Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

7 jul 2011

Pureza y perversión, todo en uno

Un melancólico Karl Lagerfeld y un travieso Jean Paul Gaultier reinan en París .
Un combate entre luz y tinieblas se ha apoderado del final de la semana de la moda. Hay maestros a los dos lados, pero en el oscuro está Karl Lagerfeld. Y la demostración de poder del diseñador alemán empezaba ya con la hora elegida para presentar la colección de otoño/invierno 2011 de Chanel: las diez de la noche.
Con el atardecer cayendo sobre el Grand Palais, el visitante descubría la razón de la cita nocturna. En el interior del palacio acristalado, se había levantado una reproducción de la Place Vendôme.
En el centro se erigía un obelisco, pero encaramado a él no estaba Napoleón, sino Coco Chanel. La mitad del cielo estrellado que correspondía al decorado esperaba, paciente, que en la parte real se decidiera a aparecer la luna.
 Cuando lo hizo, pudo empezar la función.




Fiesta en casa de Caperucita Roja



Gaultier, con plumas y a lo loco



El arte del ballet. El diseñador francés estrena socios, ya que desde el mes de abril Puig posee una porción mayoritaria de la compañía. El grupo catalán le compró su participación a Hermès en un movimiento que consolida la apuesta por la moda. Jean Paul Gaultier es la única firma de las que controla (Carolina Herrera, Paco Rabanne y Nina Ricci) que sigue haciendo alta costura. El terreno en el que la fantasía de Gaultier sigue dando mejores resultados. Esta colección estaba muy libremente inspirada por el ballet. Los zapatos de tacón invisible, por ejemplo, simulaban una bailarina de punta.- PATRICK KOVARIK (AFP)



Gaultier, con plumas y a lo loco - El arte del balletGaultier, con plumas y a lo loco - Moda y locuraGaultier, con plumas y a lo loco -



En el diseñador francés se abrazan lo masculino y lo femenino

Las calles de París servían como elegante continuación del suelo volcánico que se recreó, tres meses atrás, para presentar la colección de prêt-à-porter de la marca. Aquel apocalíptico desfile marcaba, según Lagerfeld, un punto de destrucción del que renacer. ¿Y dónde podría emerger mejor la nueva era de Chanel que en el corazón del lujo y de su ciudad? El simbolismo de la escenografía se remató cuando, en la más completa oscuridad, aparecieron las modelos con zapatos luminosos. Neón en las punteras para encontrar el camino.



Pero no hay optimismo en la búsqueda de Lagerfeld. Transmite un desasosiego y una melancolía impropios de un diseñador que aborrece la nostalgia. En enero, Lagerfeld entregó una colección de alta costura luminosa y juvenil cuya influencia trascendió mucho más allá de los salones. Después, se sumió en la oscuridad. En ella, brillan de forma mágica los bordados que reproducen la lluvia sobre el asfalto, es cierto. Pero las siluetas años 30 y las chaquetas de voluminosas caderas parecen más piedras que faros en el camino.



Tras el desfile, recorriendo las calles (de verdad) mojadas de París era imposible no oponer el sombrío talante de Lagerfeld con la angelical sensualidad de la colección que Givenchy había presentado unas horas antes. El día y la noche.
A la mañana siguiente, el duelo habría de librarse de forma más íntima.
Los diseñadores de Valentino, Maria Grazia Chiuri y Pier Paolo Piccioli, empezaron a encontrar su lugar en la casa -que dirigen desde 2008- cuando se entregaron a una estética ingenua y trémula. Asentada su posición, ayer incorporaron algo de oscuridad a su receta. En su colección de ecos medievales triunfa la luz, pero su mujer ha perdido esa absoluta inocencia y ya conoce el placer decadente del terciopelo rojo sangre y del dorado. Un coqueteo con el lado oscuro que le hace ganar sensualidad e intención.



Puestos a enredar con luces y sombras, nadie más travieso que Jean Paul Gaultier. El audio de la película El cisne negro dejaba pocas dudas sobre su inspiración. Pero su revisión del ballet es todo menos obvia. Contiene, eso sí, abundantes plumas. Cisnes, gallos y otras aves poblaron su divertida y perversa colección, que incluyó a los hombres porque el acto servía para presentar el perfume masculino Kokoriko.



Más allá de los juegos, Gaultier conoce a la perfección su oficio y a sus maestros. Lo evidenció en el homenaje a Madame Grès, cuya obra se expone en París en una muestra imprescindible.
Sus vestidos Alix eran un guiño literal, pero su influencia se notaba también en los excepcionales híbridos de gabardina y drapeados en los que el pícaro Gaultier consigue que Grès y Saint Laurent se den la mano.
Seguramente es Gaultier quien tiene la mejor solución para la pelea entre la luz y la oscuridad. La dejó traslucir en un traje pantalón negro que descubre un tutú bajo la chaqueta. "¿Estás preparada para ser los dos cisnes?", pregunta la voz de Vincent Cassel. Claro.
En Gaultier lo puro y lo perverso -como lo masculino y lo femenino- no están peleados, sino sensualmente abrazados

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