Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

23 abr 2011

Virtudes y mandamientos para leer

"Y al leer, el corazón vuelve a latir: ¡Tierra a la vista!", Manuel Rivas

Hay tanta clase de lectores como clase de libros. Y no creo que haya mejores o peores lectores siempre y cuando la obra en cuestión resulte placentera, como dijo Borges "sólo se puede leer por placer".





Placer...



Otra cosa es la manera como hay que leer un libro, si tal cosa existiera; algo así como las virtudes o mandamientos a la hora de leer, por utilizar una palabra acorde a estos días de Semana Santa, es decir los puntos o aspectos esenciales en la lectura.
Este es el tema de hoy en la serie El arte de escribir y de leer, después de haber abordado la creacón literaria, el libro como objeto y la devoción por la lectura.



"Leer bien es participar en una reciprocidad responsable con el libro que se lee, es embarcarse en un intercambio total", afirma George Steiner.

El libro que nos conquistó para la lectura

El peor castigo de quienes hemos leído mucho es que para nosotros hay mucho que ya no podemos leer por primera vez, Fernando Savater







¿Cuál es el libro que te conquistó definitivamente para la lectura? ¿Quién fue la persona que te aconsejó, dejó, regaló o indujo a leer ese libro? Con este homenaje al Libro-nido y al lector-padrino concluyo la serie El arte de escribir y de leer, con motivo del Día del Libro que se celebra hoy 23 de abril.
Un cierre merecido, creo, después de que todos hemos leído, comentado y opinado sobre el arte de escribir, del libro como objeto, de la devoción por la lectura y de las virtudes o mandamientos a la hora de leer.





Con sus respuestas me gustaría crear la Biblioteca de los primeros libros de los lectores de Papeles perdidos. Así doy continuidad a la serie del Día del libro del año pasado donde al final surgió la Biblioteca oral de los lectores de Papeles perdidos, como resultado de la pregunta: ¿Qué obra literaria memorizaría para salvarla del fuego?, en juego planteado por Ray Bradbury en su célebre Fahrenhei 451.
 Si en 2010 elegimos un libro que deberíamos salvar para la literatura, este año elegiremos el libro que definitivamente al leerlo por nuestra cuenta nos hizo descubrir a cada uno de nosotros el amor y/o la pasión por la lectura, por la literatura.
Y seguramente que no siempre se trata del primer libro.
Porque como en el amor y el sexo, no siempre la primera vez es clave en nuestra vida y sentimientos positivos.
 No se trata de elegir nuestra primera lectura solos, sino nuestra verdadera y esencial obra literario que nos señaló el camino de la lectura. Y, de paso, recordaremos a esa persona o esa circunstancia con la que estamos en deuda. Un doble homenaje.



En mi caso ese libro fue Alegría de leer, de Evangelista Quintana, una antología de algunas de los cuentos, fábulas, historias y mitos más populares del mundo, precedido por las 'Reglas para la lectura en voz alta'. Mi edición es de 1938 (la primera es de 1930) y la conservo tras habérselo quitado a mi padre.
Un libro de tapas duras y cocido a mano que siempre veía tras las puertas de cristas de una pequeña biblioteca de madera, como un armario, que tenía mi papá en su oficina de casa.
Y voy a recordar otro, porque ahora mismo siento un no se qué si no menciono un libro que también leí muchísimas veces: Cien lecciones de historia sagrada que estaba en casa de mi abuela materna, que vivía al lado de la nuestra, y que había sido libro escolar de mis tíos, pero que yo descubrí alejado de prejuicios religiosos y que veía como una sucesión de aventuras extraordinarias y pasionales historias de sentimientos y del transcurrir de la vida misma (está también en mi biblioteca junto a Alegría de leer).



Y en tu caso: ¿Cuál es el libro que te conquistó definitivamente para la lectura? ¿Quién fue la persona que te aconsejó, dejó o regaló ese libro o la circusntancia que te llevó a él?



Imágenes: Niño leyendo libro, de Alfredo Valenzuela Palma y Niña leyendo, de Franz Eybl.

No tengo un libro que me diera el amor por la lectura, creo que siendo pequeña quería leer para conquistar el mundo de las letras.
Sería mi abuela la que me enseñó a juntar las letras y leer a Mantonkiki, una niña diferente, desobediente y feucha pero ocurrente y lista y hacía perrerías al lado de sus hermanastras gemelas rubias, obedientes tranquilas y guapas.
He leído mucho, todo lo que caía en mis manos así empece a descubrir lo que me gustaba,
Leí a Oscar Wilde escondido en un libro de Matemáticas, era de mis padres y decía la iglesia que no se podia leer, era pecado.
Leí tb de pequeña a Tolstou, a Pio Baroja, y me tenía que confesar, en el colegio solo podias leer la vida de los Santos.
Y en el Insti pude leer sin hojas arrancadas La Celestina, ya había leído La Divina Comedia, recuerdo que el profe de Literatura preguntó quien la había leido y yo levante la mano, solo yo.
Más adelante uin libro especial para mi fue Cien Años de Soledad. Diría que la mejor Novela del S. XX y tantos más que pongo ya punto y final.

22 abr 2011

Para los seguidores de este Blog.

No sé que ha pasado pero no aparecen en el ligar de siempre que por otro lado está correcto. Si no se ven, no es porque yo los borrara. al contrario les agradezco que estén ahi, si son tan amables se vuelven a poner porque repito que entré y no los vi. Saludos afectuosos y Gracias.

Viento desesperado

Viento intenso, a rachas, continuo. La aurora ha tenido dificultades para posarse y amanecer, y el ocaso ha pasado desapercibido.


Viento desesperado, de idas y venidas, de golpes y calmas, salvo en el momento en que una gaviota, atravesando la plaza en una columna de luz bermeja, se ha posado lenta sobre el techo de la iglesia redonda que allí hay. Llevaba una presa en el pico y la ha tirado sobre el cemento. Se creció la penumbra, el desorden de las nubes, que permitían un repentino trazo de azul, muy descolorido, muy abandonado, sin consistencia, para a continuación borrarlo.

El pobre pájaro, largo, identificable. La gaviota lo arrastraba hasta el borde del techado y después miraba hacia otro lado. Luego llegaron tres, cuatro gaviotas también blancas, de gran envergadura, y empezaron a pelear entre ellas por la presa, sin gritos, sin mucho convencimiento.

Unos veinte minutos duró el tira y afloja. El pájaro, ya oscuro, con aspecto de trapo, conservaba íntegro el cuerpo, o eso parecía. Los nubarrones avanzaban desde el este, renegridos y multitudinarios. Una reverberación pálida, sin embargo, se mantenía por el nornoreste.

Levantaron el vuelo las gaviotas sobre la cubierta de la iglesia. El pájaro se quedó donde recibió el último picotazo. Se diría que las gaviotas no tenían hambre, o que el viento las sacaba de quicio, les restaba ganas de consumir su apetito.

Poco antes de la noche, una gaviota blanquísima, menuda, se posó sobre él y empezó a tironearlo, apenas socavando sus entrañas.

Se ha hecho oscuro y las rachas de viento golpean mi cristalera. Mañana, quizá, no quedará rastro; quizá sí. La reverberación por el nornoreste se mantiene, azulmarina ahora, azul ferruginoso, azul de hielo, inexpresivo, boquiabierto. Como el día que ha pasado a la boca del viento.

Publicado por José Carlos Cataño