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Un Blues
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24 dic 2016
Carrie Fisher, la princesa Leia, sufre un infarto en un avión........ Rocío Ayuso
La actriz estadounidense de 60 años se encuentra hospitalizada en Los Ángeles.
La actriz Carrie Fisher, junto a un soldado imperial de Star Wars. EFE
El estado de salud de la actriz Carrie Fisher, más conocida como la princesa Leia de la saga cinematográfica La guerra de las galaxias,
ha registrado en las últimas horas una ligera mejoría dentro de la
gravedad después de que sufriera un paro cardiaco mientras volaba desde
Londres a Los Ángeles. Fisher, de 60 años, se encuentra fuera de la sala
de urgencias del centro médico de la UCLA de la ciudad californiana
donde el viernes fue ingresada en estado crítico. Según confirmó su
hermano, Todd Fisher, a la prensa, cuatro horas después de su ingreso,
la intérprete se encuentra “estable”. Sin embargo otras informaciones
hablan de que la actriz necesita respiración asistida. Por el momento no
existe un comunicado oficial del centro médico. Fisher viajaba en el vuelo de United 930. Según el portal de noticias
TMZ la actriz iba acompañada de su hija, Billie Lourd, y de su perro
Gary, un bulldog francés de unos cuatro años del que nunca se separa. El
paro cardiaco tuvo lugar momentos antes del aterrizaje y la actriz
fue atendida en el avión por personal de la aerolínea así como por un
médico y una enfermera que viajaban en el mismo vuelo. Aún así algunos
pasajeros indicaron en las redes sociales que Fisher estuvo unos diez
minutos sin pulso hasta que consiguieron restablecer su respiración.
La actriz Carrie Fisher, junto a un soldado imperial de Star Wars. EFE
Desde el momento en el que se dio a conocer la noticia, las
redes sociales se han llenado de mensajes de preocupación y cariño hacia
una actriz que se convirtió en la princesa de toda una generación. “Por
si 2016 no pudiera ir peor... Le mando todo nuestro amor
@carrieffisher”, dijo en twitter Mark Hamill, su amigo y Luke Skywalker en La guerra de las galaxias. Peter Mayhew, más conocido como Chewbacca
en la misma saga, se unió a su mensaje: “Mis pensamientos y mis
oraciones están con nuestra amiga y la princesa favorita,
@carrieffifher”. Lo mismo dijo el guionista de Rogue One Gary Whitta o la actriz británica Gwendoline Christie, también parte del universo de Star Wars. Desde otro universo, el de Star Trek,
sus estrellas William Shatner y George Takei se unieron en la misma
plegaria. “Yo no rezo mucho pero ahora rezo por ti”, añadió el
irreverente director Kevin Smith. “Usa la fuerza, cariño”, le dijo Joely
Fisher, hermanastra de la actriz. Mientras, y pese al inusual día de frío y lluvia en Los
Ángeles, a las puertas del centro médico se ha formado una improvisada
vigilia de fans que recuerdan a la actriz mientras le desean una pronta
recuperación. De hecho la imagen de una joven princesa Leia está muy presente en la memoria de los seguidores de la última entrega de este universo galáctico, Rogue One, película que en la actualidad arrasa en la taquilla internacional, donde lleva recaudados cerca de 420 millones de dólares.
Antes que Lady Di, Kate Middleton o Letizia, Carrie Fisher ha encarnado lo que significaba ser princesa para toda una generación. Su nombre está asociado al de esa princesa Leia que protagonizó la saga espacial La guerra de las galaxias
en sus tres episodios más admirados. Leia nunca ha sido la típica
princesa de cuentos de hadas sino una joven dispuesta a la acción cuando
en Hollywood todavía no se hablaba de la falta de diversidad de género. Fisher es la mujer que cambió la forma de ver los papeles femeninos en
el cine cuando todavía era una adolescente.
Nacida en 1956, solo tenía 19 años cuando George Lucas
le dio a leer un guión de su primera saga cinematográfica. Le encantó
aunque nunca pensó que se convertiría en el fenómeno de masas que le
perseguirá de por vida. Una experiencia tan intensa que nunca le ha
permitido ser nada más y una fama que no siempre ha llevado de la mejor
manera. “Ahora me doy cuenta de que era un problema de niña rica.
Absurdo. Pero sí es cierto que la gente espera de mi que sea la princesa
Leia. Que yo sea ella y ella sea yo. Que seamos la misma”, reconoció
hace un año a EL PAÍS. La verdadera Carrie Fisher es otra persona. Sin embargo el
título de princesa le sigue valiendo dado que nació en lo que en
Hollywood se considera realeza, hija de dos estrellas como Debbie
Reynolds (Cantando bajo la lluvia) y el cantante y actor Eddie
Fisher. También fue el fruto de uno de los mayores escándalos de
aquellos años ya que su padre abandonó a Reynolds por su mejor amiga, la
tan famosa por su cine como por sus matrimonios Elizabeth Taylor. Pese a
este bagaje familiar a Fisher nunca le interesó el cine. “El cine fue
un accidente. Yo quería ser escritora”, afirmó a este periódico la
intérprete que de niña se refugió de Hollywood y sus chismes leyendo
libros. Pero la familia pesa y sin acabar sus estudios embarcó en el
Halcón Milenario hacia una lejana galaxia ahora conocida como el
universo de Star Wars. En las tres primeras entregas de esta saga en las que participó, La guerra de las galaxias. Episodio IV; El imperio contraataca y El retorno del Jedi,
interpretó a la princesa Leia, personaje que ahora describe como “una
persona independiente, fuerte y que no se calla ni debajo del agua”. Los mismos atributos le corresponden a Fisher. Si bien como actriz sus
trabajos han sido cada vez más escasos y poco relevantes con papeles en
películas como Blue Brothers, Hannah y sus hermanas (1986) o When Harry Met Sally
(1987), su voz se puede oír alta y clara en sus novelas, en gran parte
semiautobiográficas, y en sus monólogos como humorista. También ha
trabajado como guionista y sobre todo como “doctora de guiones” en
películas como Arma Letal 3 o The Wedding Singer. En
sus libros, ha tratado con bastante humor y grandes dosis de drama su
vida, su relación con la industria de Hollywood, los lazos familiares
que la asfixiaban y, sobre todo, su experiencia con el alcohol y las
drogas. Diagnosticada con bipolaridad, es una gran portavoz de las
enfermedades mentales. De hecho a pesar de que nunca acabó sus estudios,
la Universidad de Harvard la concedió este año el premio a toda una
vida por su labor como activista en favor de aquellos que sufren de
adicciones o enfermedades mentales. Fisher volvía de Londres de la gira
promocional de su octavo y último libro, Princess Diarist, que recuenta el diario de la actriz durante el rodaje de la saga espacial.
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