26 ene 2011
La película inacabada de Orson Welles
Hay genios que no son considerados como tal hasta que mueren. Incluso hasta mucho después. Orson Welles (1915-1985) es uno de ellos.
Admirado en sus inicios, cuando era un veinteañero, con su versión radiofónica de La Guerra de los Mundos y Ciudadano Kane (1941), acabó exiliándose, profesionalmente hablando, en Europa para llevar a cabo sus proyectos.
Siempre tuvo dificultades a la hora de llevar a cabo sus producciones: por dinero, falta de tiempo, cambios en los guiones…
Las dificultades que tuvo en 1972 con La otra cara del viento, una película inacabada que finalmente saldrá a la luz, según cuenta hoy The Guardian en su página web.
.La otra cara del viento cuenta la historia de un veterano director de cine, como lo era el propio Welles y como lo era el protagonista de la cinta, John Huston. Según The Guardian, Welles dijo en su día a Huston: “La película es sobre un director cabrón… pagado de sí mismo, que atrapa a gente, les da forma y los destroza. Es sobre nosotros, John”.
A finales de los años 60 Welles escribió el guión, pero el rodaje no comenzó hasta 1969. En 1972, tras varios parones, concluyó el rodaje y comenzó una postproducción que nunca acabó.
Peter Bogdanovich (parte del rodaje si hizo en su casa de Hollywood), Dennis Hopper y Oja Kodar participaron en la película.
Todo el material, incluyendo media hora ya montada por el propio Welles, ha permanecido guardada en una caja fuerte.
Danny Huston, hijo del cineasta, y también director de cine, señaló al diario The Times hace unos años que vio la película, y que le pareció "absolutamente fascinante".
Pero durante los últimos 40 años los problemas de derechos de la película han hecho que se haya quedado guardada en el cajón.
Según un abogado de Los Angeles que lleva el caso, parece que finalmente hay un acuerdo sobre los derechos de autor entre la mujer de uno de los productores de la película, la actriz croata Oja Kodar (entonces pareja de Welles) y la hija de éste, Beatrice, heredera de su legado.
Podría ser el propio Bogdanovich el encargado de continuar con el proyecto hasta su estreno.Welles le confió las anotaciones del guión que tenía en mente y las ideas que tenía para el montaje.
Para el productor español Andrés Vicente Gómez, que trabajó con Welles en varias de sus películas, incluida La otra cara del viento, terminar esta película sería “un acto de traición”. “Era una película muy cercana a él.
Pero su estado físico era delicado. No tenía la energía para montarla…”.
Admirado en sus inicios, cuando era un veinteañero, con su versión radiofónica de La Guerra de los Mundos y Ciudadano Kane (1941), acabó exiliándose, profesionalmente hablando, en Europa para llevar a cabo sus proyectos.
Siempre tuvo dificultades a la hora de llevar a cabo sus producciones: por dinero, falta de tiempo, cambios en los guiones…
Las dificultades que tuvo en 1972 con La otra cara del viento, una película inacabada que finalmente saldrá a la luz, según cuenta hoy The Guardian en su página web.
.La otra cara del viento cuenta la historia de un veterano director de cine, como lo era el propio Welles y como lo era el protagonista de la cinta, John Huston. Según The Guardian, Welles dijo en su día a Huston: “La película es sobre un director cabrón… pagado de sí mismo, que atrapa a gente, les da forma y los destroza. Es sobre nosotros, John”.
A finales de los años 60 Welles escribió el guión, pero el rodaje no comenzó hasta 1969. En 1972, tras varios parones, concluyó el rodaje y comenzó una postproducción que nunca acabó.
Peter Bogdanovich (parte del rodaje si hizo en su casa de Hollywood), Dennis Hopper y Oja Kodar participaron en la película.
Todo el material, incluyendo media hora ya montada por el propio Welles, ha permanecido guardada en una caja fuerte.
Danny Huston, hijo del cineasta, y también director de cine, señaló al diario The Times hace unos años que vio la película, y que le pareció "absolutamente fascinante".
Pero durante los últimos 40 años los problemas de derechos de la película han hecho que se haya quedado guardada en el cajón.
Según un abogado de Los Angeles que lleva el caso, parece que finalmente hay un acuerdo sobre los derechos de autor entre la mujer de uno de los productores de la película, la actriz croata Oja Kodar (entonces pareja de Welles) y la hija de éste, Beatrice, heredera de su legado.
Podría ser el propio Bogdanovich el encargado de continuar con el proyecto hasta su estreno.Welles le confió las anotaciones del guión que tenía en mente y las ideas que tenía para el montaje.
Para el productor español Andrés Vicente Gómez, que trabajó con Welles en varias de sus películas, incluida La otra cara del viento, terminar esta película sería “un acto de traición”. “Era una película muy cercana a él.
Pero su estado físico era delicado. No tenía la energía para montarla…”.
Sardá se despide de la televisión
El 'showman' deja Telecinco sin lograr emular el éxito de 'Crónicas' .
. .Después de 14 años, Javier Sardá deja Telecinco.
El contrato del conocido presentador y showman con la cadena privada finalizó el pasado 31 de diciembre y ahora ha decidido tomarse un respiro en cuanto a proyectos televisivos se refiere, ya que seguirá colaborando con Julia Otero en Onda Cero.
Desde septiembre pasado interviene una vez a la semana en la sección 'El gabinete' (18.00 a 19.00), una tertulia de actualidad, pero no de corte político.
El periodista catalán (Barcelona, 1958) reconoció en varios medios digitales que su relación con Telecinco ha terminado "extraordinariamente bien".
"Hemos decidido darnos un margen de maniobra y libertad ambas partes, lo cual no quiere decir que yo no pueda presentar un programa el mes que viene", aseguró.
"Me encuentro en un periodo de reflexión y de calma" y "quiero dedicarme a disfrutar de mi nueva etapa como tertuliano, que no lo he sido nunca", añadió el presentador.
Telecinco señaló ayer que la cadena lamenta que Javier Sardá haya optado por no volver a la televisión. "No podemos más que acompañarle en esta decisión, al igual que a lo largo de todos los años en que contamos con su talento", dijo. Y añadió: "Se aleja de la televisión muy a nuestro pesar, pero estamos seguros de que el día que quiera volver su sitio será Telecinco".
Sardá llegó a en febrero de 1997 para animar tres horas en directo de acalorada discusión: el programa de debate Moros y cristianos.
En septiembre de ese mismo año Telecinco, cadena pionera en atender la franja de madrugada con Esta noche cruzamos el Mississippi, le confiaba ese horario.
Nacía Crónicas marcianas, un formato que a juicio de Sardá no llegaba con vocación de ser minoritario. "No se van a escatimar esfuerzos para ser creativos y competitivos, pero no queremos ganar audiencia con guerras sucias.
Se rozará siempre el larguero pero no se hablará de sexo o política buscando la provocación, y no por cuestiones éticas, sino porque se puede hablar de esos asuntos sin caer en el mal gusto".
Toda una declaración de intenciones.
Sin embargo, el programa empezó a endurecer sus contenidos con vídeos porno, strip-teases y grescas entre concursantes de Gran Hermano. Tanta transgresión hizo que Crónicas... se convirtiera en uno de los mejores exponentes de la telebasura.
Durante años se mantuvo imbatible en la madrugada. La temporada 2003-2004 firmó su mejor dato con una media de dos millones de seguidores (35,3% de cuota).
Con el aterrizaje, en enero de 2005, de Andreu Buenafuente en Antena 3, el polémico Crónicas iniciaba su declive.
En verano de ese mismo año bajaba el telón y el rey de las noches televisivas durante ocho años se marchaba de año sabático.
En 2007 volvía a Telecinco con el programa de viajes Diutifri y dos años después regresaba a las noches gamberras con La tribu. El nuevo show en directo, en el que estaba escoltado por Carlos Latre, Mercedes Milá y Boris Izaguirre, fue cancelado al mes y medio de su estreno -17 de abril de 2009- por baja audiencia. Su última incursión fue El infiltrado (2010), una serie de especiales en la que se introducía en lugares de difícil acceso para mostrar realidades poco conocidas.
Y entre programa y programa también ha tenido tiempo para dedicarse a la literatura.
En abril publicará Cataluña, España y la madre que la parió, reflejo del cansancio de la sociedad provocado por las continuas tiranteces territoriales.
Debutó como escritor con Eros, Thanatos y su puta madre y el año pasado se pasaba a la novela negra con El asesino de presentadores.
. .Después de 14 años, Javier Sardá deja Telecinco.
El contrato del conocido presentador y showman con la cadena privada finalizó el pasado 31 de diciembre y ahora ha decidido tomarse un respiro en cuanto a proyectos televisivos se refiere, ya que seguirá colaborando con Julia Otero en Onda Cero.
Desde septiembre pasado interviene una vez a la semana en la sección 'El gabinete' (18.00 a 19.00), una tertulia de actualidad, pero no de corte político.
El periodista catalán (Barcelona, 1958) reconoció en varios medios digitales que su relación con Telecinco ha terminado "extraordinariamente bien".
"Hemos decidido darnos un margen de maniobra y libertad ambas partes, lo cual no quiere decir que yo no pueda presentar un programa el mes que viene", aseguró.
"Me encuentro en un periodo de reflexión y de calma" y "quiero dedicarme a disfrutar de mi nueva etapa como tertuliano, que no lo he sido nunca", añadió el presentador.
Telecinco señaló ayer que la cadena lamenta que Javier Sardá haya optado por no volver a la televisión. "No podemos más que acompañarle en esta decisión, al igual que a lo largo de todos los años en que contamos con su talento", dijo. Y añadió: "Se aleja de la televisión muy a nuestro pesar, pero estamos seguros de que el día que quiera volver su sitio será Telecinco".
Sardá llegó a en febrero de 1997 para animar tres horas en directo de acalorada discusión: el programa de debate Moros y cristianos.
En septiembre de ese mismo año Telecinco, cadena pionera en atender la franja de madrugada con Esta noche cruzamos el Mississippi, le confiaba ese horario.
Nacía Crónicas marcianas, un formato que a juicio de Sardá no llegaba con vocación de ser minoritario. "No se van a escatimar esfuerzos para ser creativos y competitivos, pero no queremos ganar audiencia con guerras sucias.
Se rozará siempre el larguero pero no se hablará de sexo o política buscando la provocación, y no por cuestiones éticas, sino porque se puede hablar de esos asuntos sin caer en el mal gusto".
Toda una declaración de intenciones.
Sin embargo, el programa empezó a endurecer sus contenidos con vídeos porno, strip-teases y grescas entre concursantes de Gran Hermano. Tanta transgresión hizo que Crónicas... se convirtiera en uno de los mejores exponentes de la telebasura.
Durante años se mantuvo imbatible en la madrugada. La temporada 2003-2004 firmó su mejor dato con una media de dos millones de seguidores (35,3% de cuota).
Con el aterrizaje, en enero de 2005, de Andreu Buenafuente en Antena 3, el polémico Crónicas iniciaba su declive.
En verano de ese mismo año bajaba el telón y el rey de las noches televisivas durante ocho años se marchaba de año sabático.
En 2007 volvía a Telecinco con el programa de viajes Diutifri y dos años después regresaba a las noches gamberras con La tribu. El nuevo show en directo, en el que estaba escoltado por Carlos Latre, Mercedes Milá y Boris Izaguirre, fue cancelado al mes y medio de su estreno -17 de abril de 2009- por baja audiencia. Su última incursión fue El infiltrado (2010), una serie de especiales en la que se introducía en lugares de difícil acceso para mostrar realidades poco conocidas.
Y entre programa y programa también ha tenido tiempo para dedicarse a la literatura.
En abril publicará Cataluña, España y la madre que la parió, reflejo del cansancio de la sociedad provocado por las continuas tiranteces territoriales.
Debutó como escritor con Eros, Thanatos y su puta madre y el año pasado se pasaba a la novela negra con El asesino de presentadores.
Y se hizo la luz en Givenchy
El ambiente en los salones del hotel d'Evreux en los que se muestra la alta costura de Givenchy era mucho más relajado ayer que en julio.
En verano, muchos nos acercamos a Place Vendôme con cautela y reticencias.
La casa que comanda Riccardo Tisci había decidio cambiar el desfile por una presentación estática. ¿Era el primer paso para la deserción de una de las pocas casas de alta costura que quedan?
.
Pero la colección de invierno de Tisci, inspirada por Frida Kahlo, sirvió para espantar fantasmas.
Evidenciaba, además, que el formato de presentación estática no implicaba una renuncia y permitía apreciar mejor sus detalles.
La firma propiedad de LVMH ha debido pensar que si algo no está roto, mejor no arreglarlo. Porque para la primavera/verano de 2011 ha mantenido idéntico el planteamiento y la puesta en escena.
Las mismas cuatro salas (esta vez, aromatizadas con perfume de almendras), la misma disposición de los diez trajes y hasta la misma foto de un grupo, tomada por delante y detrás por Willy Vanderperre.
La responsabilidad de la novedad recaía, por lo tanto, en las piezas. El trabajo es una evolución de la temporada anterior y culmina la apertura a la luz iniciada por el habitualmente oscurantista Tisci.
La inspiración es Japón, pero su visión se aleja de lo manido. De Kazuo Ohno, bailarín de Butoh que falleció el año pasado con 103 años, toma el conflicto entre lo femenino y lo masculino.
Un tema recurrente para Tisci que condiciona la dualidad de los atuendos. Casi todos, largos y lánguidos vestidos que (otra vez) se combinan con prendas exteriores más estructuradas.
El segundo juego de opuestos parte del enfrentamiento de grullas y Gundam, robots de anime. Todas piezas presentan dos caras. Naturaleza y tecnología. La frontal es orgánica y suave. La trasera, robótica y ácida.
El conjunto más mencionado será seguramente el vestido de las 4.000 horas de trabajo. Enteramente cubierto de lentejuelas mate en dos tonos de blanco dibuja cabezas de ave en el frontal.
El bordado trasero, en naranja, salta de la pieza gracias a su construcción en tres dimensiones.
Se lleva con un chaleco que deja la espalda abierta y zapatos hechos de pequeñas maquinarias de reloj en cobre.
La pieza comparte la primera sala con otras obras que revisan las formas del vestuario tradicional japonés. De ahí, el nombre para la estancia: Obi. Además, establecen un vínculo cromático, ya que todos sus bordados traseros se elaboran en naranjas y fucsias. Uno de los trajes (arriba) lleva una lazada cubierta de finas tiras de piel formando tubos y se abre en una falda de tul y plumas de avestruz.
En la sala Mimosa se agrupan tres trajes que comparten un estudio de los amarillos y verdes.
El frontal del primero, de cuerpo transparente y rematado por cremalleras, muestra un pájaro en relieve creado con encaje, tul y chiffon que desciende hasta una cascada de plumas color amarillo pálido.
Al rodear la pieza, los pájaros de vuelven ácidos. Los otros dos conjuntos de la habitación se complementan con chaquetas largas, casi transparentes en su mitad inferior.
El segundo resulta fascinante.
Sobre el pecho se abren alas que baten gracias a un hojaldre formado por 20 capas de chiffon.
Su delicadeza contrasta con la frialdad de los adornos verde flúor de la espalda.
La tercera sala, llamada Wisteria, contiene dos trajes de suaves plisados en color lila.
Los bordados aquí simulan bolas en el momento de estallar.
Cada perla se ha recubierto a mano por varias capas de chiffon que, al moverse, se abren creando un efecto vagamente perturbador. Como de vida que pugna por nacer. En uno de ellos, el contraste cromático (un amarillo verdoso) aparece a orillas del escote de la espalda. En el otro, viene de la mano de un chaleco-arnés, que decora en lila en frontal y en amarillo el resto.
La última sala expone a gran tamaño la foto de grupo, protagonizada esta vez por diez modelos asiáticas.
Se ve primero de espaldas. Agrupadas por los colores de sus bordados traseros, las modelos llevan gigantescos sombreros de Philip Treacy.
La puesta en escena y la cercanía con la virtuosa ejecución potencia que esta colección se contemple con la distancia de lo que nace y vive en una vitrina.
Tiene mérito que aún así resulte contemporánea.
En verano, muchos nos acercamos a Place Vendôme con cautela y reticencias.
La casa que comanda Riccardo Tisci había decidio cambiar el desfile por una presentación estática. ¿Era el primer paso para la deserción de una de las pocas casas de alta costura que quedan?
.
Pero la colección de invierno de Tisci, inspirada por Frida Kahlo, sirvió para espantar fantasmas.
Evidenciaba, además, que el formato de presentación estática no implicaba una renuncia y permitía apreciar mejor sus detalles.
La firma propiedad de LVMH ha debido pensar que si algo no está roto, mejor no arreglarlo. Porque para la primavera/verano de 2011 ha mantenido idéntico el planteamiento y la puesta en escena.
Las mismas cuatro salas (esta vez, aromatizadas con perfume de almendras), la misma disposición de los diez trajes y hasta la misma foto de un grupo, tomada por delante y detrás por Willy Vanderperre.
La responsabilidad de la novedad recaía, por lo tanto, en las piezas. El trabajo es una evolución de la temporada anterior y culmina la apertura a la luz iniciada por el habitualmente oscurantista Tisci.
La inspiración es Japón, pero su visión se aleja de lo manido. De Kazuo Ohno, bailarín de Butoh que falleció el año pasado con 103 años, toma el conflicto entre lo femenino y lo masculino.
Un tema recurrente para Tisci que condiciona la dualidad de los atuendos. Casi todos, largos y lánguidos vestidos que (otra vez) se combinan con prendas exteriores más estructuradas.
El segundo juego de opuestos parte del enfrentamiento de grullas y Gundam, robots de anime. Todas piezas presentan dos caras. Naturaleza y tecnología. La frontal es orgánica y suave. La trasera, robótica y ácida.
El conjunto más mencionado será seguramente el vestido de las 4.000 horas de trabajo. Enteramente cubierto de lentejuelas mate en dos tonos de blanco dibuja cabezas de ave en el frontal.
El bordado trasero, en naranja, salta de la pieza gracias a su construcción en tres dimensiones.
Se lleva con un chaleco que deja la espalda abierta y zapatos hechos de pequeñas maquinarias de reloj en cobre.
La pieza comparte la primera sala con otras obras que revisan las formas del vestuario tradicional japonés. De ahí, el nombre para la estancia: Obi. Además, establecen un vínculo cromático, ya que todos sus bordados traseros se elaboran en naranjas y fucsias. Uno de los trajes (arriba) lleva una lazada cubierta de finas tiras de piel formando tubos y se abre en una falda de tul y plumas de avestruz.
En la sala Mimosa se agrupan tres trajes que comparten un estudio de los amarillos y verdes.
El frontal del primero, de cuerpo transparente y rematado por cremalleras, muestra un pájaro en relieve creado con encaje, tul y chiffon que desciende hasta una cascada de plumas color amarillo pálido.
Al rodear la pieza, los pájaros de vuelven ácidos. Los otros dos conjuntos de la habitación se complementan con chaquetas largas, casi transparentes en su mitad inferior.
El segundo resulta fascinante.
Sobre el pecho se abren alas que baten gracias a un hojaldre formado por 20 capas de chiffon.
Su delicadeza contrasta con la frialdad de los adornos verde flúor de la espalda.
La tercera sala, llamada Wisteria, contiene dos trajes de suaves plisados en color lila.
Los bordados aquí simulan bolas en el momento de estallar.
Cada perla se ha recubierto a mano por varias capas de chiffon que, al moverse, se abren creando un efecto vagamente perturbador. Como de vida que pugna por nacer. En uno de ellos, el contraste cromático (un amarillo verdoso) aparece a orillas del escote de la espalda. En el otro, viene de la mano de un chaleco-arnés, que decora en lila en frontal y en amarillo el resto.
La última sala expone a gran tamaño la foto de grupo, protagonizada esta vez por diez modelos asiáticas.
Se ve primero de espaldas. Agrupadas por los colores de sus bordados traseros, las modelos llevan gigantescos sombreros de Philip Treacy.
La puesta en escena y la cercanía con la virtuosa ejecución potencia que esta colección se contemple con la distancia de lo que nace y vive en una vitrina.
Tiene mérito que aún así resulte contemporánea.
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