La princesa de Asturias y la ministra de Defensa cumplieron a la perfección las normas que dicta el protocolo para la recepción de la Pascua Militar. Si sus elecciones fueron criticadas en otras ocasiones, en esta ambas acataron las normas. Doña Letizia eligió un dos piezas largo en tono azul y la ministra un sobrio traje pantalón negro. Chacón solo se permitió innovar en su peinado.
7 ene 2011
Zahi Hawass anuncia que cerrará la tumba de Tutankamón
El objetivo es evitar que prosiga su imparable deterioro a causa del turismo masivo.
Una de las mayores atracciones turísticas y arqueológicas del mundo cerrará sus viejas puertas en breve, probablemente para siempre.
El responsable de antigüedades de Egipto, Zahi Hawass , anunció ayer en unas declaraciones a Efe que va a echar el candado en la tumba de Tutankamón, la más visitada del valle de los Reyes, la gran necrópolis faraónica de la antigua Tebas (actual Luxor), para evitar que prosiga su imparable deterioro a causa del turismo masivo.
El enigma eterno de Tutmosis III
La decisión se enmarca en el conocido proyecto de Hawass de crear réplicas de las tumbas más importantes y desviar a ellas el turismo mientras se cierran las originales a fin de conservarlas para la posteridad.
Las otras dos tumbas que se cerrarán definitivamente son la de Seti I, la más monumental del Valle de los Reyes , y la de la reina Nefertari, la esposa principal de Ramsés II, en el vecino Valle de las Reinas .
Ambos sepulcros, delicadísimos por sus pinturas, están de hecho cerrados ya a las visitas turísticas desde hace tiempo. Desde su descubrimiento por Howard Carter en 1922 la tumba del joven rey se convirtió en sinónimo del antiguo Egipto y no ha dejado nunca de ser un foco de curiosidad y emoción a cuyo reclamo han acudido millones de personas.
La pequeña tumba -no diseñada para contener los tesoros y el enterramiento de un faraón (fue un apaño de urgencia por la muerte precipitada de Tut), así que ni te digo para dar cabida a oleadas de turistas sudorosos-, ha sufrido enormemente por las visitas. Especialmente las pinturas de la cámara funeraria.
La decisión en 2007 de exhibir la momia del rey en la propia tumba en una urna climatizada incrementó el interés (y el morbo) del público por visitar el sepulcro y aumentó la presión sobre el recinto, agravando los problemas de conservación.
Hawass no ha concretado exactamente cuando se cerrará la tumba de Tutankamón ni que sucederá con la momia del rey (las momias de los faraones del Imperio Nuevo se exhiben en el Museo de El Cairo).
Una de las mayores atracciones turísticas y arqueológicas del mundo cerrará sus viejas puertas en breve, probablemente para siempre.
El responsable de antigüedades de Egipto, Zahi Hawass , anunció ayer en unas declaraciones a Efe que va a echar el candado en la tumba de Tutankamón, la más visitada del valle de los Reyes, la gran necrópolis faraónica de la antigua Tebas (actual Luxor), para evitar que prosiga su imparable deterioro a causa del turismo masivo.
El enigma eterno de Tutmosis III
La decisión se enmarca en el conocido proyecto de Hawass de crear réplicas de las tumbas más importantes y desviar a ellas el turismo mientras se cierran las originales a fin de conservarlas para la posteridad.
Las otras dos tumbas que se cerrarán definitivamente son la de Seti I, la más monumental del Valle de los Reyes , y la de la reina Nefertari, la esposa principal de Ramsés II, en el vecino Valle de las Reinas .
Ambos sepulcros, delicadísimos por sus pinturas, están de hecho cerrados ya a las visitas turísticas desde hace tiempo. Desde su descubrimiento por Howard Carter en 1922 la tumba del joven rey se convirtió en sinónimo del antiguo Egipto y no ha dejado nunca de ser un foco de curiosidad y emoción a cuyo reclamo han acudido millones de personas.
La pequeña tumba -no diseñada para contener los tesoros y el enterramiento de un faraón (fue un apaño de urgencia por la muerte precipitada de Tut), así que ni te digo para dar cabida a oleadas de turistas sudorosos-, ha sufrido enormemente por las visitas. Especialmente las pinturas de la cámara funeraria.
La decisión en 2007 de exhibir la momia del rey en la propia tumba en una urna climatizada incrementó el interés (y el morbo) del público por visitar el sepulcro y aumentó la presión sobre el recinto, agravando los problemas de conservación.
Hawass no ha concretado exactamente cuando se cerrará la tumba de Tutankamón ni que sucederá con la momia del rey (las momias de los faraones del Imperio Nuevo se exhiben en el Museo de El Cairo).
Una historia de maquis gana el Nadal
Alicia Giménez Bartlett recupera el ambiguo personaje de la guerrillera La Pastora. -La creadora de Petra Delicado consolida su vertiente más literaria .
.Alicia Giménez Bartlett arrastraba una tristeza: era más reconocida como escritora fuera (Italia, sobre todo) que aquí y su famosísima saga de la detective Petra Delicado ha enmascarado en parte su producción novelística literaria, tan numerosa como la policíaca. Eso terminó ayer por la noche en Barcelona, porque los Reyes Magos la obsequiaron con la 67ª edición del premio Nadal, el más veterano de las letras españolas, que obtuvo con la novela Donde nadie te encuentre, basada parcialmente en la vida real de Teresa Pla Meseguer, que llegó a conocerse como "la maquis hermafrodita".
Doble personalidad narrativa
Los claroscuros del personaje protagonista no fueron las únicas emociones que, en el que fuera histórico Ritz (hoy Palace), deparó la velada, porque entre los 460 invitados debutaba en un acto sociocultural el flamante presidente de la Generalitat, Artur Mas, que se vio con dos de sus predecesores: el inmediato, José Montilla, y su maestro, Jordi Pujol.
Y se dio otro duelo, el del alcalde Jordi Hereu con el que se preparaba como candidato socialista alternativo, Ferran Mascarell, que al final ha acabado como consejero de Cultura fichado por Mas.
La tercera sacudida, más tácita, la proporcionó la obra ganadora del 43º premio Pla en lengua catalana, de nuevo una apuesta como el año pasado: El cau del conill (La madriguera del conejo), del joven periodista debutante Cristian Segura (Barcelona, 1978) o de cómo una tercera generación de los Conill se carga todo el patrimonio familiar, en una espiral de pérdida de valores idiosincrásicos que hoy preocupa a una parte de la sociedad catalana.
La elección del personaje de Teresa Pla por parte de Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 1951) no debe sorprender demasiado viendo su trayectoria. Donde nadie te encuentre narra las peripecias de un psiquiatra francés que, a través de un artículo de un periodista barcelonés, se interesa por el personaje de Teresa Pla Meseguer, alias La Pastora, quizá el maquis más misterioso que generó la inmediata posguerra española. Nacida en 1917 en Vallibona (Castellón) con serias dudas sobre su sexualidad (quizá con seudohermafroditismo masculino), sus rasgos más hombrunos que femeninos fueron objetos de múltiples chanzas que culminaron desgraciadamente en una nunca bien o aclarada violación en 1949 en la que habrían participado o estado presentes miembros de la Guardia Civil. Fue entonces cuando, según la historia o quizá ya mezclada con la leyenda, cambió sus ropas femeninas por las masculinas y pasó de ser la Teresot a Florencio, actuando como maquis con el nombre de Durruti o La Pastora por las montañas del Maestrazgo hasta que fue capturada en 1960. Conmutada la pena de muerte, pasó 17 años en prisión y falleció en 2004.
Una mujer de carácter fuerte, el sexo como elemento al que agarrarse (o no) para huir de la sociedad, un cierto individualismo y otro cierto pesimismo sobre las relaciones sociales son temas que rodean esa figura pero también son en realidad algunos de los leit motiv que marcan la trayectoria como escritora y también la de ensayista de Giménez Bartlett, una doctora en filología extranjera (inglesa) que apareció en 1981, hace exactamente 30 años, con un estudio sobre Torrente Ballester. Solo un año después debutaba en la ficción con Éxit, a la que siguieron, entre otras, Pájaros de oro (1987, su particular Thelma y Louise), La última copa del verano (1995), Secreta Penélope (2003) y Días de amor y engaños (2006). Pero sobre todo está Una habitación ajena (1997), recreación de las tensiones entre Virginia Woolf y su criada Nelly y que le proporcionó el primer premio de su carrera: el Femenino Singular, de Lumen.
Un año antes de esa implícita reflexión sobre las mujeres y la condición de intelectual había probado con la novela policiaca.
La culpa fue de Patricia Cornwell y de su libro La jota de corazones. "Si eso es lo último en novela negra yo también puedo", recuerda que se dijo y así lanzó en 1996 Ritos de muerte, que dio pie a las hasta ahora ocho obras de la saga de la detective Petra Delicado, cuya fama la llevó a una serie de TVE en 1999 con el rostro de Ana Belén.
Fue un éxito notable en España pero espectacular fuera (le ha reportado diversos galardones; el mejor, el Raymond Chandler en 2008, como a John le Carré y John Grisham) que corrieron un velo sobre su producción más seria y sobre sus ensayos (El misterio de los sexos y La deuda de Eva).
Pero eso fue hasta ayer.
.Alicia Giménez Bartlett arrastraba una tristeza: era más reconocida como escritora fuera (Italia, sobre todo) que aquí y su famosísima saga de la detective Petra Delicado ha enmascarado en parte su producción novelística literaria, tan numerosa como la policíaca. Eso terminó ayer por la noche en Barcelona, porque los Reyes Magos la obsequiaron con la 67ª edición del premio Nadal, el más veterano de las letras españolas, que obtuvo con la novela Donde nadie te encuentre, basada parcialmente en la vida real de Teresa Pla Meseguer, que llegó a conocerse como "la maquis hermafrodita".
Doble personalidad narrativa
Los claroscuros del personaje protagonista no fueron las únicas emociones que, en el que fuera histórico Ritz (hoy Palace), deparó la velada, porque entre los 460 invitados debutaba en un acto sociocultural el flamante presidente de la Generalitat, Artur Mas, que se vio con dos de sus predecesores: el inmediato, José Montilla, y su maestro, Jordi Pujol.
Y se dio otro duelo, el del alcalde Jordi Hereu con el que se preparaba como candidato socialista alternativo, Ferran Mascarell, que al final ha acabado como consejero de Cultura fichado por Mas.
La tercera sacudida, más tácita, la proporcionó la obra ganadora del 43º premio Pla en lengua catalana, de nuevo una apuesta como el año pasado: El cau del conill (La madriguera del conejo), del joven periodista debutante Cristian Segura (Barcelona, 1978) o de cómo una tercera generación de los Conill se carga todo el patrimonio familiar, en una espiral de pérdida de valores idiosincrásicos que hoy preocupa a una parte de la sociedad catalana.
La elección del personaje de Teresa Pla por parte de Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 1951) no debe sorprender demasiado viendo su trayectoria. Donde nadie te encuentre narra las peripecias de un psiquiatra francés que, a través de un artículo de un periodista barcelonés, se interesa por el personaje de Teresa Pla Meseguer, alias La Pastora, quizá el maquis más misterioso que generó la inmediata posguerra española. Nacida en 1917 en Vallibona (Castellón) con serias dudas sobre su sexualidad (quizá con seudohermafroditismo masculino), sus rasgos más hombrunos que femeninos fueron objetos de múltiples chanzas que culminaron desgraciadamente en una nunca bien o aclarada violación en 1949 en la que habrían participado o estado presentes miembros de la Guardia Civil. Fue entonces cuando, según la historia o quizá ya mezclada con la leyenda, cambió sus ropas femeninas por las masculinas y pasó de ser la Teresot a Florencio, actuando como maquis con el nombre de Durruti o La Pastora por las montañas del Maestrazgo hasta que fue capturada en 1960. Conmutada la pena de muerte, pasó 17 años en prisión y falleció en 2004.
Una mujer de carácter fuerte, el sexo como elemento al que agarrarse (o no) para huir de la sociedad, un cierto individualismo y otro cierto pesimismo sobre las relaciones sociales son temas que rodean esa figura pero también son en realidad algunos de los leit motiv que marcan la trayectoria como escritora y también la de ensayista de Giménez Bartlett, una doctora en filología extranjera (inglesa) que apareció en 1981, hace exactamente 30 años, con un estudio sobre Torrente Ballester. Solo un año después debutaba en la ficción con Éxit, a la que siguieron, entre otras, Pájaros de oro (1987, su particular Thelma y Louise), La última copa del verano (1995), Secreta Penélope (2003) y Días de amor y engaños (2006). Pero sobre todo está Una habitación ajena (1997), recreación de las tensiones entre Virginia Woolf y su criada Nelly y que le proporcionó el primer premio de su carrera: el Femenino Singular, de Lumen.
Un año antes de esa implícita reflexión sobre las mujeres y la condición de intelectual había probado con la novela policiaca.
La culpa fue de Patricia Cornwell y de su libro La jota de corazones. "Si eso es lo último en novela negra yo también puedo", recuerda que se dijo y así lanzó en 1996 Ritos de muerte, que dio pie a las hasta ahora ocho obras de la saga de la detective Petra Delicado, cuya fama la llevó a una serie de TVE en 1999 con el rostro de Ana Belén.
Fue un éxito notable en España pero espectacular fuera (le ha reportado diversos galardones; el mejor, el Raymond Chandler en 2008, como a John le Carré y John Grisham) que corrieron un velo sobre su producción más seria y sobre sus ensayos (El misterio de los sexos y La deuda de Eva).
Pero eso fue hasta ayer.
El pago de una deuda Los Rolling se reúnen para homenajear a su primer pianista, Ian Stewart
Todavía carecemos de noticias fiables sobre la próxima gira de los Rolling Stones, que podría tener lugar en 2012. Sin embargo, rompiendo su imagen de millonarios indolentes, el grupo se ha propuesto pagar una deuda de honor: estará presente en Boogie with Stu, proyecto del joven pianista Ben Waters en memoria de quien fuera primer teclista de los Stones, Ian Stewart, fallecido en 1985, a la edad de 47 años.
El músico es un mito entre los británicos que practican el 'blues' urbano
La canción escogida es Watching the river flow, un reflexivo blues de piano que Bob Dylan compuso hacia 1971. Por si esa combinación no resultara suficientemente atractiva, esa grabación juntará al grupo actual -Mick Jagger, Keith Richards, Ronnie Wood, Charlie Watts- con su primer bajista, Bill Wyman, que les abandonó en 1992. Está previsto que Boogie with Stu salga el 8 de marzo.
El homenajeado se merece ese esfuerzo extra. Ian Stu Stewart tocaba el piano en la formación original de los Rolling Stones (y llevaba su contratación) hasta que, en la primavera de 1963, el mánager Andrew Loog-Oldham decidió prescindir de sus servicios: con su mandíbula cuadrada, amor por el golf y aspecto pulcro, Stewart no encajaba en la imagen del grupo de rebeldes-con-causa que planeaba Oldham, aparte de romper la "unidad étnica" (Ian era un escocés entre cinco ingleses).
Todos los implicados aceptaron la decisión de su descubridor, aunque se les quedó cierta amargura en la boca. Aún hoy, Keith Richards tira balones fuera. En su autobiografía, Vida, lo justifica como una cuestión económica: "El contrato con Decca hizo que Stu tuviera que bajarse en marcha: seis tíos son muchos tíos y el que sobra es, evidentemente, el pianista".
Los posibles remordimientos quedaron apaciguados por la lealtad perruna de Stewart, que aceptó desaparecer de las fotos y se recicló en ayudante para las giras. También siguió colaborando en el estudio, grabando piano, órgano o percusión en muchos discos de los Stones. Su carácter de empleado no impidió que ejerciera de conciencia musical del grupo, insistiendo para que no se alejaran demasiado del blues que les inspiró; en esa eterna pelea, formaba bloque con los miembros más puristas, Bill Wyman y Charlie Watts.
Stewart no tenía voto, pero sí voz. Según Jagger, Stewart era una especie de barómetro de sus creaciones: "Cuando ensayábamos una nueva canción, confiábamos en que él nos diera su aprobación". Y se quedaron consternados cuando moría a finales de 1985, derribado por un ataque al corazón, en la sala de espera de un doctor londinense. Dos meses después, los Stones alquilaron el 100 Club, un pequeño local de Oxford Street, para realizar un concierto privado en recuerdo al desaparecido. El disco siguiente del grupo, Dirty work, se cerraba con una ráfaga del Key to the highway, interpretado con brío por Ian.
Con el tiempo, la leyenda de Ian Stewart ha ido creciendo. Asombrosamente, el escritor Ian Rankin aseguró que Stewart figuraba entre los inspiradores de su gran personaje, el detective escocés John Rebus. Sobre todo, Stewart es un mito entre la subcultura de los músicos británicos que practican el blues urbano, el boogie-woogie y el jazz de gran orquesta, los estilos favoritos del difunto.
A ese mundillo pertenece el responsable del homenaje, Ben Waters, exuberante pianista y cantante que suele tocar en jam sessions con Charlie Watts o con el hermano de Mick, Chris Jagger. Primo de P. J. Harvey, Ben se ha asegurado de que ella también participe en el disco, al igual que el pianista y presentador Jools Holland. El título del disco, Boogie with Stu, hace referencia a una grabación de Led Zeppelin en 1975, donde brillaba Ian Stewart como invitado.
El músico es un mito entre los británicos que practican el 'blues' urbano
La canción escogida es Watching the river flow, un reflexivo blues de piano que Bob Dylan compuso hacia 1971. Por si esa combinación no resultara suficientemente atractiva, esa grabación juntará al grupo actual -Mick Jagger, Keith Richards, Ronnie Wood, Charlie Watts- con su primer bajista, Bill Wyman, que les abandonó en 1992. Está previsto que Boogie with Stu salga el 8 de marzo.
El homenajeado se merece ese esfuerzo extra. Ian Stu Stewart tocaba el piano en la formación original de los Rolling Stones (y llevaba su contratación) hasta que, en la primavera de 1963, el mánager Andrew Loog-Oldham decidió prescindir de sus servicios: con su mandíbula cuadrada, amor por el golf y aspecto pulcro, Stewart no encajaba en la imagen del grupo de rebeldes-con-causa que planeaba Oldham, aparte de romper la "unidad étnica" (Ian era un escocés entre cinco ingleses).
Todos los implicados aceptaron la decisión de su descubridor, aunque se les quedó cierta amargura en la boca. Aún hoy, Keith Richards tira balones fuera. En su autobiografía, Vida, lo justifica como una cuestión económica: "El contrato con Decca hizo que Stu tuviera que bajarse en marcha: seis tíos son muchos tíos y el que sobra es, evidentemente, el pianista".
Los posibles remordimientos quedaron apaciguados por la lealtad perruna de Stewart, que aceptó desaparecer de las fotos y se recicló en ayudante para las giras. También siguió colaborando en el estudio, grabando piano, órgano o percusión en muchos discos de los Stones. Su carácter de empleado no impidió que ejerciera de conciencia musical del grupo, insistiendo para que no se alejaran demasiado del blues que les inspiró; en esa eterna pelea, formaba bloque con los miembros más puristas, Bill Wyman y Charlie Watts.
Stewart no tenía voto, pero sí voz. Según Jagger, Stewart era una especie de barómetro de sus creaciones: "Cuando ensayábamos una nueva canción, confiábamos en que él nos diera su aprobación". Y se quedaron consternados cuando moría a finales de 1985, derribado por un ataque al corazón, en la sala de espera de un doctor londinense. Dos meses después, los Stones alquilaron el 100 Club, un pequeño local de Oxford Street, para realizar un concierto privado en recuerdo al desaparecido. El disco siguiente del grupo, Dirty work, se cerraba con una ráfaga del Key to the highway, interpretado con brío por Ian.
Con el tiempo, la leyenda de Ian Stewart ha ido creciendo. Asombrosamente, el escritor Ian Rankin aseguró que Stewart figuraba entre los inspiradores de su gran personaje, el detective escocés John Rebus. Sobre todo, Stewart es un mito entre la subcultura de los músicos británicos que practican el blues urbano, el boogie-woogie y el jazz de gran orquesta, los estilos favoritos del difunto.
A ese mundillo pertenece el responsable del homenaje, Ben Waters, exuberante pianista y cantante que suele tocar en jam sessions con Charlie Watts o con el hermano de Mick, Chris Jagger. Primo de P. J. Harvey, Ben se ha asegurado de que ella también participe en el disco, al igual que el pianista y presentador Jools Holland. El título del disco, Boogie with Stu, hace referencia a una grabación de Led Zeppelin en 1975, donde brillaba Ian Stewart como invitado.
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