Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

23 sept 2010

Nacha Guevara - 1999 - no llores por mi argentina -

Andrés Sanchez Robayna

Una piedra, memoria







Adónde, dices


ahora, aquellos pasos


por lo desconocido, en la primera soledad.






Latitud de las parras, allá lejos.






El sol final abría su costado remoto


sobre las piedras, en las hojas,


en un último sueño, el final del verano.


Atardecía,


era otra tierra, acaso más oscura,


la tierra roja, sí,


como si algún rescoldo del origen


aún respirase en ella,


más allá, al fin de toda impermanencia,


como a lo lejos.






Arcana luz,


suspensión de los soles sobre los platanares.






Era


cuanto de cierto ardía en lo invisible.


Era sólo la luz,


como vacía, y como si alcanzase


a ver su arder oscuro


en los helechos, en el cielo,


sobre la tierra. Luego,


volver de allá, sobre los mismos pasos,


pero ya, lo sabía, irrepetibles.


La casa


fue siempre cosa de la luz.


Desde aquel día supo de la sombra, o su signo.


Allá quedó, sobre una piedra,


inscrita en lo remoto, bajo la luz herida,


una señal para el verano, el fin, junto a las parras,


el fin que era un origen,


A., septiembre, los soles, sobre una piedra extrema.




De "Fuego blanco" 1992

Las primeras lluvias







La tierra de que hablo, hacia noviembre,


conoce el viento. Llega, desde el este,


hasta los arenales como un ave sedienta,


soplas las aguas negras. Esta noche


removió los postigos mal calzados


y agitó la palmera. En los cristales


chillaba como un pájaro perdido.






Dibujará en la grava algún signo remoto,


y veré casi al alba las huellas del fragor


sobre los restos del volcán, el naufragio nocturno.


Será un signo de nuestra vida, un eco,


ya inerte, de la tromba del cielo, que ignoramos,


querré leer en él, y será como unir,


nuevamente, las hojas resecas para un fuego.






¿Qué nos aguarda, puro, en el estruendo,


en el pico del ave enhebrando los mundos


de cuanto conocemos e ignoramos? Seguimos


recogiendo las hojas, y veremos


en la rama quebrada una imagen posible


del estertor del cielo, anoche, entre las nubes


aún grises a esta hora temblorosa.






Nada, ni tan siquiera el viento que rompía,


de madrugada, contra los postigos,


contra la grava, oscuro contra oscuro remoto,


podrá decir el signo, en la ignorancia.


Saber de un no saber, ni siquiera el sentido


de la ignorancia, ahora que las gotas resbalan


sobre el cristal, sobre la transparencia.






De "Fuego blanco" 1992
 
 

Andres Sánchez Robayna








La estrella






Non dormía e cuydava


Pedr'Eanes Solaz






Cruzó, fugaz, la estrella, y en la hierba


dejó un rastro de luz. La casa blanca


en medio de la noche supo sólo


el latido, el fulgor entre los árboles.






Tú dormías. La grava silenciosa


se llenaba de noche, la bebía


en las negras aristas, en sus poros


de oscuridad de piedra absorta, amada.






Grava fulmínea, ahora en silencio yerto


junto a la casa a oscuras. Los aleros


daban sombra de luna, fría, fresca


sombra en las losas grises que miraba






desde el salón al mar, que se extendía


como otra losa gris, iluminada.


Salí a esa sombra, hasta las jardineras


tocadas por el soplo de la noche,






el aliento invisible, aire desnudo


de sí, de mí, sobre el geranio a punto


de arder. -No vi el geranio en llamas


fijo en la oscuridad, vi la inminencia






de una cerrada combustión, la acacia


y su ceniza más allá del tiempo,


el ramaje y el cuerpo, tu sonrisa


entre la luz de enero y el reposo






del mar abajo, también él desnudo.


La luna sobre el muro blanco teje


sombras de ramas, y el helecho umbrío


se ofrece grácil, habla con la sombra.






Fui por la hierba hasta las agitadas


acacias, hasta el muro, y una calma


llenaba el aire aun en la agitación


y en la inquietud de los ramajes, clara






calma en la hierba, y contra el muro puse


la mano en su quietud. Tocaba el mundo.


Tocaba un orden, una calma, el aire


entre el mar y la acacia, y recordaba






tal vez la luz y su destino oscuro.


Entré. Volví a mirar la hierba, el cielo,


la casa silenciosa. Allí tu cuerpo


brilló en la oscuridad. y vi la estrella.






De "Palmas sobre la losa fría" 1989