Con o sin charla previa entre portero y seleccionador, los dos técnicos han sido partidarios de dar la titularidad a De Gea.
Una decisión profesional, irreprochable.
Como, por lo general, ha sido la actitud de Iker, pese al enfurruñamiento de la Eurocopa.
Resulta paradójico que quien ha sido el más titular de todos los titulares ceda su puesto en el banco a quien siempre fue un reservista internacional, Pepe Reina, de vuelta con la Roja a cinco días de cumplir los 34. Lopetegui no quiere más líos.
Como es lógico, Casillas ha preferido decidir él a que decidan ajenos, lo que no debiera suponer una tacha para Lopetegui ni para Del Bosque.
Por su desencuentro con Del Bosque se supo que a Iker le molestó que el entrenador no le advirtiera de su papel en Francia.
Con muchas menos horas de vuelo en los banquillos, hasta ahora solo se las había visto con chicos del Castilla, la Sub 19 y la Sub 21, salvo su paso por el Rayo durante diez jornadas en Segunda y su temporada y media en el Oporto. Prendida en Francia la hoguera con Casillas, el nuevo seleccionador se ha apresurado a evitar que caiga otra cerilla y ha tenido un gesto con él.
Es ese detalle lo que resulta subrayable, no el hecho, bizarro para algunos, de desconvocar a Iker. No se olvide que quien le sentó fue Del Bosque.
Por mucha hoja de servicios nadie tiene el elixir de la eternidad con botas.
Esa cita portuguesa con el meta es la primera gran revelación de los nuevos tiempos de la Roja.
Para bien o para mal, ahora sí hay jugadores especiales. Lopetegui tendrá que fijar el listón para las deferencias. Los futbolistas toman nota de todo.
En su etapa de guardameta, a Lopetegui le bastaron los únicos 26 minutos de su carrera internacional para ir con Javier Clemente al Mundial 94, donde no debutó.
Quizá por ello haya interiorizado que si con menos es imposible llegar a más, con los tronos de su colega Casillas no se podía permitir una caída libre.
Lopetegui no ha hecho más concesión que comunicarle su segundo plano.
O, lo que es lo mismo, su retiro internacional, sabedor el vasco de que el capitán no aceptaría otro claustro.
A Iker le queda un último gran partido, recibir los honores vitalicios de la afición.
Mal que le pese a cierto sector que se guía por dedos ajenos, caducan los futbolistas, no los ídolos.
Contra eso no hay Aragonés, Del Bosque o Lopetegui que valga.
Como no hay Raúl o Casillas que puedan desmitificar a Luis y Vicente.
Por suerte para el fútbol español, son muchos los que, con tal o cual trato final, han sido muy especiales.
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