Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

28 nov 2012

El diseñador de zapatos Manolo Blahnik, Premio Nacional de Diseño de Moda

El creador canario, que lleva cuatro décadas ideando zapatos para mujeres, recibe el galardón

  • "Hay quien tiene 500 'manolos'. Un disparate obsceno"
  • Manolo Blahnik, en siete pasos
  • El Museo del Diseño de Londres recorre la obra de Manolo Blahnik 
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  • El diseñador
    Apenas unas horas después de recibir en Londres el reconocimiento a toda su carrera en los Fashion British Awards y de celebrar -en esa intimidad que tanto cuida- su cumpleaños, Manolo Blahnik (Santa Cruz de La Palma, Canarias, 1942) recibe el Premio Nacional de Diseño de Moda que otorga el Ministerio de Cultura español y que, dotado con 30.000 euros, también reconoce toda su carrera. Afincado en Londres desde los años sesenta, Blahnik ha prolongado en sus zapatos su personalidad cosmopolita, exuberante y extremadamente refinada.
     Fue la famosa editora Diana Vreeland, esa mujer que creía que la moda no se aprende, se nace con ella, y que prestaba mucha más atención a la fantasía que a la ropa en sí, quien lo animó a hacer zapatos al ver unos figurines suyos para un vestuario de teatro.
     Y fue su singular educación la que forjó su fértil imaginación, tan arraigada a la rica naturaleza de las plantaciones de plátanos de su tierra como a los cuentos para niños que desde Inglaterra llegaban a su casa familiar de Canarias y que su madre les leía con esmero a él y a su hermana Evangelina, su brazo derecho en los negocios.
    Trabajador incansable, solitario militante y radical defensor de una elegancia que no entiende de tendencias ni de marcas, Blahnik ha convertido sus zapatos no solo en trabajos artesanales capaces de plantarle la batalla al paso del tiempo sino en joyas de coleccionista deseadas por las mujeres más dispares del mundo. "Paciencia, pasión y trabajo".
     Esas son en sus palabras las claves de una trayectoria que viaja de Londres (donde están sus oficinas), a Milán (donde fabrica sus modelos), a Nueva York (donde está gran parte de su negocio) y a Bath y La Palma (donde sueña y dibuja sus colecciones).
    Si Madonna dijo a finales de los noventa que los manolos eran mejores que el sexo, en el umbral del nuevo siglo fueron mujeres tan representativas de estos tiempos como la modelo Kate Moss y el personaje televisivo Carrie Bradshaw quienes han lanzado a la celebridad internacional al, por otro lado, discreto diseñador.
     Si Sarah Jessica Parker gritó en la serie Sexo en Nueva York "¡Quíteme lo que sea, mi baguette de Fendi, mi anillo, mi reloj...! ¡Todo, menos mis manolos!", Moss se casó calzada con el único zapato posible a la hora de convocar un sueño: unos manolos.
     Entre una y otra, legiones de clientas (las primeras fueron, entre otras, sus todavía grandes amigas Bianca Jagger, Marisa Berenson y Angelica Huston) para quienes la alegría de Blahnik, su vertiginosa vitalidad, se transmite a través de los pies. “Mis zapatos no son diseños, son gestos”, dice él.
    De las películas de Visconti a las de Cocteau, de El Greco a Velázquez y Zurbarán, sus influencias se sostienen sobre dos pilares sin los que no se puede entender su universo creativo: el cine y la pintura, especialmente la española.
     No es difícil verle pasear a ritmo acelerado por las salas del museo del Prado como tampoco lo es escucharle dar una amena y documentada charla sobre cine italiano.
     Sus intereses culturales son desprejuiciados e inabarcables, propios de un hombre de otra época que no sabe entender el mundo sin esa belleza que él, zapato a zapato, también ha contribuido a construir.
     

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