Bacon/Caravaggio
Estuve viendo en Roma la exposición Bacon/Caravaggio, o viceversa, montada en Villa Borghese, un centro fantástico para exponer a dos grandes maestros de la pintura. Debo decir, sin embargo, que la superposición opaca a ambos genios, que por separado hacen una guerra estética y moral en la que son imbatibles, pero cuyo diálogo está, me parece, exagerado por la voluntad de juntar para congregar más público en estas galerías en las que la belleza termina apabullando.
Los comisarios de la exposición han aprovechado gran parte de los Caravaggio que guarda Villa Borghese y han importado otros tantos cuadros de Bacon; han aprovechado algunas singularidades biográficas (el carácter violento, o supuestamente violento, de ambos, la pasión compartida por el retrato, la búsqueda de la luz, la discusión con los cuerpos), y han querido crear un clima que acaso hubiera funcionado si alrededor no hubiera tanta competencia pictórica y escultórica de la colección propia de Villa Borghese, con la que convive esta muestra a veces de manera atosigante.
Vi la exposición rodeado de un público que me parece que padecía similares confusiones a las que padecí yo, y eso me alivió, porque en algún momento creí que mi pérdida en el laberinto de las comparaciones era singular, personal y exclusivo. No sé si alguno de ustedes vio ya esa exposición; si es así, me gustaría contrastar esta opinión que se refiere, por supuesto, a la oportunidad del conjunto (juntar a Caravaggio con Bacon, que en principio puede resultar atractivo) y no a la calidad grave, extraordinaria, de ambos artistas.
Un detalle más: en estos museos es cada vez más atosigante entrar, aunque sea muy fácil salir.
Has de comprar las entradas por Internet, y has de ir a una hora precisa; allí has de hacer varios tipos de colas, para recoger la entrada física, para dejar el bolso, para entrar en la exposición... Y la aglomeración hace luego que sea casi imposible mirar los cuadros y las explicaciones. Un gran número de personas optan por escuchar las explicaciones de unos artilugios móviles, lo que ofrece la impresión de que están hablando constantemente por teléfono.
El conjunto ofrece, pues, una cantidad enorme de inconvenientes que contrasta con el atractivo de la muestra y el indudable interés que despierta la posibilidad de ver juntos a estos genios.
20 oct 2009
Alta traición


Alta traición
No amo mi Patria. Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal) daría la vida
por diez lugares suyos, cierta gente,
puertos, bosques de pinos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
(y tres o cuatro ríos).
José Emilio Pacheco
Decálogo del Artista

Decálogo del Artista
I. Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre
el Universo.
II. No hay arte ateo. Aunque no ames al Creador,
lo afirmarás creando a su semejanza.
III. No darás la belleza como cebo para los sentidos,
sino como el natural alimento del alma.
IV. No te será pretexto para la lujuria ni para
la vanidad, sino ejercicio divino.
V. No la buscarás en las ferias ni llevarás
tu obra a ellas, porque la Belleza es virgen,
y la que está en las ferias no es Ella.
VI. Subirá de tu corazón a tu canto y te habrá
purificado a ti el primero.
VII.Tu belleza se llamará también misericordia,
y consolará el corazón de los hombres.
VII.Darás tu obra como se da un hijo: restando
sangre de tu corazón.
IX. No te será la belleza opio adormecedor,
sino vino generoso que te encienda para la acción,
pues si dejas de ser hombre o mujer,
dejarás de ser artista.
X. De toda creación saldrás con vergüenza,
porque fué inferior a tu sueño, e inferior
a ese sueno maravilloso de Dios,
que es la Naturaleza.
- Gabriela Mistral
Exposición Bacon, Caravaggio, dos pntores malditos.
Exposición Bacon, Caravaggio, dos pntores malditos. La exposición combina pinturas de Caravaggio y de Bacon que invitan al espectador a una excepcional experiencia estética, más que didáctica, sin teorizar sobre las posibles influencias del italiano sobre el británico.
"Bacon no tiene nada de Caravaggio y no se ha inspirado en él, pero si hay un artista de nuestro tiempo que puede ser equiparado a Caravaggio es precisamente Bacon", según Maurizio Calvesi, uno de los máximos expertos en el pintor italiano.
Ambos artistas atormentados y malditos y lejanos en el tiempo, sin embargo tenían aficiones comunes, como por ejemplo el gusto por los juegos de azar: Caravaggio en las hosterías romanas en los últimos años del "Cinquecento" y principios del "Seicento", y Francis Bacon en los casinos de Montecarlo.
Después pintaban con rapidez, casi con furia, sus cuadros, la mayoría de las veces destruyéndolos para volver a empezar, según refirió Calvesi.
Caravaggio y Francis Bacon son los intérpretes más revolucionarios de la representación de la figura humana.
Ambos, en la variedad de su poética y su tiempo, han penetrado con revolucionaria originalidad en el misterio de la existencia del arte, representando la verdad espiritual en la más traumática inmediatez de la carne, explica la comisaria de la exposición, Anna Coliva.
La relación de Bacon con el arte del pasado fue, además, a través de la fotografía que la interpone entre el original y su pincel, como hizo con el retrato de Inocencio X de Velazquez, que evitó verlo y se rodeó de imágenes del cuadro de una forma casi obsesiva, señala Luigi Ficacci, uno de los autores del catálogo Caravaggio-Bacon.
Los dos maestros usaban mucho el negro para crear el contraste entre luces y sombras, elegían el retrato como elemento central de su obra y transformaban la figura humana en un concentrado de emociones.
Para Bacon el uso del negro significaba una visión angustiosa de la realidad, que atravesaba el inconsciente, para emerger de una forma "monstruosa", mientras que en Caravaggio es más bien una preocupación, una ansia de salvación, no es una angustia como la de Bacon, que es típica de la edad moderna, refiere Calvesi.
Si el británico fue un homosexual reconocido, Maurizio Calvesi desecha la supuesta homosexualidad del maestro italiano.
"Las tradiciones de los jóvenes efebos, presentes también en la escuela de Leonardo, es un modo de idealizar la figura de esta especie de jóvenes ángeles para cantar loas al señor, algo muy distinto del cuadro homosexual".
"Pero ninguno -dice- quitará esta idea (la homosexualidad de Caravaggio) de la cabeza de los directores de cine y de los escritores porque es mucho más fascinante hablar de él en estos términos que no en los términos reales de un hombre que sufría un tormento religioso".
La exposición presenta catorce obras de Caravaggio y dieciséis de Bacon, estas últimas telas se muestran bajo cristal como colocó el pintor británico sus cuadros sin importarle que se reflejara la luz sobre el vidrio y se distorsionara la visión para entrar en contacto con la carnalidad existencial de sus pinturas.
"Bacon no tiene nada de Caravaggio y no se ha inspirado en él, pero si hay un artista de nuestro tiempo que puede ser equiparado a Caravaggio es precisamente Bacon", según Maurizio Calvesi, uno de los máximos expertos en el pintor italiano.
Ambos artistas atormentados y malditos y lejanos en el tiempo, sin embargo tenían aficiones comunes, como por ejemplo el gusto por los juegos de azar: Caravaggio en las hosterías romanas en los últimos años del "Cinquecento" y principios del "Seicento", y Francis Bacon en los casinos de Montecarlo.
Después pintaban con rapidez, casi con furia, sus cuadros, la mayoría de las veces destruyéndolos para volver a empezar, según refirió Calvesi.
Caravaggio y Francis Bacon son los intérpretes más revolucionarios de la representación de la figura humana.
Ambos, en la variedad de su poética y su tiempo, han penetrado con revolucionaria originalidad en el misterio de la existencia del arte, representando la verdad espiritual en la más traumática inmediatez de la carne, explica la comisaria de la exposición, Anna Coliva.
La relación de Bacon con el arte del pasado fue, además, a través de la fotografía que la interpone entre el original y su pincel, como hizo con el retrato de Inocencio X de Velazquez, que evitó verlo y se rodeó de imágenes del cuadro de una forma casi obsesiva, señala Luigi Ficacci, uno de los autores del catálogo Caravaggio-Bacon.
Los dos maestros usaban mucho el negro para crear el contraste entre luces y sombras, elegían el retrato como elemento central de su obra y transformaban la figura humana en un concentrado de emociones.
Para Bacon el uso del negro significaba una visión angustiosa de la realidad, que atravesaba el inconsciente, para emerger de una forma "monstruosa", mientras que en Caravaggio es más bien una preocupación, una ansia de salvación, no es una angustia como la de Bacon, que es típica de la edad moderna, refiere Calvesi.
Si el británico fue un homosexual reconocido, Maurizio Calvesi desecha la supuesta homosexualidad del maestro italiano.
"Las tradiciones de los jóvenes efebos, presentes también en la escuela de Leonardo, es un modo de idealizar la figura de esta especie de jóvenes ángeles para cantar loas al señor, algo muy distinto del cuadro homosexual".
"Pero ninguno -dice- quitará esta idea (la homosexualidad de Caravaggio) de la cabeza de los directores de cine y de los escritores porque es mucho más fascinante hablar de él en estos términos que no en los términos reales de un hombre que sufría un tormento religioso".
La exposición presenta catorce obras de Caravaggio y dieciséis de Bacon, estas últimas telas se muestran bajo cristal como colocó el pintor británico sus cuadros sin importarle que se reflejara la luz sobre el vidrio y se distorsionara la visión para entrar en contacto con la carnalidad existencial de sus pinturas.
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