Siempre entre las nubes hay esos huequitos de Sol que te dan valor.
Un Blues
Del material conque están hechos los sueños
12 jun 2016
Morir rabiando...............................................Rosa Montero
Vino un médico, nos tranquilizó, nos ayudó. Desde que llegó a casa, como un ángel de luz, mi querido enfermo pudo descansar.
POR DESGRACIA desgracia estoy segura de que muchos de los que me estáis
leyendo habéis tenido que sobrellevar la muerte de alguien muy querido. A veces los fallecimientos son repentinos, pero lo habitual es tener
que acompañar a la persona amada en la lenta y amarga travesía del
desfiladero. En ocasiones, ese tránsito final es un martirio. Lo he
vivido de cerca. Cuando busqué, desesperada, los cuidados paliativos que
te ofrecía el sistema, resultó que tardaban bastante tiempo en llegar,
que después de todo no eran tan paliativos y que no funcionaban ni en
los fines de semana ni en las fiestas, como si los agonizantes no
tuvieran el derecho de agonizar en esos días. En mi total congoja,
cuando cada hora que pasaba era un sufrimiento, acerté a llamar a la asociación DMD, Derecho a Morir Dignamente. Vino un médico, nos habló, nos tranquilizó, nos ayudó. Desde que llegó a
casa, como un ángel de luz, mi querido enfermo pudo descansar. Y empezó ese tiempo raro y dulce de los últimos momentos, cuando el
amado ya no sufre y la Muerte anda merodeando por la casa con pies de
algodón. Gracias a la sedación paliativa, falleció dos días después
serenamente. No nos cobraron ni un solo euro. Nunca podré agradecérselo
lo suficiente. Desde entonces pertenezco a DMD, porque quiero que todas
las personas, incluida yo misma, podamos tener acceso a ese sosiego
final. Pues bien, ese médico, ese ángel, Fernando Marín, ha sido
recientemente perseguido por la Fiscalía de Avilés, junto a Mercedes
Caminero, una pobre voluntaria de la asociación a la que
incomprensiblemente también acusaron, y a Fernando Acquaroni, que
buscaba ayuda para un hermano agonizante, de la misma manera que yo la
busqué para mi enfermo. Como Fernando Marín no estaba en Madrid, le
pidió a la voluntaria que mandara por correo a Acquaroni la medicación
del protocolo de la sedación paliativa, y el envío fue interceptado en
Correos. Por todo esto les abrieron a los tres un proceso; para colmo
añadieron el suicidio de una mujer a la que los imputados nunca
conocieron (quien le facilitó la sustancia letal fue otra persona,
también fallecida, que traicionó a la DMD). A Fernando, Mercedes y
Acquaroni se los acusó de dos delitos de cooperación al suicidio y un
delito contra la salud pública y les pidieron seis años y cinco meses de
prisión. Aunque se saben inocentes, como la ley es tan ambigua y los
prejuicios sociales tan complejos, decidieron no correr riesgos inútiles
y aceptar dos años de condena, sin ingreso en prisión. El hermano de
Acquaroni estaba tan terminal que el pobre murió (sufriendo y sin ayuda)
tan sólo 24 horas después del momento en que hubiera recibido los
fármacos. Me espeluzna pensar que yo misma podría haber ocupado el lugar
de Acquaroni, y todo porque existe una confusión monumental entre el
suicidio, la eutanasia y la sedación paliativa. Esta última es
totalmente legal, pero, como se ha visto en el caso de Avilés, pueden
retorcer las circunstancias hasta meterte en la cárcel. Pero, como dice Marín, lo más triste de todo es que esta condena suya
va a hacer que la situación retroceda aún más y que muchos médicos, aun
sabiendo que la sedación paliativa es legal, no se atrevan a
administrarla. Puede que nuestros seres queridos, nuestros padres,
hermanos, cónyuges, amigos, tal vez hijos, mueran rabiando y en el
abandono terapéutico. Puede que nosotros mismos tengamos que enfrentarnos a un calvario. ¿Y
en razón de qué? ¿Cuáles son los fanáticos dogmas religiosos que nos
ordenan acatar este tormento? ¿Por qué mi vida civil la regula un Dios? Además, si ese Dios es amor, como decía san Agustín (“En el atardecer de
la vida te examinarán de amor”), estoy segura de que no podría querer
esto.Nuestro país precisa urgentemente un pacto social sobre la eutanasia,
la ayuda al suicidio y la sedación paliativa. Un acuerdo que vaya más
allá de la mugre sectaria partidista, porque estamos hablando de algo
demasiado esencial como para que permitamos que lo manipulen los
políticos. Necesitamos una ley que regule la eutanasia y que impida todo
tipo de excesos, por supuesto. Y entre los excesos incluyo esta
kafkiana persecución de la Fiscalía de Avilés y esta condena.
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