Siempre entre las nubes hay esos huequitos de Sol que te dan valor.
Un Blues
Del material conque están hechos los sueños
20 may 2017
Abandonar el grupo.................................... Elvira Lindo
Nuestros mayores se sienten como chiquillos con su nueva vida virtual.
Una turista hace una fotografía con su móvil en Barcelona.Albert Garcia
Es primavera. Un amigo va a la comunión de un sobrino. La cita es a
las 10 de la mañana. Entre la ceremonia, los aperitivos, la comida, el
corte de la tarta con espada como en las bodas, los gin-tonics, la merienda y la vuelta a los gin-tonics
previos a la cena se hacen las 10 de la noche. Exhausto, derrotado,
cuesta abajo en su rodada, mi amigo decide abandonar el evento, no sin
percibir que su adiós decepciona un poco a esos seres queridos que
opinan (en bloque) que se está yendo cuando empieza lo mejor. Pero así
somos los espíritus libres, de vez en cuando decimos, ¡no al yugo
familiar! Ja. Eso es lo que el pobre iluso se cree: la comunión del
sobrino no se va a acabar nunca, porque esa fiesta familiar ha entrado
en el pesadillesco bucle del WhatsApp. Ríete tú de El día de la marmota: las nuevas tecnologías han convertido los eventos familiares en una versión si cabe más inquietante de El ángel exterminador.Buñuel, te lo has perdido.
Ampliar fotoUna turista hace una fotografía con su móvil en Barcelona.Albert Garcia
Antes
de que abandone el recinto celebratorio mi amigo ha sido incluido por
una de sus tías en un grupo llamado Comunión y mientras, un poco
borracho, espera un taxi percibe la vibración en el bolsillo de la
americana de las muchas fotos que el núcleo duro familiar, tías,
abuelos, abuelas y esas amigas de las madres que son como casi tías, van
compartiendo. Fotos que provocan entusiasmo, vídeos que se cuelgan al
instante de ser grabados, comentarios que comienzan siendo graciosillos
pero que a estas horas de la noche ya se tornan guarros; ya se sabe lo
que hace el alcohol en la mente de nuestros mayores. A las doce de la
noche ya han hecho su aparición los emoticonos de la berenjena y la
gitana. Así comenzó la caída del Imperio Romano.
Luego hablamos de los estragos que está causando en la mente de los
más jóvenes la vida hiperconectada, pero ¿y en la de nuestros mayores? Nuestros mayores. Cuántos chistes se habrán hecho sobre su analfabetismo
informático. Pues bien, ha llegado la hora de la venganza de toda una
generación. Han abrazado sus teléfonos inteligentes y se sienten como
chiquillos con su nueva vida virtual. Es el paraíso de los jubilados, el
edén de las madres que se sienten conectadas con sus hijos
permanentemente, el hábitat ideal de los primos, de los cuñados, de los
excompañeros unidos por los Expedientes de Regulación de Empleo. Yo
había aventurado algunas teorías al respecto, dado el número inaudito de
vídeos que a diario me inundan el WhatsApp, enviados en abrumadora
mayoría por personas de los 60 en adelante. Sospechaba que esta afición
descontrolada de los que se han incorporado al universo cibernético a
última hora tenía que responder a algún impulso psicológico, y cuál no
ha sido mi sorpresa cuando veo que The New York Times abordó este crucial asunto la semana pasada. Al primero que señalaban como un abuelete que no sabía qué uso debía hacer de Twitter era a Donald Trump. De acuerdo, él es el presidente de los Estados Unidos y eso marca la
diferencia; de acuerdo, es un ser incontinente, chulesco, con tendencia a
la ira y al desprecio, pero incluso contando con esos rasgos
patológicos está claro que hay un componente generacional de
inadecuación a este sistema de redes que, por sus propias
características de superficialidad, resultan apropiadas para un espíritu
juvenil y forzadas para la gente de edad. Pensamos equivocadamente que la virtualidad encubre nuestra fecha de
nacimiento pero se está viendo que no, que hay una especie de gagaísmo
digital que se dispara a partir de una franja de edad y que lleva a los
individuos a enviar a todos sus contactos vídeos chistosos
(presentándolos como descacharrantes, un aviso de que no te lo
parecerán), sobre la conmovedora maternidad de las hienas o las
inusitadas habilidades de una niña prodigio. Eso sin dejar a un lado los
selfis o el lenguaje hipersentimentalizado del Facebook, con el que se dice te quiero más de lo que cualquier corazón pueda resistir.
Incluso los que no somos aficionados a los libros de autoayuda hemos
dedicado algunos minutos de lectura a esos artículos ahora tan
abundantes en la prensa en los que te enseñan a decir que NO en 10 pasos
a fin de que los compromisos no te roben la vida. Muchos llevamos
entrenándonos en esa disciplina muchos años: hemos conseguido con gran
esfuerzo decir que no a cenas, a viajes, a trabajos sin remunerar, nos
hemos aplicado en distinguir lo fundamental de lo prescindible, pero,
ay, han desembarcado la familia y los mayores en la escena virtual y no
somos capaces de salirnos de sus grupos de WhatsApp. Mi amigo lleva una semana recibiendo material gráfico de la comunión y
no se atreve a abandonarlo. Le da miedo que su familia piense que tiene
algo en contra del chiquillo.
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