Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

2 sept 2009

Los papeles de Foster

Los papeles de Foster
JULIA LUZÁN 30/08/2009



Medio siglo de bocetos. Norman Foster expone por primera vez 200 de sus mejores dibujos. Y ha elegido Madrid para el estreno. Una nueva y sutil manera de acercarse a la espectacular obra de uno de los arquitectos actuales más brillantes.

Graneros, casas de pueblo, granjas, caminos de tierra que serpentean la hierba verde... en el extremo derecho de la hoja de papel, unas iniciales, N. F. Norman Foster (Manchester, Reino Unido, 1935) ganaba invariablemente con sus "apuntes de arquitectura vernácula" todos los premios de dibujo de su Universidad. De esta forma, en verano podía viajar por Europa gracias al dinero obtenido con sus croquis minuciosos a tinta china.
"Recuerdo haber pensado: ¿pero cómo se entra en una escuela de arquitectura? Y la clave era: necesitaba dibujos... Así que me dije: 'Bueno, haré dibujos', y pinté lo que veía por la ventana de mi dormitorio... He estado interesado en dibujar y tomar apuntes desde que puedo recordar, pero fue sólo relativamente tarde cuando vi la posibilidad de relacionar estos intereses con la profesión de arquitecto" (entrevista con Luis Fernández-Galiano, publicada en AV, Monografías, en 1999). Ahora, por primera vez, el arquitecto, uno de los mejores del mundo, expondrá 200 dibujos, a través de los que puede seguirse toda su carrera, en Madrid, en Ivorypress Art+Books, un antiguo garaje reformado por su empresa, Foster & Partners, e impulsado por su esposa, la española Elena Ochoa. Medio siglo de bocetos, desde 1958 hasta 2008, divididos en seis décadas, más una selección de sus miles de cuadernos de viajes y seis maquetas de sus más espectaculares rascacielos. "Los dibujos de Norman son esenciales para entender cómo funciona su proceso creativo, su arquitectura, el espacio, las formas, la luz. Él dibuja para expresarse, para hablar, para pensar", afirma Ochoa.


Todo cabe en Madrid
Norman Foster


Otra de las obsesiones del arquitecto británico ha sido juntar a las clases sociales, crear fluidez, ver que trabajo y esfuerzo reciben su premio

�Por muy bien que creas que conoces un espacio, trabajar con un artista puede ayudarte a apreciarlo como algo nuevo�
Fernández-Galiano conoce bien a Foster y su dibujo pedagógico, de línea clara. Él es quien ha elegido los dibujos que se expondrán "con el criterio de representar sus proyectos más importantes, pero sin olvidar el criterio de la belleza, por lo que he escogido los más bonitos".

Zurdo, tozudo y genial. Su arquitectura, humanista y visionaria, le ha llevado a lo más alto. Un self made man que logró salir de Levenshulmen, un deprimido barrio obrero de la gris ciudad del norte de Inglaterra donde nació, gracias a esa voluntad de hierro que lo caracteriza. Fue conserje del Ayuntamiento de Manchester, técnico de radar durante su servicio militar en las Fuerzas Aéreas. Pero su destino dio un giro de 180 grados cuando en 1961 obtuvo una beca para la Escuela de Arquitectura de Yale (EE UU). Foster es tan tímido y perfeccionista que muchos le tildan de duro y despiadado. ¿Es eso verdad?

-¡De ninguna manera! Tengo una personalidad fuerte, y mis opiniones van en una dirección, sea apropiada o no, en los temas que abarcan desde el diseño hasta el negocio. Cómo se interprete eso, ya depende de los demás.

-Observando sus dibujos, se advierte su maestría y amor por el arte. ¿Nunca le ha atraído pintar?

-No. Nunca he pensado en pintar. Sin embargo, admiro a gente como Le Corbusier. Él supo combinar la pintura y la arquitectura y fue un maestro en ambas disciplinas.

-Usted posee una excelente colección. ¿Quiénes son sus artistas favoritos?

-Siempre me he sentido fascinado por el arte; mi mundo sería mucho más pequeño sin él y el impulso espiritual que me proporciona. Me siento afortunado por vivir rodeado de arte. Como arquitecto he podido colaborar con muchos artistas, como Richard Long, Gerhard Richter, Jenny Holzer, Bridget Riley, Anish Kapoor, Anthony Caro y Sol Hewitt. Por muy bien que tú creas que conoces un espacio, o por muy potente que sea la imagen que tienes de ese espacio en tu mente, trabajar con un artista puede ayudarte a apreciarlo como algo nuevo.

Medio siglo de proyectos en papel, construcciones dibujadas minuciosamente. Una mirada hacia atrás para la que Foster se ha apoyado en Luis Fernández-Galiano, catedrático de Arquitectura, crítico, escritor y director desde hace 25 años de la revista Arquitectura Viva. Para él, Foster ha ido cambiando con los tiempos. "En sus primeros proyectos, en los sesenta, con Richard Rogers, con el Team 4, todavía era un arquitecto ansioso por hacer una arquitectura distinta, pero no le había llegado la preocupación por la tecnología ni por construir unos edificios diferentes para la democracia industrial. De esa primera etapa, aparte del Creek Vean, en Cornualles, está el Skybreak, una casa que se hizo muy famosa por la película La naranja mecánica, de Kubrick. Pero Foster todavía no es Foster. Está, digamos, explorando la riqueza espacial".

Los años de formación de Foster en Yale supusieron el descubrimiento de la racionalidad técnica y la permeabilidad social. "De esa etapa", afirma el comisario de la exposición, "nace cierta utopía social que enlaza con un proyecto importantísimo que le encargó un naviero sueco, Fred Olsen, para los muelles de Londres, un edificio donde convivieran los dos mundos, el de los blue collars, los descargadores, y los white collars, los administrativos y secretarias". Aunque ese edificio ya no existe, Foster creó escuela y a raíz de aquel Centro Social de Olsen, todas las grandes empresas querían algo parecido para hermanar a sus empleados. "Ésa ha sido otra de sus obsesiones: juntar a las clases sociales, crear fluidez, ver que trabajo y esfuerzo reciben su premio".

De la tecnología a la utopía social. Foster mira de nuevo hacia el horizonte y se interesa cada vez más por la historia, por cómo trabajar en una ciudad consolidada que hay que mejorar y no deteriorar con los nuevos edificios. Es la etapa en que Foster construye en Nimes, enfrente de la Maison Carré, levantada por los romanos, su Mediateca y Centro de Arte Contemporáneo. Amplía la Royal Academy of Arts de Londres, interviene en el British Museum. Remodela y peatonaliza un tótem sagrado para los londinenses, Trafalgar Square. El Londres del Milenio es el Londres de Foster. "Ahora ha ganado el concurso para remodelar la NY Public Library, un gran edificio de principios del siglo XX que es un icono para Nueva York y que para Foster es también un símbolo porque él atribuye haber logrado salir del mundo proletario en que vivía gracias a las bibliotecas que pudo frecuentar en su primera juventud", asegura Fernández-Galiano.

En los últimos años, Foster ha subrayado su interés por los temas ecológicos. Su último trabajo, el más visionario, es el de Masdar, en el golfo Pérsico. "Muchos de nuestros nuevos proyectos van más allá del modo en que se ha hecho arquitectura hasta ahora. Hemos superado la escala del edificio individual para lograr mayores infraestructuras y ciudades bien urbanizadas. Y ahí ponemos el acento en lo público. Si me fijo en lo que estoy trabajando ahora, Masdar, en Abu Dhabi, que abarca todos esos temas que pueden hacer de esta ciudad la primera en el mundo sin emisiones de CO2 y cero residuos, me doy cuenta de que estoy haciendo algo tremendamente excitante".

Masdar, dice Fernández-Galiano, se parece mucho a la ciudad tradicional mediterránea: casas bajas, calles estrechas, muy sombreadas. Una arquitectura artística, sostenible y económica, tres conceptos que Foster combina con una arquitectura espectacular. "Lo más importante es recordar que la arquitectura está generada por las necesidades de la gente, materiales y espirituales", afirma el arquitecto.

Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2009, Foster ha realizado en España algunos proyectos emblemáticos, como la torre de comunicaciones de Collserola, en Barcelona, la torre de Caja Madrid y el metro de Bilbao. Le interesan las infraestructuras. Es su veta de ingeniero y de alma curiosa.
Ha construido intercambiadores, aeropuertos -el último, el de Pekín, escaparate de la nueva China-, puentes -el que une la Tate Modern con la catedral de San Pablo sobre el Támesis, en Londres- o viaductos, como el de Millau, en Francia, con una altura mayor que la torre Eiffel.
También ha intervenido en la ampliación de diversos museos, aunque tiene una espina clavada , el Museo del Prado. Se presentó al concurso - que ganó Rafael Moneo-, pero se retiró por no ajustarse su idea a las bases establecidas.

Acaba de cumplir 75 años y no piensa descansar. Aunque en sus 16 oficinas repartidas por el mundo trabajen más de 1.000 arquitectos, un equipo que es como una Babel moderna, donde se hablan 45 idiomas, Foster se siente, "sin ninguna duda, más arquitecto que hombre de negocios.

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