José María Millares en el Parnaso
Acabo de conocer la noticia de que a José María Millares le han dado el Premio Nacional de Poesía por su libro póstumo Cuadernos 200-2009. Hace unos meses este mismo libro había sido galardonado con el Premio Ausias March al mejor libro del año. Y hay que alegrarse, aunque también me sale la rabia porque parece una confabulación del destino.
(La foto del José María Millares fue realizada por Tato Gonçalves poco antes de morir el poeta)
A menudo no respetan ni al hombre ni a la obra. Esta vez al menos se ha hecho justicia con la obra, porque el hombre murió sin que se le reconociera en la medida en que lo merecía su gran aportación poética. Es verdad que unos meses antes de irse le entregaron el Premio Canarias, pero ya no tenía gracia, pues había sido ninguneado muchas veces. Esos que ahora clamarán por la obra de Millares, colaboraron en el ninguneo, por activa o por pasiva. Donde quiera que esté ahora, si hay otra dimensión, José María debe estar partiéndose de risa, porque finalmente no han podido con él ni con su poesía. Me alegro de verdad.
5 oct 2010
SUEÑOS
Es vivir destinado
a sentimientos
iluminados por la claridad
del cielo en tu cuerpo;
pues, centinela de la vida,
supone un recorrer angosto
de dolores anhelantes
vibrando en tonos agudos
el galope de su andar.
Te anhelo ahí tendida
y percibo en esa promesa
la generosidad de la luna
en una oferta de dioses,
y se despierta la inmensa,
la dura ansiedad
por dibujarle suspiros a tu cuerpo,
en este sismo causado
por la oferta generosa
de las fugas que escondes
tras las fronteras de tu anatomía.
Haces que lo carnal
se vuelva exuberante y fructífero,
una selecta pasión
de lúcidas temeridades
acumuladas en las raíces
de lo masculino
que se escapan entre los dedos
camino del destierro,
pues no encuentran el camino
de entrada a tus paraísos.
a sentimientos
iluminados por la claridad
del cielo en tu cuerpo;
pues, centinela de la vida,
supone un recorrer angosto
de dolores anhelantes
vibrando en tonos agudos
el galope de su andar.
Te anhelo ahí tendida
y percibo en esa promesa
la generosidad de la luna
en una oferta de dioses,
y se despierta la inmensa,
la dura ansiedad
por dibujarle suspiros a tu cuerpo,
en este sismo causado
por la oferta generosa
de las fugas que escondes
tras las fronteras de tu anatomía.
Haces que lo carnal
se vuelva exuberante y fructífero,
una selecta pasión
de lúcidas temeridades
acumuladas en las raíces
de lo masculino
que se escapan entre los dedos
camino del destierro,
pues no encuentran el camino
de entrada a tus paraísos.
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