Veo a dos jóvenes , antes todos los presidentes me parecian viejos, pero en este caso no, Zapatero y Obama parecen jóvenes ya mayores que aún piensan que pueden con todo lo que les ha caído encima.
Me gusta esa sonrisa de ambos, realmente parecen que creen que debajo de los adoquines haya arena de playa, y no porque sean tontos y no vean la realidad sino que su esperanza es mayor,ven lo que hay, claro que lo ven. Pero la responsabilidad es tremenda, además ese premio de La Paz para Obama, ni él mismo sabe porqué se lo han dado, no le ha dado tiempo a hacer el programa que prometió.
Dicen que es para incitarlo para que cumpla las promesas....y si no puede?
A Kisingerr le dieron el de La Paz, y lo recogió sin ningún pudor. Esperemos que estas situaciones no sea un Nobel símbolico, que acabe ya la Guerra en Afganistan,,,,,olvidemos eso de "la ayuda humanitaria" quien esta en una guerra stá expuesto a ser asesinado, a saltar por los aires...No me gusta que a Carmen Chacón la llamen la Chupiministra, es una mujer con un ministerio dificil porque la muerte le acompaña, la ponen como que anda en un mundo de yuppi, pero ella sabe que en lugar de flores hay bombas, que no está la abeja maya que hay personas que para salvarse tienen que matar, o te matan o tu matas....nadie dijo que fuera facil...
14 oct 2009
VAYA LOSA ELVIRA LINDO
ELVIRA LINDO
Vaya losa
ELVIRA LINDO 14/10/2009
Días antes de que se hicieran públicos los premios Nobel me llegaron mensajes de airados lectores que no conciben cómo aún no se le ha dado el Nobel a ese escritor que creen por encima de los otros; como si el escalafón en literatura fuera objetivo.
Teniendo en cuenta que la mayoría de los escritores que me gustan no recibieron el Nobel y que algunos que detesto fueron galardonados no puedo por menos que decir que hace tiempo que dejé de creer en los Reyes Magos de la Academia Sueca.
No me influye ni en la consideración de los premiados ni en la de los eternos no premiados. Pero como la esperanza nunca se pierde, a partir de ahora, ese tipo de escritor internacional que se ve a sí mismo como claro aspirante comenzará a reponer las frustradas ilusiones de cara a otra nueva ronda.
Los premios en materias científicas son, al menos así entendemos los ignorantes, de una justicia más comprobable. Lo gaseoso y discutible se mueve en el terreno del arte, qué le vamos a hacer, y también en esa categoría difusa que es la del Nobel de la Paz. Desde que se lo dieron a Kissinger el premio puso el listón muy alto. A ver cómo se supera ese dislate.
El de este año, en otro sentido, ha tenido también un carácter absurdo: el premio a las buenas intenciones. Creí entrever en las palabras de Obama un cierto sonrojo moral: él sabe mejor que nadie la cantidad de activistas que luchan por introducir un respiro en la maltrecha justicia social americana; incluso, como persona inteligente que es, tal vez considera que hay algo contradictorio en ser presidente en activo de este país y llevar la medalla de la paz en el pecho. Su Nobel ha aumentado la ira republicana y provocado más inquietud que alegría entre muchos demócratas.
Vaya losa. ¿Qué hará ese día (probable) en que no pueda ser fiel al espíritu del premio?, ¿lo devuelve?, ¿abandona el cargo?
Vaya losa
ELVIRA LINDO 14/10/2009
Días antes de que se hicieran públicos los premios Nobel me llegaron mensajes de airados lectores que no conciben cómo aún no se le ha dado el Nobel a ese escritor que creen por encima de los otros; como si el escalafón en literatura fuera objetivo.
Teniendo en cuenta que la mayoría de los escritores que me gustan no recibieron el Nobel y que algunos que detesto fueron galardonados no puedo por menos que decir que hace tiempo que dejé de creer en los Reyes Magos de la Academia Sueca.
No me influye ni en la consideración de los premiados ni en la de los eternos no premiados. Pero como la esperanza nunca se pierde, a partir de ahora, ese tipo de escritor internacional que se ve a sí mismo como claro aspirante comenzará a reponer las frustradas ilusiones de cara a otra nueva ronda.
Los premios en materias científicas son, al menos así entendemos los ignorantes, de una justicia más comprobable. Lo gaseoso y discutible se mueve en el terreno del arte, qué le vamos a hacer, y también en esa categoría difusa que es la del Nobel de la Paz. Desde que se lo dieron a Kissinger el premio puso el listón muy alto. A ver cómo se supera ese dislate.
El de este año, en otro sentido, ha tenido también un carácter absurdo: el premio a las buenas intenciones. Creí entrever en las palabras de Obama un cierto sonrojo moral: él sabe mejor que nadie la cantidad de activistas que luchan por introducir un respiro en la maltrecha justicia social americana; incluso, como persona inteligente que es, tal vez considera que hay algo contradictorio en ser presidente en activo de este país y llevar la medalla de la paz en el pecho. Su Nobel ha aumentado la ira republicana y provocado más inquietud que alegría entre muchos demócratas.
Vaya losa. ¿Qué hará ese día (probable) en que no pueda ser fiel al espíritu del premio?, ¿lo devuelve?, ¿abandona el cargo?
EL ESFUERZO DE ESCRIBIR
El esfuerzo de escribir
Hace unos días hablaba con mi maestro Emilio Lledó, autor de El silencio de la escritura, sobre el esfuerzo físico de escribir. Sé que en este momento esta perogrullada levantará la sospecha que despiertan las antiguallas, pero la reflexión no me parece insustancial.
Ya nos hemos acostumbrado tanto a la facilidad (física) de la escritura, que invocar antiguos esfuerzos físicos, derivados del uso de la mano en contacto con el lápiz o con el bolígrafo, parece propio de nostálgicos. Sin embargo, hoy se podría discutir mucho sobre los efectos que la escritura con lápiz o bolígrafo ejerce sobre lo que se dice.
La lentitud a la que obliga la escritura con esos elementos físicos produce la sensación de un esfuerzo que no tiene que ver tan solo con la mano sino con la mente. Lo que se escribe así se concibe como un borrador, algo que tiene que ser pasado a limpio.
Esa misma expresión, pasar a limpio, ya es una reflexión, o una crítica, sobre lo que se escribe.
Por mi oficio, yo tomo muchas notas; viajo siempre con cuadernos que voy rellenando, y a veces la urgencia de un encargo me hace escribir en cualquier circunstancia, en papel, con lápiz o bolígrafo; pero en general sólo escribo ya en el ordenador.
Evidentemente, la palabra impresa, que es la que aparece ahí, ya ofrece la categoría de lo firme, de lo que ya está dicho; y esta sensación es engañosa, convierte en ya dicho lo que es tan solo, quizá, un borrador o un proyecto. Internet ha entrado como un obús en la magnificación de estas sensaciones, pues lo que son borradores, o ideas, o ironías a medio hacer, o cotilleos, adquieren la categoría de lo que ya parece que es un texto completo, o terminado. Sería bueno que reflexionáramos sobre esto, que hiciéramos que lo impreso en Internet tuviera, al menos en una segunda redacción, o reflexión, la categoría que buscamos en los textos de los otros.
Si buscamos sólo lo áreo, probablemente no encontraremos sino lo terrenal, lo vacío, lo rastrero. Y creo que es tiempo de que busquemos categoría, estilo, ansiedad por llegar cuando haya que llegar, no ansiedad para llegar antes de salir. Cuesta esfuerzo, pero vale la pena. Sería bueno que las nuevas tecnologías sirvieran, además de para correr, para deternos.
(Juan CRuz)
Hace unos días hablaba con mi maestro Emilio Lledó, autor de El silencio de la escritura, sobre el esfuerzo físico de escribir. Sé que en este momento esta perogrullada levantará la sospecha que despiertan las antiguallas, pero la reflexión no me parece insustancial.
Ya nos hemos acostumbrado tanto a la facilidad (física) de la escritura, que invocar antiguos esfuerzos físicos, derivados del uso de la mano en contacto con el lápiz o con el bolígrafo, parece propio de nostálgicos. Sin embargo, hoy se podría discutir mucho sobre los efectos que la escritura con lápiz o bolígrafo ejerce sobre lo que se dice.
La lentitud a la que obliga la escritura con esos elementos físicos produce la sensación de un esfuerzo que no tiene que ver tan solo con la mano sino con la mente. Lo que se escribe así se concibe como un borrador, algo que tiene que ser pasado a limpio.
Esa misma expresión, pasar a limpio, ya es una reflexión, o una crítica, sobre lo que se escribe.
Por mi oficio, yo tomo muchas notas; viajo siempre con cuadernos que voy rellenando, y a veces la urgencia de un encargo me hace escribir en cualquier circunstancia, en papel, con lápiz o bolígrafo; pero en general sólo escribo ya en el ordenador.
Evidentemente, la palabra impresa, que es la que aparece ahí, ya ofrece la categoría de lo firme, de lo que ya está dicho; y esta sensación es engañosa, convierte en ya dicho lo que es tan solo, quizá, un borrador o un proyecto. Internet ha entrado como un obús en la magnificación de estas sensaciones, pues lo que son borradores, o ideas, o ironías a medio hacer, o cotilleos, adquieren la categoría de lo que ya parece que es un texto completo, o terminado. Sería bueno que reflexionáramos sobre esto, que hiciéramos que lo impreso en Internet tuviera, al menos en una segunda redacción, o reflexión, la categoría que buscamos en los textos de los otros.
Si buscamos sólo lo áreo, probablemente no encontraremos sino lo terrenal, lo vacío, lo rastrero. Y creo que es tiempo de que busquemos categoría, estilo, ansiedad por llegar cuando haya que llegar, no ansiedad para llegar antes de salir. Cuesta esfuerzo, pero vale la pena. Sería bueno que las nuevas tecnologías sirvieran, además de para correr, para deternos.
(Juan CRuz)
Caín de Saramago
CAIN
de SARAMAGO, JOSE
ALFAGUARA 2009
Resumen del libroQué diablo de Dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín.
Si en El Evangelio según Jesucristo José Saramago nos dio su visión del Nuevo Testamento, en Caín regresa a los primeros libros de la Biblia. En un itinerario heterodoxo, recorre ciudades decadentes y establos, palacios de tiranos y campos de batalla de la mano de los principales protagonistas del Antiguo Testamento, imprimiéndole la música y el humor refinado que caracterizan su obra.
Caín pone de manifiesto lo que hay de moderno y sorprendente en la prosa de Saramago: la capacidad de hacer nueva una historia que se conoce de principio a fin. Un irónico y mordaz recorrido en el que el lector asiste a una guerra secular, y en cierto modo, involuntaria, entre el creador y su criatura.
de SARAMAGO, JOSE
ALFAGUARA 2009
Resumen del libroQué diablo de Dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín.
Si en El Evangelio según Jesucristo José Saramago nos dio su visión del Nuevo Testamento, en Caín regresa a los primeros libros de la Biblia. En un itinerario heterodoxo, recorre ciudades decadentes y establos, palacios de tiranos y campos de batalla de la mano de los principales protagonistas del Antiguo Testamento, imprimiéndole la música y el humor refinado que caracterizan su obra.
Caín pone de manifiesto lo que hay de moderno y sorprendente en la prosa de Saramago: la capacidad de hacer nueva una historia que se conoce de principio a fin. Un irónico y mordaz recorrido en el que el lector asiste a una guerra secular, y en cierto modo, involuntaria, entre el creador y su criatura.
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