Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

23 abr 2017

Emily O’Reilly, la voz de los europeos...............María Hervás

Es la primera mujer que ejerce como defensora del pueblo para la UE.
 Su misión consiste en proteger a los ciudadanos contra el abuso de la Administración comunitaria.
 No le tiembla el pulso al dejar en evidencia a políticos y altos funcionarios.
 Esta es la historia de una periodista que ahora persigue las injusticias desde primera línea.EU Ombudsman Emily O'Reilly in Brussels 
EMILIY O’REILLY se levanta cada día con una misión: defender a los ciudadanos de los abusos que pueda cometer la poderosa maquinaria administrativa de la UE. 
Esta irlandesa, de 59 años, es la primera mujer en desempeñar el cargo de defensora del pueblo europeo y su poder reside en dejar en evidencia a políticos y funcionarios cuando demuestra que han cometido mala praxis o cuando no son todo lo transparentes que deberían. 
Su despertador puede sonar en su céntrico piso de Estrasburgo, donde vive actualmente, o en la solitaria habitación de un hotel de Bruselas, ciudad que alberga parte de sus funciones.
 Lo que no cambia es su difícil cometido. 
Hoy se encuentra en la capital belga para afrontar varias reuniones clave.
A primera hora se ha visto con un equipo de Frontex (la agencia europea de vigilancia de costas y fronteras) –“estamos trabajando con ellos para asegurarnos de que se cumplen los derechos humanos”–. 
Y esta tarde se quedará trabajando en la oficina que tiene en el barrio de Schuman. 
 “Me paso el día en edificios enormes y muchas veces necesito salir”, dice a mediodía en la librería italiana Piola Libri, uno de los refugios que esta antigua periodista ha descubierto cerca de la sede de la Comisión Europea. ­O’Reilly es directa, cercana y habla con la legitimidad que le da ser una figura independiente.
 Esto no le salva de algunas críticas en el seno de las instituciones europeas. 
“Los ciudadanos no quieren escuchar discursos abstractos sobre los niveles de democracia. 
Lo que desean es tener un empleo estable, que sus hijos tengan acceso a una buena educación”, dice. 
En una UE a la deriva, herida de gravedad por el golpe del Brexit, sin un liderazgo fuerte capaz de hacer frente a los desafíos de la globalización y con una Francia que se juega hoy en las urnas el ascenso al poder de la ultraderechista Marine Le Pen, voces como la de O’Reilly aportan algo de luz al proyecto comunitario. “Tenemos que recuperar la confianza de la gente”, repite con insistencia. 
Ella es una europeísta convencida que quiere demostrar que la figura que representa está ahí para “escuchar y proteger al ciudadano”. 
Pero es consciente de su limitada capacidad de actuación. 
 Como sus decisiones no son vinculantes, lo único que la defensora del pueblo europeo puede hacer es dar voz a los miles de reclamaciones que recibe de particulares, empresas u organizaciones (unas 2.000 al año) y reprender a las instituciones europeas cuando demuestra que han cometido un agravio. 
 
 La mayor parte de las quejas que llegan a este órgano independiente – que maneja un presupuesto de más de 10 millones de euros– están relacionadas con la falta de transparencia y el difícil acceso a los documentos públicos. 
“Por ejemplo, muchos ciudadanos españoles recurrieron a nosotros porque querían tener más información sobre el TIPP, el tratado comercial entre la UE y Estados Unidos.
 Se quejaban de que la Comisión no les facilitaba la lectura de informes específicos sobre las negociaciones”, cuenta Gundi Gudesman, jefa del gabinete de comunicación de O’Reilly.
 Las reclamaciones también tienen que ver con las políticas aprobadas en Bruselas y los procedimientos de selección del personal comunitario.
 España es el país que más veces recurre a la defensora, seguido de Alemania, Polonia y Bélgica.
EU Ombudsman Emily O'Reilly in Brussels
 Algunos de sus colegas sospechan que el Gobierno la eligió para que dejara de causarle dolores de cabeza con sus incisivas crónicas. Otros creen que es el ejemplo más evidente de la relación de O’Reilly con el establishment
En aquellos años era conocida como la ambición rubia. “Sus artículos eran superiores a los del resto y eso le generó muchos recelos”, defiende Leahy desde The Irish Times.
 A ella parecen no importarle esos comentarios.
 Es una mujer con carácter, que “siempre ha luchado por lo que cree”, dice Bernie McNally, que coincidió con O’Reilly en la oficina del Defensor del Pueblo irlandés.
 Ahora su obsesión es Europa, y su propósito, sacar a relucir las deficiencias del sistema. 
Como hizo el año pasado con el caso de puertas giratorias abierto con el fichaje de José Manuel Durão Barroso (expresidente de la Comisión) por la financiera Goldman Sachs.
 La propia institución investigó el asunto y resolvió que el portugués no había incumplido la ley.
 Pero la defensora sigue insistiendo en que se tomen más medidas de transparencia sobre los puestos ocupados por los ex altos funcionarios. 
Porque el caso de Barroso no es una excepción. Según Transparencia Internacional, el 50% de quienes dejaron el Ejecutivo comunitario y el 30% de los diputados que dejaron el Parlamento Europeo en 2014 trabajan ahora para las organizaciones registradas como lobbies de la UE.
 “Este tipo de situaciones transmite un mensaje muy negativo”, sentencia O’Reilly con el gesto fruncido.

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