dominguín se negó a manifestarse no tanto por el inglés sino porque no quería salir por televisión.
Franco no se le apareció a su nieta Carmen.
Se resistió, con la terquedad propia de aquellos que se aferran al poder, a hablarnos en inglés.
En este mundo de vivos, quedó patente en la entrega de los Premios Ortega y Gasset que los populares disfrutan de una catarsis absoluta.
Rajoy exhibe una delgadez casi atlética, Cospedal un perfume arrebatador y Sainz de Santamaría confesó que prefiere el puente aéreo al tren de alta velocidad.
"No hay nada como apagar el móvil una hora", dijo. Y aprovecharla para intentar leer el Financial Times. En inglés.
Arnold Schwarzenegger y Maria Shriver se separan
El exgobernador de California y su esposa hacían vida independiente desde hace semanas .
El exgobernador de California y su esposa, Maria Shriver, han anunciado su separación tras 25 años de matrimonio, informa el diario Los Angeles Times.
Shriver, que ha abandonado la mansión que posee la pareja en el barrio de Brentwood (Los Ángeles), hacía una vida independiente de su pareja en las últimas semanas, según han confirmado ambas partes en un comunicado conjunto remitido al rotativo.
Rabiosamente demócrata y casada con un republicano
Schwarzenegger, republicano, ha sido gobernador de California desde 2003 hasta este año.
Shriver es sobrina del ex presidente estadounidense, el demócrata John F. Kennedy. La pareja, que se casó en 1986 y tiene cuatro hijos, había celebrado sus bodas de plata el pasado 26 de abril.
"Están siendo unos momentos de gran transición personal y profesional para cada uno de nosotros", sostiene el comunicado.
"Tras muchos pensamientos, reflexiones, discusiones y oraciones, hemos alcanzado esta decisión juntos.
En este momento vivimos separados mientras decidimos el futuro de nuestra relación", añade.
"Vamos a continuar criando a nuestros hijos juntos.
Son la luz y el centro de nuestras vidas.
Consideramos que este es un asunto privado y ninguno de nosotros ni nadie de nuestra familia o amigos harán comentarios al respecto.
Pedimos la compasión y el respeto de los medios de comunicación y del público", concluye el comunicado.
La presencia y apoyo de Shriver fue fundamental en la llegada de su marido al despacho de gobernador de California cuando en 2003 TheTimes publicó una historia en la que se le acusaba de abusos sexuales durante su primera época de actor.
El exgobernador de California y su esposa, Maria Shriver, han anunciado su separación tras 25 años de matrimonio, informa el diario Los Angeles Times.
Shriver, que ha abandonado la mansión que posee la pareja en el barrio de Brentwood (Los Ángeles), hacía una vida independiente de su pareja en las últimas semanas, según han confirmado ambas partes en un comunicado conjunto remitido al rotativo.
Rabiosamente demócrata y casada con un republicano
Schwarzenegger, republicano, ha sido gobernador de California desde 2003 hasta este año.
Shriver es sobrina del ex presidente estadounidense, el demócrata John F. Kennedy. La pareja, que se casó en 1986 y tiene cuatro hijos, había celebrado sus bodas de plata el pasado 26 de abril.
"Están siendo unos momentos de gran transición personal y profesional para cada uno de nosotros", sostiene el comunicado.
"Tras muchos pensamientos, reflexiones, discusiones y oraciones, hemos alcanzado esta decisión juntos.
En este momento vivimos separados mientras decidimos el futuro de nuestra relación", añade.
"Vamos a continuar criando a nuestros hijos juntos.
Son la luz y el centro de nuestras vidas.
Consideramos que este es un asunto privado y ninguno de nosotros ni nadie de nuestra familia o amigos harán comentarios al respecto.
Pedimos la compasión y el respeto de los medios de comunicación y del público", concluye el comunicado.
La presencia y apoyo de Shriver fue fundamental en la llegada de su marido al despacho de gobernador de California cuando en 2003 TheTimes publicó una historia en la que se le acusaba de abusos sexuales durante su primera época de actor.
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