La desigual batalla
Lo primero que salta a la vista de ese gravísimo incidente habido cerca de Gaza, en aguas internacionales, es la desigualdad de la supuesta batalla, pues un ejército, el israelí, ha dispuesto sus fuerzas contra un barco de cooperantes en el que es difícil imaginar batallones como aquellos de los que disponen sus atacantes. El resultado del encontronazo es terrible, dieciséis muertos, y al menos sesenta heridos. Ahora vendrán las discusiones sobre los detalles técnicos, o burocráticos, de ese ataque, sobre las circunstancias en las que iban los cooperantes, y todo será una bruma sobre la realidad de las muertes y sobre la realidad de la situación palestina en esa zona del mundo. Hay tres españoles entre los cooperantes. Estoy escuchando en la radio a uno de sus portavoces; dice que en el barco de los voluntarios no había arma alguna. La tensión va a aumentar. La paz se aleja, la guerra está en el alma de ese conflicto, y este ataque de anoche simboliza, una vez más, su virulencia, su complicadísimo final, y sobre todo la desigualdad naturaleza de los que están en los dos lados de la ya casi eterna batalla.
Juan Cruz
31 may 2010
Los álamos ya crecen a toda máquina.

Los álamos ya crecen a toda máquina. Da goce verlos recortados contra los cielos previos al crepúsculo, un cielo de nimbos oscuros y bordes refulgentes, entre los cuales continúa el azul del día, en la placidez de saber que ya nadie lo mira.
A toda máquina, como si la naturaleza pulsara los émbolos de una energía oceánica primordial.
Los cinamomos empiezan a colgar sus bayas ya doradas, como las suyas las acacias. Hasta el árbol raquítico de la calle enarbola su pequeña bandera verde.
Escribo en la barra, en familia, el lector perenne a un extremo, libro en mano, comentando las leyes del fútbol universales. Da gusto sentirse así. Fa goig..., en armonía con los hombres, indiferente a las féminas que esta tarde fresca echaban a pasear sus mejores posaderas, que se diría que no rozan nada banal ni matérico de este mundo, moldeadas tras un duro invierno.
Da gusto..., sabiéndose uno más en la barra del bar, sin criticar a nadie. Sin sarcasmos para luego.
Las palomas pasaban como a escondidas, avergonzadas y torpes de tan mala prensa urbana, y el desapercibido gorrión valdeaba el aire, en alto los vencejos girando ampliamente y todavía callados, callados de éxtasis venidero.
Fa goig viure i dir que sí.
Jose Carlos Cataño
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