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Un Blues
Del material conque están hechos los sueños
25 ene 2018
Virginia Woolf, la escritora premonitoria inagotable
Figura
destacada del modernismo literario del siglo XX y pionera del feminismo,
la vida de la autora británica, llena de depresiones, fue en realidad
su escritura.
Imagen de Virginia Woolf en 1927. En vídeo, una grabación de la escritora en la 'BBC Radio' en 1937.
Orgullosa siempre de haber sido autodidacta, la vida de Virginia Woolf se puede resumir en una de sus obras: Fin de viaje. Escrito 26 años antes de morir, tardó ocho en publicarlo pero puede
definirse como el libro sobre la vida de su vida. En él, la reconocida
autora británica, refleja sus preocupaciones, las propias y las del
momento social que le tocó vivir a principios del siglo XX, sus
pasiones, sus desvelos y hasta guarda similitudes con ella en el final
prematuro de la protagonista de la obra, que también resultó
premonitorio con una carta con palabras similares de despedida. Y todo
ello, con un estilo literario en constante experimentación y buscando
siempre la identidad propia de unos personajes con gran sensibilidad y
nostalgia.
Woolf
está considerada como una de las escritoras más importantes del siglo
XX. Su técnica narrativa del monólogo interior y su estilo poético
destacan como las contribuciones más importantes a la novela moderna. La
publicación de sus cartas, ensayos y diarios una vez fallecida, y a
pesar de los esfuerzos de su marido por evitarlo, han significado un
legado muy valioso tanto para los futuros escritores como para lectores
que buscan obras que se salgan de lo convencional. Pero toda su atribulada existencia se entiende mejor
conociendo la raíz de su vida, en el seno de un ambiente familiar tan
culto y liberal como complejo en sus circunstancias, ya que Adeline
Virginia Stephen, su verdadero nombre, nació en Londres el 25 de enero
de 1882. Fue la tercera de cuatro hermanos. Su padre era sir Leslie
Stephen, un destacado crítico literario, historiador y también alpinista
famoso. Su madre, por su parte, Julia Duckworth, era miembro de una
familia de importantes editores. Sus hermanos la llamaban cariñosamente "the goat" (la cabra)
y todos tuvieron una educación en casa impartida por tutores. Crecieron
en un ambiente frecuentado por artistas, literatos y políticos, y con
una biblioteca que era considerada el gran tesoro del hogar.
Sin embargo, la complejidad de la vida de Virginia vino dada
porque además de sus hermanos tenía tres hermanastros, hijos del primer
matrimonio de su madre. Todo indica, y así lo reflejó de manera velada y
autobiográfica en una de sus obras, que tuvo que soportar abusos
sexuales de dos de ellos y que jamás pudo superar la desconfianza hacia
los hombres, decantándose por una inclinación romántica por las mujeres. Como muestra de la creatividad de la pequeña Virginia, a los nueve años creó una especie de periódico familiar que se tituló The Hyde Park Gate News,
haciendo mención a la dirección de la casa familiar, el número 22 de
Hyde Park Gate, en el barrio de Kensington, y que distribuía entre la
familia.
Según las memorias de la escritora, sus recuerdos más
intensos de la infancia no fueron de la vivienda de Londres, sino de
Cornualles, donde la familia pasó sus vacaciones de verano hasta que
tuvo 12 años. En aquella casa de verano, con vistas a la playa de
Porthminster y al faro de Godrevy, Virginia Woolf
coleccionó sus primeros recuerdos literarios con paisajes y personajes,
especialmente el faro de Godrevy, que ambientaron la ficción que
escribió años después, sobre todo en su obra Al faro. Cuando Virginia tenía 13 años, en 1895, su madre murió de forma
repentina por fiebre reumática. Desde ese momento, aún adolescente, y
pese a su curiosidad por aprender alemán, griego y latín, comenzó a
sufrir estados anímicos depresivos que se convirtieron en crónicos y que
con frecuencia le hacían cambiar de ánimo, lo que hoy está
diagnosticado como trastorno bipolar de la personalidad. Sin remedio, su
vida estuvo ya siempre marcada por ese vaivén emocional que influyó de
manera decisiva en su obra y que la obligó a pasar algunas temporadas en
lo que en aquellos años se conocía como casas de reposo, y que no eran
más que psiquiátricos. Esta enfermedad se agravó con la muerte de su
hermanastra Stella dos años después y por el fallecimiento posterior, en
1905, de su padre a causa de un cáncer. Los cambios de humor y las enfermedades asociadas que sufrió
influyeron en su vida social pero no así en su productividad literaria,
que mantuvo con pocas interrupciones hasta su muerte.
Virginia Woolf en los años treinta. THE GRANGER COLLECTION (AGE FOTOSTOCK)
Junto a varios hermanos, tras las muerte de sus familiares
más queridos Virgnia se trasladó entonces al barrio londinense de
Bloomsbury, en la zona oeste de Londres, y la vivienda se convirtió en
un centro de reunión de antiguos compañeros universitarios de su hermano
mayor, entre los que figuraban intelectuales de la talla de escritores
como Forster o Strachey, el economista Keynes, el pintor Grant y los
filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein. Todos ellos formaron
el conocido como grupo de Bloomsbury. Esta heterogénea élite intelectual tuvo entre sus objetivos la búsqueda
del conocimiento y del placer estético entendidos ambos como la tarea
más elevada a que debe tender el individuo, así como un anticonformismo
político y moral con lo que les rodeaba. Virginia empezó a escribir artículos y críticas regularmente en el periódico The Guardian y para el suplemento literario de The Times,
algo que continuó haciendo el resto de su vida. También fue invitada a
dar clases en el Morley College, una escuela para mujeres y hombres de
la clase trabajadora, donde esporádicamente enseñó literatura e historia
inglesa. A pesar de sus dudas sobre el matrimonio, en 1912 se casó
con el economista e historiador Leonard Woolf, a quien conoció en las
charlas intelectuales en Bloomsbury, y del que tomó su apellido. Cinco
años más tarde ambos fundaron la célebre editorial Hogarth Press,
que editaría, entre otras, la obra de la propia Virginia y la de otros
relevantes escritores, como Katherine Mansfield o T.S. Elliot. Su primer trabajo en el campo de la literatura fue con una obra de teatro titulada Melymbrosia, en 1908. Este trabajo fue la base para su primera novela, publicada en 1915 (cuando ya tenía 37 años) bajo el título Fin de Viaje. Cuatro años más tarde publicó Noche y día, una
novela romántica de estilo realista y que se desarrolla a través de
cuatro personajes que componen un cuarteto amoroso muy particular, con
relaciones cruzadas. En ella Virginia Woolf aborda los
cambios sociales experimentados en esos años en Inglaterra,
especialmente los que tienen que ver con la situación de la mujer y con
los conflictos entre la modernidad y la tradición. Como en todas sus
obras, deja caer un velado autobiográfico en el que se cuestiona si es
necesario que haya amor dentro de un matrimonio y si todavía puede
hablarse de amor en una época en la que ya se ha dejado atrás el
romanticismo. Desde sus inicios en la literatura, Virginia Woolf
siempre quiso ampliar sus perspectivas de estilo más allá de la
narración al uso, con hilos conductores guiados por el proceso mental
del ser humano: pensamientos, consciencia, visiones, deseos y hasta
olores. Perspectivas narrativas, en definitiva, inusuales, que incluían
estados de sueño y prosa de asociación libre. En 1922 publica El cuarto de Jacob, la primera gran
novela de su editorial Hogarth Press, y en la que empezó a experimentar
el estilo literario que perpetuó, con un argumento sin demasiado
sentido, lleno de metáforas y simbolismos y en el que los personajes
adquieren protagonismo a través de sus monólogos interiores.
En 1925 Virginia Woolf logra un gran éxito con La señora Dalloway,
posiblemente su obra más conocida. El tiempo en la obra abarca solo
doce horas en las que explora la personalidad de la protagonista,
Clarissa Dalloway. En ese año también conoció a la escritora Vita
Sackville-West, con quien mantuvo una relación amorosa a pesar de que
también estaba casada. Aunque la relación terminó sin que se disolvieran
sus matrimonios, la amistad continuó durante el resto de sus vidas. Woolf encontró una musa literaria en su relación con Sackville-West, hasta el punto de que fue su inspiración para la novela Orlando
(1928), que supuso un nuevo avance en su estilo y por la que recibió
elogios de la crítica por su innovador trabajo, logrando ampliar aún más
su popularidad. EnAl faro(1927), Virginia
aborda una discusión familiar sobre si realizar o no una excursión a un
faro, lo que le sirve a la escritora para liberar todos sus fantasmas
familiares y luchas de poder entre el hombre y la mujer al frente de la
familia. Woolf mantuvo su frenesí escribiendo al publicar Una habitación propia
en 1929, un ensayo feminista basado en las conferencias que había
impartido en universidades de mujeres, y en el que examina el papel
femenino en la literatura, planteando la idea de que “una mujer debe
tener dinero y una habitación propia si quiere dedicarse a escribir
ficción”. Más tarde publicó su siguiente trabajo: Las olas,
(1931), considerada por muchos críticos la mejor y de las más difíciles
creativamente hablando. Su última novela publicada en vida fue Los años, (1937), sobre la historia de una familia a lo largo de una generación. El año siguiente publicó Tres Guineas, un ensayo en el que continuó con los temas feministas de Una habitación propia y donde también dirigió su mirada al fascismo y la guerra.
Woolf hablaba regularmente en colegios y universidades,
escribía cartas dramáticas, ensayos y hasta publicó una larga lista de
cuentos. A mediados de los años 30 era considerada una intelectual,
además de una escritora innovadora e influyente y una feminista pionera.
Sin embargo, a pesar de su éxito literario, ella continuó sufriendo
regularmente episodios depresivos y cambios de humor dramáticos. Entreactos (publicado de manera póstuma en 1941)
fue la última novela que terminó, pero que no pudo corregir antes de su
muerte, y también es su narración más amarga, al poner de manifiesto la
inestabilidad y lo difícil que resulta asimilar lo vivido, para concluir
sobre la inutilidad de la existencia. El esposo de Virginia, Leonard, siempre estaba a su lado
porque era muy consciente de que cualquier mínima señal podía apuntar al
descenso de la escritora a una nueva depresión. Así ocurrió mientras
ella trabajaba en Entreactos, que su marido percibió que se
hundía en una desesperación cada vez más profunda. En ese momento, la
Segunda Guerra Mundial se estaba desatando y la pareja decidió que si
Inglaterra era invadida por Alemania se suicidarían juntos, temiendo que
Leonard, que era judío, corría verdadero peligro. Por si fuera poco, en
1940 la casa londinense de la pareja fue destruida en un bombardeo
alemán, lo que abatió más aún a Virginia. Estos últimos sucesos dejaron sin camino de retorno el
descalabro emocional que sufría Woolf, quien, a sus 59 años e incapaz de
hacer frente a su desesperación, el 28 de marzo de 1941 se puso el
abrigo, llenó los bolsillos de piedras y se adentró en el río Ouse para
acabar con su vida hasta que la corriente se la llevó. Antes de su
trágica decisión dejó dos cartas, una para su hermana Vanessa Bell y
otra para su marido Leonard Woolf, las dos personas más importantes de
su vida, cumpliendo la premonición de su libro Fin de viaje al emplear unas cariñosas palabras a su marido, tal y como hizo la protagonista de su novela antes de morir. Su cuerpo fue encontrado tres semanas después y su maridó
incineró sus restos y esparció sus cenizas en el jardín de la casa en la
que vivían. Con ocho novelas escritas y más de una treintena de libros de otros géneros, Virginia Woolf
continúa siendo una de las escritoras más influyentes de la literatura,
la autora que más revolucionó la narrativa en el siglo XX y quien más
defendió los derechos de las mujeres a través de sus textos.
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