Los novios, a seis días de la boda, llevan flores a la princesa .
.Cuando faltan seis días para la gran boda, en la que contraerán matrimonio Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton, el recuerdo de Diana de Gales vuelve a estar presente. Los novios han hecho una discreta visita a la tumba de lady Di para llevarle flores.
Y es que Guillermo, desde que se hizo oficial su compromiso matrimoninal, declaró su intención de que el recuerdo de su madre formara parte de su gran día.
El 'efecto Diana'
Beckham, Elton John y Mr. Bean, entre los invitados a la boda de Guillermo y Kate
Guillermo viajó hasta la tumba donde se encuentran los restos de su madre en la propiedad de la familia Spencer, Althorp House, en el centro de Inglaterra. Los novios usaron un bote para trasladarse a la pequeña capilla situada en una isla dentro de la finca en la que reposan los restos de Diana, fallecida en 1997, según informa New York Post.
Los hermanos de Diana, los Spencer, que se encargan de cuidar la propiedad, estarán presentes el día en la boda.
En la entrevista que Guillermo concedió junto a Kate nada más hacer público su compromiso, aseguró que había regalado a su prometida el anillo de zafiros y brillantes que fue de Diana ya que era "la manera de estar seguro de que mi madre no se lo pierda".
Durante la visita a Althorp House, Kate se reunió con varios miembros de la familia de lady Di y junto a Guillermo plantaron un árbol en el parque botánico que hay dentro de la mansión, siguiendo la costumbre familiar.
Pero Guillermo no quiere que Kate sea comparada a su madre.
"Ella seguirá su propio camino", ha dicho. Kate, sin embargo, ha dejado claro: "Me hubiera gustado mucho conocerla.
Ella fue una gran mujer y será un fuente de inspiración para mi".
24 abr 2011
23 abr 2011
Crítica de la película El amor y otras cosas imposibles.
Crítica de la película El amor y otras cosas imposibles. Natalie Portman es una actriz como la copa de un pino, suele tener buen criterio a la hora de elegir papeles, y ahora está especialmente de moda tras “Cisne Negro” y las otras tres películas que ha hecho este año.
Aprovechando el tirón, han traído a España esta película, estrenada en 2009, y que no nos engañemos, no habría pasado nada si no llega a estrenarse.
El argumento nos presenta a Emilia (Portman), una abogada recién licenciada en Harvard que empieza a trabajar en un importante bufete de Nueva York. Emilia inicia una relación con su jefe (Scott Cohen), casado y con un hijo, provocando el divorcio de su actual mujer (Lisa Kudrow).
De su relación con el jefe, tiene un hijo que muere a los tres días de nacer, esto, unido a su mala relación con el hijo de su jefe, hace que Emilia pase por unos momentos muy dificíles.
La película en sí, se compone de hora y media de llantos y lloros, por parte de los protagonistas, como si lo de llorar no cansara. Hay problemas con el bebé que perdió, problemas con su jefe, con la ex-mujer, con el hijo, problemas con sus padres, con los vecinos, con la lactosa y hasta consigo misma.
Por suerte, los personajes resultan creíbles gracias a todas las actuaciones del reparto, ya que la pareja protagonista está espectacular e incluso Lisa Kudrow, consigue dejar de ser Phoebe por momentos.
Mención aparte merece el chaval (Charlie Tahan), que borda el papel de niño pijo y remilgado sin caer en la apatía ni en la sobreactuación.
Por lo demás, es una historia sosa, cansina e injusta, no es emocionante ni emotiva y dudo de su valor como pasatiempo. Quizás raspe el aprobado para algún aficionado del género, pero en mi caso, suspenso total.Que aprobado, por salvar algo salvaría qué salvaría? porque la escena esa de manifestación por los seres ausentes, es no sé como calificarla con globos, corazones un himno a la ausencia, vaya que mejor sería decir los que no logran levantar cabeza por alguien que se les ha muerto y hasta en eso ese niño opina.
Ufff que película, que conste que fui porque me animaron al estar Portman, pero si no la hubiera visto mejor, aburruda sobreactuada, el niño repelente que no sé por qué no vive con la madre si ella lo controla todo, por celos al dejarla el marido. Portman lleva el camino de Julia Roberts metiéndose entre matrimonios y haciendo juegos malabares para atraerse la amistad o confianza de ese niño que si yo escribo el guión lo dejo perdido en Central Park, asco de repelente.
Mejor si pueden, no vayan a verla.
Aprovechando el tirón, han traído a España esta película, estrenada en 2009, y que no nos engañemos, no habría pasado nada si no llega a estrenarse.
El argumento nos presenta a Emilia (Portman), una abogada recién licenciada en Harvard que empieza a trabajar en un importante bufete de Nueva York. Emilia inicia una relación con su jefe (Scott Cohen), casado y con un hijo, provocando el divorcio de su actual mujer (Lisa Kudrow).
De su relación con el jefe, tiene un hijo que muere a los tres días de nacer, esto, unido a su mala relación con el hijo de su jefe, hace que Emilia pase por unos momentos muy dificíles.
La película en sí, se compone de hora y media de llantos y lloros, por parte de los protagonistas, como si lo de llorar no cansara. Hay problemas con el bebé que perdió, problemas con su jefe, con la ex-mujer, con el hijo, problemas con sus padres, con los vecinos, con la lactosa y hasta consigo misma.
Por suerte, los personajes resultan creíbles gracias a todas las actuaciones del reparto, ya que la pareja protagonista está espectacular e incluso Lisa Kudrow, consigue dejar de ser Phoebe por momentos.
Mención aparte merece el chaval (Charlie Tahan), que borda el papel de niño pijo y remilgado sin caer en la apatía ni en la sobreactuación.
Por lo demás, es una historia sosa, cansina e injusta, no es emocionante ni emotiva y dudo de su valor como pasatiempo. Quizás raspe el aprobado para algún aficionado del género, pero en mi caso, suspenso total.Que aprobado, por salvar algo salvaría qué salvaría? porque la escena esa de manifestación por los seres ausentes, es no sé como calificarla con globos, corazones un himno a la ausencia, vaya que mejor sería decir los que no logran levantar cabeza por alguien que se les ha muerto y hasta en eso ese niño opina.
Ufff que película, que conste que fui porque me animaron al estar Portman, pero si no la hubiera visto mejor, aburruda sobreactuada, el niño repelente que no sé por qué no vive con la madre si ella lo controla todo, por celos al dejarla el marido. Portman lleva el camino de Julia Roberts metiéndose entre matrimonios y haciendo juegos malabares para atraerse la amistad o confianza de ese niño que si yo escribo el guión lo dejo perdido en Central Park, asco de repelente.
Mejor si pueden, no vayan a verla.
LIBROS BUENOS, BUENAS PELÍCULAS
El halcón maltés, de Dashiell Hammett, dirigida por John Huston (1941), en la imagen; Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams, dirigida por Elia Kazan (1951); Matar un ruiseñor, de Harper Lee, dirigida por Robert Mulligan (1962); El gatopardo, de Lampedusa, dirigida por Luchino Visconti (1963); Tristana, de Benito Pérez Galdós, dirigida por Luis Buñuel (1970); El tambor de hojalata, de Günter Grass, dirigida por Volker Schlöndorff (1979); Los santos inocentes, de Miguel Delibes, dirigida por Mario Camus (1984); La edad de la inocencia, de Edith Warthon, dirigida por Martin Scorsese (1993); Lo que queda del día, de Kazuo Ishiguro, dirigida por James Ivory (1993); El señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien, dirigida por Peter Jackson (2001, 2002 y 2003); Brokeback Mountain, de Annie Proulx, dirigida por Ang Lee (2005);
Los libros que han conquistado el cine
Si en la vida real el amor eterno es el que nunca fue, en las artes lo hacen realidad la literatura y el cine.
El romance entre estas dos manifestaciones creativas es tan centenario como la misma historia de las películas. Es más, de las diez películas con más premios Oscar, ocho están basadas en libros, y me temo que la proporción general es igual.
A pesar de este vínculo tan fuerte, son dos artes y dos lenguajes distintos que no admiten comparaciones entre sí.No soy partidario de comparar los libros con sus adaptaciones cinematográficas.
De pensar si es mejor o peor la película que el libro, o viceversa. Cada manifestación artística debe ser valorada, juzgada o comparada, exclusivamente, con las de su mismo género o especie: Literatura con literatura, arte con arte o cine con cine porque las reglas de cada soporte o manifestación son diferentes. Es como si intentara establecer si es mejor la novela El padrino, de Mario Puzo, que la película de Francis Ford Coppola (en la imagen), o esa película que su banda sonora o su cartel. Aunque, sin duda, el cine ha logrado que muchas personas nos hayamos acercado a unos cuantos libros.
A veces ha sido una estupenda celestina para reafirmar el romance con la lectura (artículo sobre la química entre el papel y el celuloide).
Esto viene a cuento porque justo en un año donde el cine no ha recurrido mucho a la literatura, a diferencia de los últimos años donde su dependencia ha sido preocupante, creo que es un buen momento para repasar este largo romance.
Esta relación se puede clasificar en cuatro categorías: los libros buenos que han dado buenas películas, los libros buenos que han dado regulares o malas películas, los libros regulares o malos que han dado buenas películas y los libros poco conocidos que han dado buenas películas, porque de los libros malos que han dado malas películas mejor ni hablar, ¿no?
El romance entre estas dos manifestaciones creativas es tan centenario como la misma historia de las películas. Es más, de las diez películas con más premios Oscar, ocho están basadas en libros, y me temo que la proporción general es igual.
A pesar de este vínculo tan fuerte, son dos artes y dos lenguajes distintos que no admiten comparaciones entre sí.No soy partidario de comparar los libros con sus adaptaciones cinematográficas.
De pensar si es mejor o peor la película que el libro, o viceversa. Cada manifestación artística debe ser valorada, juzgada o comparada, exclusivamente, con las de su mismo género o especie: Literatura con literatura, arte con arte o cine con cine porque las reglas de cada soporte o manifestación son diferentes. Es como si intentara establecer si es mejor la novela El padrino, de Mario Puzo, que la película de Francis Ford Coppola (en la imagen), o esa película que su banda sonora o su cartel. Aunque, sin duda, el cine ha logrado que muchas personas nos hayamos acercado a unos cuantos libros.
A veces ha sido una estupenda celestina para reafirmar el romance con la lectura (artículo sobre la química entre el papel y el celuloide).
Esto viene a cuento porque justo en un año donde el cine no ha recurrido mucho a la literatura, a diferencia de los últimos años donde su dependencia ha sido preocupante, creo que es un buen momento para repasar este largo romance.
Esta relación se puede clasificar en cuatro categorías: los libros buenos que han dado buenas películas, los libros buenos que han dado regulares o malas películas, los libros regulares o malos que han dado buenas películas y los libros poco conocidos que han dado buenas películas, porque de los libros malos que han dado malas películas mejor ni hablar, ¿no?
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