Cuando el pasado verano la revista neoyorquina n+1 anunció que iba a tomar por una tarde una sala de la New School de Manhattan con un coloquio sobre la realidad de los modernos -hipsters, en adelante-, alumnos de la Universidad y parte de los lectores de esta revista bianual de ensayo sociocultural no ocultaron su indignación.
Un tema tan frívolo no podía entrar en la catedral del conocimiento. Albricias, el fin del mundo... otra vez. "Tratamos de ser ligeramente satíricos en el modo en que enfocamos el debate.
La idea era exagerar su seriedad con el fin de que se apreciara el poder que puede tener el hecho de pensar de manera analítica sobre tu día a día", comenta Mark Greif, editor de la revista y uno de los ponentes del acto.
El resultado fue tan notable que se editó un libro, What was the hipster? (¿Qué fue lo hipster?) que publicará en mayo en España Alpha Decay.
Eso no hizo sino extender la polémica de convertir en objeto de estudio la realidad de los modernos, once años atrás asociados por inercia con las subculturas juveniles, hoy ya casi convertidos en una casta cuyos orígenes parecen hallarse en el triunfo del neoliberalismo.
"Nos criticaron por no haber aportado ninguna solución, por no ser definitivos y por no adelantarnos a lo que, en el futuro, puede suceder en el universo de lo moderno. Estoy de acuerdo con eso", apunta Greif. El libro pues, rompía dos normas clásicas del estudio de fenómenos juveniles: estaba escrito en tiempo real -nada de arqueología pop- y había sido confeccionado por una gente sin ninguna clase de aprecio por su objeto de estudio.
Una de las peculiaridades del libro es la transcripción del evento, que precede a una serie de ensayos más o menos sesudos sobre el tema: desde las pugnas entre judíos ortodoxos y modernos en Brooklyn por la implantación de carriles bici hasta el diluido papel de la mujer en este universo.
En esa transcripción se han mantenido algunas opiniones anónimas, datos incorrectos y ciertas asociaciones de ideas, cuando menos, peculiares.
"Nadie puede pasar por alto que ese extraño y ambiguo estilo de vida que es el de los jóvenes hipsters de muchísimas ciudades está marcando el signo de nuestros tiempos", explica Ana S. Pareja, editora de Alpha Decay, preguntada sobre por qué se decidió a publicar el libro.
"Puede llevarte a analizar con seriedad algo que a primera vista es absolutamente frívolo".
Más allá de lo acertado o no de considerar esta realidad universal y globalizada objeto digno de estudio, lo que hace especial este libro -y otros artefactos similares como The hipster hanbdbook- es la forma, definida por un equilibrio entre humor y análisis.
"La óptica del texto es muy interesante, es casi un ensayo-parodia de los estudios académicos al uso, y tiene muchas lecturas: las que se desprenden de esta mirada irónica y las puramente informativas.
Nos empujó a publicarlo esa sensación de estar leyendo algo que te divierte demasiado como para ser profundo pero que está logrando que aprendas un montón de cosas valiosas en cada página", apunta Pareja.
En los mismos términos define Dushko Petrovich, artista y coeditor junto a Roger White, de I like your work: Art and etiquette (Me gusta tu obra: Arte y etiqueta), otra edición de n+1 (en realidad, de su publicación hermana, Paper monument).
En esta ocasión se afronta la realidad social del arte contemporáneo.
Como en el caso de ¿Qué fue lo hipster?, esta publicación corre el riesgo de parecer superflua por su vocación en incidir, no tanto en foco de la creación, sino en los aspectos diletantes de las avanzadillas culturales.
En el mundo moderno, cuentan los dos libros, es tan digno de análisis el agente como el artista, el bloguero como el novelista, el séquito como la estrella.
"Lo ideal sería que el arte fuera más interesante que las personas.
Si falla, siempre queda observar lo que gravita alrededor", dice Petrovich.
8 feb 2011
7 feb 2011
postcolonialismo
postcolonialismo
Que las grandes potencias descolonizaron mal no es ningún secreto; de ahí vienen todos los problemas que se han generado en todo el continente africano y en buena parte de Asia y América del Sur. Cuando Gran Bretaña y Francia descolonizaron la ribera sur del Mediterráneo y Oriente Medio trataron de mantener el control de la zona, y hasta ahora lo han conseguido, con la supervisión de Estados Unidos que, como protector de Israel, navega por el Mare Nostrum desde hace décadas. Las clases dirigentes de estos países han actuado como delegados del poder de las antiguas metrópolis, que cada vez están más representadas en las grandes corporaciones multinacionales que controlan las materias primas y el fluir del dinero. De alguna forma, era un modo diferido de colonialismo.
Lo que está sucediendo ahora no tiene precedentes.
Túnez ha encendido la mecha y Egipto se ha convertido en el espejo en el que sin duda van a mirarse todos los países ribereños de Mediterráneo y más allá. La gran disculpa de los últimos años ha sido que había que detener el ascenso del fundamentalismo islámico. Ahora no sabemos qué va a pasar, porque, si se habla de "Revolución democrática", en unas elecciones libres los más organizados son precisamente los partidos islamistas. Claro que no podemos confundir un partido islamista con Al Qaeda, aunque la verdad es que democracia y teocracia casan muy mal, como se ha visto en Irán, después de la caída del Sha.
En el río revuelto todos quieren pescar, pero lo cierto es que estamos ante unos momentos históricos.
Hay quien dice que es ahora cuando comienza el postcolonialismo. Lo negativo de todo esto es que no veo a grandes políticos en el mundo que puedan manejar una situación de esta envergadura.
Al final, los agentes que jugarán sus cartas serán Estados Unidos, Rusia y quien sabe si China, muy bien posicionada actualmente.
La UE irá a remolque, como siempre, y heredará todos los daños de Estados Unidos y ninguno de su beneficios. Al tiempo.
Publicado por Emilio González Déniz en Bardinia
Que las grandes potencias descolonizaron mal no es ningún secreto; de ahí vienen todos los problemas que se han generado en todo el continente africano y en buena parte de Asia y América del Sur. Cuando Gran Bretaña y Francia descolonizaron la ribera sur del Mediterráneo y Oriente Medio trataron de mantener el control de la zona, y hasta ahora lo han conseguido, con la supervisión de Estados Unidos que, como protector de Israel, navega por el Mare Nostrum desde hace décadas. Las clases dirigentes de estos países han actuado como delegados del poder de las antiguas metrópolis, que cada vez están más representadas en las grandes corporaciones multinacionales que controlan las materias primas y el fluir del dinero. De alguna forma, era un modo diferido de colonialismo.
Lo que está sucediendo ahora no tiene precedentes.
Túnez ha encendido la mecha y Egipto se ha convertido en el espejo en el que sin duda van a mirarse todos los países ribereños de Mediterráneo y más allá. La gran disculpa de los últimos años ha sido que había que detener el ascenso del fundamentalismo islámico. Ahora no sabemos qué va a pasar, porque, si se habla de "Revolución democrática", en unas elecciones libres los más organizados son precisamente los partidos islamistas. Claro que no podemos confundir un partido islamista con Al Qaeda, aunque la verdad es que democracia y teocracia casan muy mal, como se ha visto en Irán, después de la caída del Sha.
En el río revuelto todos quieren pescar, pero lo cierto es que estamos ante unos momentos históricos.
Hay quien dice que es ahora cuando comienza el postcolonialismo. Lo negativo de todo esto es que no veo a grandes políticos en el mundo que puedan manejar una situación de esta envergadura.
Al final, los agentes que jugarán sus cartas serán Estados Unidos, Rusia y quien sabe si China, muy bien posicionada actualmente.
La UE irá a remolque, como siempre, y heredará todos los daños de Estados Unidos y ninguno de su beneficios. Al tiempo.
Publicado por Emilio González Déniz en Bardinia
Fama, alcohol y sexo, una combinación explosiva
A Hollywood le gustan los chicos malos y al público, también.- Fuera o dentro de la pantalla .
La larga lista de "chicos malos" de Hollywood tiene un comienzo, como recordó el actor Charlie Sheen en su carta abierta a sus seguidores al mencionar a Errol Flynn.
El galán nacido al principio del siglo XX fue tan conocido por sus películas como por sus tropelías sexuales (incluido un juicio por violación), sus borracheras y sus conquistas.
Pero estos excesos no se limitan al mundo de Hollywood.
En la música siguen siendo recordados los cargos de violencia de género de los que fue acusado Chris Brown tras la pelea que tuvo con su entonces novia Rihanna.
El cantante está ahora también en aguas turbulentas tras los comentarios homofóbicos que hizo en Twitter. ¿El resultado?
A la cabeza de las listas de ventas en iTunes por su nuevo tema, Look at Me Now, e invitado como presentador en el popular programa estadounidense de comedia SNL.
Y en el deporte Tiger Woods sigue siendo el rey.
Pasados los titulares sobre sus infidelidades amorosas y sus ataques violentos, el maestro del golf sigue en el juego. Incluso si su juego empieza a resentirse de un tumultuoso 2010 no así su fama, que sigue vendiendo.
Sólo incidentes tan violentos como las acusaciones de asesinato que recayeron sobre O.J.Simpson, absuelto por lo penal pero considerado culpable por lo civil, pudieron acabar con la fama del héroe del deporte.
A Hollywood le gustan los chicos malos y al público, también.
Fuera o dentro de la pantalla.
La fama, el alcohol, las drogas y el sexo son una combinación explosiva pero si no acaban contigo te hacen más fuerte.
Como dicen los expertos, Sheen se beneficia de que sus escándalos de chico malo en la vida real no hacen más que perpetuar la imagen de galán mujeriego que ofrece en la serie Dos hombres y medio y su combinación de alcohol, sexo y drogas es consistente con el tipo de ídolos que existen en la cultura actual.
Ahora se ha convertido en el último héroe de América.
Ese que muchos desearían ser.
Charlie Sheen, 45 años, rehabilitándose de su último escándalo en el cómfort de su casa, con un trabajo de dos millones de dólares por episodio esperándole, un Maybach de medio millón de dólares aparcado en su puerta, las estrellas del porno entre sus amistades más cercanas y Kelly Preston, Denise Richards o Winona Ryder entre las más conocidas de sus conquistas. ¿Qué es lo que no hay que envidiar?
Sheen sólo es uno más en esa lista de galanes cuya fama y talento no están reñidos con el escándalo.
Muy al contrario, parecen alimentarse de ello. Mel Gibson parecía muerto y enterrado, desacreditado por su alcoholismo, por el racismo de sus insultos, por sexista y especialmente tras las acusaciones que presentó contra él su ex novia y madre de su último hijo, Oksana Grigorieva, que hablaban de un comportamiento abusivo por parte del protagonista de Arma Letal.
Pero en lugar de cavar su tumba, el actor, director y productor de Braveheart está a punto de estrenar The Beaver, filme sobre un ejecutivo incapaz de comunicarse de una forma normal que dirige su amiga, Jodie Foster.
Un suicidio de proyecto o el comeback de una estrella.
Hay opiniones para todo.
"Yo sólo puedo decir que Mel es un ejemplo de generosidad y elegancia.
Sé que no es lo que se escucha estos días de él y no sé por lo que está atravesando pero sólo siento simpatía por él", confesó recientemente el realizador Frank Darabont, entre los cada vez más numerosos defensores de Gibson.
En el caso de Christian Bale, han pasado unos dos años desde que el actor de El caballero oscuro fue acusado de amenazar a su familia o sufrió la vergüenza de que sus exagerados insultos a un cameraman se divulgaran en la Internet.
Ahora le espera la casi seguridad de ganar un Oscar por interpretar en The Fighter a un politoxicómano violento.
Y las correrías sexuales de Colin Farrell siempre están acompañadas de esa muletilla de "uno de los mejores actores de su generación" o por la más que discutible frase de "los chicos son chicos".
Como comentó recientemente la vicepresidenta del Centro de Estudios sobre la Mujer, Yana Walton, "son los medios de comunicación lo que glorifican el mal comportamiento".
Porque en la misma situación, las chicas malas como Lindsay Lohan o Britney Spears suelen recibir más severas reprimendas.
La combinación puede explotar en sus manos y los ejemplos son igualmente numerosos. Sean Penn, otro de los chicos malos de Hollywood, tuvo que acudir al entierro de su hermano Chris, también actor, fallecido por culpa de una sobredosis.
Michael Douglas demostró su temple superando con la misma fortaleza sus problemas con el alcohol, el sexo y el cáncer.
Sin embargo su hijo Cameron cumple sentencia de más de cuatro años de cárcel por narcotráfico.
River Phoenix era demasiado joven para ser considerado uno de los chicos malos aunque sí una de las estrellas más prometedoras de Hollywood cuando murió de una sobredosis a los 23 años a la puerta de un popular club de Los Ángeles.
Y Marilyn Monroe fue el mito femenino por excelencia, algo que no la excluyó de ser víctima de esa explosiva combinación de fama, alcohol y sexo.
La larga lista de "chicos malos" de Hollywood tiene un comienzo, como recordó el actor Charlie Sheen en su carta abierta a sus seguidores al mencionar a Errol Flynn.
El galán nacido al principio del siglo XX fue tan conocido por sus películas como por sus tropelías sexuales (incluido un juicio por violación), sus borracheras y sus conquistas.
Pero estos excesos no se limitan al mundo de Hollywood.
En la música siguen siendo recordados los cargos de violencia de género de los que fue acusado Chris Brown tras la pelea que tuvo con su entonces novia Rihanna.
El cantante está ahora también en aguas turbulentas tras los comentarios homofóbicos que hizo en Twitter. ¿El resultado?
A la cabeza de las listas de ventas en iTunes por su nuevo tema, Look at Me Now, e invitado como presentador en el popular programa estadounidense de comedia SNL.
Y en el deporte Tiger Woods sigue siendo el rey.
Pasados los titulares sobre sus infidelidades amorosas y sus ataques violentos, el maestro del golf sigue en el juego. Incluso si su juego empieza a resentirse de un tumultuoso 2010 no así su fama, que sigue vendiendo.
Sólo incidentes tan violentos como las acusaciones de asesinato que recayeron sobre O.J.Simpson, absuelto por lo penal pero considerado culpable por lo civil, pudieron acabar con la fama del héroe del deporte.
A Hollywood le gustan los chicos malos y al público, también.
Fuera o dentro de la pantalla.
La fama, el alcohol, las drogas y el sexo son una combinación explosiva pero si no acaban contigo te hacen más fuerte.
Como dicen los expertos, Sheen se beneficia de que sus escándalos de chico malo en la vida real no hacen más que perpetuar la imagen de galán mujeriego que ofrece en la serie Dos hombres y medio y su combinación de alcohol, sexo y drogas es consistente con el tipo de ídolos que existen en la cultura actual.
Ahora se ha convertido en el último héroe de América.
Ese que muchos desearían ser.
Charlie Sheen, 45 años, rehabilitándose de su último escándalo en el cómfort de su casa, con un trabajo de dos millones de dólares por episodio esperándole, un Maybach de medio millón de dólares aparcado en su puerta, las estrellas del porno entre sus amistades más cercanas y Kelly Preston, Denise Richards o Winona Ryder entre las más conocidas de sus conquistas. ¿Qué es lo que no hay que envidiar?
Sheen sólo es uno más en esa lista de galanes cuya fama y talento no están reñidos con el escándalo.
Muy al contrario, parecen alimentarse de ello. Mel Gibson parecía muerto y enterrado, desacreditado por su alcoholismo, por el racismo de sus insultos, por sexista y especialmente tras las acusaciones que presentó contra él su ex novia y madre de su último hijo, Oksana Grigorieva, que hablaban de un comportamiento abusivo por parte del protagonista de Arma Letal.
Pero en lugar de cavar su tumba, el actor, director y productor de Braveheart está a punto de estrenar The Beaver, filme sobre un ejecutivo incapaz de comunicarse de una forma normal que dirige su amiga, Jodie Foster.
Un suicidio de proyecto o el comeback de una estrella.
Hay opiniones para todo.
"Yo sólo puedo decir que Mel es un ejemplo de generosidad y elegancia.
Sé que no es lo que se escucha estos días de él y no sé por lo que está atravesando pero sólo siento simpatía por él", confesó recientemente el realizador Frank Darabont, entre los cada vez más numerosos defensores de Gibson.
En el caso de Christian Bale, han pasado unos dos años desde que el actor de El caballero oscuro fue acusado de amenazar a su familia o sufrió la vergüenza de que sus exagerados insultos a un cameraman se divulgaran en la Internet.
Ahora le espera la casi seguridad de ganar un Oscar por interpretar en The Fighter a un politoxicómano violento.
Y las correrías sexuales de Colin Farrell siempre están acompañadas de esa muletilla de "uno de los mejores actores de su generación" o por la más que discutible frase de "los chicos son chicos".
Como comentó recientemente la vicepresidenta del Centro de Estudios sobre la Mujer, Yana Walton, "son los medios de comunicación lo que glorifican el mal comportamiento".
Porque en la misma situación, las chicas malas como Lindsay Lohan o Britney Spears suelen recibir más severas reprimendas.
La combinación puede explotar en sus manos y los ejemplos son igualmente numerosos. Sean Penn, otro de los chicos malos de Hollywood, tuvo que acudir al entierro de su hermano Chris, también actor, fallecido por culpa de una sobredosis.
Michael Douglas demostró su temple superando con la misma fortaleza sus problemas con el alcohol, el sexo y el cáncer.
Sin embargo su hijo Cameron cumple sentencia de más de cuatro años de cárcel por narcotráfico.
River Phoenix era demasiado joven para ser considerado uno de los chicos malos aunque sí una de las estrellas más prometedoras de Hollywood cuando murió de una sobredosis a los 23 años a la puerta de un popular club de Los Ángeles.
Y Marilyn Monroe fue el mito femenino por excelencia, algo que no la excluyó de ser víctima de esa explosiva combinación de fama, alcohol y sexo.
La provocadora esposa del presidente de la Cámara británica
Sally Bercow pone en un aprieto a su marido posando desnuda tapado solo con una sábana ante el Westminster .
Mucho deben haber cambiado las cosas en el reino de Isabel II para que la mismísima esposa de John Bercow, el speaker (presidente) de la Cámara de los Comunes acceda a posar cubierta con una mera sábana al tiempo que presume de los efectos afrodisíacos de vivir en el palacio de Westminster a cargo del erario público.
El escándalo provocado por la sesión fotográfica y picantes declaraciones de Sally Bercow, de 41 años, ha sido mayúsculo ante una comportamiento que, según la mayoría de reacciones, socava la dignidad del cargo de su marido en el Parlamento.
"Desde que John fue nombrado speaker hay muchas más mujeres que le persiguen, pero no estoy celosa porque lo mismo ha ocurrido en mi caso con los hombres", declaró Rally Bercow en sus sorprendentes declaraciones a la revista del vespertino Evening Standard (ES).
"Nunca imaginé lo sexy que sería vivir bajo el Big Ben y oír las campanadas", añade quien ya ha sido calificada de "la Carla Bruni de la política británica".
El singular matrimonio, él conservador y ella de centroizquierda, ha sido objeto de polémica desde que John Bercow fue nombrado presidente de la Cámara baja gracias al apoyo de la oposición laborista, lo que irritó a sus propios correligionarios.
Los tories sencillamente no pueden ver a Sally Bercow, quien nunca se ha mordido la lengua a la hora de criticar al gobierno de David Cameron, contradiciendo de ese modo la imparcialidad que se espera del speaker (y por extensión, de su mujer).
"Parezco una completa idiota", admitía la protagonista del escándalo a la BBC, horas después de que toda la prensa nacional reprodujera las sorprendentes fotografías, en las que aparece semidesnuda frente a una ventana abierta por la que asoma el Big Ben.
En sus declaraciones de esta mañana a la radio pública, Bercow ha defendido el "buen gusto" de las imágenes, pero reconoce que "fui una estúpida" al acceder al posado y que "realmente no pensé en las implicaciones" de la decisión.
Su pretensión, ha rematado, no fue otra que buscar un poco de "diversión inofensiva". El problema para el speaker John Bercow es que el atrevimiento de su pareja no ha divertido a nadie.
Mucho deben haber cambiado las cosas en el reino de Isabel II para que la mismísima esposa de John Bercow, el speaker (presidente) de la Cámara de los Comunes acceda a posar cubierta con una mera sábana al tiempo que presume de los efectos afrodisíacos de vivir en el palacio de Westminster a cargo del erario público.
El escándalo provocado por la sesión fotográfica y picantes declaraciones de Sally Bercow, de 41 años, ha sido mayúsculo ante una comportamiento que, según la mayoría de reacciones, socava la dignidad del cargo de su marido en el Parlamento.
"Desde que John fue nombrado speaker hay muchas más mujeres que le persiguen, pero no estoy celosa porque lo mismo ha ocurrido en mi caso con los hombres", declaró Rally Bercow en sus sorprendentes declaraciones a la revista del vespertino Evening Standard (ES).
"Nunca imaginé lo sexy que sería vivir bajo el Big Ben y oír las campanadas", añade quien ya ha sido calificada de "la Carla Bruni de la política británica".
El singular matrimonio, él conservador y ella de centroizquierda, ha sido objeto de polémica desde que John Bercow fue nombrado presidente de la Cámara baja gracias al apoyo de la oposición laborista, lo que irritó a sus propios correligionarios.
Los tories sencillamente no pueden ver a Sally Bercow, quien nunca se ha mordido la lengua a la hora de criticar al gobierno de David Cameron, contradiciendo de ese modo la imparcialidad que se espera del speaker (y por extensión, de su mujer).
"Parezco una completa idiota", admitía la protagonista del escándalo a la BBC, horas después de que toda la prensa nacional reprodujera las sorprendentes fotografías, en las que aparece semidesnuda frente a una ventana abierta por la que asoma el Big Ben.
En sus declaraciones de esta mañana a la radio pública, Bercow ha defendido el "buen gusto" de las imágenes, pero reconoce que "fui una estúpida" al acceder al posado y que "realmente no pensé en las implicaciones" de la decisión.
Su pretensión, ha rematado, no fue otra que buscar un poco de "diversión inofensiva". El problema para el speaker John Bercow es que el atrevimiento de su pareja no ha divertido a nadie.
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