Decadencia Europa
Lo que me ha puesto de relieve una vez más la decadencia de la cultura europea, sobre todo aquella deslumbrante de la Viena "fin-de-siècle" y también la berlinesa de entreguerras, ha sido el haber tenido información de que la biblioteca compuesta por tres toneladas y media de libros y valiosos manuscritos del pianista Paul Wittgenstein (hermano de Ludwig) fue a parar a un empresario chino llamado Ng que amasó su fortuna introduciendo la hamburguesa Big Mac entre la población de Hong Kong.!
Berlin en 1939 tenía ochenta y una orquestas, doscientos grupos de cámara y más de seiscientas corales.
Europa hoy es esa vieja dama aristocrática con pestañas postizas y maquillaje surcado de "craquelures" .
Guerra aparte, ¿qué había en España en la década de los treinta? Adivina, adivinanza... Y no adivinando, pero recordando, me viene a la memoria aquella anécdota del apodado "Cagoncio" y su mujer, que allá en un polvoriento pueblo de tierra adentro molieron a palos a su hija porque la madre la encontró bañándose en un barreño (estaba negra del hollín del tren con el que había llegado de la ciudad),. Luego el padre la echó de casa. Año 1940. En muchos lugares de España bañarse era cosa de "putas"...
Lo más desesperante es que aquí ni siquiera podemos hablar de decadencia. La decadencia sólo se da cuando ha existido un periodo previo de esplendor, de gloria , un tiempo desaparecido.
18 nov 2009
17 nov 2009
Platón en la discoteca
CRÍTICA: ARTE - Exposiciones
Platón en la discoteca
Asimilar -como hace Chema Cobo- la Caverna de Platón a la esfera de una discoteca no es una broma iconoclasta. La tal esfera quiebra la luz, impidiendo la visión, y fomenta expectativas ilusorias. Por eso fortalece la reclusión de los prisioneros que, anclados en sus sueños, no querrán abandonar la cueva. Pero hay algo más: los diminutos espejos de la esfera quizá indiquen la información que hoy se nos da: global, sí, pero fragmentada. Más que imágenes de una presunta realidad, pueden ser sólo propuestas de distintos centros de poder, económicos, religiosos, políticos o mediáticos.
Chema Cobo
Centro de Arte Contemporáneo
Porque ¿qué es al fin una imagen? A primera vista, sólo un icono, es decir, algo que guarda semejanza con la realidad. A veces tan simple como el azul con que el niño replica el agua o el cielo, el icono generalmente encierra una selección de rasgos de la pretendida realidad. Pierde entonces su inocencia. Construido de acuerdo con una idea que normalmente se oculta, pasa a ser ideología. Mantiene su inmediatez pero por eso mismo engaña.
Por esto ensaya Cobo imágenes Out of frame, fuera del cuadro: no buscan representar la realidad sino estimular el pensamiento. Así, las dos piezas que abren la muestra: Últimas Noticias evoca al prestidigitador que saca de la chistera la novedad más convincente; Última cena (un vaciado de la de Leonardo) remite, más que al espacio del museo, a su recorrido que promete al espectador identificarse con su cultura. A esos iconos culturales -artísticos o mediáticos- que nutren la creencia en un mundo firme, Cobo opone figuras inciertas, unas enigmáticas y otras engañosas.
Entre las últimas destacan los Humbugs, falsos rostros que convierten a Béla Lugosi en Cristo en Transilvania y a Eva Braun, amante de Hitler, en devota monja. Son imágenes encontradas en los recodos de la red que, llevadas al lienzo, señalan que la transparencia más inmediata puede encerrar el más completo engaño. Quizá nos enseñen a dudar de identidades fuertes y a atender a aquellas que parecen estar en trance de disolución, como ocurre en el cuadro titulado Melting: la polisemia del término inglés remite tanto al desvanecimiento del espacio como al de sus ocupantes prendidos quizá en una fugaz relación amorosa.
Las más significativas de las figuras enigmáticas son los Espejos (Mirror, Hidden Corner, Full Mirror) que aluden a la tradición artística y al mismo tiempo la niegan. Son, en efecto, espejos mudos: no reflejan a Afrodita, al rey ni al pintor, y al estar vacíos, invitan a pensar qué vemos al ver y al vernos. Más vigor sin embargo tienen las Horas: cinco hermosas mujeres cuya sensualidad fortalece la sutileza de sus rasgos y que, al mantener los ojos cerrados, se prestan a la mirada ávida, cómoda al no sentir en ella los ojos del otro. Este afán del voyeur quizá sea ya una respuesta a la pregunta que lanzan los espejos.
Con estas obras Cobo prosigue su personal investigación sobre la imagen. No le preocupan, como al pop, las nuevas mitologías ni como a ciertos conceptuales, el alcance del significado. Se centra más bien en la pragmática de la imagen: qué se puede llegar a hacer con ella, al elaborarla o al recibirla, qué potencial de dominación encierra, cómo es posible quebrantarlo. Por eso la obra está en la sala y no en la pared, fuera del cuadro.
Platón en la discoteca
Asimilar -como hace Chema Cobo- la Caverna de Platón a la esfera de una discoteca no es una broma iconoclasta. La tal esfera quiebra la luz, impidiendo la visión, y fomenta expectativas ilusorias. Por eso fortalece la reclusión de los prisioneros que, anclados en sus sueños, no querrán abandonar la cueva. Pero hay algo más: los diminutos espejos de la esfera quizá indiquen la información que hoy se nos da: global, sí, pero fragmentada. Más que imágenes de una presunta realidad, pueden ser sólo propuestas de distintos centros de poder, económicos, religiosos, políticos o mediáticos.
Chema Cobo
Centro de Arte Contemporáneo
Porque ¿qué es al fin una imagen? A primera vista, sólo un icono, es decir, algo que guarda semejanza con la realidad. A veces tan simple como el azul con que el niño replica el agua o el cielo, el icono generalmente encierra una selección de rasgos de la pretendida realidad. Pierde entonces su inocencia. Construido de acuerdo con una idea que normalmente se oculta, pasa a ser ideología. Mantiene su inmediatez pero por eso mismo engaña.
Por esto ensaya Cobo imágenes Out of frame, fuera del cuadro: no buscan representar la realidad sino estimular el pensamiento. Así, las dos piezas que abren la muestra: Últimas Noticias evoca al prestidigitador que saca de la chistera la novedad más convincente; Última cena (un vaciado de la de Leonardo) remite, más que al espacio del museo, a su recorrido que promete al espectador identificarse con su cultura. A esos iconos culturales -artísticos o mediáticos- que nutren la creencia en un mundo firme, Cobo opone figuras inciertas, unas enigmáticas y otras engañosas.
Entre las últimas destacan los Humbugs, falsos rostros que convierten a Béla Lugosi en Cristo en Transilvania y a Eva Braun, amante de Hitler, en devota monja. Son imágenes encontradas en los recodos de la red que, llevadas al lienzo, señalan que la transparencia más inmediata puede encerrar el más completo engaño. Quizá nos enseñen a dudar de identidades fuertes y a atender a aquellas que parecen estar en trance de disolución, como ocurre en el cuadro titulado Melting: la polisemia del término inglés remite tanto al desvanecimiento del espacio como al de sus ocupantes prendidos quizá en una fugaz relación amorosa.
Las más significativas de las figuras enigmáticas son los Espejos (Mirror, Hidden Corner, Full Mirror) que aluden a la tradición artística y al mismo tiempo la niegan. Son, en efecto, espejos mudos: no reflejan a Afrodita, al rey ni al pintor, y al estar vacíos, invitan a pensar qué vemos al ver y al vernos. Más vigor sin embargo tienen las Horas: cinco hermosas mujeres cuya sensualidad fortalece la sutileza de sus rasgos y que, al mantener los ojos cerrados, se prestan a la mirada ávida, cómoda al no sentir en ella los ojos del otro. Este afán del voyeur quizá sea ya una respuesta a la pregunta que lanzan los espejos.
Con estas obras Cobo prosigue su personal investigación sobre la imagen. No le preocupan, como al pop, las nuevas mitologías ni como a ciertos conceptuales, el alcance del significado. Se centra más bien en la pragmática de la imagen: qué se puede llegar a hacer con ella, al elaborarla o al recibirla, qué potencial de dominación encierra, cómo es posible quebrantarlo. Por eso la obra está en la sala y no en la pared, fuera del cuadro.
'Partir', un amor contra todas las convenciones
'Partir', un amor contra todas las convenciones
Kristin Scott Thomas y Sergi López interpretan una relación salvaje
Suzanne (Kristin Scott Thomas), una mujer acomodada de unos 40 años que vive con su marido y sus hijos, se enamora de Iván (Sergi López), un obrero que ha pasado por la cárcel. Ambos se embarcan en un amour fou que pone patas arriba todas las convenciones sociales y que origina una espiral de dolor en Partir, escrita y dirigida por la francesa Catherine Corsini, que se estrena hoy en las salas españolas.
La burguesa y el proletario
"La película es casi clásica en el sentido de que es una historia de amor imposible y de que todo el mundo impide que esa relación se haga realidad. Para que Partir fuera original me pregunté qué hace hoy que una historia de amor sea imposible. Me di cuenta de que son los problemas económicos los que impiden que una persona se vaya de casa para vivir una historia de amor", explica Corsini, cuyo filme participa en la sección oficial de Sevilla Festival de Cine Europeo.
Los dos personajes se aferran al amor como a un tren que sólo se detiene una vez en una estación perdida. "Suzanne dice que si deja pasar esa oportunidad, no le volverá a ocurrir algo parecido en la vida. Con el paso del tiempo y con la edad, es difícil conocer a alguien con el que puedas vivir una pasión así. Iván irá hasta el fondo de su pasión sabiendo que será un fracaso. La acompaña hasta el final, pero en su interior sabe que salir de su clase social para ascender va a resultar un fracaso", comenta Corsini, entre cuyas películas figuran Les ambitieux (2006) y La répétition (2001).
El argumento y la música del filme evocan el universo de François Truffaut, un clásico de las historias de amor. "Cuando vi las películas de Truffaut, me dieron ganas de hacer cine", concluye la realizadora.
Kristin Scott Thomas y Sergi López interpretan una relación salvaje
Suzanne (Kristin Scott Thomas), una mujer acomodada de unos 40 años que vive con su marido y sus hijos, se enamora de Iván (Sergi López), un obrero que ha pasado por la cárcel. Ambos se embarcan en un amour fou que pone patas arriba todas las convenciones sociales y que origina una espiral de dolor en Partir, escrita y dirigida por la francesa Catherine Corsini, que se estrena hoy en las salas españolas.
La burguesa y el proletario
"La película es casi clásica en el sentido de que es una historia de amor imposible y de que todo el mundo impide que esa relación se haga realidad. Para que Partir fuera original me pregunté qué hace hoy que una historia de amor sea imposible. Me di cuenta de que son los problemas económicos los que impiden que una persona se vaya de casa para vivir una historia de amor", explica Corsini, cuyo filme participa en la sección oficial de Sevilla Festival de Cine Europeo.
Los dos personajes se aferran al amor como a un tren que sólo se detiene una vez en una estación perdida. "Suzanne dice que si deja pasar esa oportunidad, no le volverá a ocurrir algo parecido en la vida. Con el paso del tiempo y con la edad, es difícil conocer a alguien con el que puedas vivir una pasión así. Iván irá hasta el fondo de su pasión sabiendo que será un fracaso. La acompaña hasta el final, pero en su interior sabe que salir de su clase social para ascender va a resultar un fracaso", comenta Corsini, entre cuyas películas figuran Les ambitieux (2006) y La répétition (2001).
El argumento y la música del filme evocan el universo de François Truffaut, un clásico de las historias de amor. "Cuando vi las películas de Truffaut, me dieron ganas de hacer cine", concluye la realizadora.
El Sáhara bien vale un 'cantecito'
El Sáhara bien vale un 'cantecito'
Unas 2.000 personas asisten a un concierto benéfico que une a actores y músicos
LINO PORTELA - Madrid - 17/11/2009
No hay mejor canción con la que empezar un concierto. Sea benéfico o no. Escoltado por el actor Santi Millán, el dúo Estopa salió como una bala anoche al centro del escenario del Circo Price de Madrid para cantar una electrizante versión de Pacto entre caballeros, de Joaquín Sabina. "Santi quería que cantásemos una en inglés", recordaba David Muñoz, de Estopa. "Le hicimos recapacitar que nuestro inglés es regular tirando a bajo".
Canciones por el Sáhara
"Los jóvenes están tomando conciencia del problema", afirmó un asistente
Aunque ayer las cualidades vocales no eran lo más importante, sino el Sáhara y las más de 20 camellas que actores y músicos se proponen comprar para ayudar a los campamentos de refugiados saharauis. El concierto de anoche, X1Fin, juntos por el Sáhara, fue un primer paso. El segundo se dará hoy con el disco que sale a la venta, en el que el cine y la música unen sus voces para recaudar fondos.
Estopa y Santi Millán fueron los primeros en subir al escenario de un auditorio lleno -casi 2.000 personas-. También los primeros de los muchos en pasearse delante de la prensa. Desde grupos noveles como los jienenses Supersubmarina, hasta consagrados como Manuel Carrasco, Pastora, El Canto del Loco o Bebe, que se puso la bandera del Sáhara en su vientre. La cantante, en su quinto mes de embarazo, anunciaba que posiblemente el de ayer sería su último concierto "antes de dar a luz".
Los actores y músicos paseaban por la entrada del Circo Price con cierto nerviosismo. No era su territorio natural. "Cantar es más complicado que actuar", decía la actriz Silvia Abascal, que defendió sola y con bastante solvencia Lo eres todo, de Luz Casal. Mientras tanto Enrique y Antonia, dos jubilados de 76 y 73 años, "y del Partido Comunista", se acomodaban en las primeras filas. "Lo del Sáhara sigue siendo una herencia de Franco, que nadie se atreve a arreglar", decía Enrique. "Pero se nota que estos chicos jóvenes toman conciencia del problema". En cuanto a lo musical Enrique y Antonia querían ver a Estopa. "Y al niño de El Bola , que dicen que toca muy bien la guitarra". No le faltaba razón a Antonia. Juan José Ballesta, ya con 22 años, apareció con unas extensiones de pelo largo (por su nuevo rodaje) y tocó junto a Poncho K una excitante, pero ensombrecida por problemas de sonido, Leyenda del tiempo, de Camarón.
Santi Millán, que presentó la gala con un más que solvente showman Jon Sistiaga, conectaba también con los camerinos. Entre canción y canción, se proyectó un vídeo del viaje de Sistiaga y Millán al Sáhara, y que será emitido el 27 de noviembre en Cuatro junto al concierto de ayer. "Todo lo que ves", le decía Sistiaga a un saharaui, "será algún día vuestro". Santi le ponía el punto de humor: "Una parcelita ya me dejaréis, ¿no?".
Unas 2.000 personas asisten a un concierto benéfico que une a actores y músicos
LINO PORTELA - Madrid - 17/11/2009
No hay mejor canción con la que empezar un concierto. Sea benéfico o no. Escoltado por el actor Santi Millán, el dúo Estopa salió como una bala anoche al centro del escenario del Circo Price de Madrid para cantar una electrizante versión de Pacto entre caballeros, de Joaquín Sabina. "Santi quería que cantásemos una en inglés", recordaba David Muñoz, de Estopa. "Le hicimos recapacitar que nuestro inglés es regular tirando a bajo".
Canciones por el Sáhara
"Los jóvenes están tomando conciencia del problema", afirmó un asistente
Aunque ayer las cualidades vocales no eran lo más importante, sino el Sáhara y las más de 20 camellas que actores y músicos se proponen comprar para ayudar a los campamentos de refugiados saharauis. El concierto de anoche, X1Fin, juntos por el Sáhara, fue un primer paso. El segundo se dará hoy con el disco que sale a la venta, en el que el cine y la música unen sus voces para recaudar fondos.
Estopa y Santi Millán fueron los primeros en subir al escenario de un auditorio lleno -casi 2.000 personas-. También los primeros de los muchos en pasearse delante de la prensa. Desde grupos noveles como los jienenses Supersubmarina, hasta consagrados como Manuel Carrasco, Pastora, El Canto del Loco o Bebe, que se puso la bandera del Sáhara en su vientre. La cantante, en su quinto mes de embarazo, anunciaba que posiblemente el de ayer sería su último concierto "antes de dar a luz".
Los actores y músicos paseaban por la entrada del Circo Price con cierto nerviosismo. No era su territorio natural. "Cantar es más complicado que actuar", decía la actriz Silvia Abascal, que defendió sola y con bastante solvencia Lo eres todo, de Luz Casal. Mientras tanto Enrique y Antonia, dos jubilados de 76 y 73 años, "y del Partido Comunista", se acomodaban en las primeras filas. "Lo del Sáhara sigue siendo una herencia de Franco, que nadie se atreve a arreglar", decía Enrique. "Pero se nota que estos chicos jóvenes toman conciencia del problema". En cuanto a lo musical Enrique y Antonia querían ver a Estopa. "Y al niño de El Bola , que dicen que toca muy bien la guitarra". No le faltaba razón a Antonia. Juan José Ballesta, ya con 22 años, apareció con unas extensiones de pelo largo (por su nuevo rodaje) y tocó junto a Poncho K una excitante, pero ensombrecida por problemas de sonido, Leyenda del tiempo, de Camarón.
Santi Millán, que presentó la gala con un más que solvente showman Jon Sistiaga, conectaba también con los camerinos. Entre canción y canción, se proyectó un vídeo del viaje de Sistiaga y Millán al Sáhara, y que será emitido el 27 de noviembre en Cuatro junto al concierto de ayer. "Todo lo que ves", le decía Sistiaga a un saharaui, "será algún día vuestro". Santi le ponía el punto de humor: "Una parcelita ya me dejaréis, ¿no?".
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