Un tesoro nacional
Núria Espert es un tesoro nacional; una energía, una tradición cultural de respeto al texto, de creatividad y de potencia. El monólogo que pone en pie en la sala pequeña del teatro Español, en Madrid, es una lección de contención dramática; a partir de un texto preñado de metáforas, La violación de Lucrecia, de William Shakespeare, la actriz que hizo Yerma de Lorca o que hizo Las criadas de Genet edifica un personaje múltiple, es una mujer, es hombres, expresa ternura, indefensión, violencia, cobardía, se manifiesta sobre el amor, la muerte, el odio, explica los símbolos del tiempo, y todo lo hace cambiando los registros en décimas de segundo; alcanza los límites de la perfección dramática, y todo lo hace, como bien dice el director de la función, el joven Miguel Ángel del Arco, como si eso que es tan difícil no le costara esfuerzo alguno. Hay un solo secreto: la energía de su vocación, que la acompaña desde la niñez, y que la persigue en los escenarios como un don. El público aplaudió con un enorme entusiasmo. Le dije a los que tenía al lado que Núria es un tesoro nacional, alguien que transmite orgullo sin que ella misma no se dé importancia alguna, manteniendo siempre la sencillez con que se presentó una vez a una audición ante el maestro Josep Maria de Segarra y éste dice: "Aquesta noia te uns collons de caballo". No sé si estará bien dicho en catalán, pero esa fuerza que vio el dramaturgo está ahí, intacta, han pasado los tiempos, pero a ella no le ha pasado el tiempo de su entusiasmo.
8 ene 2011
Almodóvar presenta la cara de su próxima película
. .Si marzo fue tradicionalmente el mes del estreno de Almodóvar, los fans del cineasta tendrán que esperar hasta septiembre para ver su nueva obra. La piel que habito está protagonizada por Elena Anaya y Antonio Banderas (en la foto) y basada en la novela Tarántula, de Thierry Jonquet. Ayer se difundió la primera imagen de la campaña de promoción.
Una heroína del siglo XXI para Delibes
Natalia Millán recoge el testigo de Lola Herrera y estrena como Carmen Sotilllo 'Cinco horas con Mario', convertida en un clásico contemporáneo .
Carmen Sotillo acompaña al imaginario colectivo de varias generaciones de españoles. Por un lado a través de las páginas de Cinco horas con Mario, uno de los textos cuya lectura se sigue recomendando desde hace décadas en la segunda enseñanza.
Por otro, mediante las imágenes del montaje que adaptaron para el teatro el propio autor, Miguel Delibes, el productor José Samano y la directora Josefina Molina.
Pero sobre todo a través de su protagonista, la actriz Lola Herrera, que hace más de 30 años tuvo uno de los grandes éxitos de la historia del teatro español contemporáneo interpretando a esa suerte de heroína castellana que, a través de un soliloquio durante el velatorio de su marido, pone de manifiesto frustraciones, fantasías, sueños, represiones y deseos. No solo los de una mujer, sino los de una generación de mujeres asfixiada por la sociedad timorata de la época franquista. Un mundo mucho más parecido al de hoy de lo que se pueda suponer.
El autor antes de su muerte acordó con el productor retomar el montaje
Herrera representó Cinco horas con Mario durante diez años de manera ininterrumpida. En el año 2001 retomó el montaje aportando a Carmen Sotillo lo mismo que el paso del tiempo le había dado a ella: serenidad y sabiduría. Las mismas que utiliza ahora para alejarse del personaje.
Muchas personas, algunas que habían visto el montaje y otras que no, recomendaron a Delibes y a Sámano que lo repusieran. Cinco horas con Mario se ha convertido en un clásico contemporáneo y Carmen Sotillo en uno de los personajes fetiche del teatro español.
A lo largo del año 2009, Delibes y el productor recogieron la idea. Recuerda Sámamo que el escritor estaba muy ilusionado y pedía que se eligiera a la actriz "con máximo cuidado". Sugirió que "no fuera una artista de relumbrón" y que, a poder ser, "fuera lo más mona posible". Sámano está seguro de haber cumplido con los deseos de Delibes.
La actriz Natalia Millán, con una edad cercana a los 44 años del personaje, ha tenido suficiente valor, suerte, atrevimiento e inteligencia para convertirse en la heroína de Delibes del siglo XXI. Josefina Molina ha contado con la misma adaptación, un decorado en el que Rafael Palmero ha introducido cambios, iluminación de Paco Leal y nuevos intérpretes, ya que Víctor Elías hace el difícil y corto papel de hijo. "En realidad es la voz de Delibes", señala Millán. De su antecesora dice: "Este personaje es de ella. Me siento un poquito usurpadora, pero me hace mucha ilusión".
Lola Herrera pretende permanecer en la más absoluta sombra, aunque a veces no lo consigue: "Quiero dejar el sitio a la persona que ahora se enfrenta a Carmen Sotillo y alejarme lo más posible. He hecho lo que tenía que hacer y solo quiero respetar a Natalia, a la que ya he pasado el testigo y con la que estoy encantada porque es una maravilla, una persona a la que quiero, a la que respeto muchísimo y una magnífica actriz", comenta Herrera. "La obra es un gran documento trasladable a épocas actuales y venideras..., parte de situaciones que puede que hayan cambiado los nombres, pero los porqués son los mismos. Aún hay un elevado número de cármenes, solo que ahora hablamos de cirugías estéticas, yates, grandes viajes y otras cosas, pero sigue funcionando igual".
Natalia Millán, lectora de Delibes desde jovencita, no para de lamentarse por no haber llegado a tiempo de hablar con él. "Por unas semanas. Pero que su familia me dijera que le habría gustado, ya me hizo muy feliz", señala la actriz. Millán vio a Herrera cuando retomó el montaje en 2001, pero ni se le pasó por la cabeza que iba a hacer ese papel algún día.
"Sé que las comparaciones están ahí, no quiero evitarlas, ni negarlas, pero no me paralizan, son nombres que van a estar unidos siempre y la sombra de Lola es muy buena sombra", asegura la actriz, que en su carrera ha saltado de clásicos españoles con Marsillach a Shakespeare y a musicales como Cabaret y Chicago. "En los actores americanos esto es normal y aquí lo será porque la gente cada vez se prepara mejor".
A Natalia Millám le ha costado especialmente meterse en la cabeza de Carmen Sotillo porque no se parecen en la forma de pensar. "Pero como mujer, quién no ha sufrido perdidas, frustraciones, quién no ha deseado ser infiel, o ha tenido sentimiento de culpa, no pensamos igual, pero sentimos como todas las mujeres", reflexiona.
Carmen Sotillo acompaña al imaginario colectivo de varias generaciones de españoles. Por un lado a través de las páginas de Cinco horas con Mario, uno de los textos cuya lectura se sigue recomendando desde hace décadas en la segunda enseñanza.
Por otro, mediante las imágenes del montaje que adaptaron para el teatro el propio autor, Miguel Delibes, el productor José Samano y la directora Josefina Molina.
Pero sobre todo a través de su protagonista, la actriz Lola Herrera, que hace más de 30 años tuvo uno de los grandes éxitos de la historia del teatro español contemporáneo interpretando a esa suerte de heroína castellana que, a través de un soliloquio durante el velatorio de su marido, pone de manifiesto frustraciones, fantasías, sueños, represiones y deseos. No solo los de una mujer, sino los de una generación de mujeres asfixiada por la sociedad timorata de la época franquista. Un mundo mucho más parecido al de hoy de lo que se pueda suponer.
El autor antes de su muerte acordó con el productor retomar el montaje
Herrera representó Cinco horas con Mario durante diez años de manera ininterrumpida. En el año 2001 retomó el montaje aportando a Carmen Sotillo lo mismo que el paso del tiempo le había dado a ella: serenidad y sabiduría. Las mismas que utiliza ahora para alejarse del personaje.
Muchas personas, algunas que habían visto el montaje y otras que no, recomendaron a Delibes y a Sámano que lo repusieran. Cinco horas con Mario se ha convertido en un clásico contemporáneo y Carmen Sotillo en uno de los personajes fetiche del teatro español.
A lo largo del año 2009, Delibes y el productor recogieron la idea. Recuerda Sámamo que el escritor estaba muy ilusionado y pedía que se eligiera a la actriz "con máximo cuidado". Sugirió que "no fuera una artista de relumbrón" y que, a poder ser, "fuera lo más mona posible". Sámano está seguro de haber cumplido con los deseos de Delibes.
La actriz Natalia Millán, con una edad cercana a los 44 años del personaje, ha tenido suficiente valor, suerte, atrevimiento e inteligencia para convertirse en la heroína de Delibes del siglo XXI. Josefina Molina ha contado con la misma adaptación, un decorado en el que Rafael Palmero ha introducido cambios, iluminación de Paco Leal y nuevos intérpretes, ya que Víctor Elías hace el difícil y corto papel de hijo. "En realidad es la voz de Delibes", señala Millán. De su antecesora dice: "Este personaje es de ella. Me siento un poquito usurpadora, pero me hace mucha ilusión".
Lola Herrera pretende permanecer en la más absoluta sombra, aunque a veces no lo consigue: "Quiero dejar el sitio a la persona que ahora se enfrenta a Carmen Sotillo y alejarme lo más posible. He hecho lo que tenía que hacer y solo quiero respetar a Natalia, a la que ya he pasado el testigo y con la que estoy encantada porque es una maravilla, una persona a la que quiero, a la que respeto muchísimo y una magnífica actriz", comenta Herrera. "La obra es un gran documento trasladable a épocas actuales y venideras..., parte de situaciones que puede que hayan cambiado los nombres, pero los porqués son los mismos. Aún hay un elevado número de cármenes, solo que ahora hablamos de cirugías estéticas, yates, grandes viajes y otras cosas, pero sigue funcionando igual".
Natalia Millán, lectora de Delibes desde jovencita, no para de lamentarse por no haber llegado a tiempo de hablar con él. "Por unas semanas. Pero que su familia me dijera que le habría gustado, ya me hizo muy feliz", señala la actriz. Millán vio a Herrera cuando retomó el montaje en 2001, pero ni se le pasó por la cabeza que iba a hacer ese papel algún día.
"Sé que las comparaciones están ahí, no quiero evitarlas, ni negarlas, pero no me paralizan, son nombres que van a estar unidos siempre y la sombra de Lola es muy buena sombra", asegura la actriz, que en su carrera ha saltado de clásicos españoles con Marsillach a Shakespeare y a musicales como Cabaret y Chicago. "En los actores americanos esto es normal y aquí lo será porque la gente cada vez se prepara mejor".
A Natalia Millám le ha costado especialmente meterse en la cabeza de Carmen Sotillo porque no se parecen en la forma de pensar. "Pero como mujer, quién no ha sufrido perdidas, frustraciones, quién no ha deseado ser infiel, o ha tenido sentimiento de culpa, no pensamos igual, pero sentimos como todas las mujeres", reflexiona.
Sarkozy se convierte en estrella de cine
Una película, que se estrenará en mayo, narra la ascensión al poder del actual presidente de la República .
Una película, titulada La Conquête, que se estrenará en mayo pero que ha despertado ya en Francia una expectación considerable, narra la escalada política del actual residente de la República, Nicolas Sarkozy, concretamente desde 2002 a 2007, esto es, desde que accede al cargo de ministro del Interior hasta que se convierte en el hombre más poderoso de Francia.
A los franceses les apasionan la política y sus políticos. En las librerías abundan libros sobre la materia, biografías grandes y pequeñas sobre dirigentes y ministros, y no hay mes en que no aparezca un volumen nuevo sobre Sarkozy. Sin embargo, es muy raro que se produzca una película sobre este tema -los aledaños del poder, la manera de ejercerlo- basado en personajes reales y contemporáneos. "Es una película sobre una historia real, así que todo es real y falso al mismo tiempo", asegura el director, Xavier Durringer, en la revista dominical de Le Monde(edición digital de pago).
Esta publicación revela este fin de semana algunas escenas de la película, de modo que ya se puede ver qué aspecto tendrá este Sarkozy de celuloide. Está interpretado, con la ayuda de una peluca y de unos zapatos bajos, por el actor de la Comédie Française, Denis Podalydès, que asegura que ha huido de los varios tics que aquejan al político para centrarse en su ritmo interior a la hora de hacerse con el personaje. A juzgar por el comentario de la redactora de Le Monde que le ha visto de cerca, el resultado es asombroso.
El guión pertenece al escritor y guionista Patrick Rotman, autor de célebres documentales sobre Miterrand y Chirac, que a la hora de acometer esta película ha recurrido a periodistas que cubrieron esa época, a escenas de documentales e informativos y a fotógrafos que la retrataron, entre otros elementos de referencia.
La actriz Saïda Jawad se encarga de encarnar a la ex ministra Rachida Dati (en 2007 portavoz de la campaña de Sarkozy) y Samuel Labarthe se convierte, a juzgar por las fotos aparecidas en Le Monde, en un doble casi exacto del ex primer ministro Dominique de Villepin. Por cierto: Dati invitó a Jawad a conocerse cuando se enteró de que se encargaba de desempañar su papel en la película. La actriz, amablemente, declinó la invitación.
La película aborda, en torno a la ascensión de Sarkzoy, temas escabrosos y polémicos: la rivalidad a muerte con Villepin, algo que aún dará mucho que hablar en el día a día de la política francesa, el enfrentamiento con Jacques Chirac o las desavenencias matrimoniales con Cecilia. De hecho, la película se abre con una imagen impactante y sintomática: Sarkozy, horas después de haber ganado las elecciones, busca a su mujer, que lo ha dejado solo en la noche más importante de sus carrera.
El director insiste en que la película va mucho más allá de la mera crítica puntual y que persigue llevar a cabo un retrato de una época: "Hemos tenido que buscar una cierta distancia. No hemos querido caer en la trampa de la imitación o la parodia. Si se caricaturiza a Sarkozy, si se le ridiculiza, si nos fascina, todo esto se viene abajo. Yo he querido que el espectador pase por emociones contradictorias como pasaron los electores entre 2002 y 2007".
Podalydes describe así al personaje clave de esta aventura: "Sarkozy es un hombre que puede pasar rápidamente de la violencia a la seducción extrema. Sus momentos infantiles son también preciosos, ese "hein" que pronuncia cuando sabe lo que va a replicar. Me he fijado cuando se prepara para dar un mitin, lejos de los fotógrafos. Esa concentración, esa soledad, son las mismas que las de los actores antes de entrar en escena".
Una película, titulada La Conquête, que se estrenará en mayo pero que ha despertado ya en Francia una expectación considerable, narra la escalada política del actual residente de la República, Nicolas Sarkozy, concretamente desde 2002 a 2007, esto es, desde que accede al cargo de ministro del Interior hasta que se convierte en el hombre más poderoso de Francia.
A los franceses les apasionan la política y sus políticos. En las librerías abundan libros sobre la materia, biografías grandes y pequeñas sobre dirigentes y ministros, y no hay mes en que no aparezca un volumen nuevo sobre Sarkozy. Sin embargo, es muy raro que se produzca una película sobre este tema -los aledaños del poder, la manera de ejercerlo- basado en personajes reales y contemporáneos. "Es una película sobre una historia real, así que todo es real y falso al mismo tiempo", asegura el director, Xavier Durringer, en la revista dominical de Le Monde(edición digital de pago).
Esta publicación revela este fin de semana algunas escenas de la película, de modo que ya se puede ver qué aspecto tendrá este Sarkozy de celuloide. Está interpretado, con la ayuda de una peluca y de unos zapatos bajos, por el actor de la Comédie Française, Denis Podalydès, que asegura que ha huido de los varios tics que aquejan al político para centrarse en su ritmo interior a la hora de hacerse con el personaje. A juzgar por el comentario de la redactora de Le Monde que le ha visto de cerca, el resultado es asombroso.
El guión pertenece al escritor y guionista Patrick Rotman, autor de célebres documentales sobre Miterrand y Chirac, que a la hora de acometer esta película ha recurrido a periodistas que cubrieron esa época, a escenas de documentales e informativos y a fotógrafos que la retrataron, entre otros elementos de referencia.
La actriz Saïda Jawad se encarga de encarnar a la ex ministra Rachida Dati (en 2007 portavoz de la campaña de Sarkozy) y Samuel Labarthe se convierte, a juzgar por las fotos aparecidas en Le Monde, en un doble casi exacto del ex primer ministro Dominique de Villepin. Por cierto: Dati invitó a Jawad a conocerse cuando se enteró de que se encargaba de desempañar su papel en la película. La actriz, amablemente, declinó la invitación.
La película aborda, en torno a la ascensión de Sarkzoy, temas escabrosos y polémicos: la rivalidad a muerte con Villepin, algo que aún dará mucho que hablar en el día a día de la política francesa, el enfrentamiento con Jacques Chirac o las desavenencias matrimoniales con Cecilia. De hecho, la película se abre con una imagen impactante y sintomática: Sarkozy, horas después de haber ganado las elecciones, busca a su mujer, que lo ha dejado solo en la noche más importante de sus carrera.
El director insiste en que la película va mucho más allá de la mera crítica puntual y que persigue llevar a cabo un retrato de una época: "Hemos tenido que buscar una cierta distancia. No hemos querido caer en la trampa de la imitación o la parodia. Si se caricaturiza a Sarkozy, si se le ridiculiza, si nos fascina, todo esto se viene abajo. Yo he querido que el espectador pase por emociones contradictorias como pasaron los electores entre 2002 y 2007".
Podalydes describe así al personaje clave de esta aventura: "Sarkozy es un hombre que puede pasar rápidamente de la violencia a la seducción extrema. Sus momentos infantiles son también preciosos, ese "hein" que pronuncia cuando sabe lo que va a replicar. Me he fijado cuando se prepara para dar un mitin, lejos de los fotógrafos. Esa concentración, esa soledad, son las mismas que las de los actores antes de entrar en escena".
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