Siempre entre las nubes hay esos huequitos de Sol que te dan valor.
Un Blues
Del material conque están hechos los sueños
10 jun 2018
Sánchez empleó un año en diseñar su Gobierno.............. Javier Casqueiro
Desde su
victoria en las primarias, el líder socialista organizó citas secretas
para conocer a posibles aspirantes a encabezar candidaturas "potentes".
Primer Consejo de Ministros del nuevo Gobierno celebrado en el Complejo de la Moncloa.ULY MARTÍN
El Gobierno de Pedro Sánchez
no se pensó en tres días, aunque él lo fraguara en realidad en 48
horas, casi en solitario, el pasado fin de semana en su domicilio de
Pozuelo de Alarcón (Madrid). Sánchez llevaba casi un año diseñando este
equipo, desde que ganó las primarias a Susana Díaz. El proceso se fue
gestando en discretas comidas en restaurantes, hoteles, cafés y bares en
el barrio madrileño de Chueca. Sobre todo los lunes. El objetivo de
esos encuentros era conocer gente, especialmente mujeres, más allá de
los militantes del PSOE, que pudieran representar en el futuro
“candidaturas potentes”. Cuando la moción de censura triunfó,
se encerró en su casa, tiró de su cuaderno y llamó por teléfono. Todos
sus colaboradores y casi todos los nuevos amigos sondeados le dijeron
rápidamente que sí, excepto Guillermo Fernández Vara. Este nuevo Gobierno, al que el diario francés Le Monde dedicó
un editorial donde lo calificó como un equipo de ensueño “para España y
para Europa”, no se habría podido confeccionar en dos días, que fue lo
que tardó Sánchez en obtener el plácet de los elegidos. Cuando llegó el
momento de la verdad, al culminar con éxito en la tarde del viernes de
la semana pasada la moción de censura prevista en el artículo 113 de la
Constitución, rescató su agenda, descolgó el teléfono y esgrimió un
argumento difícil de rechazar: “No te puedes perder esta oportunidad
única para España”.
Pero en su hoja de ruta sobre el concepto transversal del país todo empezó antes. Incluso antes de ganar las primarias a Susana Díaz, en mayo de 2017. Ahí comenzó la que él llama su “segunda vida”, revisó algunos errores
cometidos, se trazó un plan y se rodeó de las personas adecuadas para
llevarlo a cabo. Ese equipo se dividió en dos grupos con dos metas
distintas: el control del partido y la reconstrucción de su imagen
mediática y como hombre de Estado.
Para cada uno de sus objetivos tenía en mente un perfil diferente de
candidatos, que ahora han cuadrado como un puzle. Para reagrupar al
dividido PSOE, limar diferencias internas, vigilar las federaciones y
asegurarse el control y la supervisión de los aparatos del partido
escogió a José Luis Ábalos y a la exministra y experta en Derecho
Constitucional Carmen Calvo. Esta encajó como un guante con la
exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría en sus contactos para
frontar el desafío independentista en Cataluña. Para cuidar la proyección de su figura, y volver a conectar al PSOE con la sociedad contrató en septiembre pasado al consultor Iván Redondo,
un experto que en pocos meses ha asesorado tanto a los populares José
Antonio Monago o Xavier García Albiol como al líder de Podemos, Pablo
Iglesias. El líder socialista compatibilizó sus reuniones con el expresidente
Mariano Rajoy para consensuar la intervención de Cataluña con el
artículo 155 y realzar su categoría institucional, con otros encuentros
más discretos con todo tipo de profesionales. Muchos lunes, tras terminar
la ejecutiva del partido, el secretario general del PSOE se marchaba de
Ferraz para comer con personalidades de la cultura, de la justicia, del
deporte, de la universidad o de la ciencia, independientes, para
ampliar sus conocimientos y en la búsqueda, que ahora se reconoce en su
entorno, de “posibles candidatos potentes para distintos cargos futuros,
sobre todo mujeres”. Esa idea la llegó a mencionar en público varias veces, especialmente para las listas de Madrid. Fue así como intensificó su conexión con el juez Fernando Grande Marlaska, la fiscal de la Audiencia Nacional Dolores Delgado, el periodista de Tele 5 Máxim Huerta,
el astronauta Pedro Duque, el exseleccionador nacional de fútbol
Vicente Del Bosque, los escritores Antonio Muñoz Molina y Elvira Lindo,
el sociólogo Lorenzo Díaz (marido de la ministra Magdalena Valerio), o
los comunicadores de Cuatro, Jesús Calleja y Miguel Ángel Oliver (su
nuevo portavoz en La Moncloa). En las distancias cortas y el trato directo se los ganaba como
amigos. A veces, esas reuniones eran con grupos o colectivos más
amplios, en el local Válgame Dios, en pleno corazón del barrio madrileño
de Chueca; en otras ocasiones, eran citas más reservadas en el
restaurante del hotel Petit Palace, también de Chueca, o en locales de
Malasaña, barrios prototipo de los nuevos tiempos en la capital de
España. Pero siempre sin prejuicios ideológicos. El juez Marlaska pasó,
en horas, de ser un vocal del núcleo duro del PP
en el Consejo General del Poder Judicial a ministro del PSOE y a ser
compatible con Delgado, fiscal de la “trinchera más progresista” muy
cercana a Baltasar Garzón y a su primer jefe, Carlos Jiménez Villarejo. Pero no fueron estos los que la promocionaron, se enteraron apenas unas
horas antes de su nombramiento oficial. Foto de familia del Gobierno de Pedro Sánchez tras la reunión del Consejo de Ministros.Uly Martín / atlas
Cuando el sábado pasado Sánchez les llamó desde su casa, Marlaska y
Delgado no tardaron en subirse al proyecto. Costó algo más localizar a
una de las estrellas en ciernes del nuevo Gabinete, la titular de
Economía, Nadia Calviño, economista del Estado, que fue la última en
rellenar la quiniela, el domingo por la noche. Estaba en Bruselas,
cuadrando los presupuestos de los aún 28 países que componen la Unión
Europea. Sánchez llamó al presidente de la Comisión, Jean Claude
Juncker, para alertarle de sus intenciones. Juncker le replicó para
afianzar el buen acierto del presidente español: “Me haces un gran
roto”. Sánchez ya conocía el impresionante currículo de Calviño, una de
las pocas españolas con un cargo de primer nivel en Europa, pero fue su
padre, José María Calviño, exdirector de RTVE en la primera época de
Felipe González, guerrista y asesor externo ahora de Sánchez, el que
decantó esa balanza a su favor. Otro factor determinante para la composición del su Gabinete tuvo que
ver con la promoción interna de cargos autonómicos que han ascendido a
nivel nacional de cara al futuro y de los guardianes del tesoro con los
que ha compartido estos años todas las batallas dentro del PSOE. En el
capítulo de pruebas para el futuro, Sánchez siempre habló muy bien de la labor de Carmen Montón en Sanidad en la Comunidad Valenciana,
de María Jesús Montero con la Hacienda andaluza, de Reyes Maroto en
Madrid, de Meritxell Batet en Cataluña y de Magdalena Valerio en
Castilla-La Mancha. A todas las llamó directamente, sin pasar por el
filtro de sus jefes en sus respectivas comunidades autónomas. Ni un
reparo. Con José Luis Ábalos (Fomento), Adriana Lastra (portavoz en el
Congreso), Carmen Calvo (vicepresidenta) y Margarita Robles (Defensa)
habló en persona. Eran opciones previsibles y solo se produjeron ajustes
por su formación, pasado y competencias. En su “cuaderno azul” nunca estuvieron, pese a que se publicó, Patxi
López, Pilar Cancela, Jordi Sevilla, Beatriz Corredor o Rafael Bengoa, a
los que se conoce como “las viudas de Pedro”.
Al titular de Agricultura el telefonazo de Sánchez le pilló entre
olivares. El presidente le preguntó, para romper el hielo, que dónde
estaba, y Luis Planas, que en su día osó disputar a Susana Díaz el
liderazgo del PSOE andaluz sin éxito, le replicó: “Caminando entre
olivos…”. Sánchez recogió el guante del hasta ahora presidente del
Consejo Económico y Social europeo: “Pues perfecto, porque es el mejor
lugar para el encargo que te voy a hacer” . Planas estaba en Montoro,
Córdoba. En su “cuaderno azul” nunca estuvieron, pese a que se publicó, Patxi
López, Pilar Cancela, Jordi Sevilla, Beatriz Corredor o Rafael Bengoa, a
los que se conoce como “las viudas de Pedro”.
El caso de Guillermo Fernández Vara es diferente. Sí le llamó, el
sábado pasado sobre las siete de la tarde, cuando el presidente de
Extremadura salía de una comida de trabajo y antes de asistir a la final
de la Copa del Rey de fútbol sala, y le ofreció uno de los cinco
ministerios más importantes. “No me contestes aún, piénsalo”, insistió
Sánchez. Vara, que nunca fue un sanchista sino todo lo contrario,
rechazó rápido ese envite. Hace un año, cuando Sánchez barrió a Díaz en
las primarias, ambos quedaron a comer en Madrid y el extremeño le
entregó su renuncia. Sánchez la obvió y le encomendó presidir el consejo
de política federal del PSOE. En septiembre, cuando el secretario general socialista contrató a
Ivan Redondo, asesor del rival popular de Vara en Extremadura, le llamó
para conocer su opinión y sus reparos. No hubo problemas. Ahora Vara
está ya nominado como candidato para repetir en su cargo autonómico, se
siente totalmente atado a ese compromiso y Sánchez lo entendió.
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