El expresidente no ejercerá como líder de la oposición ni se medirá con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Rajoy preside la Junta Directiva Nacional del PP.EUROPA PRESS
Mariano Rajoy ha renunciado este viernes a su acta de diputado, por lo que no ejercerá como líder de la oposición ni se medirá con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la sesión de control al Ejecutivo del próximo miércoles. Desde el triunfo de la moción de censura del PSOE
(1 de junio), el aún líder del PP había prescindido de ir a la Cámara
Baja, había convocado elecciones internas en la formación conservadora
para elegir a su sustituto y había dejado en el aire su continuidad como
parlamentario. Al renunciar a su acta en el Congreso, Rajoy dejará de
estar aforado, salvo que solicite su ingreso en el Consejo de Estado.
Todo apunta a que no será así, puesto que ha pedido que se le vuelva a
dar de alta en el cuerpo de registradores de la propiedad. En apenas quince días, el expresidente del Gobierno ha pasado del todo a la nada. El 24 de mayo, el PNV dio su decisivo apoyo a la aprobación de los Presupuestos de 2018,
y Rajoy creyó asegurada su continuidad en La Moncloa hasta 2020. Poco
más de una semana después, el 1 de junio, los nacionalistas vascos
votaron a favor de la moción de censura de Sánchez, motivada por la
sentencia del caso Gürtel, que incluyó una referencia negativa a
la veracidad del testimonio del líder del PP. En consecuencia, Rajoy
fue desalojado del poder. El PP pasó a la oposición. Y su líder ha
acabado por dejar todos sus cargos. Un terremoto político sin
precedentes. La decisión del expresidente del Gobierno, de 63 años, marca su adiós
definitivo a la política. Una vez que se celebre el Congreso
extraordinario del PP, convocado para el 20 y el 21 de julio, Rajoy
volverá a la actividad privada. Hasta entonces, pretende mantenerse en
la neutralidad, para que ninguna de sus decisiones sea interpretada en
clave sucesoria. El PP se arriesga a una cruenta guerra interna, y el
objetivo del aún líder es actuar como juez de paz. Con el presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, la
exvicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y la secretaria general
del PP, María Dolores de Cospedal, aún dudando sobre si dan el paso o no
para luchar por el poder en el partido, la salida de Rajoy deja en
manos de Rafael Hernando toda la labor de oposición al Gobierno de
Sánchez. El portavoz parlamentario del PP es el único rostro reconocible que
le queda al partido con un puesto de relieve y sin implicación directa
en el pulso por la presidencia de la formación conservadora. De su mano,
el partido ejecutará una oposición dura, agresiva y llena de adjetivos,
como en los tiempos en los que el Ejecutivo lo encabezaba Felipe
González o José Luis Rodríguez Zapatero. Así lo asegura Hernando, que
tiene previsto pedirle a Sánchez que explique en el Congreso los pactos
que le llevaron a ganar la moción de censura (el PSOE defiende que
PDeCAT, ERC, PNV y Podemos le apoyaron sin contrapartidas) o si son
ciertas las informaciones que vierten dudas sobre la veracidad de
algunos aspectos de su currículo. Rajoy no estará en la Cámara Baja para verlo. Al contrario que el
expresidente González, que mantuvo el escaño tras su primera derrota
electoral sin acudir al Congreso, él dirá adiós a la política
inmediatamente. Su petición de reingreso en el Cuerpo de Registradores
de la Propiedad apunta a que quiere volver a su plaza en la localidad
levantina de Santa Pola, de la que es titular en excedencia desde hace
27 años. También eso habrá cambiado en la vida de Rajoy, que podría
conseguir el traslado a Madrid en función de su antigüedad: hay una
nueva plaza de registrador en Santa Pola.
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