Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

16 oct 2017

El arte que se escondía en Auschwitz, la mayor fábrica de la muerte de la historia

 
  • Una exposición recoge algunas de las 2.000 obras producidas en el campo nazi de exterminio, que llegó a tener un museo con dibujos encargados por los guardianes.

    Auschwitz 
    Una sala de la exposición, con el cartel de la entrada del campo de Auschwitz, en el que se lee "El trabajo os hará libres"
    Con Auschwitz se acabó la poesía, escribió el filósofo alemán Theodor Adorno, pero no el arte. 
    Los presos de este campo de concentración y exterminio nazi construido por Alemania en Polonia produjeron al menos 2.000 obras de arte, en algunos casos dibujos a carboncillo con materiales robados a sus guardianes que describían el horror de su vida cotidiana;
     en otros, encargos de los SS, que llegaron a mantener un museo en las instalaciones donde fueron asesinadas 1,1 millones de personas, el llamado Lagermuseum
    Una exposición en Cracovia, ciudad polaca situada a unos 70 kilómetros del campo nazi, Face to face. Art in Auschwitz, reúne por primera vez la pintura y los dibujos creados por los presos de la mayor fábrica de la muerte de la historia.
    La exposición, abierta hasta el 19 de noviembre y organizada con motivo del setenta aniversario de la conversión de Auschwitz en un museo, recoge también los originales de uno de los documentos más importantes del Holocausto, el llamado Cuaderno de bocetos de Auschwitz.
     Se trata de dibujos a lápiz en 22 pequeñas cuartillas que un preso anónimo escondió y que fueron encontrados en 1947 por un antiguo recluso, Jozef Odi, que ejercía como guardián del recién inaugurado museo.
     El autor muestra la llegada de un transporte con deportados judíos, la separación de familias y el encaminamiento de las víctimas hacia las cámaras de gas.
     Era alguien que conocía todo el proceso del asesinato en Auschwitz. 

    "Los objetos creados ilegalmente por los presos eran muy importantes", explica la conservadora del Museo de Auschwitz, Agnieszka Sieradzka, comisaria de la muestra, autora de un libro titulado precisamente Lagermuseum.
     "No tenían nada: solo su uniforme, unos zapatos de madera, un gorro, una cuchara y un bol para la sopa, del que dependía su vida.
     El arte era algo que les convertía en humanos. No hay que olvidar que son dibujos realizados con materiales robados a los SS, con gran peligro". 
    Cualquier forma de arte o creación —se conservan también rosarios hechos con migas de pan, pequeñas tallas de madera— era una forma de resistencia, pero también de vida, de lucha contra el terror que pretendía anularles como seres humanos. "Todo imagen estaba prohibida", insiste Sieradzka. 
     "Al dibujar se jugaban la vida".

    Pero las pinturas que se conservan del campo nazi no reflejan solo el sufrimiento de los presos, sino también su explotación. Como escribe la conservadora en el catálogo de la muestra, "el arte, como la música que interpretaba la orquesta del campo, fue incorporada a la propaganda nazi y explotada por los SS con diferentes objetivos. 
    Estaba totalmente subordinada a una política determinada, pero también a los deseos individuales de los SS".
    Los presos fueron obligados a pintar murales propagandísticos para el comedor de sus asesinos, reflejando la más pura estética nazi, pero también cuadros de paisajes teutónicos o retratos que reflejaban la misma ideología racista y fanática en la que se basaba un lugar como Auschwitz. 
    También se conserva un documento especialmente espeluznante, seguramente dibujado por un Kapo —un preso que ayudaba a los SS, a cambio de privilegios, que normalmente eran conocidos por su crueldad—. 
    Se trata de un manual de comportamiento para los guardianes en forma de dibujos. 
    Muestra lo que hacen bien y lo que hacen mal: en un dibujo se ve a los guardias despistados, fumando, mientras un preso escapa (mal) y otro disparando contra todos los presos cuando alguien trata de escapar (bien).
     Parece una broma de mal gusto, pero es uno de tantos ejemplos de la "banalidad del mal": el manual circuló por la mayoría de los campos de concentración del Estado nazi.
    La muestra recoge también retratos de los presos —"Las caras cambiaban tan rápido que no las reconocías", escribió sobre ellos uno de sus autores, Wlodzimierz Siwierski, preso 4629, resistente polaco que pasó dos años en Auschwitz y sobrevivió a la guerra—, escenas de torturas y palizas, de las marchas bajo el frío a trabajar como esclavos, del barro que se multiplicaba por todas partes o de presos clasificando zapatos en Canadá, el nombre que recibía el lugar del campo donde llegaban todas las pertenencias de judíos enviados a las cámaras de gas (unas 870.000 personas fueron asesinadas a las pocas horas de llegar al campo de Auschwitz II, Birkenau).
    Sus autores son en algunos casos anónimos, pero en muchos otros están identificados y algunos sobrevivieron al nazismo para convertirse en artistas importantes, como Xawery Dunikowski (preso número 774) o Jan Komski (preso número 564 y 152.884, porque fue detenido dos veces, aunque sus captores nunca lo supieron).
     Komski emigró a Estados Unidos después de la guerra y trabajó como ilustrador para The Washington Post
    Algunos dibujos, como los bocetos, se encontraron después de la guerra, otros fueron sacados ilegalmente por la resistencia del campo.
     Todos ellos, los que sobrevivieron y los que no, los que conocemos y los anónimos, fueron capaces de crear algo más que arte, vida, en medio de la muerte.

     

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